La Gloria Es De Dios Min Int

¿Espiritualidad?

“Alabad a Dios en su santuario; alabadle en la magnificencia de su firmamento. Alabadle por sus proezas; alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza. Alabadle a son de bocina; alabadle con salterio y arpa. Alabadle con pandero y danza; alabadle con cuerdas y flautas…” (Salmo 150:1-4).

El salmista convoca a toda la tierra a alabar a Dios: “Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya.” (v. 6). Y con todos los instrumentos musicales y con danza, como en el éxodo: “Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas” (Ex. 15:20). Dios es digno de ser alabado por toda su creación: “Alabad a Jehová desde los cielos; alabadle en las alturas. Alabadle, vosotros todos sus ángeles; alabadle sol y luna; alabadle vosotras todas, lucientes estrellas” (Salmo 148:1-3). El salmo sigue invocando a todos, a animales, vientos, montes, reyes de la tierra, ancianos y niños, a alabar a Dios.

En nuestros cultos, la alabanza tiene una parte importante, y es como debe ser. Pero no debemos confundir el acto de participar en la alabanza con la espiritualidad, y aun menos debemos confundirla con saltos, brincos, y movimientos de manos. Pueden o no acompañar la alabanza, pero el más espiritual no es el que más alto salta. ¡Será el más atlético! Lo que no procede en absoluto es la manipulación espiritual, el decir, que “si amas al Señor, has de pegar cuatro brincos”. No es la forma de mostrar amor al Señor. Esto se muestra más bien sirviéndole.

En cierto culto, un jovencito presidía mandando a los mayores a hacer toda una serie de ejercicios gimnásticos para mostrar su amor al Señor. Un pastor mayor presente no se identificó con esta manera de alabar y se quedó quieto. Viene una joven guapa con minifalda y le dice que hay que alabar a Dios aun cuando uno no tiene ganas, porque esto es lo que le agrada al Señor. Luego le impone las manos y ora por él. Hermanas, esto no procede de ninguna de las maneras. Es una falta de decoro abismal. Es una persona que en primer lugar no entiende que una chica joven no tiene autoridad sobre un hombre mayor, que no procede que una mujer ministre a un hombre, mucho menos una mujer joven a un hombre mayor. Ni entiende que los movimientos no son sinónimos con la espiritualidad. Ni que ella va provocando por su forma de vestir, y que esto sí es síntoma de falta de espiritualidad por la enseñanza expresa de la Palabra: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Sant. 1:27). Esta última parte es la que la falta, no mancharse con la moda del mundo. La modestia y la espiritualidad sí van juntas: “La mujer se salvará,…si permaneciera en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Tim. 2:15). El ayudar a los pobres tiene mucho más que ver con la espiritualidad que el dar saltos.

Analizando el conjunto de enseñanza de la Escrituras, concluimos, pues, que la alabanza nos corresponde como criaturas de Dios. Puede tomar muchas formas, pero Dios mira el corazón. Lo que no pega para nada es una alabanza activa sin obediencia a la clara enseñanza de las Escrituras acompañada por una vida de santidad y servicio a los demás. Lo que más alaba a Dios es un carácter santificado que se parece al carácter de Jesús.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

 

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