Mes: octubre 2021

Milagro de alimentos

Mateo 14,13-21

13 Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades.

14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.

15 Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer.

16 Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.

17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.

18 El les dijo: Traédmelos acá.

19 Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.

20 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.

21 Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

El lugar que Cristo ocupa

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Col. 1:15).

        La imagen existe desde que existe la realidad y es inseparable de ella. Por tanto, el Hijo es tan antiguo como el Padre. La imagen es un auténtico reflejo de la realidad. Lo invisible por definición no puede tener imagen. Jesús es lo de Dios que se puede representar en forma visible. Es lo invisible hecho visible, Dios en carne humana. El que lo ha visto a Él ha visto al Padre. El Padre ha sido Padre desde que ha tenido el Hijo, o sea, eternamente. El Hijo no fue creado, sino que es eternamente engendrado. Siempre está saliendo del Padre como una imagen siempre está saliendo de donde procede. Nunca ha habido un tiempo en que no haya existido el Hijo de la misma manera que nunca ha habido un tiempo en que el Padre no haya sido Padre. Cristo es el primogénito de toda creación. Primogénito significa principal, heredero, el que tiene autoridad; es el Soberano Señor de todo lo creado. 

        El eterno Hijo tiene todas las cualidades y atributos de Dios. Todo lo que Dios es, Cristo es. Es el Todopoderoso. Es omnipotente, omnisciente y omnipresente.

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16). Cristo es el Creador. Es la Palabra que actuó cuando Dios dijo: “Sea la luz” (Gen. 1:3). Todo fue creado en Él, por Él, y para Él. No solo hizo la Creación, la mantiene: “Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (1:17). Mantiene el mundo en órbita, las estrellas en el espacio, los sistemas solares en sus lugares, y al hombre con vida. Sin Él no respiramos. Él es el que proporcionó autoridad a los seres celestiales y espirituales y domina sobre ellos. Él es la finalidad de todas las cosas, el principio y el fin, el que empezó todo y el que lo culmina.

“Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, el que es principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (1: 18). En la Biblia “cabeza” siempre significa el que ostenta la autoridad. Cristo es el primogénito de la vieja creación (v. 15), y el primogénito de la nueva creación (v. 18). Adán fue el primero creado de la vieja creación y Cristo es el segundo Adán, el primero resucitado de entre los muertos y la cabeza de una nueva raza, los regenerados, que tienen otra clase de vida, vida eterna. Él tiene la preeminencia porque es el más importante. “Agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (v. 19). No hay rivalidad dentro de la Trinidad; al Padre le complace que el Hijo sea tanto Dios como Él. Toda plenitud de la deidad habita en Cristo.

“Y por medio de él reconciliar consigo todas la cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (v. 20). La voluntad del Padre fue que Cristo unificase el universo por medio de la cruz. (Ef. 1:9, 10). Aquí lo tenemos otra vez. Es primordial. El centro de la voluntad de Dios fue la reconciliación de todo cuanto existe por medio de la Cruz para que Cristo fuese el Centro del universo y para que en todo tenga la preeminencia.

Enviado por el Hno Mario Caballero

El puzzle de Dios

“Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempo, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1: 9, 10).

            En su infinita sabiduría Dios elaboró un PLAN para el universo para solucionar “el problema” del cual todos somos conscientes. En una palabra, el problema es la desunión. Este mal ha afectado todos los niveles de nuestra vivencia: al hombre, la sociedad, los países, y la misma naturaleza. Todo está mal. Hay desunión, división y separación en todos los niveles.

La desunión es otro nombre para el pecado. La unión es el amor y la desunión es el odio. En el matrimonio cuando la pareja está unida, se aman, hay paz y bienestar. Cuando están desunidos hay discordia, guerra y, finalmente, separación. Lo mismo pasa en las relaciones entre unos y otros: hay desunión, desavenencia, conflicto, celos, rivalidades, descalificaciones, desprecio, insultos, peleas, rechazo, odio y muerte. Entre naciones pasa lo mismo: división, injusticia, guerra, crueldad, y muerte. En la naturaleza hay enfermedades, plagas, sequías, hambres y muerte. El hombre está separado de Dios y esto resulta en desunión, división, rebeldía y, finalmente, muerte.

Lo podríamos ilustrar con un puzle. Abrimos la caja y encontramos una bolsa con un montón de piezas sueltas. Están separadas y desunidas. Están desordenados, no tienen sentido, no se percibe el diseño, ni el propósito. No comunican nada y no sirven para nada, tal como están.

El PLAN de Dios es unificarlo todo en Cristo: plantas, peces, aves, animales, hombres, países, ángeles, poderes espirituales, planetas, sistemas solares, el universo, todo unido en Cristo. La solución a la división y la separación es la unión. Esto lo podemos ilustrar con el puzle montado. Con todas las piezas unidas se ve el diseño inteligente del artista, el sentido, el propósito, y la necesidad de cada pieza para completar el conjunto. No sobra ni falta ninguna pieza. Con el puzle montado vemos el genio del artista que lo diseñó. Tiene sentido. Comunica aquello que tuvo en mente cuando lo hizo. Y cuando Dios ponga cada pieza del universo en su sitio en su puzle, cuando todo esté unificado y centrado en Cristo, se verá el cuadro completo, y será para la gloria del Artista, el Creador.

Cada parte de la Creación y cada persona es una pieza necesaria para que el puzle sea completo. Tú y yo somos piezas en el gran puzle de Dios. Tenemos nuestro lugar. Cada pieza es única, tiene su sitio, su forma distinta, contribuye al sentido, y es indispensable e insustituible. Sin ti, no se completa. Dios no va a dejar ningún hueco en su puzle. Pondrá cada pieza en su lugar, y cuando lo veamos completamente hecho, veremos su gloria, lo brillante que ha sido en todo lo que ha hecho, permitido, ordenado, y planeado. Veremos su infinita sabiduría y nos quedaremos maravillados, porque finalmente todo será unido para la alabanza de su gloria.      

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Actitudes a tener

“Por tanto, nosotros también teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Heb. 12:1).

Hebreos 12 es uno de los capítulos de la Biblia en los cuales hemos de aprender a vivir. Su enseñanza es esencial para la vida cristiana. Contiene la mentalidad y las cualidades que necesitamos si vamos a llegar con bien al final de nuestra carrera:

Paciencia (v. 1). Hemos de correr con paciencia. ¡Esta es toda una contradicción! Normalmente uno corre con prisa, con determinación, con un gran esfuerzo, pero no con paciencia, a no ser que la carrera dure toda la vida y entonces, ¡si gastamos toda nuestra energía en los primeros 100 metros, nos vamos a cansar y dejar la carrera! Hemos de tener paciencia en medio de oposición, descalificaciones e intenso sufrimiento, como explican los versículos siguientes. Y no queremos ser un obstáculo nosotros mismos tampoco; tenemos que quitar de nuestra vida el pecado que nos estorbaría en la carrera.

Ánimo. Hemos de recibir ánimo del ejemplo de Jesús (v. 2) que sufrió tanta hostilidad contra su persona para no desfallecer. El ejemplo de Jesús tiene que cautivarnos, inspirarnos y motivarnos: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (v. 3).

Resistencia. Hemos de poder soportar toda la presión de un mundo en enemistad con Dios. No vamos a exagerar nuestra oposición y desmayar bajo presión, sino resistir, “porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado” (v. 4).

Aceptación de la disciplina de Dios. Dios usa todo lo anterior para disciplinarnos. Todo lo que nos ocurre, Dios lo usa para formar el carácter de Cristo en nosotros, sobre todo lo que sufrimos por ser creyentes. “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos” (v. 7). Nuestra actitud en el sufrimiento debe ser la siguiente: “Dios me disciplina porque me ama. Voy a valorar la disciplina y aprender de ella. No voy a tirar la toalla y quejarme o extrañarme, sino aprovecharla para cambiar, para crecer en santidad, (v. 10), y para ser una persona más justa, más correcta, más honesta y más recta”. “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después de fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (v. 12).

En esta vida cristiana, que es una carrera en la cual tengo que ser disciplinada si voy a llegar a la meta, estoy aprendiendo a ser una mujer/hombre de oración (v. 12); a vivir rectamente (v. 13); a vivir en paz con todos (v. 14); en santidad (v. 14); a ir recibiendo la gracia de Dios de forma regular para no amargarme (v. 15); y a no menospreciar lo espiritual y volver a lo material (v.16, 17). El gran peligro es volver atrás y es no acabar la carrera. Nos debería dar mucho respeto. Para no renunciar a la fe necesito tener muy presente dos cosas: (1) Del mal ejemplo de Esaú aprendo que es fácil valorar lo que tengo delante a expensas de lo prometido a largo plazo, pero llegará el día cuando ni las lágrimas de arrepentimiento servirán, porque será demasiado tarde (v. 16, 17); (2) Del ejemplo de Israel en el Sinaí aprendo que es espantoso caer en el desagrado de Dios (v. 18-25). Por tanto, voy a servirle con gratitud, temor y reverencia; “porque nuestro Dios es fuego consumidor” (v. 28, 29). Este es todo el capitulo, para toda una vida de santidad.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

No endurezcas tu corazón

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: “Si oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón como sucedió en la rebelión, en el día de prueba en el desierto” Hebreos 3:7 y 8.

Sea alabado el Dios vivo por todo su pueblo, a Él sea la gloria, el poder y el honor por siempre y para siempre.

Que nuestro Padre Dios y su amado Hijo Jesucristo sigan derramando abundante gracia, paz y misericordia sobre todos ustedes.

Oremos, y pongamos en manos de Él nuestro corazón para recibir su mensaje.

Todos los que hemos nacido de nuevo no debemos conformarnos con decir “ya soy cristiano” y quedarnos sentados a esperar su segunda venida, tenemos que desear el alimento espiritual para conocer más a Dios, conocer su voluntad y saber qué es lo que Él quiere de cada uno de nosotros.

Tenemos que entender que es un privilegio el que nosotros tenemos de estudiar las Sagradas Escrituras; por ahí en el mundo, camina mucha gente que no cree en la verdad, nosotros tenemos el privilegio de haber hallado gracia ante los ojos de Dios.

Es increíble que tengamos tiempo para escuchar las noticias, tengamos tiempo para chatear en las redes, tengamos tiempo para leer libros y revistas del mundo, y para muchas otras cosas que no edifican, pero no tenemos tiempo para Dios, no tenemos tiempo para estudiar la Biblia. Es contradictorio que yo diga que soy cristiano y no me guste sentarme a escudriñar la Palabra de Dios. Es por eso que muchos que se dicen cristianos, su testimonio deja mucho que decir, no sabemos vivir como debe vivir un hijo de Dios, y por consiguiente dañamos mucho a la Iglesia, a la cual Cristo compró con su preciosa Sangre.

Cómo podemos esperar que Dios nos hable, si solo los domingos abrimos la Biblia. Él nos habla a través de su Palabra.

Una de las cosas más abominables que muchos cristianos padecemos es el orgullo. El orgullo es una abominación que puede producir mucho daño a una persona.

Por el orgullo muchos hogares cristianos se han desintegrado.

Hay personas que llegamos al cristianismo con muchas heridas, personas que han sufrido mucho durante la infancia, que cuando llegan a adultos lo primero que ponen como escudo ante algo que ellos suponen una agresión, es su orgullo. Hasta por una broma o cosas muy insignificantes se ofenden.

¿Saben ustedes que podemos ser orgullosos y no saberlo?

Ser cristiano no significa que seamos perfectos; cada día tenemos que ser más santos, eso sí es verdad; aún estamos en el mundo y podemos caer. Pero, que tan humildes somos para recibir la corrección o el exhorto, ya sea de parte de nuestros padres, nuestros amigos, de nuestro pastor. Qué tan humildes nos portamos cuando alguien nos dice: “Eso que estás haciendo no es de Dios”. Ya mencionamos que el testimonio de muchos deja mucho que decir, pero que tan humildes somos cuando un mensajero de Dios nos exhorta y nos hace ver nuestros errores.

“Eres un legalista, eres un religioso, Dios ve mi corazón, no mi exterior, no me juzgues, tú que me puedes decir si yo llevo 20 años de ser cristiano” son algunas de las expresiones que ponemos como escudo. En el momento que alguien nos hace ver nuestros errores endurecemos nuestro corazón, y el orgullo no nos deja ver ni reconocer nuestra falta. Cuando alguien toca nuestro “yo”, “pum” explotamos por la dureza de nuestro corazón.

Por efecto de este endurecimiento, no prestamos oído a la voz de Dios, que nos llama, que nos habla, no alcanzamos a entender que es Dios a través de un hermano en Cristo el que nos está llamando la atención o exhortando; no rechazamos a la persona, rechazamos a Dios, esa persona solo es un mensajero de Él.

Fue lo que pasó con los israelitas durante su travesía por el desierto, endurecieron su corazón y se rebelaron en contra de “YO SOY” y el castigo que les impuso fue una disciplina muy drástica; “jamás entrarán en mi reposo”.

En una ocasión una persona me preguntó que cómo veía su conducta. En cuanto yo le hice ver algunos de sus errores me dice: “hermano, me está juzgando”.

Una parte del fruto del Espíritu Santo es la humildad. La humildad debe ser una característica del nacido de Dios. Por lo tanto el orgullo ha de desarraigarse de nuestra personalidad si es que realmente pretendemos agradar a Dios; debe odiarse este defecto.

El orgullo hace sufrir, muchos divorcios se producen por el orgullo, por la dureza de nuestro corazón; algunos ni cuenta nos damos que somos duros de corazón, y no hay poder humano que nos lo haga saber.

Algunos demostramos una falsa humildad, y hasta nos sentimos orgullosos de ser humildes, pero solo buscamos que la gente nos vea, en el momento que alguien nos dice un solo error nuestro, pegamos de brincos y nos enojamos, pataleamos y lloramos porque dentro de nosotros han tocado nuestro Ego. “Cómo me dicen eso a mí”.

No somos perfectos amados hermanos, es cierto que traemos una antigua naturaleza, y que muchos han sufrido heridas y cosas muy feas durante su vida, lo que ha endurecido su corazón; pero ahora que hemos nacido de nuevo, Cristo nos da la medicina para poder sanar esas heridas, para sanar nuestro corazón.

Dios nos corrige porque nos ama, porque Él sabe que cuando nuestro corazón es duro como el diamante, vamos a sufrir.

Veamos a nuestro alrededor, Dios recompensa a los que le buscan, y Él nos da todo para vivir felices, y lo podemos ser, el problema está en que muchos no se contentan con lo que Él les da, y quieren más, y más; eso los hace infelices, no han podido dejar el materialismo.

No nos damos cuenta, pero la dureza de nuestro corazón nos roba muchas bendiciones, de todo nos enojamos, vivimos con rencores, resentimientos, odios, amargados sin poder disfrutar todo lo que Dios nos da. No disfrutamos de su amor, no disfrutamos de su salvación, de la familia, de nada disfrutamos; la dureza de nuestro corazón nos hace vivir una vida de pésima calidad, y eso no es lo que Dios quiere para nosotros.

Amados hermanos, este es un mensaje para mí y para ti porque Dios nos ama, no soy yo el autor yo solo soy el mensajero.

Dios no siempre habla quedito a veces habla fuerte y muy fuerte, tan fuerte que retumban nuestros oídos.

Oremos, oremos a Él, y cuando Él nos hable no endurezcamos nuestro corazón por muy fuerte que lo haga.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Qué pasó con los enemigos de Jeremías

Al igual que Jesús, Jeremías tuvo enemigos políticos y enemigos religiosos, porque la palabra de Dios choca con la corrupción en ambas esferas. El Señor es Rey y Dios.

A sus enemigos políticos:

Los príncipes de Judá se contaron entre los enemigos de Jeremías. Eran los oficiales del gobierno. Cuando escucharon su mensaje que Jerusalén iba a caer en manos de los Babilonios se reunieron con los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo, diciendo: “En pena de muerte ha incurrido este hombre” (26:10, 11). “Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído” (26:12). Así incurrió la ira tanto de los sacerdotes como de los príncipes.

Eran estos mismos príncipes los que se presentaron delante del rey Sedequías exigiendo la muerte de Jeremías por conspiración con Babilonia, y consiguieron su permiso para dejarle morir en la cisterna (38:3-4). ¿Qué pasó con ellos? “Prevaleció el hambre en la ciudad hasta no haber pan para el pueblo. Y fue abierta una brecha en el muro de la ciudad, y todo los hombres de guerra huyeron, y salieron de la cuidad de noche… y el ejercito de los caldeos siguió al rey… prendieron al rey y pronunció sentencia contra él. Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías delante de sus ojos, y también degolló en Ribla a todos los príncipes de Judá” (52:6-11). Cuando ya fueron capturados tuvieron tiempo para reconocer que la palabra de Dios por medio de Jeremías había sido verdad. ¿Lo hicieron? No hay ninguna evidencia de ello. El arrepentimiento solo se produce cuando uno tiene un corazón para admitir la verdad. Es un don de Dios. Sin que Dios toque el corazón, no es posible.  

A sus enemigos religiosos:

Los sacerdotes que habían conspirado con los príncipes tuvieron la misma suerte.  “Tomó también el capitán de la guardia a Seraías el principal sacerdote, a Sofonías el segundo sacerdote, y tres guardas del atrio. Los tomó, pues, Nabuzaradán capitán de la guardia, y los llevó al rey de Babilonia en Ribla, y el rey de Babilonia lo hirió, y los mató en Ribla en tierra de Hamat” (Jer. 52: 24, 26, 27).Este Seraías sale antes en la historia. Cuando Baruc leyó el rollo de las profecías de Jeremías al rey Joacim y el rey lo quemó en el brasero según lo iba leyendo, y “no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras” (36: 24). “El rey mandó a Seraías a prender a Baruc el escriba y al profeta Jeremías; pero Jehová los escondió” (36:26). Pues este hombre también murió a manos de Nabucodonosor.

¿Y qué pasó con sus amigos:

La suerte de los amigos de Jeremías era otra. Dios le dio una profecía especial para Ebed-melec, el etíope que salvó su vida sacándole del pozo (38:10-13): “Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová” (39:15-18). Y otra para Baruc, su fiel escriba que puso su vida para servirle: “He aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová; pero a ti te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde fueres” (45:5). Al final todo cuadra. Dios obra justicia. Cada uno recibe su merecido.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

A %d blogueros les gusta esto: