«… Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores…» Mateo 6:12

Una maestra de escuela bíblica una vez nos dijo: «Guardar rencor es como tomar veneno esperando que el otro se muera.» Piénsalo. Al único que el rencor daña es al rencoroso. Piensa en el veneno que tomamos -por cuenta propia- sólo porque no queremos perdonar.

¿Notaste que en el Padrenuestro hay siete peticiones, y que Jesús al terminar de enseñarlo, sólo explica una de ellas? ¿Sabes cuál? La del perdón.

Es que el perdón es la llave que abre el cielo. El no perdonar cierra la participación a la Santa Cena y la entrada al cielo. El no perdonar envenena nuestra vida al punto que nos volvemos amargados y avinagrados.

El perdonar, en cambio, libera, porque tira el veneno a la basura, no lleva la cuenta de las agresiones ni se ofrece controladamente. ¿Acaso no ha hecho así Dios con nosotros? ¡Claro que sí! A través de la muerte y resurrección de Jesús él nos ha perdonado, por lo tanto no recuerda nuestro pasado. Aunque nuestros pecados le mataron a su Hijo, él no nos guarda rencor.

«Perdonen como yo los he perdonado.» No hace falta que suframos y muramos en una cruz para perdonar. Jesús ya hizo eso en nuestro lugar.

Perdona. Sentirás un gran alivio, y aliviarás a los demás.

Por CPTLN

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