Día: 6 febrero, 2020

Señales para celebrar

“Después de escuchar al rey, los sabios se fueron. La estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se regocijaron mucho. Cuando entraron en la casa vieron al niño con su madre María y, postrándose ante él, lo adoraron. Luego, abrieron sus tesoros y le ofrecieron oro, incienso y mirra.” Mateo 2:9-11

Los sabios que buscaban al rey prometido se llenaron de alegría cuando vieron que la estrella que los guiaba se detuvo sobre la casa donde estaba Jesús. Esa señal sólo podía significar una cosa: que habían llegado al final de su camino, al destino anhelado. Cuando viajamos a un destino desconocido, nos parece que no llegamos más. Los kilómetros se hacen más largos, el tiempo corre y el lugar no aparece. En realidad, es la ansiedad por llegar al lugar deseado que hace todo más lento. Los sabios de Oriente estaban viajando por largo tiempo por lo que, el saber que habían llegado a destino, les dio mucha alegría. Más aún, los llenó de expectativa y deseo por ver a quien tanto esperaron.

Finalmente se iba a hacer realidad el encuentro tan anticipado con el rey de la humanidad, enviado por el Padre celestial para bendición de las naciones. Allí mismo ellos adoraron, y postrados celebraron la salvación de Dios, alabaron su nombre, oraron dando gracias y entregaron sus humildes ofrendas. La estrella señaló el lugar y produjo alegría, pero la verdadera señal del amor y salvación era Jesús, quien trajo abundantes bendiciones para todos. Esa señal de misericordia divina trajo paz, amor, alegría, esperanza, reconciliación, y alegría. En Jesús tenemos todo esto y por él celebramos con humildad que somos amados, perdonados, y preservados hasta la eternidad.

Por CPTLN

Las Palabras

“Las palabras”

“Las cosas que se escribieron antes, se escribieron para nuestra enseñanza, a fin de que tengamos esperanza por medio de la paciencia y la consolación de las Escrituras.” Romanos 15:4

El latín es un idioma completamente muerto. Primero mató a los romanos, y ahora me está matando a mí.

Si la memoria no me falla, al Profesor Schmelling, mi profesor de latín en la escuela secundaria, no le hacía mucha gracia que sus estudiantes dijeran la frase de más arriba.

A través de los siglos muchos idiomas nacen y mueren. El paso del tiempo, a su vez, hace que las palabras vayan adquiriendo un nuevo significado.

En contraste con la inconsistencia de la humanidad, tenemos la Palabra de Dios. En las Escrituras se nos ha dado la historia de la salvación, la forma en que el Señor nos regala la vida eterna. Dichas palabras nos ofrecen consuelo, esperanza, perdón, paz, y alegría.

Piense por un momento. ¿Cuáles son sus pasajes favoritos de la Biblia? Quizás sea el Salmo 23: “El Señor es mi Pastor, nada me falta…”; quizás sea Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo…”, o quizás Efesios 2:8: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe…”.

Estos textos tienen una cosa en común: todos ellos hablan de la salvación que tenemos gracias a la vida, sufrimiento, muerte y resurrección el Hijo de Dios, nuestro Salvador. En Jesús recibimos todo lo que necesitamos para ser salvos. Todo.

Por CPTLN

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