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Redención del pobre

repasemos cinco pasos mencionados por el comentarista Tidball. Si algún israelita contrajera alguna deuda que no podía pagar:  

El primer paso (Levítico 25:25-28) era vender parte de su posesión: “Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido” (v. 25). El pariente más cercano es el “go’el”, el pariente redentor. Tenemos una hermosa ilustración de esto en el libro de Rut. De esta manera la tierra quedaría en la familia.

El segundo paso (vs. 35-38). Si aun vendiendo parte de la propiedad el problema no quedaba resuelto, era la obligación del go’el darle trabajo y prestarle dinero sin intereses para pagar la deuda.

El tercer paso (vs. 39-46). La persona podía venderse a un pariente: “Y cuando tu hermano empobreciere, estando contigo, y se vendiere a ti, no le harás servir como esclavo” (v. 39). El pariente tenía que tratarle no como un esclavo, sino como un trabajador contratado. No le daba un sueldo, sino proveía para él. Esto solo podía durar hasta el próximo año del jubileo cuando toda la familia del hombre pobre recuperaba la libertad. La familia tenía la responsabilidad de velar por sus miembros. Quedaba prohibido explotar o beneficiarse de la pobreza del otro. Un israelita nunca podía tomar a otro israelita como esclavo, porque “son mis siervos, los cuales saqué yo de la tierra de Egipto; no serán vendidos a manera de esclavos” (v. 42), dice el Señor.

El cuarto paso (vs. 47-54). Si no se vendía a un miembro de la familia, sino a un forastero o peregrino (v. 47), podía ser redimido por un pariente cercano o, si llegase a adquirir dinero, podía redimirse a sí mismo (v. 49). El precio de la redención no era negociable; se calculaba según el número de años que quedaban hasta el siguiente año de jubileo.

El quinto paso. Si todo esto fallaba, el año de jubileo traía su libertad. Se le devolvía la propiedad. Este año resolvería todos los problemas de la pobreza.  

            El jubileo revela muchas cosas en cuanto a Dios: Defiende a los pobres y a los desposeídos. No solo tenía compasión de ellos, sino que también proveyó un sistema de rescate para ellos. No permitía que su pueblo se enriqueciese a causa de la pobreza de otros, ni que un hermano tratase a otro como esclavo. Enseñaba la responsabilidad de la familia de cuidar de sus miembros. No toleraba que la propiedad se quedase en manos de unos pocos, que los ricos llegasen a ser cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. No dejaba que las deudas nunca se pudiesen perdonar. Se oponía a la explotación egoísta de las tierras y las personas. Velaba por la justicia económica que forma parte integral de la santidad. Cuando vino Jesús, inauguró un jubileo mayor en el que las personas de todas las naciones tuviesen la posibilidad de liberarse de una esclavitud peor que la económica: la espiritual; y pagó la deuda más grande que habíamos contraído, la de nuestro pecado. Como pariente más cercano, el go’el, nos redimió a precio de su propia sangre y nos restauró a nuestro verdadero Dueño, a Dios su Padre. Nos puso en libertad, no para ser sus esclavos, sino para ser sus amigos.   

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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