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Qué pasó con los enemigos de Jeremías

Al igual que Jesús, Jeremías tuvo enemigos políticos y enemigos religiosos, porque la palabra de Dios choca con la corrupción en ambas esferas. El Señor es Rey y Dios.

A sus enemigos políticos:

Los príncipes de Judá se contaron entre los enemigos de Jeremías. Eran los oficiales del gobierno. Cuando escucharon su mensaje que Jerusalén iba a caer en manos de los Babilonios se reunieron con los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo, diciendo: “En pena de muerte ha incurrido este hombre” (26:10, 11). “Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído” (26:12). Así incurrió la ira tanto de los sacerdotes como de los príncipes.

Eran estos mismos príncipes los que se presentaron delante del rey Sedequías exigiendo la muerte de Jeremías por conspiración con Babilonia, y consiguieron su permiso para dejarle morir en la cisterna (38:3-4). ¿Qué pasó con ellos? “Prevaleció el hambre en la ciudad hasta no haber pan para el pueblo. Y fue abierta una brecha en el muro de la ciudad, y todo los hombres de guerra huyeron, y salieron de la cuidad de noche… y el ejercito de los caldeos siguió al rey… prendieron al rey y pronunció sentencia contra él. Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías delante de sus ojos, y también degolló en Ribla a todos los príncipes de Judá” (52:6-11). Cuando ya fueron capturados tuvieron tiempo para reconocer que la palabra de Dios por medio de Jeremías había sido verdad. ¿Lo hicieron? No hay ninguna evidencia de ello. El arrepentimiento solo se produce cuando uno tiene un corazón para admitir la verdad. Es un don de Dios. Sin que Dios toque el corazón, no es posible.  

A sus enemigos religiosos:

Los sacerdotes que habían conspirado con los príncipes tuvieron la misma suerte.  “Tomó también el capitán de la guardia a Seraías el principal sacerdote, a Sofonías el segundo sacerdote, y tres guardas del atrio. Los tomó, pues, Nabuzaradán capitán de la guardia, y los llevó al rey de Babilonia en Ribla, y el rey de Babilonia lo hirió, y los mató en Ribla en tierra de Hamat” (Jer. 52: 24, 26, 27).Este Seraías sale antes en la historia. Cuando Baruc leyó el rollo de las profecías de Jeremías al rey Joacim y el rey lo quemó en el brasero según lo iba leyendo, y “no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras” (36: 24). “El rey mandó a Seraías a prender a Baruc el escriba y al profeta Jeremías; pero Jehová los escondió” (36:26). Pues este hombre también murió a manos de Nabucodonosor.

¿Y qué pasó con sus amigos:

La suerte de los amigos de Jeremías era otra. Dios le dio una profecía especial para Ebed-melec, el etíope que salvó su vida sacándole del pozo (38:10-13): “Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová” (39:15-18). Y otra para Baruc, su fiel escriba que puso su vida para servirle: “He aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová; pero a ti te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde fueres” (45:5). Al final todo cuadra. Dios obra justicia. Cada uno recibe su merecido.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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