Categoría: La Gloria Es De Dios Min Int

Da lo que tengas

“Ningún árbol bueno produce frutos malos, ni tampoco un árbol malo produce frutos buenos. Porque cada árbol se conoce por su fruto. No se cortan higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas. El hombre bueno, saca lo bueno del buen tesoro de su corazón. El hombre malo, saca lo malo del mal tesoro de su corazón; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Lucas 6:43-45

Esta historia sucedió en los comienzos de la división entre Berlín Oriental y Berlín Occidental.

Un día, algunas personas de Berlín Oriental, el lado controlado por los comunistas, se apropiaron de un camión lleno de basura y lo descargaron en el lado de Berlín Occidental. Los habitantes de Berlín Occidental podrían haber tratado de vengarse y comenzar así una guerra de basura.

Sin embargo, optaron por llenar un camión con alimentos enlatados, pan y leche, y dejarlo todo prolijamente acomodado en el lado de Berlín Oriental con un cartel que decía: “CADA UNO DA LO QUE TIENE”.

Cuánta verdad hay en esas palabras.

Las personas alegres contagian a los demás con su alegría. Pero los que siempre están enojados, los que tienen celos y envidia, también contagian a quienes están a su alrededor. Cada uno de nosotros, incluyendo a Dios, da de lo que tiene.

Esto me lleva a observar que, aún cuando el mundo parece darnos una cantidad de basura, Dios nos da amor y, a través de su Hijo: perdón, salvación, y vida eterna.

Cada uno da lo que tiene. Permítame hacerle una pregunta. “Hoy, mañana, pasado mañana, ¿qué le va a dar usted a Dios y a los demás?” Es mi oración que sean cosas buenas y no basura, aunque sé que cada uno da lo que tiene.

Por CPTLN

El poder del amor

Leer | Lucas 15.11-24

A veces, cuando leemos la Biblia, no captamos todo el significado de ciertas palabras por las limitaciones de nuestro idioma. Por ejemplo, en castellano solamente tenemos una palabra para “amor”, pero las cartas originales de Pablo, escritas en griego, utilizan dos palabras. Los creyentes tenemos la promesa de que el amor de Dios habitará en nosotros (Ef 3.19). Pero a menudo pensamos que se refiere al amor fileo —el afecto fraternal. Pero la verdad es que el Espíritu Santo manifiesta el amor ágape en nosotros —el amor abnegado y desinteresado.

Nosotros, también, tenemos la capacidad de reflejar el mismo amor que el Señor Jesús demostró en el Calvario. Él describió sutilmente el poder de este amor en su parábola del hijo pródigo. El padre debió de haberse dado cuenta de que el egoísmo y deseo por viajar estaban consumiendo al joven, y que negarle su petición de recibir anticipadamente su herencia lo llevaría al resentimiento. Por eso, a pesar de su sacrificio personal y monetario, el padre le dio a su hijo la herencia. Después, esperó mientras el pródigo aprendía su lección.

No cabe duda de que fue un tiempo difícil. Un buen padre quiere proteger a sus hijos de los errores. Pero el hombre sabio también sabe que las personas deben descubrir las duras verdades por sí mismas. A veces, lo mejor es hacernos a un lado.

El hijo pródigo regresó al hogar, sucio, contrito y buscando un lugar entre los sirvientes. Pero lo que recibió fue todo el amor de su padre y la restauración inmediata como el hijo del amo. Ese es el amor ágape, el amor que gana los corazones y las mentes para el Señor.

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Creados para amar a los demás

Leer | Marcos 12.28-34

Amar a nuestro prójimo es un mandamiento bíblico y la base de la regla de oro, pero la frase no está completa sin “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mr 12.31, cursivas añadidas). Si queremos ser vasos para derramar el amor del Padre celestial en los demás, tenemos que preocuparnos por ellos.

Independientemente de cómo actuemos o nos sintamos, nuestro Padre nos ama con amor perfecto. La prueba está en Juan 3.16, el cual dice que Dios amó tanto a la humanidad, que dio a su Hijo para que muriera por sus pecados, ¡aunque éramos sus enemigos (Ro 5.8-10)! Nadie es digno del sacrificio que hizo Cristo, pero el sentir del Padre celestial es que valemos la pena. Si Él nos considera valiosos, entonces debemos ver a los demás de la misma manera.

Recibir el amor de Dios debería inspirarnos a amar a todos los que nos rodean, aunque sea más fácil amar a unos que a otros.

En los evangelios, el Señor Jesús repite el mandamiento a sus discípulos, probablemente porque sabía que nos encontraríamos con personas difíciles de amar. Pero nos asemejamos más a Dios cuando nos preguntamos: ¿Cómo puedo servir a esta persona? ¿Qué es lo mejor para ella?

Aunque encontraremos personas que parecen difíciles de amar, el mandamiento se mantiene: Debemos amarlas como a nosotros mismos. Esta es una poderosa herramienta de evangelización. Pocos pueden resistir la atracción de un amigo afectuoso que se comporta como el Amigo perfecto. ¿Conoce a alguien que necesita sentirse amado hoy?

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La Biblia: La carta de amor de Dios

Leer | Juan 17.17

Puesto que Dios desea relacionarse con nosotros, debemos conocerlo. En la Biblia encontramos el registro de sus palabras, sus intervenciones en la historia, y su venida en la persona de Jesucristo. De este libro obtenemos nuestro conocimiento del Padre celestial.

¡Qué increíble pensar que toda esta obra fue recopilada por la pluma de 40 hombres diferentes que escribieron en tres idiomas, en tres continentes, y a lo largo de 1.500 años! Reunamos a un grupo de historiadores de una generación, y no encontraremos la uniformidad de enseñanzas que se encuentran en las Sagradas Escrituras.

Cada libro de la Biblia refleja la personalidad y la historia de su escritor. Moisés fue el líder político de los israelitas en el desierto; Daniel fue ascendido al rango de primer ministro estando cautivo en Babilonia; y Pablo, el culto exfariseo, dictó cartas desde la prisión. Pero cada palabra de la Biblia es fiel al tema central de Dios: Su amor redime a quienes invocan su nombre.

En 2 Pedro 1.21 vemos que Dios mismo habló a través de cada escritor. En algunos casos, el Espíritu Santo traía a la mente detalles esenciales (Jn 14.26), como el material transmitido oralmente para formar el Antiguo Testamento o los evangelios. Y para hacer posible la escritura de profecías, salmos y epístolas, el Espíritu de Dios reveló verdades importantes (16.15).

El Padre celestial le ama, y quiere que pase la eternidad con Él. Por esta razón, utilizó hombres de todas las condiciones para escribir su mensaje del evangelio. Lea su invitación para usted.

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Dios quiere que sus hijos escuchen


Leer | Nehemías 8.1-8

Los preceptos de la Biblia nos enseñan cómo vivir en santidad. Sin embargo, para recibir las enseñanzas de Dios, tenemos que aprender a escucharlo por medio de su Palabra.

En los días de Nehemías, los israelitas que ayudaron a reconstruir el templo eran buenos oyentes. Después de trabajar juntos para restaurar el muro de la ciudad, le pidieron a Esdras, el escriba, que les leyera los rollos que contenían las leyes de Dios.

La lectura duró varias horas, durante las cuales el pueblo estuvo de pie escuchando con atención al escriba mientras leía. Estaban concentrados en comprender lo que había sido escrito en la ley de Moisés.

Los rollos estaban escritos en hebreo, y para aquellos israelitas el arameo era el idioma que hablaban pues habían estado cautivos en Babilonia. Pero se habían reunido con el propósito de conocer el carácter de Dios y obedecer su plan. Por esta razón, los levitas traducían de modo que el pueblo entendiera la lectura (cf. v. 8).

Mientras Esdras alababa al Señor, los corazones de las personas fueron transformados. La acción de gracias y la humildad les prepararon para recibir de Dios. Se inclinaron en gratitud por el privilegio de escuchar las Sagradas Escrituras.

Necesitamos entender qué agrada al Señor para que podamos obedecer su plan. Eso significa que debemos ser buenos oyentes que desarrollen mayor humildad, atención, gratitud y celo por Él. A medida que aprendamos, debemos estar dispuestos no solo a compartir la Palabra de Dios con otros, sino también a explicárselas para que puedan conocer al Señor y obedecerle.

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El desarrollo de un corazón dócil


Leer | Ezequiel 36.25-28

El Señor quiere darnos un “corazón de carne” para que seamos obedientes y sensibles a Él. Un corazón dócil que es tocado por el dedo de Dios cede a la presión y asume la forma que Él desea, al igual que un trozo de arcilla se moldea a la forma que el alfarero determine.

Para ayudar en este proceso, Dios ha enviado al Espíritu Santo a morar en cada creyente, y para despertar su sensibilidad. Al ceder a los impulsos del Espíritu Santo con pronta obediencia, el corazón se vuelve cada vez más tierno y receptivo a su dirección. El Señor puede impartir mayor comprensión de su Palabra a un corazón dócil, porque éste ha aceptado y obedecido fielmente las enseñanzas anteriores.

Cualquier resistencia a Dios dará como resultado el endurecimiento. Pero quienes están acostumbrados a buscar intimidad con Cristo —que es el resultado de la sumisión a Él— se apresurarán a enfrentar su pecado y a actuar en obediencia al Señor.

Las personas con un corazón sumiso se mantienen estrechamente conectadas con la iglesia de Cristo, buscando edificar su peregrinación de fe. Estas personas no solo son receptivas a lo que Dios quiere decirles; también son dóciles, pues están dispuestas a escuchar, e inclinadas a ser corregidas por los demás.

Esta semana, cuando lea su Biblia y ore, deje que su corazón sea dócil ante las palabras de Dios. Cuando Él toque cada área endurecida de su vida, escuche sus instrucciones y confíe en el poder del Espíritu para ayudarle a ceder y obedecer. Permita que Él le convierta en un vaso útil y hermoso.

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Dios no se adapta

Mateo 5:17-19

No piensen ustedes que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Mateo 5:17

Le dijo un joven adolescente a su terapeuta: “Tengo un padre represivo, no me gusta vivir con él.” La respuesta del consejero lo tomó por sorpresa: “Menos mal que tienes un padre represivo. ¡No me imagino lo que sería de tu vida si él te dejara hacer lo que quisieras!” Jesús reaccionó como ese terapeuta: “Imagínense si Dios los dejara vivir como ustedes quisieran, ¡se destruirían entre ustedes en poco tiempo!”

Y nos estamos destruyendo por no seguir la ley de Dios. Cada día matamos a miles de niños en el vientre de sus madres; estafamos cada vez que tenemos oportunidad y nadie nos ve; destruimos el fundamento universal de la sociedad al juntarnos para vivir en pareja fuera del estado matrimonial instituido por Dios; nos adaptamos a la sociedad moderna para vivir como nos da la gana. ¿Qué pasó? Algunos piensan que Dios no existe, por lo cual no tendrán que rendir cuentas a nadie. Otros piensan que Dios se adapta a nuestra forma de pensar y de proceder, y que será condescendiente con nuestras malas decisiones.

Pero Jesús no se adapta. “No piensen ustedes que he venido a abolir la ley… sino para cumplir” (v 17). Si Jesús se hubiera adaptado a la sociedad de su tiempo, o a la sociedad posmoderna de la cual somos parte, el perdón de los pecados sería un olvido ficticio, y para entrar al cielo habría que sobornar algún ángel-funcionario (¡como si de algún modo esto fuera posible!).

Demos gracias porque tenemos un Padre celestial con reglas claras, y con una actitud santa y amorosa hacia nosotros. Demos gracias porque Jesús cumplió perfectamente la ley, para que nosotros podamos beneficiarnos por ese cumplimiento. Demos gracias a Dios porque tanto su ley sigue como su gracia siguen vigentes.

Dios decidió no adaptarse a nosotros, sino que siguió el camino preestablecido desde la eternidad, recto y justo, para ponernos a su altura.

Gracias, Padre, porque tu ley no cambia, porque Jesús no cambia, porque tu Palabra sigue llamándonos al arrepentimiento. Amén.

Por CPTLN

Las Palabras

“Las palabras”

“Las cosas que se escribieron antes, se escribieron para nuestra enseñanza, a fin de que tengamos esperanza por medio de la paciencia y la consolación de las Escrituras.” Romanos 15:4

El latín es un idioma completamente muerto. Primero mató a los romanos, y ahora me está matando a mí.

Si la memoria no me falla, al Profesor Schmelling, mi profesor de latín en la escuela secundaria, no le hacía mucha gracia que sus estudiantes dijeran la frase de más arriba.

A través de los siglos muchos idiomas nacen y mueren. El paso del tiempo, a su vez, hace que las palabras vayan adquiriendo un nuevo significado.

En contraste con la inconsistencia de la humanidad, tenemos la Palabra de Dios. En las Escrituras se nos ha dado la historia de la salvación, la forma en que el Señor nos regala la vida eterna. Dichas palabras nos ofrecen consuelo, esperanza, perdón, paz, y alegría.

Piense por un momento. ¿Cuáles son sus pasajes favoritos de la Biblia? Quizás sea el Salmo 23: “El Señor es mi Pastor, nada me falta…”; quizás sea Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo…”, o quizás Efesios 2:8: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe…”.

Estos textos tienen una cosa en común: todos ellos hablan de la salvación que tenemos gracias a la vida, sufrimiento, muerte y resurrección el Hijo de Dios, nuestro Salvador. En Jesús recibimos todo lo que necesitamos para ser salvos. Todo.

Por CPTLN

Señales para celebrar

“Después de escuchar al rey, los sabios se fueron. La estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se regocijaron mucho. Cuando entraron en la casa vieron al niño con su madre María y, postrándose ante él, lo adoraron. Luego, abrieron sus tesoros y le ofrecieron oro, incienso y mirra.” Mateo 2:9-11

Los sabios que buscaban al rey prometido se llenaron de alegría cuando vieron que la estrella que los guiaba se detuvo sobre la casa donde estaba Jesús. Esa señal sólo podía significar una cosa: que habían llegado al final de su camino, al destino anhelado. Cuando viajamos a un destino desconocido, nos parece que no llegamos más. Los kilómetros se hacen más largos, el tiempo corre y el lugar no aparece. En realidad, es la ansiedad por llegar al lugar deseado que hace todo más lento. Los sabios de Oriente estaban viajando por largo tiempo por lo que, el saber que habían llegado a destino, les dio mucha alegría. Más aún, los llenó de expectativa y deseo por ver a quien tanto esperaron.

Finalmente se iba a hacer realidad el encuentro tan anticipado con el rey de la humanidad, enviado por el Padre celestial para bendición de las naciones. Allí mismo ellos adoraron, y postrados celebraron la salvación de Dios, alabaron su nombre, oraron dando gracias y entregaron sus humildes ofrendas. La estrella señaló el lugar y produjo alegría, pero la verdadera señal del amor y salvación era Jesús, quien trajo abundantes bendiciones para todos. Esa señal de misericordia divina trajo paz, amor, alegría, esperanza, reconciliación, y alegría. En Jesús tenemos todo esto y por él celebramos con humildad que somos amados, perdonados, y preservados hasta la eternidad.

Por CPTLN

La Verdad


“¿Quién de ustedes puede acusarme de haber pecado? Y si digo la verdad, ¿por qué no me creen? El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; pero ustedes no las escuchan, porque no son de Dios.” Juan 8:46-47

El propósito de la encuesta ‘Honestidad y Ética’ realizada por la Gallup, fue averiguar cuánto confían los ciudadanos en sus autoridades. He aquí algunos de los resultados:

  • El 55% de los entrevistados tiene en muy baja estima a los legisladores.
  • El 49% de los Senadores también son considerados de poca confianza.
  • El clero está mejor ubicado con un 50% considerado en muy alta estima.

Sin lugar a dudas, la desconfianza toca todos los ámbitos de la vida. Ni siquiera el Señor logró escapar al ojo dubitativo de los inquisidores.

¿Cómo sé que la Biblia es verdad? ¿Cómo puedo estar seguro que Jesús es el único Salvador? ¿Cómo puedo creer que lo que la iglesia enseña es cierto?

Todas estas son preguntas legítimas que merecen respuesta.

Y la respuesta se encuentra en las palabras de Jesús: “En verdad les digo…” ¿Jesús dijo la verdad? ¿Dios ha dicho la verdad? Las Escrituras registran a muchos autores inspirados quienes hablaron a lo largo de los siglos, ¿sus profecías fueron cumplidas en la persona de Cristo?

Durante los tres años del ministerio de Jesús, él dijo muchas cosas. ¿Esas cosas fueron irrefutables y a prueba de balas? Él hizo predicciones relacionadas a su vida, muerte y resurrección. ¿Se cumplieron esas predicciones? ¿TODAS fueron cumplidas? ¿Y fueron estas cumplidas exactamente y de acuerdo a los tiempos establecidos?

El Señor anima a toda mente inquisitiva a que busque respuestas en su Palabra. Toda persona honrada encontrará allí que en el Dios Trino se puede confiar. Jesús es digno de confianza, y todo el que ha recibido fe en el Redentor, ha recibido también la salvación.

Por CPTLN

Religioso, pero perdido

Leer | JUAN 3.1-6

Nicodemo probablemente sería bienvenido en cualquier iglesia hoy. Parece ser el miembro ideal: con principios, bien informado, moralmente recto, cortés y humilde. Sin embargo, tenía dos grandes problemas, estaba ciego a la verdad y estaba muerto espiritualmente.

El hombre estaba perdido. Es decir, no tenía una relación con Dios por medio de Jesucristo. Como fariseo, Nicodemo era fiel a las estrictas regulaciones y leyes del judaísmo; por tanto, era realmente religioso. Pero el problema de la persona que está perdida no es las actitudes, la conducta o incluso el carácter. Podemos cambiar y controlar esas cosas a fuerza de voluntad, y muchas personas hacen eso. Pero lo que la gente necesita verdaderamente es un cambio de su naturaleza básica. Venimos a este mundo con la inclinación natural de alejarnos de Dios.

Jesús le dijo al ilustre rabí que toda su bondad exterior no podía borrar, sustituir o cambiar su naturaleza, sino que toda persona que desee ser aceptada por Dios debe nacer de nuevo. El Señor prometió que si Nicodemo lo recibía como Salvador, entonces empezaría a tener una vida completamente nueva. Su naturaleza pecaminosa sería transformada, para que pudiera tener una verdadera relación con Dios. En vez de tener la apariencia de ser un hombre religioso, Nicodemo sería un creyente verdadero.

Nadie entrará al cielo por sus buenas obras y su buena conducta. Cuando estemos delante de Dios, lo único que importará será si nuestra vieja naturaleza fue cambiada. Necesitaremos mostrar a Dios el Espíritu Santo que recibimos cuando Jesús vino a nuestra vida.

Por Min. En Contacto

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