Mes: enero 2022

La bendición de Dios

Leer | Génesis 12.1-4

“¡Dios le bendiga!” Escuchamos esto todo el tiempo, ¿verdad? Escuchamos tan a menudo esta frase, que no nos detenemos a considerar lo que significa.

En Génesis 12, la orden de Dios a Abram revela su maravillosa promesa de crear una nación próspera a partir de este hombre, y de darle renombre imperecedero. Pero, además, Dios extiende también su bendición a la familia de Abram y, en última instancia, a una escala mundial, prometiendo bendecir a toda la humanidad por lo que estaba haciendo en la vida de esta persona específica.

Por tanto, cuando el Señor habla de bendecir a alguien, significa que le promete intervenir de manera clara y poderosa en la vida de ella. Esto pudiera significar darle una familia próspera y feliz o, posiblemente, prosperidad económica. También pudiera implicar seguridad emocional o discernimiento espiritual. El Padre celestial pudiera tener en mente darle honra, sabiduría o un propósito eterno. De hecho, vemos cada una de estas cosas en la promesa de Dios a Abraham.

Pero no pasemos por alto dos condiciones para tener el favor del Señor. Al observar la vida de Abram, vemos que Dios valora la obediencia y la fe (12.4; 15.6; 22.2, 3, 12).

Dios quiere traer abundancia a su vida. Asegúrese de que su bendición no esté siendo obstaculizada. Hágase estas preguntas: ¿Estoy confiando en Él? ¿He dejado de hacer algo que el Señor me ha pedido que haga? Ríndase a su llamada, y abra sus brazos para recibir lo que su Padre celestial anhela darle.

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Salmos 12

1 Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos;

Porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres.

2 Habla mentira cada uno con su prójimo;

Hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón.

3 Jehová destruirá todos los labios lisonjeros,

Y la lengua que habla jactanciosamente;

4 A los que han dicho: Por nuestra lengua prevaleceremos;

Nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?

5 Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos,

Ahora me levantaré, dice Jehová;

Pondré en salvo al que por ello suspira.

6 Las palabras de Jehová son palabras limpias,

Como plata refinada en horno de tierra,

Purificada siete veces.

7 Tú, Jehová, los guardarás;

De esta generación los preservarás para siempre.

8 Cercando andan los malos,

Cuando la vileza es exaltada entre los hijos de los hombres.

Salmos 11

1 En Jehová he confiado;

¿Cómo decís a mi alma,

Que escape al monte cual ave?

2 Porque he aquí, los malos tienden el arco,

Disponen sus saetas sobre la cuerda,

Para asaetear en oculto a los rectos de corazón.

3 Si fueren destruidos los fundamentos,

¿Qué ha de hacer el justo?

4 Jehová está en su santo templo;

Jehová tiene en el cielo su trono;

Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres.

5 Jehová prueba al justo;

Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece.

6 Sobre los malos hará llover calamidades;

Fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos.

7 Porque Jehová es justo, y ama la justicia;

El hombre recto mirará su rostro.

El perdón, un acto de amor

Leer | 1 Corintios 13.4-7

Perdonar a quienes nos han causado algún daño es una orden difícil de obedecer, ya que es más fácil aferrarnos a nuestra ira. Pero como vasos del amor de Dios, los creyentes ya no vivimos de acuerdo con los impulsos de la carne. Gracias al Espíritu Santo, cuando alguien nos trata mal, podemos perdonar y además demostrar amor a esa persona.

Primera a los Corintios 13.5 nos dice que . . .

• El amor no busca lo suyo. A muchas personas les preocupan sus “derechos”. Pero la idea de los derechos es un concepto mundano, no un mandato bíblico. Eso no quiere decir que debamos permitir que los demás se aprovechen de nosotros; sino que debemos enfocarnos en mostrar el amor de Dios a nuestro enemigo (Mt 5.44).
• El amor no se irrita. Mantener un espíritu sereno cuando estamos irritados es difícil. Pero los momentos en que somos perseguidos o agraviados son precisamente los que más nos ayudan a estar conscientes del amor de Dios que fluye a través de nosotros. Piense en las tantas veces que el Señor Jesús tuvo que enfrentar a líderes religiosos que lo provocaron deliberadamente; sin embargo, en la cruz, también, pidió el perdón para ellos.
• El amor no tiene en cuenta el mal recibido. El amor de Dios que fluye a través de nosotros puede soportar la herida causada por otra persona.

La gente nos herirá. Pero si tenemos una actitud amorosa, y nos negamos a preocuparnos por nuestros derechos, seremos capaces de dejar de lado el resentimiento y perdonar con amor.

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Dios es bueno para con todos

Leer | Salmo 118.1-4

El mundo es malo, pero Dios es bueno, y aun los que no creen en Él experimentan su bondad (aunque puedan atribuir su bienestar a la buena suerte o su dedicación al trabajo). Pero nosotros, que seguimos a Cristo, sentimos a veces que los no creyentes no merecen tener prosperidad o buena salud; particularmente si hemos sido fieles, pero nos encontramos luchando con problemas. Sin embargo, no importa cuán grande sea nuestro servicio a Dios, no somos más merecedores que los demás.

Nuestro Dios omnisciente toma muchas cosas en cuenta a la hora de decidir qué es realmente bueno para alguien, y cómo bendecir mejor a esa persona. Basa su decisión en lo que hay en el corazón de cada persona. Por ejemplo, un diezmo de $10 puede parecer ser fácil de dar para una persona que gane solamente $100 a la semana. Pero, unos años más tarde, la misma persona, ahora rica y exitosa, puede creer que no puede permitirse dar $1.000, aunque esa cantidad represente el mismo porcentaje de su sueldo.

A veces, el Señor se abstiene de derramar su bendición porque sabe que lo bueno en exceso puede hacernos daño, o puede ser selectivo en cuanto o lo que Él nos concede, para que no seamos tentados a adorar el regalo, en vez del Dador.

En realidad, a menos que seamos mayordomos sabios, el Señor puede quitarnos ciertas bendiciones. Para ser bendecidos plenamente, debemos prestar atención a lo que enseñan los salmistas: Dios bendice con abundancia a quienes andan en santidad, se refugian en Él, y le obedecen (Sal 84.11; 34.8, 9).

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