Mes: febrero 2020

Las pruebas más fuertes

“…sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego…” (1 Pedro 1:7).

            Cuánto más fuerte nuestra fe, más fuerte tiene que ser la prueba, para que sea una prueba de verdad. La fe de Sansón fue probada por una mujer pagana. ¿Sería leal al Dios de Israel o iría tras mujeres de otros dioses? Cuando cayó en la tentación, la gloria fue para el dios de ella: “Entonces los príncipes de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón su dios y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos a Sansón nuestro enemigo” (Jueces 16:23).

La fe de Elías fue probada cuando se quedó solo en Israel: “Sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida” (1 Reyes 19:14). La fe de Eliseo fue probada cuando Elías le dejó: “¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?” (2 Reyes 2:14). Ya tuvo que aprender a actuar por fe en el mismo Dios, pero sin su padre espiritual.

La fe de Pablo fue probada cuando se quedó solo en la prisión en Roma esperando su muerte: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino todos me desampararon” (2 Tim. 4:16).

La fe de Job, fue probada cuando se creía abandonado por Dios: “¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios!” (Job 23:3). Pasó por la noche del alma, por la fe desnuda, sin ayuda alguna. Preguntó al Señor: “¿Qué es el hombre… para que pongas sobre él tu corazón… y todos los momentos lo pruebas?” (Job 7:17, 18). Pero estaba seguro de que al final saldría ileso: “Él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).

La fe de Jesús también pasó por el abandono, pero en su caso fue real. El Padre le abandonó porque él estaba impregnado con nuestro pecado. La oscuridad de la Cruz marcó el abandono del Padre. El que es la Luz se fue y dejó a su Hijo en la densa oscuridad satánica de la muerte. ¿Cómo respondió Jesús? “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Sal. 22:1). Preguntó cómo fuese posible que el que era su misma esencia se separara de él. Dios era la vida de su sangre, la luz de sus ojos y el aliento de sus pulmones. Era su misma naturaleza. Eran uno, como tú y tu ser son uno. Lo indivisible se dividió y Jesús quedó solo, pero mantuvo su integridad y su fe no falló: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lu. 23:46). ¡Encomendó su espíritu en los manos de él que le estaba matando (Is. 53:4) y murió confiando en él. “Aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15) fue cumplido en Jesús.

¿Cómo es tu fe? ¿Amas al Señor con el alma? ¿Él es tu misma vida? No te extraña si pasas por el “horno del fuego ardiendo”, pero que sepas, el Hijo de Dios estará contigo en las llamas (Daniel 3:25). “Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Is. 43:3). Cuando has sido probado, saldrás como oro fino. “Me probará, y saldré como oro” se cumplirá en ti.  

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Hay alguien ahí

Era una maravillosa tarde de verano, y como muchas otras, mis amigos y yo nos dirigíamos al campo donde solíamos jugar al fútbol. 

¡Vaya! ¡Está ocupado!, exclamamos desilusionados al llegar y ver que otro grupo se nos había adelantado. 
¡Un momento!, dijo uno, recuerdo un lugar abandonado cerca de aquí, seguro que allí podremos jugar sin que nadie nos moleste. 
¡Estupendo!, gritamos todos. 

En seguida llegamos y comenzamos a jugar. Todo iba de maravilla, hasta que de repente, la pelota se desvió con tan mala suerte que fue a parar a una de las ventanas de la casita abandonada. El ruido de los cristales rotos nos sacó de nuestra emoción, y pasaron varios segundos antes de que ninguno reaccionara. Sin embargo, pronto nos sentimos aliviados, mirando el aspecto deshabitado de la casa y seguimos jugando tranquilamente. Seguro que nadie vivía allí, y que no tendríamos que pagar el cristal. Así pues, continuamos despreocupados con nuestro juego, hasta que, de repente, la puerta de la casa se abrió con un fuerte chirrido y un hombre salió directo hacia nosotros. ¡Sí que había alguien! Ahora tendríamos que pagar el cristal roto….

¿Hay alguien allí? ¿Existe alguien en el cielo además de las estrellas, los planetas, las constelaciones…? Esta es una de las grandes preguntas que el hombre se ha formulado a lo largo de los siglos intentando buscar una respuesta.

Hoy en día, muchos dicen que no hay nadie, que la casa está abandonada. Pero, si es así, ¿por qué el hombre se sigue haciendo esta misma pregunta desde el comienzo de su historia? ¿por qué todavía en pleno siglo veinte nos seguimos preguntando en nuestro interior si hay un Dios?

La razón es sencilla, porque El mismo “ha puesto eternidad en el corazón del hombre” (Eclesiastés 3:11). Ha sido Dios quien ha puesto este pensamiento en nosotros para que le busquemos y nos ha dado medios para encontrarle. Aun así, el hombre insiste en endurecer su conciencia y vivir ajeno a Dios, rompiendo constantemente los cristales de su Ley y sin querer dar cuentas al Dueño y Creador de la casa; no quiere saber si hay o no dueño.

Pero, ¿y si hay alguien allí?. Querido amigo, sí, hay Alguien, y ese es el Dios que desde el principio se ha manifestado al hombre. La Creación misma es un ejemplo claro que nos habla de El, “porque las cosas invisibles de Dios, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tenemos excusa” (Romanos 1:20). 

También la misma existencia del hombre, con su increíble complejidad, nos prueba el poder y la sabiduría de Dios. De ninguna manera podemos pensar que no somos mas que un compuesto de fósforo, calcio, agua y unos cuantos elementos más, desde luego que con esto nadie podría formar un hombre. 

Aun su mismo cerebro, con diez mil millones de células, cada una de ellas con 200 lineas de comunicación entre sí, dejaría en ridículo al más potente y sofisticado de los ordenadores fabricado por el hombre. 

Y sin embargo, muchos piensan que han llegado a estar aquí por un cúmulo de casualidades habidas a lo largo de millones de años. Pero, ¿por qué el hombre se esfuerza en buscar cualquier excusa con tal de no creer en Dios?. Pues porque sabe que ha roto muchas veces los cristales de la Ley de Dios, y estaría más tranquilo si “no hubiese nadie allí”, nadie que nos pidiera cuentas por haber quebrantado su Ley. De todas formas, ese día llegará, “porque está establecido para los hombres que mueran una sola vez y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

La solución no está en negar lo innegable, sino en creer que Dios ha enviado a su propio Hijo, el Señor Jesucristo, para que él cargara con nuestros pecados en la cruz, pagando de su bolsillo los cristales que nosotros hemos roto. Puede haber perdón, y salvación en ese Dios que se ha manifestado al hombre en la persona gloriosa del Señor Jesucristo, siempre y cuando reconozcamos nuestra deuda y nos arrepintamos pidiéndole perdón. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en El cree no se pierda mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Sí que hay dueño en la casa, y debes arreglar las cuentas con El antes que le veas cara a cara, porque en ese momento ya no habrá solución, “he aquí, ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2ª Corintios 6: 2). 

¿Hay alguien allí? Sí. ¿Cuántos cristales más romperás antes de verle cara a cara ? Recuerda que tarde o temprano aparecerá y que tienes una cuenta que saldar con El. Y no olvides que “la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Romanos 6:23). 

¡Tú tienes la respuesta!

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Si falta la disciplina

“Y el rey mandó a Joab, a Abisai y a Itai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalón. Y todo el pueblo oyó cuando dio el rey orden acerca de Absalón a todos los capitanes” (2 Samuel 18:5).  
 
Lectura: Prov. 3:1-12.
 
            La historia de la relación entre David y sus hijos Amnón y Absalón nos toca muy de cerca en una época cuando parece que los padres tienen que consentir a sus hijos para ganar su afecto, cuando las posibilidades para disciplinarlos son muy limitadas, y cuando los hijos pueden denunciar a los padres y la ley fácilmente decanta a favor de los hijos, aun cuando mienten. En tiempos de la abuela, una bofetada bien dada en el momento preciso enderezaba al hijo rápidamente, pero hoy día estos métodos escandalizan a la sociedad. Antes los hijos temían a los padres. Estos solo tenían que decir: “No quiero que nadie tenga nada malo que decirme en cuanto a vosotros”, y los hijos agachaban la cabeza y asentaban sin abrir boca. Determinaban que nunca darían ningún disgusto a sus padres. Pero hoy día los hijos pasan de “lo que dirán”, y de la opinión de sus padres, para hacer lo que quieren, y esto, desgraciadamente, para su propio detrimento.
 
            Conozco la historia de un niño que quedó sin disciplina de bien joven cuando hizo trampa y utilizó la religión para ganarse mucho dinero fácil a espaldas de sus padres. Lo que hizo fue escandaloso, pero como solo tenía unos ocho o nueve años, los padres lo dejaron pasar. No hubo consecuencias. De hecho no hubo disciplina, ni en aquel momento, ni después. Este incidente le marcó el curso de la vida. Fue un momento decisivo. Dejó de respetar a Dios y a sus padres; marcó un antes y un después.
 
De aquel momento en adelante, el niño, y después el joven, iba tras el dinero deshonesto. Iba subiendo sin disciplina, y sin castigo, y sus atropellos iban siendo cada vez más serios a la medida que iba creciendo. Su madre ocultaba a su marido sus travesuras, y luego sus estafas, para proteger a su hijo, y para no dar disgustos a su marido. Su padre nunca llegó a saber ni la mitad de lo que su hijo hacía. Pasó de delincuente a criminal, siempre tras el dinero fácil, y la madre continuó la misma tónica de ocultar sus acciones a su padre y no hacerle pagar las consecuencias de lo que hacía, y esto, en nombre del amor y la misericordia. Primero ella aguardaba la esperanza de que su hijo cambiase, y después, se resignó a que él era así, que había nacido así, y que no había nada que hacer, porque no se podía poner a un hijo en la calle, porque esto sería de mal testimonio. El método de protegerle, ocultar a su padre lo que hacía y permitir que hiciese lo que quisiera condujo a un fin terrible y previsible. Nunca consiguió un trabajo estable. El pecado conduce a la muerte. El suyo destrozó el corazón de sus padres, trajo sufrimiento y vergüenza a la familia, y frustración a sus hermanas que veían todo lo que estaba pasando. Finalmente le llevó a él a una muerte prematura, encontrándose solo y rodeado de miseria.  
 
Cuánto sufrimiento. “Salió, pues, el pueblo al campo contra Israel, y se libró la batalla en el bosque de Efraín” (18:6). Guerra civil, hermano contra hermano, atrocidades y muerte, todo por causa de Absalón.

Enviado por: Hno. Mario Caballero

Soy pequeño, pero amado

“Hiciste al hombre poco menor que un dios, y lo colmaste de gloria y de honra. ¡Lo has hecho señor de las obras de tus manos! ¡Todo lo has puesto debajo de sus pies! Señor y Dios nuestro, ¡cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!” Salmo 8:5-6; 9

Asombrado, el salmista exclamó a Dios: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, y la luna y las estrellas que has creado, me pregunto: ¿Qué es el ser humano, para que en él pienses? ¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta?” (Salmo 8:3-4).

Pequeños, aparentemente insignificantes ante el tamaño del universo, podemos sentirnos perdidos en el espacio. Pero no es así: estamos en las manos de un Dios que se preocupa por nosotros y que hizo al ser humano una criatura maravillosa. Al mirar al cielo, no te sientas perdido. Siéntete encontrado, viendo la grandeza de Dios en el mundo entero y su amor por ti.

Por CPTLN

De mí para tí

En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:32

¡Cambiar de vida! Un cambio radical es dejar de buscar tus propios intereses para ayudar a aquellas personas que necesitan de ayuda. Es el cambio promovido por el amor de Jesús en nuestra vida. El apóstol Pablo escribió: “El que antes robaba, que no vuelva a robar; al contrario, que trabaje y use sus manos para el bien, a fin de que pueda compartir algo con quien tenga alguna necesidad” (Efesios 4:28).

La nueva vida en Jesús no sólo promueve un cambio de hábitos sino también de objetivos y una nueva relación con los bienes y las personas. El objetivo final: “sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (Efesios 4:32).

Por CPTLN

No te dejes engañar

Me asombra que tan pronto se hayan alejado ustedes del que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro evangelio, sino que hay algunos que los perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, les anuncia otro evangelio diferente del que les hemos anunciado, quede bajo maldición.” Gálatas 1:6-8

Jesús dio su vida para que tú, por medio de su gracia, tengas vida eterna, siendo reconciliado con el Creador. Este mensaje de gracia es muy valioso y no puede ser cambiado o confundido. El apóstol Pablo advierte: “Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, les anuncia otro evangelio diferente del que les hemos anunciado, quede bajo maldición” (Gálatas 1:8).

Entonces, no te dejes engañar. Ningún profeta, sacerdote, pastor, líder o incluso un ángel, puede cambiar lo que Dios hizo: él te llamó por medio de la gracia de Cristo.

Por CPTLN

Amnesia

¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Bendiga todo mi ser su santo nombre! ¡Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguna de sus bendiciones! El Señor perdona todas tus maldades, y sana todas tus dolencias. El Señor te rescata de la muerte, y te colma de favores y de su misericordia. El Señor te sacia con los mejores alimentos para que renueves tus fuerzas, como el águila.” Salmo 103:1-5

Cuando pasamos por una crisis en la vida, corremos el riesgo de olvidar cuán bueno es Dios. El salmista quería huir de esa amnesia, por ello escribió: “¡Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguna de sus bendiciones!” (Salmo 103:2).

¿Cuáles son esas bendiciones que recibimos? Dios nos perdona todos los pecados, nos llena la vida de cosas buenas, nos bendice con amor y bondad, juzga a favor de los oprimidos, no se irrita fácilmente y no nos castiga como lo merecemos. Entonces, si estás pasando por una crisis o un momento difícil, no te olvides que Dios sigue siendo amoroso.

Por CPTLN

Da lo que tengas

“Ningún árbol bueno produce frutos malos, ni tampoco un árbol malo produce frutos buenos. Porque cada árbol se conoce por su fruto. No se cortan higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas. El hombre bueno, saca lo bueno del buen tesoro de su corazón. El hombre malo, saca lo malo del mal tesoro de su corazón; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Lucas 6:43-45

Esta historia sucedió en los comienzos de la división entre Berlín Oriental y Berlín Occidental.

Un día, algunas personas de Berlín Oriental, el lado controlado por los comunistas, se apropiaron de un camión lleno de basura y lo descargaron en el lado de Berlín Occidental. Los habitantes de Berlín Occidental podrían haber tratado de vengarse y comenzar así una guerra de basura.

Sin embargo, optaron por llenar un camión con alimentos enlatados, pan y leche, y dejarlo todo prolijamente acomodado en el lado de Berlín Oriental con un cartel que decía: “CADA UNO DA LO QUE TIENE”.

Cuánta verdad hay en esas palabras.

Las personas alegres contagian a los demás con su alegría. Pero los que siempre están enojados, los que tienen celos y envidia, también contagian a quienes están a su alrededor. Cada uno de nosotros, incluyendo a Dios, da de lo que tiene.

Esto me lleva a observar que, aún cuando el mundo parece darnos una cantidad de basura, Dios nos da amor y, a través de su Hijo: perdón, salvación, y vida eterna.

Cada uno da lo que tiene. Permítame hacerle una pregunta. “Hoy, mañana, pasado mañana, ¿qué le va a dar usted a Dios y a los demás?” Es mi oración que sean cosas buenas y no basura, aunque sé que cada uno da lo que tiene.

Por CPTLN

El poder del amor

Leer | Lucas 15.11-24

A veces, cuando leemos la Biblia, no captamos todo el significado de ciertas palabras por las limitaciones de nuestro idioma. Por ejemplo, en castellano solamente tenemos una palabra para “amor”, pero las cartas originales de Pablo, escritas en griego, utilizan dos palabras. Los creyentes tenemos la promesa de que el amor de Dios habitará en nosotros (Ef 3.19). Pero a menudo pensamos que se refiere al amor fileo —el afecto fraternal. Pero la verdad es que el Espíritu Santo manifiesta el amor ágape en nosotros —el amor abnegado y desinteresado.

Nosotros, también, tenemos la capacidad de reflejar el mismo amor que el Señor Jesús demostró en el Calvario. Él describió sutilmente el poder de este amor en su parábola del hijo pródigo. El padre debió de haberse dado cuenta de que el egoísmo y deseo por viajar estaban consumiendo al joven, y que negarle su petición de recibir anticipadamente su herencia lo llevaría al resentimiento. Por eso, a pesar de su sacrificio personal y monetario, el padre le dio a su hijo la herencia. Después, esperó mientras el pródigo aprendía su lección.

No cabe duda de que fue un tiempo difícil. Un buen padre quiere proteger a sus hijos de los errores. Pero el hombre sabio también sabe que las personas deben descubrir las duras verdades por sí mismas. A veces, lo mejor es hacernos a un lado.

El hijo pródigo regresó al hogar, sucio, contrito y buscando un lugar entre los sirvientes. Pero lo que recibió fue todo el amor de su padre y la restauración inmediata como el hijo del amo. Ese es el amor ágape, el amor que gana los corazones y las mentes para el Señor.

Por Min. En Contacto

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