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El servicio a los demás en una cultura de celebridades

Leer | Mateo 20.17-28

Cada año, la revista Forbes publica su lista de las 100 personas más famosas del mundo. Es indudable que a nuestra sociedad le encantan las celebridades. Estas personas parecen tenerlo todo —fama, poder, belleza, influencia y admiración de las masas. ¿Quién no querría ser como ellas, al menos en pequeña escala?

Lamentablemente, el mal asociado con la adoración a las celebridades puede convertirse rápidamente en un verdadero caso de envidia; y al recordar a los discípulos de Jesús, podemos observar que sin dudas mostraron señales de ese mismo mal. Durante tres años, el Señor había estado enseñándoles a tomar un camino totalmente diferente al de una celebridad —uno de anonimato y humildad, bondad en secreto y acciones de misericordia. Pero en el capítulo 20 de Mateo, todavía no han aprendido la lección. Esta es la tercera vez que Jesús repite los horribles detalles de su muerte inminente, lo cual debería haber consternado y devastado a sus discípulos. En vez de eso, Jacobo y Juan comienzan a pugnar por los mejores asientos en el reino. Jesús va a la cruz, y ellos quieren ser estrellas.

Entonces las cosas empiezan a volverse un caos. Los otros 10 discípulos “se enojaron contra los dos hermanos”, y comenzaron a envanecerse y a jactarse con los clamores de todo aspirante a celebridad: “Fíjense en mí”, “yo estaba primero”, y “yo soy mejor que ustedes”.

Entonces, Jesús entra en escena, primeramente amonestándolos en cuanto a la manera equivocada de vivir. “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas”, les dice. A lo largo de la historia humana, esta manera equivocada ha parecido completamente natural. No es de extrañar que la receta de Jesús en cuanto a la manera correcta de vivir se considerara escandalosamente anormal: “Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (vv. 25-27).

Pero, además, el Señor Jesús no nos da simplemente un buen consejo; también se convierte en nuestro servidor al “dar su vida en rescate por muchos” (v. 28). Un rescate es un pago que se hace a favor de alguien mantenido cautivo en contra de su voluntad. En este sentido, los discípulos no eran solamente rehenes de un conquistador romano opresor; también eran cautivos de su apego a la fama, el poder y los privilegios.

Así que Jesús ha tomado nuestro lugar; murió la muerte que nosotros debiéramos haber padecido. A la luz de su grandeza y de su humildad, no importa a quien Forbes anuncie a los cuatro vientos el próximo año, solamente hay espacio para una verdadera celebridad. Por su vida, muerte y resurrección, el Señor Jesús se ha apoderado de modo definitivo del primer lugar en la única lista que importa. Felizmente, por su gracia, este humilde Rey nos invita a unirnos a Él como sus invitados en el escenario de la redención.

Por Min. En Contacto

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