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pastoradaisy2010

Dios les bendiga y bienvenidos. Doy Gloria a Dios y las gracias por haberme alcanzado con el mensaje de arrepentimiento para perdón. Agradecidos le servimos a Él y el prójimo alcanzando las naciones con el evangelio de buenas nuevas. Queremos orar por tí envía tus peticiones de oración. Dios te bendiga.

Simeón

“Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación” (Lu.2:25-30).

Simeón es un ejemplo de la obra del Espíritu Santo en una persona. Primeramente vemos que el Espíritu Santo nos hace santos; él es Espíritu de santidad. De Simeón se nos dice que era “justo y piadoso”; o sea, en cuanto a su persona, era justo y bueno, vivía una vida recta, conforme a la voluntad de Dios; y su vida espiritual está resumida en la palabra “piadosa”: no sólo era buena persona, sino que también amaba a Dios y estaba entregado a Él. “Esperaba la Consolación de Israel”, es decir, al Mesías. Simeón vivía esperando la venida del Mesías de la misma forma que los creyentes de hoy vivimos esperando su segunda venida. Esta ilusión llenaba su vida. Y había recibido la promesa de parte de Dios de que no moriría antes de ver “al Ungido del Señor”. ¡Qué ilusión más grande para mantenerle viviendo en justicia y santidad día tras día, esperando la Consolación de Israel, al Consolador, a Jesús!

El Espíritu Santo no sólo le ayudaba a vivir una vida santa, sino que le revelaba cosas y le dirigía. “Movido por el Espíritu, vino al templo”. La obra del Espíritu es así. Nos conduce a Jesús. Le llevó al templo justo a la hora cuando José y María estaban presentando a su Hijo al Señor. El Espíritu Santo no habla de sí mismo, no llama la atención a sí mismo; su tema unilateral es Jesús. Y el Espíritu le reveló que aquel niño era el Salvador. El Espíritu nos conduce a donde podemos encontrar a Jesús y nos revela quién es.

Después nos da amor para la persona de nuestro Salvador. “Le tomó en brazos”. Abrazar a Jesús es recibir la salvación de Dios con amor. Esto es lo mismo que hemos hecho todos los creyentes desde entonces, hemos abrazado a Cristo como nuestro Salvador y le amamos. Y finalmente, el Espíritu le puso en los labios palabras de alabanza a Dios: “Y bendijo a Dios”. Aquí tenemos la Trinidad: el Espíritu Santo que conduce al Hijo, y el Padre que recibe la alabanza. Y aquí tenemos al creyente: gozoso en la salvación de Dios.

Así es el creyente: justo y piadoso, esperando el retorno de Cristo, recibiendo revelaciones del Espíritu para su vida personal, dirigido por el Espíritu, en el templo, abrazando a Cristo como Salvador, bendiciendo a Dios y viendo el cumplimiento de las promesas de Dios en su vida. Y al final de la misma, con Simeón decimos: “Padre, despide a tu sierva en paz, porque has cumplido en mi vida todo lo que me prometiste”.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Cómo aprender a perdonar

Leer | MATEO 6.9-15

¿Le resulta difícil perdonar a quienes le han herido? Si es así, puede que las siguientes cuatro pautas le sean de mucha ayuda:

  1. Reconozca y confiese delante de Dios que tiene un espíritu rencoroso. Aunque no siempre resulte fácil perdonar, a veces, somos el blanco de ofensas extremadamente dañinas. Sin embargo, no somos responsables por la conducta de otras personas, sino solo de la nuestra. Dios nos ha ordenado que seamos comprensivos y perdonadores. Si guardamos rencor, ese es nuestro problema, no de la otra persona; debemos arrepentirnos de este pecado y pedirle a Dios que nos ayude a superar nuestra falta de perdón.
  2. Deje de estar pensando en la otra persona. Tome la decisión consciente, de dejar de pensar en el ofensor. Si se encuentra reviviendo constantemente los detalles de la conducta de la otra persona que le produjo la molestia, oblíguese a no hacerlo más.
  3. Perdone al ofensor, y olvide el agravio. Mantener detalles frescos en la mente, le atrapa en un ciclo de dolor que solamente le afecta a usted. Decida más bien separar a la persona del recuerdo doloroso.
  4. Perdone con carácter definitivo. El perdón genuino es completo. Esto significa que usted no puede “perdonar” a alguien, y después seguir hablando del tema. Perdone a esa persona, y después siga adelante.

Si usted se ha mantenido empecinado en la amargura, pida a Dios las fuerzas para perdonar. Y hágalo después, sin demora.

Por: Min. En Contacto

El sentimiento de la insatisfacción

Leer | ISAÍAS 55.1, 2

¿Alguna vez se ha parado frente al refrigerador, tratando de encontrar algo para satisfacer una vaga sensación de vacío? No está buscando nada específico, pero sabe que necesita algo. Probablemente, nada de lo que haga servirá, porque el espacio vacío no está en su estómago sino en su alma.

Ya sea que busque comida, prestigio, posesiones o compañía, nuestras almas están tratando de encontrar satisfacción continuamente. Pero nada en este mundo va a llenar ese vacío, ya que fuimos creados para relacionarnos con Dios, Él puso en lo más profundo de nosotros el anhelo de buscarlo. Aunque es posible que no identifiquemos ese vacío como tal, todos conocemos el sentimiento de insatisfacción que a veces se filtra en nuestras almas. Cada vez que buscamos satisfacción en cosas del mundo, terminamos con desengaño y desilusión.

Hay dos posibles menús de donde podemos elegir para llenar nuestro vacío. El menú de Satanás es grande y lleno de cosas atractivas que parecen prometer satisfacción y placer: dinero, amistades, notoriedad, aceptación o reconocimiento. Todo lo que Satanás ofrece parece la clase de vida que traerá satisfacción, pero es un engaño. En cambio, el menú de Dios es bastante pequeño. De hecho, solo tiene un “plato”: Jesús. Él es el único capaz de llenar el vacío.

¿Ha encontrado usted la satisfacción que busca, o tiene una vaga sensación de descontento en su alma? Haga del Señor Jesús su máxima prioridad, y dedique tiempo para pasarlo tranquilo y enfocado en Él. El Señor le va a satisfacer como nada más puede hacerlo.

Por: Min. En Contacto

Nuestro ayudador en la oración

Leer | ROMANOS 8.26, 27

Mientras Jesús se acercaba al día de su muerte, se refería con frecuencia al Ayudador que enviaría a sus discípulos —y, finalmente, a todos los creyentes. El Espíritu Santo fue prometido, para que morara en los seguidores del Señor, y para que les diera poder e instrucción. Llamado por lo general el Consolador o Parakletos en griego, Él es quien viene a estar a nuestro lado para ayudarnos en todo lo que Dios nos llame a hacer.

Una de las responsabilidades del Espíritu Santo es ser nuestro Ayudador en la oración. La necesidad de orar que sentimos viene de Él. El Espíritu sabe de las tentaciones que nos acechan más adelante, o de las duras experiencias que pueden sucedernos; por tanto, Él nos impulsa a hablar con nuestro Padre celestial. Cuando usted sienta la necesidad de orar, lo último que debe hacer es ignorarla. En 1 Tesalonicenses 1.59 se nos dice: “No apaguéis el Espíritu”; en otras palabras, ignorar ese impulso divino es, en realidad, un pecado.

Al darnos la carga de orar por alguien, el Espíritu Santo nos ofrece la oportunidad de participar en la obra de Dios.

Esta carga en nuestros corazones de orar por nosotros mismos o por otros, es una demostración especial del amor de Dios. Al llamarnos a orar, Él comienza el delicado trabajo de hacernos sensibles a las circunstancias que nos rodean, o de prepararnos para una batalla que vendrá. Escuchar los impulsos del Espíritu Santo y permitirnos estar preparados, es la manera como nosotros le mostramos nuestro amor.

Por: Min. En Contacto

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