Mes: mayo 2021

Frente a la adversidad

Leer Hebreos 12.1-2

Cuando un niño se lastima, nuestro objetivo es que se sienta bien pronto. Quitamos los obstáculos para que, al dar sus primeros pasos, lo haga sin tropezar. Y muchos padres tratan de minimizar la frustración de sus niños en edad escolar, ayudándolos con sus tareas, dando a veces más ayuda de la necesaria. Aunque aliviar el malestar de los niños es comprensible, podemos, sin darnos cuenta, transmitir el mensaje sutil de que los obstáculos y el dolor tienen que ser eliminados a toda costa.

Las dificultades son parte de la vida, y si esperamos lo contrario, estaremos sufriendo desilusiones reiteradamente. Si dejamos que las desilusiones persistan, podemos dar la espalda al Señor. Se puede desperdiciar mucho tiempo tratando de evitar las dificultades, cuando podríamos poner en manos de Dios nuestro futuro. También consumimos energías tratando de salir de nuestras situaciones difíciles, en vez de pedir al Señor que nos diga cómo quiere Él que procedamos. Y lo que es más importante, Dios no ve la adversidad como una tragedia.

Dios ve un valor bienhechor en nuestras pruebas. El sufrimiento y la muerte de Jesús en la cruz confirman la poderosa obra que Dios puede lograr por medio de la adversidad. Él usa las dificultades como oportunidades para nuestro crecimiento espiritual.

Ninguno de nosotros disfruta de los problemas, pero en este mundo las amarguras y las dificultades son seguras. Abandonemos nuestra manera de pensar, y pidamos tener la mente de Cristo, quien confió en el modo de obrar del Padre celestial hasta la muerte en la cruz.

Por: Min. En Contacto

Nacer de Nuevo

Leer Juan 3.1-8

Nicodemo era miembro del consejo rabínico conocido como el sanedrín. La gente de su época habría dado por hecho que tales credenciales aseguraban que estaba bien espiritualmente. Sin embargo, Jesús le dijo que la única manera de entrar en el reino de Dios era nacer de nuevo.

Muchas personas hoy día son como Nicodemo: religiosas, virtuosas y se comparan con otras personas. Razonan así: De algún modo, nuestro amoroso, benévolo y maravilloso Dios hará posible que yo vaya a dar al cielo. Pero esto es absolutamente falso. El Señor Jesús dijo: “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Jn 3.7).

Nuestros pecados nos separan de Dios. Ser buenos no puede cerrar la brecha, porque no importa lo bien que tratemos de conducirnos, todos pecamos. Nuestra naturaleza es ser pecadores, y la naturaleza es algo que no podemos cambiar.

El autoengaño más grande es pensar que podemos portarnos bien y así ser aceptados por Dios. La única manera de ser agradable a Dios es nacer de nuevo, por un acto divino.

Cuando una persona pone su fe en Jesucristo como su Salvador, experimenta una regeneración. En otras palabras, en el momento de la salvación, se convierte en una nueva creación (2 Co 5.17 NVI).

Usted puede estar “actuando” bien sirviendo a Dios, leyendo la Biblia, ofrendando y orando. Pero ¿hubo alguna vez un cambio radical en su alma, un momento en que comenzó una relación personal con Dios? ¿Tiene una nueva naturaleza por la obra del Espíritu Santo? Si no puede responder sí a estas preguntas, usted necesita nacer de nuevo.

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Alternativa a la paciencia

Leer Gálatas 6.7-9

¿Ha sentido alguna vez que el Señor le estuvo llamando para hacer algo realmente extraordinario? Lo más probable es que le haya venido a la mente una promesa o una meta dada por Dios. Al pensar usted en esto, consideremos tres modos comunes de actuar:

Primero, podemos tomar un atajo. Podemos suponer que si Dios nos hace una promesa, Él desea que la recibamos lo más pronto posible, ¿verdad? No necesariamente. Él, con bastante frecuencia, hace promesas que tarda años en hacer realidad. Cuando tratamos de manipular las circunstancias y “ayudar” al Señor a cumplir sus promesas, obstaculizamos lo bueno que Él tiene en mente para nosotros. Debemos recordar que parte de la bendición será la confianza y la madurez que obtendremos mientras esperamos.

Segundo, podemos rendirnos. Podemos decir:¿Quién quiere esperar diez años por algo?Eso es demasiado tiempo. Prefiero hacer otra cosa. Por tanto, desistimos, nos olvidamos de que tuvimos una oportunidad y tratamos de no pensar más en ello. Pero ¡qué tragedia es decir no a una promesa de Dios, y perder la bendición que Él pensó darnos!

Tercero, podemos esperar y confiar en el Señor. Esta es la mejor opción, pero también la que muchos tendemos a evitar. Si alguien le dijera a usted: “Dentro de siete años te daré siete millones de dólares”, lo más probable es que no respondería: “No, gracias, los quiero ahora o nunca”. ¿Por qué, entonces, tantos cristianos le dicen eso a Dios? Él tiene enormes bendiciones en reserva para usted, si está dispuesto a esperar.

Por: Min. En Contacto

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