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pastoradaisy2010

Dios les bendiga y bienvenidos. Doy Gloria a Dios y las gracias por haberme alcanzado con el mensaje de arrepentimiento para perdón. Agradecidos le servimos a Él y el prójimo alcanzando las naciones con el evangelio de buenas nuevas. Queremos orar por tí envía tus peticiones de oración. Dios te bendiga.

No se puede guardar suficiente


Ellos son del mundo. Por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. Por esto sabemos cuál es el espíritu de la verdad, y cuál es el espíritu del error.

1 Juan 4:5-6

A todos nos gusta guardar cosas. Algunos guardamos dinero porque nos da seguridad. Otros guardamos alimentos enlatados o congelados porque nos hace sentir preparados para un mañana desconocido. Otros guardan de todo un poco.

Pero hay muchas cosas que no se pueden guardar. Por ejemplo, el aire. Nadie puede guardar en sus pulmones aire para una semana o dos.

Si no me cree, trate. Respire profundo y sostenga la respiración tanto como pueda. Puede que dure un minuto o dos, pero eso es todo.

Y el aire no es lo único que no se puede guardar. Por ejemplo, uno no puede comer mucho hoy para no tener que comer durante los próximos por seis meses. Algunas cosas necesitan ser abastecidas regularmente, o el organismo se muere.

Si pudiéramos comer y respirar lo suficiente como para mantenernos por seis meses, podríamos concluir que somos totalmente independientes de Dios. Pero no podemos hacer esas cosas.

El hecho es que, así como una persona saludable necesita una continua provisión de aire y un abastecimiento regular de comida, así también un alma saludable necesita una relación continua con Dios.

Afortunadamente, aunque el aire bueno es cada vez más escaso, hay una provisión abundante del amor de Dios para repartir.

Es por ello que hoy le invito a tomar una buena bocanada del amor de Dios… porque su provisión nunca se agota.

Por CPTLN

¿A quién escoges Barrabás o Jesús?

Mateo 27.15-31

15 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen.

16 Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás.

17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?

18 Porque sabía que por envidia le habían entregado.

19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.

20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.

21 Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.

22 Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: !!Sea crucificado!

23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: !!Sea crucificado!

24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros.

25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.

26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.

27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía;

28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata,

29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: !!Salve, Rey de los judíos!

30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.

31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

Cómo Dios trata con el pecado

“¿Por qué habríamos de quejarnos cuando somos castigados por nuestros pecados?” (Lam. 3:39).

Los libros de Jeremías y Lamentaciones versan sobre el pecado de Israel, el castigo de Dios y la esperanza para el futuro. Esta esperanza tiene que ver con el carácter de Dios. En la porción que tenemos delante hoy, el autor de Lamentaciones está meditando en cómo es Dios y en sus caminos. Jerusalén ha sido destruida, sometida al gobierno extranjero, y las naciones alrededor se están aprovechando de su situación indefensa para seguir saqueando la ciudad. La gente muere de enfermedad y hambre. Lo siguiente son las reflexiones del profeta:

Dios no nos abandonará para siempre: “porque Adonay no desechará para siempre” (v. 31). A Dios no le gusta tener que castigar el pecado: “No se complace castigando ni afligiendo a los hijos del hombre” (v. 32), pero lo hace para nuestra restauración, para llamarnos a volver a Él. Dios no aprueba de la manera en que el enemigo está tratando a Israel, ni de la injusticia, ni del abuso: “Aplastar bajo los pies a todos los cautivos de la tierra, privar del derecho al hombre en presencia de Elyón, pervertir la causa del varón: ¿No lo ve Adonay?” (v. 34-36). A Dios no le gusta castigar, sin embargo lo hace. No le gusta el abuso, sin embargo ocurre. Estos son las consecuencias del pecado, castigo y abuso. Dios castiga y el enemigo abusa. Cuando una persona está en pecado, pierde la protección de Dios y el enemigo se aprovecha e intensifica su sufrimiento. Todo esto ocurre bajo la soberanía de Dios: “¿Quién dijo algo y ocurrió, sin que Adonay lo dispusiera?” (v. 37). Él ordena las cosas buenas que ocurren y también las malas: “¿No procede de la boca de Elyón tanto el bien como el mal?” (v. 38).

Si Dios es solamente responsable para el bien y el diablo es responsable para el mal, hemos inventado un sistema dualista que suena bien, pero no es lo que la Biblia revela. ¿Es bueno que Babilonia conquiste Israel? ¿Es justo? Es un mal necesario. ¿Da Dios la libertad a Babilonia para hacer toda la maldad que quiere y mantener que es culpa de ella y que no tiene nada que ver con Él? Obviamente no. El diablo actúa y Dios lo permite dentro de los límites que Él ha fijado y para propósitos suyos que siempre son buenos. Es malo que un país invada a otro y mate, pero es lo que Dios usa para llevar a su pueblo al arrepentimiento. Dios no aprueba las acciones de Babilonia (v. 36), sin embargo, las ha mandado (v. 37). Esto es difícil para nuestra mente finita. Dios no es fácil de comprender. Sus tratos con el hombre y con las naciones son complejos, pero siempre sabios, justos y misericordiosos. No deja el mal suelto en este planeta.

No debemos quejarnos cuando sufrimos debido a nuestro pecado: “¿Por qué se queja el viviente? ¡Sufre el valiente si cometió pecado!” (v. 39). Sin embargo el hombre sí que se queja cuando sufre por su pecado, ¡y culpa a Dios!, y señala la injusticia de Babilonia, coge el papel de víctima y se hunde, pero “aunque Dios entristece, Él tendrá misericordia conforme a la multitud de sus piedades” (v. 32). Así que, cuando somos castigados por nuestro pecado y el enemigo se ríe y nos pisotea, ¡Dios está aireado con él y le castigará! Jeremías 50-51, que algunos encuentran aburrido para leer, es vital, porque estos capítulos nos explican que Dios castigará el mal del opresor, además del nuestro, pero no para siempre (v. 31). Así que, ánimo, porque “Dios no se complace castigando al hombre… Él tendrá misericordia conforme a la multitud de sus piedades” (v. 33 y 32). Toma refugio, pues, en la compasión amorosa de Dios. Dios es justo, pero también es misericordioso.   

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Esperanza

Esto recapacito en mi corazón, que me da nueva esperanza” (Lam. 3:21). “No obstante, aún me atrevo a tener esperanza cuando recuerdo lo siguiente:” 

Hasta ahora todo ha sido lúgubre. Tétrico. Desolador. El profeta/ la ciudad/ el pueblo de Dios ha tocado fondo. Ha dado con el fondo del abismo en el cual ha caído: “Mi alma está lejos de la paz, he olvidado la felicidad. Y dije: ¡Pereció mi esplendor y mi confianza en Yahweh!” (3:17, 18). Todo lo que había esperado del Señor se perdió. ¿Has estado allí? “Recordar mi sufrimiento y no tener hogar es tan amargo que no encuentro palabras” (v. 19, NTV). Tiene presente su aflicción, su miseria, el ajenjo y la hiel. Ha perdido toda esperanza. No le quedan motivos para vivir. Está encercado; no tiene salida, solo la muerte. Está en total desesperación.

¿Qué hace el creyente cuando se le cae el fundamento de su mundo? ¡Piensa! ¡De repente se acuerda de Dios! “Esto recapacito en mi corazón, que me da nueva esperanza:” (v. 21). ¿En qué tiene esperanza? En el amor de Dios. “¡El fiel amor del Señor nunca se acaba. Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana” (v. 22, 23, NTV). Estas son los versículos de Lamentaciones que todo el mundo cita, pero toman un significado aún más glorioso cuando los vemos en su contexto. En medio de derrota, esclavitud, destierro, muerte, pestilencia y hambruna, ¡el creyente tiene esperanza porque  Dios es amor! Mañana será un nuevo día, un día para experimentar la compasión de Dios y su fidelidad a su Palabra. Viviré hasta mañana para ver lo que Dios puede hacer para nosotros.

“Me digo: El Señor es mi herencia; por lo tanto esperaré en Él” (v. 24). Ha perdido todos sus bienes. Le queda Dios. Es una espera con esperanza. Esta esperanza es confianza en Dios, en su amor, en su compasión y en su fidelidad, estas tres cosas que el autor de Lamentaciones nombra. No es la esperanza de un optimista, sino la esperanza de un creyente, uno que conoce a su Dios.

Esto es lo que el creyente sabe: “Bueno es Yahweh para los que lo esperan, al alma que lo busca. Bueno es esperar, y aguardar en silencio la salvación de Yahweh” (v. 25, 26). El creyente ha salido de esta pesadilla no porque un milagro haya ocurrido. No le ha hablado ningún ángel. No ha tenido ninguna visión. No le ha pasado nada bueno, ni ha habido ningún cambio en sus circunstancias. Ha salido porque se ha acordado de cómo es Dios: “Esto recapacito en mi corazón, que me da nueva esperanza” (v. 21). Ha traído a la memoria lo que sabe y se ha puesto a meditar en ello.

Ha concluido: “Es bueno esperar en silencio la salvación que proviene del Señor” (v. 26, NTV). ¿Estás de acuerdo? ¿Te gusta esperar? ¿Puedes esperar tranquilamente, confiadamente? No es fácil, pero es bueno. Es volver a tener paz en su corazón porque estás esperando en Dios. Estás esperando su salvación en medio del dramón que te rodea. ¿Y cómo sabes que Dios te ayudará? Porque le conoces. Sabes cómo es. Es un Dios de amor, compasión y fidelidad, y actuará de acuerdo con su amante corazón. 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Dios y el enemigo

“Todos los que van por el camino baten palmas contra ti, silban burlones y menean la cabeza contra la hija de Jerusalem: Todos tus enemigos han abierto la boca contra ti: Silban y rechinaron los dientes diciendo: ¿Es esta la ciudad perfecta en hermosura, la alegría de toda la tierra? ¡La hemos arrasado! ¡Lo hemos conseguido y lo estamos viendo!” (Lam. 2:15, 16)

Cuando el enemigo ve venir el mal sobre un hijo de Dios, o sobre el pueblo de Dios, ¡cómo se burla!  “Silban y menean la cabeza”. Esta frase “menean la cabeza” nos tiene que recordar algo. ¿Dónde la hemos visto? Sí. Cuando el Hijo de Dios estaba sufriendo en la Cruz y el enemigo pensaba que le había derrotado: “Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo…” (Mateo 27:39). ¡Este versículo es muy parecido al de Lamentaciones: “Todos los que van por el camino menean la cabeza” (Lam. 2:15). El enemigo tiene la misma reacción cuando crucifican a Cristo que tuvo cuando Jerusalén, la ciudad del Rey, fue destruida: “Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová: líbrele él: Sálvale, puesto que él se complacía” (Salmo 22: 7, 8). Aquí está profetizada, tanto lo que la gente haría, como lo que dirían. ¡Menean la cabeza y le citan las Escrituras!

En el caso de Jesús le citan el Salmo 22:8: “Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Lo mismo lo injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él” (Mateo 27:43, 44). En el caso de la destrucción de Jerusalén citan la Escritura también, como vimos ayer, el Salmo 48:2. Al enemigo le gusta burlarse y citar las Escrituras para intensificar el sufrimiento de los hijos de Dios, y supremamente, del Hijo de Dios. Ya lo puedes esperar cuando te encuentres postrado en el suelo. El enemigo pisotea al que se cae y se atribuye la derrota a sí mismo, pero Dios no permite que continúe.

El autor de Lamentaciones se apresura para corregir este error. Clarifica que la ciudad ha caído por la mano de Dios, no por la del enemigo: “Yahweh ha realizado su propósito, ha cumplido su palabra ordenada desde antiguo: Derribó sin compasión, exaltó el cuerno (esto es, el poderío) de su adversario, y a costa tuya alegró al enemigo” (Lam. 2:17). Sí, es Dios quien lo hizo. Lo hizo en el caso de Jerusalén y lo hizo en el caso de su Hijo, nuestro Salvador. En ambos casos fue por el pecado: en el caso de su pueblo, por su propio pecado, pero en el caso de Cristo, por el nuestro: “y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido, mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados” (Is. 53:4, 5). El enemigo pensó que había triunfado, pero Dios levantó de los muertos a su amado Hijo, y la ciudad de Jerusalén un día también resucitará: “Descenderá del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su Marido” (Ap. 21:2). Resplandeciente.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Dios lo conoce

“Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos” (Jueces 13:5)

            Cuando el Ángel del Señor se apareció a la esposa de Manoa, le dijo que iba a tener un hijo que comenzará a librar a Israel de los filisteos. Aquella palabra fue tanto una promesa como una profecía. Cuando Dios profetiza algo, lo lleva a cabo. Vela sobre su palabra para asegurar que se cumpla. Una señal que lo iba a hacer fue que nació el hijo prometido a una mujer estéril. Otra fue que cuando Manoa ofreció un sacrificio al Señor (v.19), el Ángel del Señor ascendió en la llama (v. 20).

            La responsabilidad humana también figuró en el cumplimiento de esta profecía. La esposa de Manoa siguió las instrucciones del Ángel del Señor: no bebió vino ni sidra, ni comió cosa inmunda. El niño nació tal como el Ángel del Señor prometió y sus padres le criaron como nazareo a Dios desde su nacimiento. No bebió alcohol, ni comió nada prohibido, ni se cortó el pelo, y Dios le bendijo. Los padres cumplieron con su responsabilidad, pero cuando el niño llegó a mayor fue irresponsable. ¡Se casó con una mujer del enemigo! Después visitó una prostituta filisteo (16:1). Después se enamoró de otra mujer filistea. ¡Tenía que librar a Israel de este pueblo, pero estaba enredándose con sus mujeres! Fue la táctica del maligno para que no librase a Israel, ni cumpliese el propósito de Dios para su vida. Pero Dios no abandonó su promesa. No dejó de cumplir con su responsabilidad divina porque Sansón no cumplió con la suya humana. La eterna voluntad de Dios no depende de débiles seres humanos. Si ellos no colaboran, Él les lleva al punto en que cambian de parecer y libremente deciden obedecerle, pero puede ser muy doloroso para la persona en cuestión. Más nos vale colaborar con  Dios que ir por nuestro camino, porque sufriremos las consecuencias, y al final la voluntad de Dios será hecha de todas maneras, tal como Él profetizó. Dios nos conducirá al punto donde colaboraremos, pero con gran sufrimiento personal. Al final invocaremos su nombre y su voluntad será hecha por medio nuestro.  

Conocemos bien la historia. Dalila engañó a Sansón, él rompió sus votos nazareos, y sus enemigos le sacaron los ojos y le llevaron cautivo (16:21). El diablo triunfó. ¡Estaba seguro de su victoria sobre Dios! Se celebró con una fiesta al dios de los filisteos (v. 23-24), burlándose de Sansón. El testimonio de Dios estaba en juego: “Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos” (16: 28). Clamó a Dios con el alma y el Señor escuchó su clamor. Derrumbó el edificio matando a 3,000 filisteos, incluyendo a todos sus gobernantes, y libró Israel de su dominio, tal como Dios había prometido.

¿Qué habría pasado si Sansón hubiese vivido una vida apartada para Dios desde la juventud? No se nos lo explica. Igualmente habría llevado a cabo la voluntad de Dios, pero con menos sufrimiento personal. Murió con los filisteos. Sus hermanos y la familia de su padre le enterraron en la tumba de su padre. En la misericordia de Dios sus padres murieron antes para no tener que ver su trágico, pero glorioso, final. La historia termina donde comenzó: con sus padres. Sansón juzgó a Israel veinte años (16:31).  

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Si no estoy seguro de la voluntad de Dios

Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos” 

Fil 2:23

            Al contrario de lo que pueden pensar algunos, no siempre sabemos cuál es la voluntad de Dios. A veces necesitamos conocerla para hacer planes, oramos y se lo preguntamos al Señor, pensamos que es cierta cosa, pero no estamos cien por cien seguros. Si Dios no nos la revela con total claridad, no podemos estar seguros. En esta ocasión, esto es lo que le pasó a Pablo. Tuvo que organizar unas visitas a Filipos y notificar a los hermanos de la iglesia, pero como no sabía cuál iba ser el veredicto de su juicio, si iba a ser sentenciado a muerte o si iba a ser puesto en libertad, no podía planear su futuro. No era falta de fe por parte del apóstol, ni por falta de oración, ni por poca espiritualidad, sino porque Dios no le reveló lo que le iba a pasar, y Pablo tuvo que hacer planes con insuficiente información. 

            Estaba en la cárcel esperando su juicio y Epafrodito y Timoteo estaban con él. No sabía si le esperaba el martirio o la libertad y la iglesia estaba esperando noticias suyas en cuanto a sus planes de visitarles. Creía que sería puesto en libertad, pero no estaba seguro. Así que les escribe a los filipenses que les va a mandar a Epafrodito ahora, porque él quiere verlos para asegurarlos que está bien después de su grave enfermedad, para aliviarles en su preocupación en cuanto a cómo realmente está. Pablo les va a mandar a Timoteo luego, cuando sepa el resultado del juicio. Si es la libertad, le mandará enseguida con las buenas noticias; si es el martirio le mantendrá con él hasta que se haya ejecutado la sentencia, y después saldrá Timoteo para Filipos. Y finalmente, Pablo también irá para visitar a esta amada iglesia, si es puesto en libertad.

            Hay varias cosas que nos llaman la atención con la forma de Pablo de tratar este asunto, a saber, que tuvo la humildad de reconocer que Dios no le revelaba todo, y que buscaba el calor humano. El gran apóstol Pablo necesitaba el consuelo de su amado hijo en la fe, Timoteo. Pensaríamos que Pablo no necesitaba a nadie, que era autosuficiente porque tenía al Señor, pero nos equivocamos. Él valoraba muchísimo sus amistades. Se gozaba de la comunión con ellos, de su colaboración, y de su apoyo, ánimo, consuelo y amor. No quería enfrentar la muerte solo, si lo podía evitar, y cómo Timoteo ya estaba con él, quería mantenerle a su lado hasta el final, si esto iba a ser el desenlace. La espiritualidad no consiste en tener una línea directa con Dios y fardar de ello, sino en hacer nuestros planes dejando margen al Señor, si Él los quiere cambiar.

            A veces conocemos la voluntad de Dios con certeza y a veces no, porque no nos la ha revelado, y otras veces pensamos que la conocemos, pero no estamos seguros. Si la conocemos, no es para jactarnos y mostrar a todo el mundo cuán espirituales somos, y si no la conocemos y la hemos buscado, no es nuestra culpa, ni por falta de madurez espiritual. Si creemos que la conocemos, pero no estamos seguros, tenemos que andar con pies de plomo, ser flexibles, honestos y humildes, abiertos al Señor. Si no estamos seguros, nunca debemos hacer promesas que no estamos seguros de poder cumplir, pasando por súper espirituales. Sabemos lo que Dios quiere que sepamos y con esta información tenemos que movernos y hacer nuestros planes. Sepamos mucho o poco, lo nuestro siempre es un andar por fe, en total dependencia en el Señor.   

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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