Mes: noviembre 2019

Llamados a servir

Leer | Mateo 20.20-28

A los cristianos se les conoce en la Biblia con diferentes nombres —creyentes, hermanos y santos—, pero un título que pocas veces nos damos es “servidores de Cristo”. Sin embargo, eso es exactamente lo que el Señor nos pide que seamos. Después de que sus discípulos disputaron en cuanto a quién sería el más grande de todos ellos, el Señor Jesús les hizo un llamado a ser grandes en el reino siendo siervos de todos.

Cristo no es solo nuestro Salvador; es también nuestro Señor y Maestro, y debemos seguir su ejemplo. Así como Él sirvió a su Padre al interesarse por su pueblo, nosotros servimos a nuestro Dios atendiendo amorosamente las necesidades temporales y espirituales de quienes nos rodean.

El servicio es esencial para el crecimiento espiritual. Dios siempre está obrando en la vida del creyente para hacerlo más como Cristo (Ro 8.29). Pero el egocentrismo es un gran obstáculo en este proceso. Servir a los demás es una de las herramientas que el Señor utiliza para sanarnos del egoísmo.

El servicio es necesario para lograr el propósito de Dios. Él ha designado tareas específicas para cada uno de nosotros, que debemos realizar en el curso de nuestra existencia (Ef 2.10). Si solamente recibimos y nunca damos, nos perderemos de lo que Él ha dispuesto para nosotros.

Nunca olvide que usted tiene un llamado especial que se lleva a cabo solo cuando se convierte en un servidor del Señor. Busque las oportunidades que el Señor le dará para servir a otros. Tome su lugar al lado de Cristo, quien fue el siervo más grande de todos.

Por: Min. En Contacto

Es bueno dar gracias a Dios

Leer | SALMO 92.1-5

¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué nos dice la Biblia, una y otra vez, que demos gracias al Señor? La razón principal es porque Él se lo merece. Todo lo que usted y yo somos y tenemos viene de Dios. Él le creó, y es quien mantiene su corazón latiendo. Reclamar su vida como suya y hacer lo que le viene en gana, es la ingratitud más grande. Dios le creó a usted para que lo ame, e hizo un gran sacrificio para librarle del pecado y convertirle en su hijo. Dar gracias al Señor es una manera de honrarlo, reconociendo todo lo que Él ha hecho.

La mayoría de nosotros probablemente tendríamos que reconocer que nuestras oraciones tienden a ser más bien egocéntricas. Venimos con nuestra lista de peticiones, ¿pero cuánto tiempo pasamos dando gracias a Dios por lo que Él ha hecho? El salmista nos dice que comencemos cada mañana enfocándonos en su misericordia para el día que tenemos por delante, confiándole todas nuestras preocupaciones. Después, en la noche, debemos darle gracias por su fidelidad, y fijarnos en las maneras como Él proveyó para nuestras necesidades y guió nuestros pasos.

Aunque hayamos tenido alguna ansiedad o dificultad en el día, aun así podemos dar gracias a Dios por su presencia y por su promesa de hacer que todas las cosas ayuden a nuestro bien (Ro 8.28).

Aparte tiempo esta semana para recordar lo que Dios ha hecho por usted, y dele gracias. Sea creativo, y piense en todas las maneras como puede mostrarle gratitud, y después cante, alábelo y adórelo con júbilo. Al mantener su enfoque en Dios, usted puede tener una actitud de agradecimiento todo el día.

Por: Min. En Contacto

Alégrese siempre

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en todos los problemas. Por eso no tenemos ningún temor. Aunque la tierra se estremezca, y los montes se hundan en el fondo del mar; aunque sus aguas bramen y se agiten, y los montes tiemblen ante su furia.” Salmo 46:1-3

Probablemente no todas las personas se den cuenta que la economía mundial está sufriendo, los expertos parecen estar confundidos, y las compañías y corporaciones, sólidas y fuertes, siguen tambaleándose. Al mismo tiempo, la depresión, el desánimo y la duda son cada vez mayores.

Estamos pasando por una época en que nuestra necesidad por el Salvador debería ser obvia.

Esto me lleva a la historia de Harriet Martineau, una mujer atea del siglo 19. Una mañana ella, junto con una amiga, se detuvieron a contemplar la belleza del otoño. Al ver el sol brillante apareciendo a través de la bruma, la escarcha en la pradera, y las hojas de colores brillantes cayendo a la tierra, Harriet se conmovió tanto por la belleza, que dijo: “Estoy tan agradecida. Estoy tan agradecida por todo esto.”

Al escuchar ese comentario, su amiga, que era cristiana, le pregunto. “¿A quién le estás agradecida?”

En estos mismos momentos hay personas a nuestro alrededor que están buscando un salvador. Sería justo y apropiado que, como cristianos, les sugiriéramos que busquen esperanza y ayuda en EL Salvador. 

Jesucristo, que se dio a sí mismo para ganar nuestra salvación, ha prometido estar con nosotros cada día de nuestra vida. Él nos escucha, nos ayuda, y nos acompaña en los momentos difíciles y en los tiempos felices. 

En esto estamos de acuerdo con el Salmista, que dijo: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en todos los problemas”. Gracias a nuestro Señor, nosotros también podemos decir: “Por eso no tenemos ningún temor. Aunque la tierra se estremezca, y los montes se hundan en el fondo del mar”. Y podríamos seguir: “aunque el mercado de valores esté inestable, y aunque nuestro trabajo y nuestros ahorros estén en peligro”. 

Gracias al Señor de la vida, no necesitamos tener miedo. Él está en control. A Él démosle gracias.

Por: CPTLN

Gracias al Señor

“¡Aleluya! ¡Alabemos al Señor, porque él es bueno, porque su misericordia permanece para siempre.” Salmo 106:1

En los Estados Unidos, este es el tiempo de Acción de Gracias. Por lo menos eso espero.

Hace muchos años escuché la historia de una familia agradecida. Al sentarse a la mesa repleta de pavo y todos los acompañamientos correspondientes, era costumbre primero orar.

Se trataba de una familia que siempre daba gracias antes de la comida, pero el Día de Acción de Gracias, la oración era diferente. 

Ese día, cada persona, comenzando con la de mayor edad, expresaba una razón especial de agradecimiento al Señor por su bendición en su vida. Es claro que también eran prácticos, y no querían que la comida se enfriara, por lo que trataban de ser concisos. Por ejemplo, uno decía que daba gracias por su salud, otro por la familia, etc., etc.

Todos comprendían la regla… menos el hijo menor, de tan sólo cinco años. 

Dado que era la primera vez que iba a participar, se había venido preparado. Primero dio gracias por la mamá que había cocinado el pavo, y el papá que lo había traído del supermercado. Después agradeció por la cajera y por el supermercado donde lo compraron, y también por el granjero que lo había criado, y la compañía que se lo había comprado.

Luego de parar para respirar, dijo: ‘¿Me olvidé de alguien?’. A lo que su hermano mayor dijo: ‘De la única persona que te olvidaste fue de Dios’. Ante lo que el pequeño respondió: ‘Ahora le tocaba a Él’. Y así lo hizo.

Es muy triste que haya tantas personas que nunca, ni siquiera el Día de Acción de Gracias, son capaces de agradecerle al Señor. No le agradecen por las bendiciones terrenales, ni porque les preserva la vida. No le agradecen por el Salvador quien, a través de su sacrificio, nos ha perdonado, rescatado, y abierto las puertas del cielo en donde el Día de Acción de Gracias será celebrado cada día.

Por CPTLN

Nadie tan justo

“No hay en la tierra nadie tan justo que haga el bien y nunca peque.” Eclesiastés 7:20

Al principio iba a pasar el artículo por alto. No era más que otra historia acerca de la campaña nacional que la Asociación Humanista Americana (AHA) está lanzando, desafiando a los cristianos fundamentalistas por el mal uso que hacen de la Biblia.

El artículo parecía una repetición de tantos otros ataques hechos en el pasado por la AHA: los carteles en las calles y los avisos en los buses, las mini campañas a las que la prensa les presta su máxima publicidad, etc.

Pero lo que me llamó la atención fue la última frase de la historia. Decía: ‘El humanismo es la idea de que uno puede ser bueno sin creer en Dios’.

Ser bueno sin Dios. Si la definición de la AHA de ‘ser bueno’ significa no matar a nadie, supongo que la mayoría de sus adherentes son buenos. Si significa que no han estafado en sus declaraciones de impuestos, imagino que algunos serán buenos.

Pero si se trata de ser realmente buenos, los miembros de AHA distan mucho de serlo. Que ¿cómo lo sé? Simple: se pasan atacando a Dios, en quien no creen, e invierten muchísimo tiempo metiéndose con la fe de quienes sí creen. Eso no es ser muy bueno, ¿no es cierto? 

La verdad es que, como dice la Biblia: “No hay en la tierra nadie tan justo que haga el bien y nunca peque”. Usted peca, yo peco, incluso la persona más buena y santa que exista no escapa al hecho de ser pecadora.

Es por ello que, a pesar de lo que diga la AHA, todos necesitamos un Salvador. Necesitamos un Salvador que haga por nosotros lo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos. Necesitamos a alguien que pague el precio de la redención y nos reúna nuevamente con el Padre celestial.

Eso es lo que Jesús hizo por las personas ‘buenas’, por las ‘no tan buenas’, y por las ‘malas’. Gracias a que el Salvador se ofreció a sí mismo, y gracias a que pagó el precio de nuestro rescate, hay perdón y salvación para todos los que creen en él. Todos.

Incluyendo la AHA.

Por: CPTLN

Cómo reconocer la voz de Dios

Leer | MATEO 16.21-25

Desde muy temprana edad, un bebé comienza a identificar las voces de sus padres y a distinguir sus voces de las de otras personas. Del mismo modo, Dios nos ha dado­ la capacidad de reconocer su voz. Con el tiempo, podemos aprender a discernir cuando Él nos habla por medio de su Palabra, sus respuestas a nuestras oraciones, y a identificar a los verdaderos creyentes.

Para identificar la voz de Dios, hágase estas preguntas:

  • •¿El mensaje es coherente con la Palabra de Dios? Al examinar la Sagrada Escritura, sabremos cómo rechazar la voz que nos dice que estamos condenados (Ro 8.1), y aceptar la verdad de que el Señor nos perdona.
  • •¿Lo que escuchamos contradice la lógica humana? Si es así, eso puede venir del Señor. Él nos dice que debemos poner la otra mejilla, amar a nuestros enemigos, y que los últimos serán los primeros.
  • •¿Las palabras de Dios discrepan de nuestros deseos carnales? Él quiere que tengamos un gozo santo, y por eso se niega a complacer nuestros deseos terrenales que están fuera de su plan.
  • •¿Sus palabras desafían nuestra fe? Dios quiere crear en nosotros una fe que profundice la relación que tenemos con Él.
  • •¿Requiere de valentía para obedecer a Dios? Cuando Él habla, normalmente es necesario que tomemos una decisión que exige un sacrificio o un cambio de dirección.

Jesús es el Buen Pastor (Jn 10.11), y Él promete que seremos capaces de distinguir su voz, para que podamos seguirlo. Él no quiere que escuchemos a “extraños”, porque entonces seríamos fácilmente extraviados (vv. 4, 5). ¿No quisiera usted dedicar tiempo a la Palabra de Dios, para que pueda conocer su voz?

Por Min. En Contacto

Para desarrollar un espíritu de siervo


Mateo 20.17-28

La ambición personal y el servicio no siempre son compatibles. De hecho, a menudo se contradicen entre sí. El propósito de un siervo es agradar a su señor en lo que sea necesario, pero la ambición personal se esfuerza por avanzar para provecho propio. Las palabras del Señor en el pasaje de hoy debieron haberles sonado extrañas a los discípulos, ya que, de acuerdo con la mentalidad de su cultura, la grandeza se lograba luchando, no sirviendo.

Al igual que ellos, vivimos en un mundo en el que muchas personas buscan llamar la atención. Se fijan metas, crean planes y hacen lo que sea necesario para lograr lo que se han propuesto. Pero, como cristianos, debemos vivir según una norma diferente: exaltar a Cristo, obedecer sus preceptos y servirlo fielmente al hacer su voluntad, no la nuestra.

No hemos sido llamados a ganar fama ni fortuna, ni dejar nuestras huellas en concreto para que todos las admiren. Nuestra tarea es seguir con humildad las pisadas del Señor Jesucristo. Que nuestra vida tenga un impacto grande o pequeño depende de Dios, no de nosotros. Los más grandes actos de servicio no suelen ser exhibiciones llamativas; son gestos comunes, como ser amable con los extraños, ministrar a otros creyentes y orar por los demás.

El Señor Jesucristo se humilló, renunció a sus derechos y obedeció al Padre hasta el punto de morir en la cruz (Fil 2.5-8). Ser su siervo comienza con la misma actitud. Requiere ayudar a otros cuando no nos resulte cómodo, realizar tareas que no sean llamativas y obedecer al Señor, aunque nos resulte caro. No estamos en este mundo para construir nuestro reino, sino para servir de manera fiel a Dios mientras Él construye el suyo.

Por: Min. En Contacto

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