“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos” (Romanos 12:18, 19).
Lectura: Romanos 12: 14-19.


El contexto es uno de persecución de fuera y unidad por dentro. Si el creyente lo está pasando mal debido a su fe, lo que necesita es el apoyo y consuelo de sus hermanos. Por eso es tan importante la unidad dentro de la iglesia: “unánimes entre vosotros” (v. 16). “Llora con los que lloren” (v. 15). Lo que el apóstol está pidiendo es que los creyentes procuren estar en paz con todos los hombres, tanto con los de fuera de la iglesia, como con los de dentro. Necesita a los de dentro, y espera persecución de parte de los de fuera. No obstante, intenta estar en paz con ellos y no vengarse de sus maldades. Es muy difícil estar en paz con alguien que te está insultando y haciendo la vida imposible debido a tu fe. Lo más fácil es tratarle como te está tratando a ti, hablar mal de él, y odiarle. Esta es nuestra carne. El Señor nos enseña a devolver bien por mal. Es la única manera que tenemos para estar en paz con los de fuera.
Cuando el mal viene de los de dentro, ¡es una pena muy grande! No esperamos malos tratos de parte de nuestros hermanos. Desde luego, ¡no es lo que Dios quiere para su iglesia! Pero hoy en día, en nuestras iglesias, a veces ocurre. ¡Quizás necesitemos más persecución de fuera para estar más unidos por dentro! Pues, los mismos principios que tienen que ver con el mal de fuera se aplican si estamos recibiendo mal de parte de los de la congregación. Tenemos que bendecir a los que nos persiguen y no maldecirlos. Hemos de ser humildes y no altivos, no sabios en nuestra propia opinión, pensando que tenemos razón y el otro está equivocado. Con humildad pedimos luz de parte de Dios para entender lo que le pasa al otro. No debemos pagar mal por mal, sino devolver bien por mal, y no debemos vengarnos, sino dejarlo todo en manos de Dios, quien pagará el agravio cometido contra nosotros (vs. 14-19).
“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. Nosotros no somos culpables si hay guerra, si hemos hecho todo lo posible para estar en paz con todos los hombres. A veces el enemigo nos culpa por cosas que no podemos remediar, porque no está en nuestro poder remediarlo. Hemos procurado estar en paz. El otro no ha respondido. Así, hemos cumplido con nuestra responsabilidad. Lo que nos queda es practicar lo que el Señor nos enseña que tenemos que hacer en estas circunstancias: “Pero yo os digo: amad a vuestro enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos” (Mat. 5:44, 45). Cuando practicamos estos principios somos parecidos a Dios, verdaderos hijos de nuestro Padre. Dios no persigue a sus enemigos con sequías; les bendice con la lluvia. Seamos como Él, aun cuando el mal viene de parte de los que deberían estar de nuestra parte. Y el Señor nos bendecirá. Él se encargará de ellos, y nosotros habremos ganado al parecernos más a Él.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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