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pastoradaisy2010

Dios les bendiga y bienvenidos. Doy Gloria a Dios y las gracias por haberme alcanzado con el mensaje de arrepentimiento para perdón. Agradecidos le servimos a Él y el prójimo alcanzando las naciones con el evangelio de buenas nuevas. Queremos orar por tí envía tus peticiones de oración. Dios te bendiga.

Milagro de alimentos

Mateo 14,13-21

13 Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades.

14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.

15 Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer.

16 Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.

17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.

18 El les dijo: Traédmelos acá.

19 Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.

20 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.

21 Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Las bendiciones de Dios

Leer | Efesios 1.3-14

Todos experimentamos momentos dolorosos en la vida, y lamentablemente, a veces llegamos a sentir como si Dios no estuviera bendiciéndonos. Pero la realidad es que aun en momentos como esos, experimentamos muchas de sus maravillas.

A continuación hay varios ejemplos de esas bendiciones:

• Tenemos la seguridad de que nuestro todopoderoso Dios nos escogió antes de la fundación del mundo (v. 4). Nos predestinó como sus hijos (v. 5). Podemos sentirnos especiales y queridos, porque el Soberano del universo nos eligió.

• Jesús hizo posible nuestra salvación por medio de su muerte y resurrección (v. 7). Nos redimió del pecado que causa la separación de Dios y que al final conduce a la muerte. Como resultado, recibimos una naturaleza nueva y el perdón de nuestras iniquidades (2 Co 5.17; 1 Jn 1.9).

• El Espíritu Santo habita en nosotros. Nos guía, advierte y llena, por lo que siempre tenemos acceso a su consolación y dirección. Y porque Él también nos sella, nuestra vida eterna es segura (Ef 1.13).

• Nuestro Padre celestial nos prepara una herencia imperecedera (1 P 1.4). Podemos experimentar dificultades temporales, pero podemos vivir con la esperanza de que estaremos en la presencia de Dios por toda la eternidad, donde hay gozo y ningún sufrimiento.

Los creyentes en Cristo tienen bendiciones espirituales maravillosas todo el tiempo. Sin los cuatro regalos permanentes que acabo de mencionar, el temor y el vacío serían abrumadores. Reflexione en estos beneficios, y exprese gratitud a Dios, aun en los momentos difíciles que puede estar atravesando.

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El impacto duradero del creyente

Leer | Mateo 5.13

A todos nos gustaría ser recordados como personas que dejaron una huella buena y duradera en las vidas de los demás. El problema es que tendemos a ser tan egocéntricos, que pocas veces impactamos positivamente a quienes están más cerca de nosotros.

Nuestro éxito en influenciar las vidas de los demás, dependerá de nuestra condición espiritual. Pues lo que le interesa a nuestro Padre celestial, es el impacto espiritual que tengamos sobre otros.

Para ilustrar la influencia que debemos tener en los demás, el Señor Jesús utilizó el ejemplo de la sal, un producto casero familiar que altera a todo lo que toca. El Señor enseñó que la sal debe mantener su pureza e integridad para tener un efecto duradero. De la misma manera, nosotros debemos conservar nuestra pureza amando las cosas de Dios, en vez de amar las cosas de este mundo (1 Jn 2.15). Para que así, cuando las personas vean nuestras vidas transformadas, sean influenciadas poderosamente.

La sal da gusto a la comida y la preserva. Cuando la rociamos sobre algo sin sabor, la comida se vuelve mucho más agradable. De la misma manera, estamos llamados a dar sabor a las vidas de las personas que nos rodean, utilizando nuestras acciones y nuestras palabras para dirigir su atención a Cristo. La sal no se transforma a sí misma. Ella mejora solo lo desabrido o carente de sabor verdadero.

Nunca olvide que usted tiene la capacidad de influenciar a los demás, ya sea para bien o para mal. Puesto que somos seguidores de Cristo, nuestra tarea es dar sabor al mundo, de modo que sea impactado de maneras positivas que honren a Dios.

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Una fe en aumento

Leer | Génesis 22.1-14

Si estamos decididos a avanzar espiritualmente, no podemos conformarnos con una fe pequeña. Quitamos la mirada de nosotros mismos y la ponemos en el Señor, porque anhelamos tener más fe.

Comenzamos convirtiéndonos en estudiantes de la Biblia, con el deseo irresistible de experimentar la presencia del Señor, pasar más tiempo con Él, y ser conformados a la semejanza de Cristo.

La segunda característica de una fe más profunda, es la fuerte confianza en el Espíritu Santo, evidenciada por la costumbre de acudir a Dios antes de tomar decisiones. Tercero, demostramos la disposición de esperar en Dios y confiar en lo que Él dice. El Señor alabó al centurión por su gran fe. Por confiar en la persona y en el carácter de Jesús, el soldado creyó que la palabra de Cristo era todo lo que se necesitaba (Mt 8.5-10).

Pero hay un nivel de fe aun mayor, en el que la incredulidad es desterrada y solo la confianza en Dios permanece. Abraham mostró esa confianza cuando el Señor le ordenó que sacrificara a Isaac. La poca fe nunca habría cortado la madera o ensillado los asnos para hacer el viaje. La fe que él tenía lo impulsó a hacer el viaje, tal como Dios le había ordenado, creyendo que el Señor resolvería las cosas. La fe total actuará como hizo Abraham: él creyó lo que el Señor le había prometido; cumplió con la orden divina, aunque eso parecía contradecir la promesa que Dios le había hecho.

Que la fe total sea la oración y la aspiración de su corazón. El Espíritu Santo está siempre listo para ayudarle a alcanzar el siguiente nivel de fe.

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Las obras y la oración

Leer | Juan 16.23, 24

Cada día suceden milagros, como cuando las mentes se abren, los ciegos espiritualmente ven la verdad del evangelio, y los rebeldes se convierten en hijos de Dios.

Nuestro Padre celestial espera que nos acerquemos con peticiones grandes. Él ve si lo que pedimos está basado en los méritos y la obra de reconciliación de Cristo; si hemos confesado todo pecado conocido; y si creemos firmemente en que Él hará lo que ha dicho. Por tanto, no debemos dudar; nuestro Padre quiere que estemos seguros de que Él cumplirá sus promesas, y que responderá para nuestro bien. Él se deleita en dar regalos a sus hijos (Mt 7.11).

Dios responde nuestras peticiones cuando están en armonía con su plan. Y sabemos que Él no actuará de una manera que no sea acorde con su carácter. Así que, al escudriñar la Biblia podemos descubrir si nuestros deseos están de acuerdo con la naturaleza y los propósitos de Dios. También podemos aprender de quienes tuvieron un dilema similar: de Eliseo, quien llegó al agotamiento y cayó en la desesperación; de Rut y Noemí, unas viudas pobres que necesitaron la ayuda del Señor; o de David, cuya vida estuvo en peligro. Sus interacciones con Dios —y las maneras como Él respondió— nos dirán cómo podemos hablar con nuestro Padre celestial de nuestras dificultades. Y podemos estar seguros de que el Espíritu Santo nos ayudará (Ro 8.26).

Dios es el único que conoce las acciones ideales que habremos de tomar, y el momento adecuado para hacerlo. Pero Él nos invita a pedir con fe, y a seguir pidiendo (Mt 7.7).

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Las promesas de Dios

Leer | 2 Corintios 1.20

Las promesas de Dios manifiestan su intención de derramar bendiciones. Ellas entran dentro de varias categorías, y entender la diferencia nos ayudará a saber cómo apropiarnos de las bendiciones que nuestro Padre tiene reservadas para nosotros.

Algunas promesas bíblicas son de carácter general, pero otras son específicas. Esto significa que ciertas promesas tuvieron que ver con una persona, un tiempo o un propósito específicos, y por eso no pueden aplicarse a nosotros. Por ejemplo, Génesis 18.10 anunció un hijo a Sara. Nosotros no podemos asumir que Dios hará lo mismo por nosotros. Él puede, sin duda, utilizar ese pasaje para inculcar en nosotros su deseo de bendecirnos de esa manera. Pero debemos evitar tomar las promesas al azar, esperando que ellas se cumplan en nosotros, sea como sea.

La Biblia contiene muchas promesas incondicionales, garantías cuyo cumplimiento no requiere nada de nuestra parte. Por ejemplo, Dios ha dicho que Él llevará nuestras cargas cada día (Sal 55.22), que nunca nos desamparará ni dejará (He 13.5), y que vendrá otra vez (Jn 14.3). También encontramos muchas promesas condicionales que son garantías con la estipulación: “si… entonces” (Pr 3.5, 6; 1 Jn 1.9).

Dios se deleita en satisfacer las necesidades y los deseos de sus hijos. Pero también le promete a los no creyentes que al pedir perdón de sus pecados y recibir al Señor Jesús como Salvador personal, serán salvos (Jn 3.16). ¿Ha respondido usted a esa promesa? Si no lo ha hecho, no espere más tiempo. Después de aceptar a Cristo, hay muchas más promesas divinas esperando por usted.

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