«Así que, no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante tiene cada día con su propio mal!» Mateo 6:34

Todos tenemos días malos. Así le sucedió a Tim Pochron.

Tim hizo su juramento para trabajar como policía en la ciudad de Bart, Indiana. El lunes siguiente era su primer día de trabajo, por lo cual estaba visiblemente contento. Tenía todo el equipo necesario, y también su nuevo patrullero. Todo lo que debía estar preparado, estaba preparado… hasta que el patrullero que le habían asignado fue destruido en un choque.

Tim no tuvo la culpa; es más, ni siquiera estaba en el coche o cerca de él cuando sucedió. Su patrullero estaba estacionado en la calle cuando un automóvil chocó contra un árbol y luego rebotó contra él con tanta fuerza, que dobló el eje trasero.

En vez de ir a trabajar, Tim terminó yendo a la central de policía a hacer un informe sobre el accidente.

El conductor del vehículo que perdió el control y terminó destruyendo el patrullero de Tim también tuvo un mal día, ya que fue arrestado por haber estado consumiendo drogas.

La razón por la cual menciono la historia de Tim es porque se parece a la nuestra. Tarde o temprano todos tenemos días malos. A veces, como Tim, somos los que sufrimos; otras veces, los que hacemos sufrir. En ambos casos, el resultado es un día malo.

Nuestro Señor Jesús sabía que en un mundo pecador iba a haber días malos, tanto reales como imaginarios.

Refiriéndose a los días malos que tenemos, y a los que habremos de tener, el Salvador nos ha dicho que no nos preocupemos. Sí, él sabe muy bien que decirlo es mucho más fácil que hacerlo. Pero para que podamos vivir en paz… esa paz que sobrepasa todo entendimiento humano, Jesús vino a este mundo a perdonarnos y a rescatarnos de la preocupación de los días malos.

En cada cosa que hizo Jesús mostró su dominio sobre el pecado, el diablo, la muerte, y los días malos. Lea las historias de los Evangelios y se asombrará al ver cuánto se involucraba en la vida de las personas con las que se encontraba. Para él no había problema demasiado grande o demasiado pequeño. Y continúa siendo así.

Mire al pesebre, a la cruz, a la tumba vacía, y crea que Jesús lo ha rescatado. Créale cuando le dice ‘no te preocupes por los días malos del presente o del futuro… Yo me hago cargo.

Por CPTLN

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