Categoría: La Gloria Es De Dios Min Int

Para qué sirve el enfermo

Estuve enfermo, y me visitaste…en cuanto lo hicisteis…” (Mat. 25:36, 40).

            Una señora muy mayor lleva muchos años en la cama y no ve que su vida tiene algún propósito. Quiere que el Señor se la lleve y se lo está pidiendo constantemente. Cree que es un estorbo para su familia y que sería mucho mejor si ya no estuviera.  ¿Tiene razón?

            En primer lugar, Dios es el que determina el ciclo de nuestra vida y sabe por qué está permitiendo que esta hija suya viva tantos años. Ella necesita calmarse como el niño destetado (Salmo 131:2) y aceptar que la respuesta a sus oraciones es un no, por lo menos de momento. Por otro lado, toda vida tiene propósito en los planes de Dios. Ella está siendo usada por el Señor en maneras que no entiende, pero podemos aducir algunas para ayudarla:

1.              Está enseñando compasión a sus cuidadores. Al atenderla, aprenden a ponerse en el lugar de la otra persona, a identificarse con su dolor, a consolarla, a hacerla sentirse cómoda al proveerle sábanas limpias, un entorno ordenado, un ambiente agradable, y a ministrarle amor por medio de sus atenciones.     

2.              A la fuerza, sus cuidadores tienen que aprender a sacrificarse por amor a otra persona. Esto es algo que todos necesitamos y nos beneficia grandemente. La madre se sacrifica por sus hijos, el maestro por sus algunos, el pastor por sus ovejas, y el cuidador por su enfermo. Esto nos libra de mucho egoísmo. Nos perfecciona grandemente.

3.              Enseña humildad. El enfermo aprende humildad y el que lo atiende también; aprende el papel de siervo. El enfermo aprende que él es poca cosa, que su vida siempre ha colgado de un hilo, que solo estamos a un respiro de la otra vida, y que somos muy frágiles. Parte de este aprendizaje para el cuidador es hacer tareas muy desagradables en los cuidados íntimos del enfermo, como limpiar úlceras, cambiar pañales, lavar cuñas, y cosas parecidas.

4.              El enfermo aprende paciencia y enseña paciencia. Esta mujer en concreto tiene que esperar con paciencia la llamada del Señor. Y los que están a su alrededor a tener paciencia con ella, si está de mal humor, si está triste, si se le caen las cosas, si repite la misma pregunta muchas veces, si no coordina, si ensucia la ropa limpia que acaban de ponerle.

5.              El enfermo sirve para hacer pensar a los demás. Pueden pensar en lo afortunados que son ellos, en la brevedad de la vida, en la necesidad de cambiar de carácter cuando uno es joven, en que lo que uno siembra de joven, lo siega de mayor, en el valor de la familia, en la vida venidera, en muchas cosas. 

6.              El enfermo, aunque no hable, puede radiar la presencia del Señor. Puede sonreír, agradecer los cuidados, puede ministrar amor a los que le cuidan, serenidad y paz. Puede ministrar al Señor simplemente aceptando su voluntad y confiando en Él, dándole gracias, y alabándole en su corazón.

7.              El tiempo prolongado (según nuestra forma de ver las cosas) sirve para poner en orden el pasado y prepararnos para el futuro con el Señor. Hay tiempo para arreglar las cuentas con familiares, con hermanos de la iglesia, pedir perdón por algunas cosas en las cuales no habíamos pensando antes. Es un tiempo para simplemente ser. El hacer ya se ha terminado. Uno ya se relaja en la cama limpia y disfruta de la presencia de Dios. 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Dádiva de Dios

Dádiva de Dios

Romanos 6.23 “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Significado del término  “dádiva” hace alusión a cualquier elemento, objeto o cosa que se da, recibe o se ofrece de manera gratuita, puede ser un regalo, obsequio, donación, propina o limosna de manera desprendido, desinteresado o generoso.  Carta a los Romanos se dirige el apóstol Pablo a la comunidad en Roma llegados de Palestina, judíos y paganos.  Algunos eruditos piensan eran judíos que no aceptaron a Jesús como el Mesías e Hijo de Dios y el resto de los que fueron alcanzados con el mensaje.  En este breve pero conciso versículo bíblico encontramos todo el mensaje de buenas nuevas para salvación. 

Hay presente un contraste cuando ya no hay pecado delante de Dios por tanto la muerte no está más presente y comienza el individuo a participar en la justicia de Dios. ¿Pero cómo es esto posible?  Expone la realidad inevitable del pecado en la humanidad con todas sus tendencias al mal. También expresa que el pecado conlleva muerte.  Inmediatamente hace un añadido para dejar en claro enfáticamente que Dios da su dádiva (Refiérase al significado del término al inicio).  Así que Dios hace un regalo generoso y gratuito a quien lo recibe. ¿Cuál es el regalo que se puede recibir? Es la vida eterna.  Dios es eterno y originalmente nos creó a su imagen y semejanza, pero la entrada de la desobediencia trajo el pecado que distorsionó esa perfecta obra de Dios y en la “justicia” de Dios ello conllevaba a muerte espiritual eterna.  Por tanto, era necesario quitar el pecado y evitar la sentencia de muerte que pesaba sobre todos.  Para ello era menester retomar la eternidad del justo Dios.  Ahí entra la importancia del regalo (dádiva) de parte de Dios disponible de la vida eterna, restaurar la vida espiritual con Dios en el ser humano.  Este regalo de Dios está disponible por un medio establecido por Él mismo, ¿Quién? su Hijo Jesús, ejemplo encontramos en el siguiente versículo bíblico:  1 Timoteo 2:5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.  Así que el regalo de la vida eterna está en Jesús el Hijo de Dios.  Dios lo envió y encontramos una clara referencia cómo podemos obtener el regalo de vida eterna dando testimonio el mismo Jesús, veamos:  Juan 5:24 “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida”.

Por: Hna. Daisy Rodríguez

Jactancia espiritual

“Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo que hace catorce años… fue arrebatado hasta el tercer cielo” (2 Cor. 12:1, 2).

Todos los comentaristas están de acuerdo en que aquí Pablo se refiere a sí mismo, pero lo hace como si se tratase de otro hombre, porque lo vivió como si esta persona no fuera él. Han pasado catorce años y Pablo no había contado esta experiencia, pero ahora se ve en la necesidad de hacerlo porque “los grandes apóstoles” (esto lo dice irónicamente) de la iglesia de Corinto se estaban jactando de experiencias espirituales suyas que no tenían nada que ver con la grandeza de la que tuvo Pablo. Se ve con la obligación de contarlo por amor al evangelio, no por amor a sí mismo. Tiene que defender su autoridad como apóstol porque el evangelio que él predica está en juego. Si pueden descalificarle a él, o ponerse por encima de él, pueden sustituir el  evangelio de Pablo por otro falso que predican ellos.

Pablo tuvo la visión antes de emprender su primer viaje misionero. Servía para respaldar el ministerio que Dios le había encomendado. Iba a sufrir cosas terribles. Muchos iban a cuestionar su autoridad. El diablo iría a por él con toda su fuerza para hacerle dudar, volver atrás, o dejar el ministerio. Esta experiencia sirvió como garantía de la veracidad del evangelio. Le dio seguridad antes de entrar en la lucha de oposición y persecución. Servía para fortalecer su fe. Si tú no has tenido una gran experiencia de parte de Dios, no importa. Pero si vas a sufrir por Cristo, puede ser que Dios te dé una experiencia así. Era la otra cara de la moneda de sufrir por Cristo.

Pablo fue arrebatado al paraíso, hasta el tercer cielo, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar (v. 4). El tercer cielo es el máximo, lo más alto. Fue llevado hasta la misma presencia de Dios. Si solo su alma o todo él tuvo la experiencia, no lo sabe. El apóstol no descubre nada de lo que vio o escuchó allí.

Pablo no puede jactarse de esta experiencia porque no se debía a él. La jactancia espiritual es algo tan peligroso que Dios quiso protegerle, humillándole con un “aguijón en la carne”, porque el orgullo es una puerta abierta para Satanás por la cual tiene acceso a nosotros. Por medio del orgullo y la jactancia espiritual podemos caer en sus redes. Las consecuencias son terribles: las personas pierden el equilibrio, sus ministerios, sus familias, y llegan a ser inútiles para la obra de Dios. Dios protegió a Pablo humillándole, haciéndole dependiente de Él, porque, a causa del aguijón, Pablo tuvo que apoyarse en Dios o morir. El poder de Dios se manifiesta en nuestra debilidad, no en nuestra fuerte y orgullosa espiritualidad. Si Dios te ha humillado, es para hacerte totalmente dependiente de Él, y te dice lo mismo que dijo a Pablo: “Bástate mi gracia, porque me poder se perfecciona en la debilidad” (v. 9), no en tu gran espiritualidad. Porque cuando eres débil, entonces eres fuerte (v. 10). Apóyate en el Señor, no en tus experiencias, y experimentarás el poder de Dios obrando a través de ti.   

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Lo que no sé y lo que sé

“No anduve en cosas demasiado sublimes para mí” (Salmo 131:1).1.     Lo que no sé: No entiendo por qué ha pasado esto.

El orgullo exige una explicación, porque piensa que puede alcanzar a entender hasta lo más profundo de Dios. No acepta que su mente no llega a sondear las ni las profundidades de Dios, ni las cosas más sublimes de Dios. Dios dice de su forma de pensar: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Is. 55:8, 9). Nuestra mente sencillamente no llega. No es infinita. Como el niño destetado tiene que tranquilizarse y aceptar que el pecho ya no es para él, yo tengo que tranquilizarme y aceptar que no me es dado conocer “cosas demasiado sublimes para mí” (Salmo 131:1, 2).

      Todo lo que ocurre no es una sinrazón. No es absurdo. No es la suerte o el resultado del azar, ni es la voluntad de un dios arbitrario, desalmado. Todo tiene su explicación. Dios es un Dios de inteligencia, de razón, con propósitos sublimes, y con planes brillantes. Él sabe el motivo por el cual esto me ha pasado, aunque no lo sepa yo, y esto me basta, porque confío en su sabiduría que sí que es infinita. 2.     Lo que sí sé: Dios lo sabe y todo tiene una explicación.

El Sufrimiento sirve para cumplir tres cosas importantes: “Tengáis que ser afligidas en diversas pruebas, para qué, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero, se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1: 6, 7). Estas tres cosas son: (1) Las pruebas sirven para refinar y purificar nuestra fe. La fe crece en la prueba. Se fortalece. Nos limpia. (2) Las pruebas sirven para comprobar que la fe es genuina. Muchos profesan fe creyendo que su fe es sincera, pero solo en el horno de la prueba se sabe si es fe real o solo una emoción o una convicción. La fe real soporta la prueba, porque hay un elemento divino en ella. Es algo sobrenatural. (3) Las pruebas sirven para traer alabanza a Dios. La fe real glorifica a Dios, le honra. Se ve su gloria en ella.

   Aunque estemos en medio de la prueba, no faltan el amor y el gozo: “A quién (a Jesús) amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso…” (1 Ped. 1:8). No vemos a Jesús ahora, pero le amamos y estamos llenos de gozo inexpresable y glorioso. Esta es la obra del Espíritu Santo y demuestra que Dios está en nosotros y con nosotros.    

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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