Mes: agosto 2021

Confiando plenamente en Jesús

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Hudson Taylor, uno de los primeros misioneros cristianos en entrar en China en 1854, tenía una vida de fe excepcional. Experimentó que Dios, en su amor, su poder y su fidelidad, puede darnos una salida en las situaciones más difíciles. ¡Qué descanso cuando dejamos a Jesucristo la dirección de nuestra vida! La biografía de Hudson Taylor comprende una voluminosa correspondencia. A continuación podemos leer un fragmento:
«Ahora creo que las luchas, los esfuerzos, las aspiraciones, el esperar días mejores, no son el verdadero medio para llegar a la felicidad, a la santidad, a una vida útil. El más santo es el que posee mejor a Cristo dentro de sí y se goza totalmente en su obra cumplida en la cruz.


Se trata de descansar, de no hacer esfuerzos para luchar; de poner la mirada en Jesús, de confiar en él para vencer… de descansar en el amor de un Salvador todopoderoso, gozosos por tener una salvación completa y porque estamos liberados del pecado. No se trata de luchar para tener la fe, sino de mirar a Aquel que es fiel, y de confiar totalmente en él, pues prometió que permanecería junto a mí y que nunca me abandonaría.
No pensemos que esta experiencia, estas verdades, son sólo para una minoría. Ellas están al alcance de cada hijo de Dios.


El único poder para ser liberado del pecado o para consagrarse realmente a Dios es Jesucristo.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

La salvación de Dios

“Envió desde lo alto y me tomó; me sacó de las muchas aguas. Me libró del poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo. Me asaltaron en el día de mi quebranto; mas Jehová fue mi apoyo, y me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (2 Samuel 22:17-20).


Lectura: 2 Samuel 22:17-20 y Salmo 18:16-19.


            Esta fue la experiencia de David una y otra vez en la guerra contra el enemigo. En innumerables ocasiones, Dios lo sacó de situaciones de muerte segura. Lo había librado de enemigos mucho más potentes que él que descendieron sobre sus tropas como buitres para devorarlos, aprovechándose de sus números inferiores, como cuando él y sus 600 hombres huían del ejército de Saúl con sus 3000 hombres, o de coaliciones de países con ejércitos incontables que avanzaban ola tras ola contra el pequeño ejército de Israel. Dios lo libró de muchos asedios y lo introdujo en un lugar espacioso, porque se agradó de él.


            La experiencia de David tiene su paralelo en nuestra salvación. Podemos decir cada uno de nosotros que conoce al Señor que esta ha sido nuestra experiencia. Estaba hundiéndome en las aguas profundas del pecado. Clamaba al Señor: “Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; he venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios” (Salmo 69:1-3) y “Él oyó mi voz desde su templo” (22:7), y “envió desde lo alto y me tomó; me sacó de las muchas aguas” (22:17).


            El enemigo me tenía sitiado. Como en una ciudad amurallada, estaba encerrado, muriéndome de hambre; veía como el enemigo estaba construyendo un terraplén para invadir y masacrarnos a todos. Pero Dios “me libró del poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo. Me asaltaron en el día de mi quebranto” (22:18, 19)El diablo y sus demonios iban a por mí; mi carne confabuló con él y me traicionó. Me tenía asediado y estaba para comerme vivo. Estaba hundido, quebrantado, encerrado, sin escapatoria, cautivo a la merced del enemigo. Había perdido toda esperanza de vida, cuando Dios “envió desde lo alto y me tomó” y “me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (22:19, 20).


            ¿De quiénes se agrada Dios? De los que practican la justicia y de los de manos limpias (22:21), de los que guardan sus caminos y no se apartan de Él (22:22), de los que guardan sus decretos y no abandonan sus estatutos (22:23), y de los que son rectos para con Él y se guardan de la maldad (22:24). ¿Cómo podría decir David que Dios se agradó de él cuando había caído en unos pecados terribles y había cometido unos errores garrafales? Porque lo que dijo Samuel referente a él es cierto: “Dios no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Dios perdonó su pecado y solo quedó lo hermoso de David: su amor por la justicia, por la Palabra de Dios, y por Dios mismo. Lo demás fue cubierto por la sangre de los animales sacrificados por su pecado, dejando un corazón limpio y deseoso de andar en los caminos de Dios. David amaba de todo corazón al Dios de su vida, y Dios le mostró su salvación.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Haciendo su Voluntad

Que el Dios de paz, que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, los capacite para toda buena obra, para que hagan su voluntad, y haga en ustedes lo que a él le agrada, por medio de Jesucristo. A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Hebreos 13:20-21

Algunos de nosotros hemos llegado a creer que ‘no hacer nada’ es uno de los grandes placeres de la vida.

‘No hacer nada’ es algo que Melody Schick hace muy bien. No hace mucho tiempo, Melody se disfrazó de muñeca de trapo, y se sentó en una plataforma giratoria en un centro comercial de Dallas. Miles de personas se detuvieron para mirar a Melody sentada… sin hacer nada.

Durante cinco horas y cuarenta y tres aburridos minutos, Melody permaneció sentada sin hacer nada. Luego se levantó y abandonó la plataforma, sintiéndose orgullosa por poseer el récord mundial de estar sentada sin hacer nada.

Pero el propósito de este devocional no es el de hacerle pensar: «Apuesto a que podría batir ese récord», aun cuando esa observación pueda ser correcta. Hay muchísimas personas que trabajan duramente haciendo nada, y muchísimas más a las que les gusta ver cómo otros no hacen nada.

Todo lo cual es un gran desperdicio, porque cada uno de nosotros ha recibido dones de Dios… dones que Él desea que utilicemos para un propósito.

Ahora bien, es posible que ‘no hacer nada’ sea el don de Melody, pero no es el estilo de vida al que debemos aspirar. El Señor envió a su Hijo para salvarnos, y el Espíritu nos capacita para hacer su voluntad, trabajando en aquello que es agradable a sus ojos.

Si bien no sé lo que ello pueda significar para usted, estoy seguro que el Señor tiene algo para que usted haga. Es mi oración que, sea lo que sea que usted haga hoy, lo haga para la gloria de Jesucristo.

Por CPTLN

Amor incondicional

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3:16

La mayoría de las oficinas postales pequeñas de este país han sido automatizadas o cerradas. Aún recuerdo hace ya algunas décadas, cuando una señora comentó su decepción cuando el gobierno decidió poner una máquina vendedora de estampillas en su oficina postal. (Si usted nunca vivió en un pueblo pequeño, debe saber que la oficina postal es uno de los lugares donde se centraliza la actividad social y las conversaciones de los habitantes.)

Cuando terminó de expresar su descontento, la señora comenzó con las preguntas. El empleado que instalaba la máquina le dijo que esa máquina era una maravilla. Después de diez minutos de alabar a la máquina, terminó diciéndole que nunca más tendría que hacer cola para comprar estampillas. Cualquier actividad desempeñada por un empleado postal podía ser realizada por esta máquina en mucho menos tiempo y con mayor precisión.

Pero la explicación no impresionó a la señora quien, enfurecida, refunfuñó: «Esta máquina podrá ser una maravilla, pero no la usaré, nunca la usaré… no hasta que le enseñen a preguntar acerca de mi artritis.»

Demos gracias a Dios porque él siempre se interesa por nosotros y por nuestros problemas. Dios nos amó lo suficiente como para enviar a su Hijo a este mundo a ofrecer su vida como rescate por la nuestra.

Gracias al sufrimiento, muerte y maravillosa resurrección de Jesús, todo el que cree en él y lo confiesa como su salvador, recibe el perdón de sus pecados y la seguridad de que pasará la eternidad en el paraíso con Él.

Por CPTLN

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