La Gloria Es De Dios Min Int

Dos clases de milagros

“Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” 

(Mateo 11:5).

Cuando Juan el Bautista preguntó si Jesús era el Mesías, le contestaron con estas palabras. La evidencia lo demostraba: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”, unos milagros emocionantes  que daban fe de que el poder de Dios fluía a través de este hombre. Jesús tocaba los ojos de los ciegos y veían. Ponía sus dedos en las orejas de los sordos y oían. Y con tierna compasión predicaba el evangelio a los pobres para que pudiesen tener salud eterna.

Hoy día estamos viendo otra clase de milagros que igualmente demuestran que Jesús es el Mesías. Equipos de médicos y enfermeras cristianos sacrifican vacaciones, tiempo, dinero y comodidad, y regalan sus habilidades para ir a países desesperadamente pobres para predicar el evangelio y curar a los enfermos. Levantan clínicas en medio del desierto y realizan operaciones en condiciones un tanto primitivas para atender a miles de los más pobres del mundo que no tienen esperanza alguna. Estos hombres, mujeres, y niños pobres hacen cola y esperan largo tiempo al sol del desierto para ser atendidos, ¡y vuelven oyendo, viendo y andando!

El milagro consiste en la transformación del corazón que les motiva a hacer este sacrificio, sintiendo verdadera compasión para los que sufren. La profecía se ha cumplido: “Les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne para que anden en mis ordenanzas y guardan mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios” (Ez. 11:19, 20). Un corazón nuevo es un corazón como el de Jesús, capaz de amar y sacrificarse por amor a otros. El milagro ocurre cuando Dios transforma un corazón humano egoísta, inclinado solo a buscar sus propios intereses, en un corazón amante, generoso y compasivo que mueve la persona a hacer lo que puede para ayudar a otros. Es el milagro de la transformación del corazón humano que este mundo necesita más que ninguna otra cosa. ¿Qué otra solución hay para poner fin a religiones hostiles, a guerras crueles, a la corrupción política, a los malos tratos de mujeres, niños, y gente indefensa, salvo un nuevo corazón?

Hoy día, cuando vemos a gente sacrificarse para otros, es un milagro de la gracia de Dios. En medio de la absoluta pobreza del desierto oímos que “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen  y a los pobres es anunciado el evangelio”, tal como ocurrió en tiempos de Jesús. Es igualmente un milagro; es el milagro del corazón transformado que ama. Son dos clases de sanidades obradas por el poder de Dios.   

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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