La Gloria Es De Dios Min Int

Nuestra motivación al obedecer

“La palabra de Dios… discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4:12).

        “Las intenciones del corazón” son nuestras motivaciones. ¿Por qué hago el bien que hago? En el caso del hijo: ¿por qué obedeces a sus padres? ¿Es para que tu padre te ame? ¿Te ha comunicado la idea de que tienes que ganar su amor por medio de un buen comportamiento, que si haces lo que pide de ti, te amará? Esto es un chantaje emocional muy fuerte, porque el hijo quiere ser amado, pero si lo tiene que conseguir por esta manera, los resultados son terribles. Tendrá que reprimir su verdadera identidad, su personalidad real, el verdadero él.  Él quería ser bombero, su padre quiere que sea médico. Tiene que esforzarse en estudiar algo que no es su inclinación natural para complacer a su padre con la esperanza de que, si lo logra, el padre le amará. A la larga, esto produce consecuencias muy negativas en el hijo: miedo de rechazo, culpa, enfado, pérdida de identidad, inseguridad, y la incapacidad de recibir crítica. No sabe quién es. ¿Es él o esta persona que el padre quiere que sea?

Este comportamiento de complacer para ser amado en inglés se llama “Performance Orientation”, es decir, la persona está orientada para realizar un papel. Es como un actor y su padre ha escrito el guión. Si el hijo es creyente, lo correcto no es que ni él ni su padre determinen cómo va a vivir su vida, sino que libremente busque la voluntad de Dios y decida hacerla. Como dice un himno del siglo XVIII, “Los reyes conquistan para conseguir esclavos; Jesús conquista para librar a sus cautivos”.

En la iglesia hay gente que no ha entendido bien que no tenemos que jugar un papel. No están libres. Están esforzándose a cumplir con lo que se espera de ellos para conseguir la aprobación de la gente, o aun peor, para conseguir el amor de Dios. El amor de Dios no se compra. Dios no nos ama si nos comportamos bien, tampoco quita su amor cuando nos comportamos mal. Dios es amor y ama porque es su naturaleza y no puede dejar de amar.

No cumplimos la ley (no obedecemos) para quedar bien con Dios, sino porque somos salvos y andamos en el Espíritu (Gal. 3:1-5). Cumplir la ley es una obra de la carne para ganar nuestra salvación. Andar en el Espíritu es vivir en el poder de la nueva vida en Cristo y uno de los resultados es la obediencia.

La motivación correcta no es obedecer a Dios porque quiero estar orgulloso de mi misma. Tampoco es porque quiero que me alaben, o que me amen. Obedecemos a Dios porque le amamos, porque Él nos amó primero. “En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Jn. 4:10, 11). Por eso amamos.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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