Mes: septiembre 2021

El nombre que es sobre todo nombre


Filipenses 2.5-11

Darle nombre a un niño era un gran acontecimiento para una familia hebrea. Esta se esmeraba en el proceso de elegir un nombre; a veces escogía uno que tenía un significado especial para uno de los padres. Por ejemplo, Lea escogió el de “Judá” para su cuarto hijo, diciendo: “Esta vez alabaré a Jehová” (Gn 29.35). A veces, un rasgo advertido en la personalidad del bebé decidía su nombre. Génesis 25.26 narra que este fue el caso de Jacob (“el que suplanta”).

Para otros, el nombre dado en el momento de nacer simboliza lo que la persona es. En el mundo antiguo, esto era deliberado. Aun hoy las personas asocian de modo subconsciente los rasgos del carácter y las experiencias, con los nombres. Todos esperamos que cuando los demás escuchen nuestro nombre, ¡piensen en algo bueno antes que una cosa que los asuste!

María y José tuvieron una experiencia muy diferente a la de los otros padres judíos. En vez de ser ellos quienes eligieran el nombre, un ángel les dijo cómo debía llamarse el niño (Mt 1.21). El Padre celestial eligió el nombre terrenal de su Hijo para representar su propósito al venir al mundo. Vendrá el día cuando la simple mención del nombre “Jesús” hará que toda rodilla se doble, y toda lengua confiese que Él es el Señor (Fil 2.10).

La forma hebrea de Jesús significa “salvación” o “Él salva”. Cristo es llamado de muchas maneras: Señor, Emanuel, Maestro, Sumo Sacerdote, etc. Pero el nombre que le fue dado cuenta su historia. Vino para salvar al mundo del pecado. ¡No es de extrañarse que Dios le diera un nombre que es sobre todo nombre!

Por Min. En Contacto

Debemos orar

El libro de Jueces describe un momento en que Israel, el pueblo de Dios, que fue llamado a ser un testimonio sobrenatural en la tierra, comenzó a comportarse engañosamente en Su presencia. No quisieron andar honestamente con Dios y eran triviales en su adoración a Él, si es que no abandonaban por completo la adoración a Dios.

Comportarse engañosamente con Dios siempre resultará en falta de poder, lo que finalmente da paso a los enemigos de esa sociedad. Por enemigos, me refiero a aquellos que los no conocen a Dios, que no tienen ningún deseo de conocerlo, y que no quieren que nadie más esté en relación con Él. Tú y yo vivimos en un tiempo muy similar a aquel período de tiempo en el Antiguo Testamento.

Fue durante la temporada de cosecha que los enemigos de Israel, en este caso a los madianitas, vinieron a devorar todo lo que estaba siendo recogido por el pueblo de Dios (Ver Jueces 6: 2-3). Tenían la intención de llevar a los israelitas a un lugar empobrecido a fin de que sean incapaces de cumplir con su propósito dado por Dios en la tierra. Sabiendo que eran totalmente superados en número por el enemigo, que de hecho las Escrituras describen como tan numerosos que cubrían la tierra como la arena, los hijos de Israel empezaron a clamar al Señor, tal como está empezando a suceder en nuestros días.

Dios escucha el clamor de la madre soltera cuyos hijos están en las calles; el clamor del padre que no sabe cómo va a mantener a su familia. Él oye el clamor de los que leen las noticias y ven los horrendos crímenes que se están convirtiendo en un hecho cotidiano en esta generación.

Por: Carter Conlon

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Nuestra motivación al obedecer

“La palabra de Dios… discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4:12).

        “Las intenciones del corazón” son nuestras motivaciones. ¿Por qué hago el bien que hago? En el caso del hijo: ¿por qué obedeces a sus padres? ¿Es para que tu padre te ame? ¿Te ha comunicado la idea de que tienes que ganar su amor por medio de un buen comportamiento, que si haces lo que pide de ti, te amará? Esto es un chantaje emocional muy fuerte, porque el hijo quiere ser amado, pero si lo tiene que conseguir por esta manera, los resultados son terribles. Tendrá que reprimir su verdadera identidad, su personalidad real, el verdadero él.  Él quería ser bombero, su padre quiere que sea médico. Tiene que esforzarse en estudiar algo que no es su inclinación natural para complacer a su padre con la esperanza de que, si lo logra, el padre le amará. A la larga, esto produce consecuencias muy negativas en el hijo: miedo de rechazo, culpa, enfado, pérdida de identidad, inseguridad, y la incapacidad de recibir crítica. No sabe quién es. ¿Es él o esta persona que el padre quiere que sea?

Este comportamiento de complacer para ser amado en inglés se llama “Performance Orientation”, es decir, la persona está orientada para realizar un papel. Es como un actor y su padre ha escrito el guión. Si el hijo es creyente, lo correcto no es que ni él ni su padre determinen cómo va a vivir su vida, sino que libremente busque la voluntad de Dios y decida hacerla. Como dice un himno del siglo XVIII, “Los reyes conquistan para conseguir esclavos; Jesús conquista para librar a sus cautivos”.

En la iglesia hay gente que no ha entendido bien que no tenemos que jugar un papel. No están libres. Están esforzándose a cumplir con lo que se espera de ellos para conseguir la aprobación de la gente, o aun peor, para conseguir el amor de Dios. El amor de Dios no se compra. Dios no nos ama si nos comportamos bien, tampoco quita su amor cuando nos comportamos mal. Dios es amor y ama porque es su naturaleza y no puede dejar de amar.

No cumplimos la ley (no obedecemos) para quedar bien con Dios, sino porque somos salvos y andamos en el Espíritu (Gal. 3:1-5). Cumplir la ley es una obra de la carne para ganar nuestra salvación. Andar en el Espíritu es vivir en el poder de la nueva vida en Cristo y uno de los resultados es la obediencia.

La motivación correcta no es obedecer a Dios porque quiero estar orgulloso de mi misma. Tampoco es porque quiero que me alaben, o que me amen. Obedecemos a Dios porque le amamos, porque Él nos amó primero. “En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Jn. 4:10, 11). Por eso amamos.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Enseñanza dominical

Ya está disponible para ti en el Canal la enseñanza ofrecida en la Escuela Bíblica Dominical bajo el tema: El juicio divino sobre los filisteos por causa del arca, te esperamos, haz clic sobre el enlace para ir

https://www.ministeriotv.com/video/el-juicio-divino-sobre-los-filisteos-por-causa-del-arca-23403

Dios es nuestro refugio

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en todos los problemas.” Salmo 46:1

A veces la vida nos toma por sorpresa. Cada día trae consigo la posibilidad de algo bueno o algo malo, algo desagradable o algo agradable. Nos guste o no, así es la vida: impredecible. En los momentos difíciles quizás nuestros corazones buscan fuerza, consuelo, y aliento.

A veces nos olvidamos que Dios nos ama y nos cuida. Él se hace cargo de nuestra seguridad. El Rey David recordó esto en su propia vida, y puso su confianza en la providencia de Dios. El texto de nuestra devoción captura maravillosamente los pensamientos de David. Dios es nuestro amparo. Él nos protege de todos nuestros enemigos.

Martín Lutero, el famoso reformador de la iglesia del siglo quince, escribió un hermoso himno titulado “Castillo fuerte es nuestro Dios”. Lutero y sus amigos se apoyaron mucho en el Salmo 46. Cada vez que se encontraban con desafíos, cantaban este himno para recordarse a sí mismos del poder que Dios provee para enfrentar y conquistar esos desafíos.

En este siglo 21 hay muchas cosas que nos pueden amenazar y perturbar–desempleo, cargas financieras, crisis familiares y matrimoniales, problemas por abuso de drogas, enfermedades–por nombrar algunas. Aún nuestras relaciones más cercanas pueden volverse problemáticas y desanimarnos.

Sin embargo, hay una cosa en este mundo con la cual podemos contar siempre, y es el amor de Dios dado a través de Jesucristo. Nuestro Salvador nos amó tanto, que dio su propia vida para salvarnos del poder del pecado, de Satanás, y de la muerte eterna. Él es nuestro refugio, nuestro amparo, y nuestra fortaleza.

Por CPTLN

Jesús y Saulo

Hechos 9.1-19

 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,

y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.

Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;

y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.

Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie.

Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco,

donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.

10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor.

11 Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora,

12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.

13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén;

14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.

15 El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;

16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.

17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.

18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.

19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.

Jesús le entiende


Leer | Hebreos 4.14, 15

Las personas tratamos, muchas veces, de consolar a quienes atraviesan situaciones difíciles en la vida. Pero, a veces, las expresiones de consuelo generan más dolor. Por ejemplo, las bienintencionadas palabras de “te entiendo”, suenan vacías si quien las dice nunca ha experimentado la misma situación.

Sin embargo, todos deseamos ser comprendidos. El pasaje de hoy nos asegura que Jesús nos entiende de verdad, porque Él experimentó luchas como las nuestras.

El escritor de Hebreos se refiere a Jesús como nuestro sumo sacerdote. Cada año, el hombre que ocupaba ese cargo ofrecía un sacrificio por el pecado (Lv 6). El sumo sacerdote era el puente que tenía el pueblo hebreo para acercarse a Dios. Cristo no solo tomó para sí este papel, sino que también se convirtió en el sacrificio cuando murió en la cruz. Él está ahora sentado a la diestra del Padre en el cielo, e intercede por nosotros.

Esto es inmensamente consolador, pero además nos recuerda que Cristo comprende realmente nuestro dolor y nuestras debilidades. Él enfrentó las mismas tentaciones, necesidades y aflicciones que nosotros experimentamos. Por ejemplo, una persona que ha sido abandonada puede tener la seguridad de que Cristo también supo lo que era la traición (cuando Judas se volvió contra Él), la soledad (cuando Pedro negó conocerle), y la depresión (cuando enfrentó la separación de su Padre celestial).

Si usted está pasando por algún tipo de aflicción, recuerde las pruebas, sufrimientos y tentaciones de Jesús, y hallará consuelo sabiendo que Él le entiende.

Por Min. En Contacto

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