La Gloria Es De Dios Min Int

Un plus

“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32).

Lectura: Romanos 8:29-32.

        Dios nos conoció, nos predestinó, nos llamó, nos justificó y nos glorificó. ¿Ahora nos va a dejar en la estacada? Si ha hecho todo esto para nosotros, no es para  abandonarnos luego. Ha invertido demasiado en nuestra salvación para abandonarnos. Ha entregado a su Hijo por todos nosotros. Siendo el Soberano del universo que Él ha creado, tiene autoridad para determinar todas las cosas, incluyendo las que se refieren a nuestra salvación. Los cielos y la tierra fueron creados cuando Él dijo la palabra, pero nuestra salvación no fue el resultado de decir una palabra: ¡ipso facto, y ala, ya somos salvos! La salvación fue por medio de su Palabra, esto sí, pero ésta la tuvo que mandar en forma humana y entregarla a la muerte para que fuésemos salvos.

        Dice: “No escatimó ni a su propio Hijo”. No había nada que no estaba dispuesto a hacer para que fuésemos salvos; mando a su propio Hijo. Ya no había nada más. Había hablado, había mandado su Ley perfecta, había mandado a sus profetas, y, como última medida, mandó a su propio Hijo.

¿y ahora va a desocuparse de nosotros?
“Lo entregó por todos nosotros”. ¿No era Jesús el que se entregó? ¿Por qué dice que el Padre le entregó? Porque fue un acto Trinitario: “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestra consciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Heb. 9:14). El Padre entregó a su Hijo; el Hijo voluntariamente se ofreció a sí mismo; y el Espíritu Santo le dio el poder de hacerlo y le condujo al Calvario. Esto es muy grande. El Padre se desprendió de su Hijo, el Hijo se desprendió de su vida, y el Espíritu Santo le capacitó a Jesús para realizar el sacrificio: murió en el poder del Espíritu Santo. Fue un acto deliberado y sobrenatural. Jesús determinó el momento de su muerte y entregó su espíritu en un último y potente acto, potenciado por el Espíritu Santo.


Pero estamos enfocándonos en el Padre. Nos dio lo que más apreciaba, el Compañero de sus entrañas desde la eternidad pasada. Y, al dárnoslo, con este rfegalo supremo van incluidas más cosas: “todas las cosas”. ¿Cuáles son? Todo lo que necesitamos para llevar a cabo la voluntad de Dios. Todo lo que necesitamos para vivir en santidad. Nos dio sabiduría, poder, dirección, protección, salud, provisión, recursos materiales, todo. Y todas estas cosas nos llegan por medio del Espíritu Santo. Son nuestras por estar en Cristo. En él somos completos. El Dios que nos dio a su propio Hijo nos da juntamente con él todas las cosas, tanto en esta vida, como en la venidera, donde finalmente veremos nuestra herencia completa. Ahora hemos empezado a disfrutar de “todas las cosas” que tenemos en Cristo, por medio de su Espíritu, quien es “las arras de nuestra herencia”, la muestra, la evidencia y la seguridad de todo lo que un día será nuestra herencia.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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