Mes: abril 2020

Su anhelo de vernos

“Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero  no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro; por lo cual quisimos ir a vosotros” (1 Tes. 2:17).

            Estas palabras de la pluma del apóstol Pablo a su amada iglesia en Tesalónica son un fiel reflejo del amor de Cristo para todos los creyentes de todas las iglesias. Sus palabras sientan bien en boca del Señor Jesús: “¿Cuál es nuestro gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros?” (2:19). El anhelo intenso de Pablo para estar con estos hermanos, para enseñarles y animarles y consolarles y fortalecer su fe, es una pequeña ilustración de cuánto el Señor Jesús anhela volver para estar con su iglesia. Mientras tanto, espera la hora del Padre. Él observa cómo vamos en medio de pruebas y tribulaciones. Envía siervos suyos para consolarnos y fortalecer nuestra fe, como lo hizo Pablo enviando a Timoteo: “Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas, y enviarnos a Timoteo  nuestro hermano, servidor de Dios… para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe” (3:2). Nuestro Señor está aún más pendiente de nosotros de lo que estaba Pablo de los tesalonicenses. Somos su gozo y corona.

“Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano” (3:5). Hemos de salvar las distancias entre Pablo y El Señor Jesús, pero las verdades son las mismas. Cristo ha puesto su vida por nosotros. Si nos apartamos de él y perdemos la fe, su sacrificio en nuestro caso habría sido en vano (3:5). ¡El Señor Jesús no va a estar menos solícito que Pablo! Sabe cómo vamos espiritualmente; su alma está unida a la nuestra: “Ahora vivimos si vosotros estáis firmes en la fe” (3:8). Se goza “con muy grande gozo” de ver nuestra perseverancia en la fe.

El Señor desea con toda su alma volver a nosotros. Sus sentimientos se plasman en Pablo: “Mas el mismo Dios y Padre nuestro… dirija nuestro camino a vosotros” (3:11). Tenemos a Alguien en el Cielo observándonos, pendiente de nuestra fe, añorándonos, anhelando estar a nuestro lado. Pablo es un fiel reflejo del corazón de Jesús, “el Gran Pastor de las ovejas”, en su preocupación, interés, y ardiéndote deseo para la prosperidad espiritual de esta amada congregación y en su anhelo de volver a verles, para estar con ellos. Mientras tanto, el Señor ha enviado a su Espíritu para enseñarnos, animarnos, y consolarnos mientras esperamos su regreso.

Reiterando y haciéndolo aún más personal: ¿Cómo vas tú? ¿Qué te pasa? ¿Vas superando tus pruebas? El Señor se desvive por ti. Sabe cómo vas. Te envía el necesario socorro. Está pendiente de ti en todo momento, protegiéndote de pruebas demasiado fuertes para ti, enviándote amigos, pastores y maestros para que permanezcas fiel a pesar de todo lo que arroja Satanás en tu camino. Desea que estés lleno de amor para Él, anhelando verle, preparado para su venida, para que finalmente se produzca el felicísimo encuentro en que le recibamos con los brazos abiertos y el corazón lleno de amor para Él, y Él para nosotros, para poder derramar su amor infinito sobre nosotros ya en Persona para toda la eternidad. 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

La obra del Espíritu Santo

“Pero os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7).

Convence de pecado: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Regenera; nos ha hecho nacer a la familia de Dios: “Habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Aba, Padre!” (Rom. 8: 15). “Nos salvó… por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).

Nos da seguridad de salvación e identidad como hijos de Dios: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Rom. 8: 16).

Supera el pecado y la muerte: “La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Rom. 8:2).

Nos da poder para matar las obras de la carne: “Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Rom. 8: 13).

Nos da poder para testificar: “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos” (Hechos 1:8).

Habla al creyente y a las iglesias: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap. 2:7).

Intercede al Padre por nosotros: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Rom. 8:26).

Guía: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom. 8:14).

Prohíbe, dirige en cuanto a lo que no hemos de hacer: “Les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hechos 16:6-7).

Es nuestro andar e informa nuestra vida: “No hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom. 8:1).

Nos enseña: “Enviaste tu buen Espíritu para enseñarnos” (Neh. 9:20).

Consuela: “y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador” (Juan 14: 16).

Nos revela las cosas de Dios: “Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Cor. 2:10).

Hace la obra de Dios: “No con ejército, no con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac. 4:6).

Gracias, Padre, y gracias, Señor Jesús, por mandarnos el bendito Espíritu. Amén.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

El plan: la unión, el medio: La cruz

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblo hizo uno, derribando la pared intermedia de separaciónaboliendo en su carne las enemistades para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo” (Ef. 2:14-16).

            Este texto está cargado con palabras que hablan de unidad. Dios eliminó enemistades, quitó la pared de separación, efectuó una reconciliación, ¿y como lo hizo? Mediante la cruz. La metodología de Dios es única y muy profunda. Cuando hablamos del problema del hombre, la separación, ¿en qué culminó? En la muerte. Los males en todas las esferas de la vida siempre desembocan en la muerte, los males entre personas y entre naciones y aún los de la naturaleza. Y ¿qué hizo Dios para poner al revés el proceso del mal y la muerte? Fue a por su destino, la misma muerte, para poder abolirla, para conquistarla y eliminarla. ¡Brillante! Dios venció la muerte por medio de la resurrección. Utilizó la cruz para efectuar la muerte para poder conquistarla.

            Si la Iglesia es la demostración de la sabiduría de Dios al unificar todas las cosas, la resurrección es la demostración de su poder. Dios es sabiduría y también poder, es Todopoderoso, y su poder se hizo visible al levantar a su Hijo de entre los muertos después de haber pagado la consecuencia del pecado con su vida. Habiendo pagado, resucitó.

            El apóstol Pablo pide a Dios que entendamos “la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Ef. 1:19, 20). En la cruz, Cristo pagó por el pecado, y quitó la desunión, la desavenencia, el desorden, la separación, el caos, el odio, que es la consecuencia de pecado, y conquistó la muerte. Resucitó y Dios le sentó “a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia” (Ef. 1: 20-22). La Iglesia es el resultado visible de la resurrección, es el cuerpo visible del Cristo resucitado donde hay amor en lugar de todas las desavenencias del pecado. ¿Cómo sabes que Cristo ha resucitado? ¡Ves su cuerpo vivo, la iglesia!

            Este es el plan brillante de Dios: por medio de la cruz pagar por el pecado, eliminar sus consecuencias, conquistar la muerte, resucitar a Cristo y formar la iglesia, una nueva sociedad en la cual se ve unidad y amor. ¿Qué atributos de Dios vemos en su Plan? Vemos su amor y su gracia al elegirnos, salvarnos e incorporarnos en su familia. Vemos su justicia y su amor en la cruz. Vemos su poder y su autoridad sobre todos los poderes celestiales en la resurrección. Vemos que es un Dios de paz, reconciliación, unidad y unión quien eliminó los obstáculos que nos separaban de Él para poder tener comunión con nosotros, otorgándonos entrada en su presencia. Y vemos que puede resolver lo que sea, porque tiene la sabiduría y el poder para hacerlo: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo, por los siglos de los siglos, Amén.” (Ef. 3:20, 21).  

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Símbolos del Espíritu Santo

“Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía” (Ex. 3:2).

Los símbolos que representan al Espíritu Santo nos hablan de cómo es. En la Biblia le vemos como fuego, agua, viento, aceite, y una paloma. Mirándolos uno por uno tenemos una descripción de su naturaleza y ministerio. Es:

Fuego

Cuando Dios se apareció a Moisés en la zarza ardiendo estaba revelando mucho acerca de su naturaleza. El fuego ardía pero no consumía la humilde zarza; la respetaba sin destruirla. La alumbraba con la gloria divina y la luz de la presencia de Dios. El fuego refina, purifica, quema las impurezas, calienta, alumbra. Dios ilumina nuestro entendimiento, inflama el corazón con pasión para Dios, con el fuego del amor. El fuego se respeta, pero no se toca: Dios es santo, temible, pero nos atrae. En la visión de Ezequiel, el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos. En Pentecostés bajaron lenguas de fuego, y los discípulos hablaban llenos del Espíritu.  

Agua

El agua refresca, da vida, hace crecer. Calma la sed. El Espíritu es una fuente, un manantial de vida. Brota, surge, fluye, corre, es un río impetuoso que vence todo obstáculo. Aunque se sumerge bajo tierra, vuelve a la superficie y continúa su curso. Es imposible de parar o de contener. En el desierto un río salió de la Roca. Jesús hablaba de ríos de agua viva. Un río de agua cristalina sale del trono de Dios, fluye por en medio de la Ciudad Santa, fluyen de nuestros corazones. Convierte la sequedad en vergel.

Viento 

Dios le dio a Adán el soplo de vida y fue un ser viviente. Un silbo apacible llevó la voz de Dios al profeta abatido. Un recio viento anunció la llegada del Espíritu el día de Pentecostés. El Espíritu respira, inspira, aspira, da aliento y ánimo.

Aceite

El aceite nos habla de la sanidad de nuestras heridas, como en la historia del buen samaritano. Se usaba para ungir a los reyes, sacerdotes y profetas para el ministerio. Simbolizaba el Espíritu que venía sobre los discípulos para prepararles, darles fuerza, autoridad y capacidad, para realizar sus funciones en el poder de Dios. 

La paloma.

Dios escogió una paloma, no un águila, para representar a su Espíritu. La paloma es humilde y discreta, suave y pura, tranquila y pacífica. No llama la atención a sí misma. Es un ser vivo, se mueve, vuela, siente, es sensible: si le espantas, se va. Representa la paz de Dios y su gracia. Es blanca e impecable, el Espíritu de la Verdad.

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo… Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea” (Lu. 4:1, 14). Toda su vida funcionó bajo la dirección y en el poder del Espíritu. Él es nuestro modelo.         

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Caminando con la mejor compañía

“En ese momento se les abrieron los ojos, y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ‘¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?'” Lucas 24:31-32

Un antiguo dicho popular dice: “Dime con quién andas, y te diré quién eres”. Jesús fue conocido en su época por andar con personas de mala fama, por comer con pecadores, e incluso por romper reglas al sanar durante el día de reposo. Sin embargo, él no se preocupaba por su reputación, sino por las personas: por los dolientes, los pecadores, los enfermos, los angustiados, los que tenían ansias por una vida de paz. Para todos ellos Jesús fue, es y seguirá siendo, la mejor compañía.

Caminar con Jesús es caminar en el camino del Mesías que fue resucitado y nos da la salvación. Dos discípulos iban de camino a una aldea llamada Emaús, Jesús se acercó y los iba acompañando. “Y se decían el uno al otro: ¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lucas 24:32). Camina con Jesús, y que arda tu corazón.

Por CPTLN

No estás solo

“Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, y enseñaba en las sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino y sanaba toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Al ver las multitudes, Jesús tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: ‘Ciertamente, es mucha la mies, pero son pocos los segadores. Por tanto, pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies.'” Mateo 9:35-38

Caminando de ciudad en ciudad cierto día, “al ver las multitudes, Jesús tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36). Hoy día, a pesar de toda la tecnología disponible y toda la interacción virtual, muchos se sienten abandonados y solos en medio de la multitud, aislados en el ciberespacio con una existencia casi artificial.

Al ver nuestra aflicción, Jesús nos llama y nos ofrece su compañía. Él es el pastor y amigo que puede guiarnos a la realidad del abrazo de Dios, donde nos aguarda una vida plena. Déjate ser abrazado, guiado y acogido por Dios.

Por CPTLN

Resultado imposible

“Ellos se asombraron aún más, y se preguntaban unos a otros: ‘Entonces, ¿quién podrá salvarse?’ Jesús los miró fijamente y les dijo: ‘Esto es imposible para los hombres, pero no para Dios. Porque para Dios todo es posible.'” Marcos 10:26-27

En los deportes siempre hay una oportunidad, por mínima que sea, de que el equipo considerado más débil triunfe sobre otro más fuerte. Las victorias o derrotas consideradas imposibles, pueden suceder. Sin embargo, ante la ley de Dios no tenemos ninguna posibilidad de triunfar. Su ley es santa, justa y perfecta, y nosotros somos pecadores, injustos e imperfectos.

Por lo tanto, ¿quién puede triunfar y salvarse? Jesús nos responde: “Esto es imposible para los hombres, pero no para Dios. Porque para Dios todo es posible” (Marcos 10:27). ¿Cómo hizo Dios posible nuestra victoria? Enviando a su hijo Jesús al mundo, quien cumplió al pie de la letra toda la ley, y dio su vida en la cruz para pagar con su sacrificio el precio que nuestros pecados demandaban. Por eso, quien confía en él recibe el perdón por sus pecados, la paz con Dios, y la esperanza segura de la vida eterna. Contra todas las probabilidades, Jesús hizo que nuestra victoria sea posible.

Por CPTLN

Destrucción

“Entonces mi pueblo vivirá en lugares de paz, en poblaciones seguras, en sitios de reposo.” Isaías 32:18

A todos nos gusta sentirnos seguros, pero no siempre estamos tan seguros como creemos estar.

Hace unos años, cuando estaban cambiando la alfombra, una familia de Chicago encontró en el living de su casa una puerta secreta. El dueño decidió abrirla, pensando que quizás encontraría un tesoro de joyas o tal vez oro.

Pero en vez de un tesoro encontró dinamita: cuatro cartuchos viejos de dinamita. Sin lugar a dudas suficiente como para volar la casa. Durante años su familia había vivido allí sintiéndose segura, cuando en realidad debajo de sus pies había una fuerza capaz de destruirlos a ellos y a todo el vecindario.

Lo cierto es que hay innumerables fuerzas cuyo único objetivo es destruir nuestra seguridad, sólo por placer. Y no estoy hablando de la destrucción del cuerpo por enfermedades, o de las divisiones en las familias, o del aumento de la inmoralidad.

Estoy hablando del pecado, de Satanás y la muerte, que luchan y hacen todo lo posible para robarnos la confianza en Cristo y la paz que él nos da a quienes creemos en él como nuestro Salvador. El diablo sabe que, por más que nos quite todo lo que tenemos en este mundo, nuestra fe perdura.

Por eso es que quiere quitarnos nuestra seguridad espiritual en el Salvador.

Pero no lo puede hacer porque Jesús, que salió victorioso de su tumba prestada, nos da seguridad para esta vida y para la eternidad.

Por CPTLN

Una vida mejor

… está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después venga el juicio. Hebreos 9:27

Para quienes mueren confiando en Cristo, la muerte es la puerta a la vida eterna junto a Dios. La vida en el cielo va a ser mucho mejor que la que tenemos aquí en la tierra donde sufrimos tantas dificultades, persecuciones y problemas, y donde luchamos en medio de aciertos y equivocaciones.

Dios nos dice en su Palabra que en el cielo no habrá más luchas, dolores, lágrimas ni sufrimientos. Por lo tanto, esperamos con expectativa esa eternidad junto a nuestro Padre celestial, seguros que, en Cristo, el cielo se abre y nos abraza como el abrazo perdonador de una madre.

Por CPTLN

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