“Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en estos días ayunarán” (Marcos 2:20).

Lectura: Marcos 2:18-22

En este pasaje, Jesús contesta una pregunta sobre el ayuno y, al hacerlo, revela su identidad divina y la diferencia que su venida marca entre la vieja dispensación de la ley y la nueva dispensación que él mismo introducía.

        La pregunta viene de parte de los discípulos de Juan y los fariseos: “Vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?” (v. 18). Jesús responde que no necesitan ayunar para ponerse en contacto con Dios, ¡porque ya está con ellos! El ayuno forma parte de la espiritualidad del Antiguo Testamento. Los profetas hablaban de él, y también de la observación del día de reposo, el otro tema de este capítulo ¡y también de Isaías 58! Son dos temas que no preocupan al pueblo de Dios de ahora para nada, pero siempre han formado parte de la vida espiritual de los santos de todos los tiempos. Jesús dice que cuando él sea quitado su pueblo ayunará (v. 20).

        Lo sorprendente de su respuesta es cómo se refiere a sí mismo: “¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo?” (v. 19). ¡Jesús es el Esposo! Esta respuesta habría ofendido mucho a los fariseos, porque sabían que Dios se refería a sí mismo como el Esposo de su pueblo: “Porque tu Marido es tu Hacedor; Jehová delos ejércitos es su Nombre” (Is. 54:5). ¡Jesús pretende ocupar el lugar de Dios y espera que su estancia entre su pueblo sea celebrada, como en una fiesta de bodas! Dios ha venido a la tierra para hacer los preparativos para su boda que incluyen el santificar y purificar a su Novia por medio de su muerte expiatoria y el don del Espíritu Santo, “para presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5:25, 26). Sí, Dios ha venido, pero su venida no será permanente, porque “les será quitado” (v. 20), pero vendrá otra vez para celebrar la fiesta de Bodas, las Bodas del Cordero.

        La venida de Jesús ha introducido una nueva dispensación. De esto habla ahora: “Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo” (v. 21). Él es el paño nuevo y el judaísmo es el vestido viejo que pronto será desechado. Estamos revestidos con ropas blancas de gala (Zac. 3:4) representando la justicia de Cristo. Jesús no es un apaño, ni un parche, sino el nuevo Camino de acercamiento a Dios, que es por medio de su Sangre, la sangre del Nuevo Pacto (Heb. 10:19, 20). Y después de su partida al Cielo, enviaría el Espíritu Santo, el vino nuevo que ha de depositarse en odres nuevos, es decir, en corazones regenerados (v. 22). Es el nuevo nacimiento por el Espíritu Santo quien residirá en corazones limpios y transformados. Aquí en el paño nuevo y el vino nuevo tenemos la Crucifixión y Pentecostés, la Cruz y el Espíritu Santo, el perdón de pecado y la santificación, los dos preparativos necesarios para las Bodas del Cordero del Divino Hijo de Dios. En aquel día no ayunaremos, porque estaremos de fiesta, resplandecientes. ¡Cuánto dijo Jesús en dos palabras! 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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