Mes: agosto 2022

Un modelo para la oración

Un modelo para la oración
Leer | Colosenses 1.10-14

Sigamos utilizando la oración de Pablo por los colosenses como modelo. Ayer estudiamos sus primeras dos peticiones —que entendieran la voluntad de Dios, y que vivieran dignamente para Él. Ahora consideraremos las otras cuatro. Que:

• Llevaran fruto en toda buena obra (v. 10). El Señor desea que nuestras acciones lo glorifiquen. Parece ser que todos estamos muy ocupados, pero ¿tienen valor eterno lo que hacemos?

• Crecieran en el conocimiento de Dios (v. 10). Hay mucha información bíblica disponible en libros, predicaciones e Internet. Pero el apóstol no estaba sugiriendo que los creyentes conocieran hechos en cuanto a Cristo. Habla de un conocimiento espiritual, no intelectual.

• Fueran fortalecidos con el poder de Dios (v. 11). Somos débiles cuando nos apoyamos en nuestras propias fuerzas. A veces, es necesario que el Señor nos ponga de rodillas para que le entreguemos el control y confiemos en su poder. Mantener la confianza y el enfoque en medio de las dificultades requiere un poder más allá de nuestras fuerzas.

• Se mantuvieran agradecidos (v. 12). Cuando entendemos de dónde provienen todas las cosas buenas, podemos vivir con gratitud. El contentamiento y el gozo tienen su origen en un corazón agradecido, no en las circunstancias.

Por el trajín del mundo de hoy, la oración muchas veces es dejada fuera de nuestra agenda. Pero la comunión con el Señor es vital para tener una buena relación con Él. Recuerde que orar por nuestros seres queridos ante el trono de Dios es mucho más importante que otras tareas que parecen más apremiantes.

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Dios puede hacerlo

Efesios 3.20-21

Jesús sabía por experiencia personal lo que significaba vivir con recursos económicos limitados, recibir críticas de la familia (Mr 3.21) y ser rechazado por aquellos a quienes buscaba servir (Jn 6.66). Pero nunca permitió que esas circunstancias controlaran sus emociones o determinaran sus acciones. Más bien, decidió esperar confiadamente que el Padre celestial cumpliera su Palabra.

Hemos sido llamados a seguir el ejemplo de Cristo y a creer en que Dios es capaz de hacer lo que ha prometido. Por ejemplo, la Biblia promete salvación eterna a quienes piden ser perdonados en el nombre de Jesús (He 7.25). El Hijo satisfizo la justicia del Padre al morir en la cruz por todos nuestros pecados, desde las “mentiras piadosas” hasta los actos más viles. Si tenemos una fe verdadera en el Señor, Dios nos perdonará y nos hará una nueva creación en Cristo (2 Co 5.17). No importa qué faltas hayamos cometido, Él nos invita a acercarnos con fe y a recibir el regalo de la vida eterna.

Una vez que somos salvos, Dios dice que nos confirmará en su verdad (Ro 16.25); después de darnos un firme fundamento en Cristo, nos edificará en justicia. Por medio del ministerio de su Espíritu y de la Palabra, comenzaremos a ver las cosas de la misma manera que las ve el Padre celestial, y sabremos qué le agrada a Él (Ro 12.2).

Al creer en que Dios cumplirá sus promesas, nos fortaleceremos en la fe y nuestra paz será mayor. Los problemas que antes nos hacían perder el rumbo, carecerán del poder de perturbarnos. La esperanza sustituirá al desánimo y la confianza vencerá las dudas. Cada vez que vengan problemas, concentre su atención en el Padre celestial y en la capacidad que Él tiene de cuidar de usted.

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Injertados en Cristo

Juan 15.1-8

El viñador planta y cuida sus vides con el propósito de verlas producir uvas. Dios, como nuestro viñador, nos exhorta a dar fruto espiritual. Él quiere que seamos más como Cristo, caracterizado por el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza (Gá 5.22, 23). Nuestro Padre celestial quiere asegurarse de que los creyentes seamos fructíferos; por esta razón, somos quitados del viejo árbol de la humanidad e injertados en la nueva vid: Jesucristo.

Después de su bautismo, Jesús fue “lleno del Espíritu Santo”, quien lo condujo al paso siguiente (Lc 4.1). La vida y el ministerio de Cristo fueron el resultado del poder del Espíritu Santo en su vida, y cuando decidimos seguirlo, Él envía al Ayudador a habitar en nosotros. En el lenguaje de los viñedos, la savia de la vid fluye a la rama injertada dándole vida y la capacidad de producir la clase de fruto propio de esa planta. La rama y la vid se convierten en una sola vida. La traducción de la Biblia al Día dice: “Vivan […] enraizados en Él, y nútranse de Él” (Col 2.7).

Algunas personas huyen de la vida cristiana porque piensan que no pueden vivirla. Y tienen razón, no pueden, pero el Espíritu Santo sí puede. Cuando somos uno con Jesucristo, el Espíritu de Dios vive a través de nosotros. Eso no significa que seamos libres de responsabilidad, ya que el Espíritu puede hacer su obra solo si decidimos sabiamente rendirnos a Él. Cuando seguimos obedientemente al Señor, nuestro gozo y nuestra paz no dependen de las circunstancias; Aquél en quienes estamos enraizados es nuestro gozo y nuestra paz.

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