La Gloria Es De Dios Min Int

Una casa en Jerusalén

“¡Oh Señor Jehová! ¿y tú me has dicho: Cómprate la heredad por dinero, y pon testigos; aunque la cuidad sea entregada en manos de los caldeos?” (Jer. 32:25).

Jeremías se compró un terreno en la Jerusalén porque creía que la ciudad iba a ser reedificada. Fue un acto de fe y obediencia a Dios. De igual manera, nosotros hemos comprado y seguimos comprando propiedad en la Nueva Jerusalén que descenderá del Cielo tal como el Señor Jesús nos ha mandado hacer: “No os hagáis tesoros en la tierra… sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”  (Mat. 6:19-21).

      Santiago, meditando en las palabras de Jesús, lamenta la necedad de los que invierten su dinero en este mundo y no en el otro: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros” (Santiago 5:1-3).Tienen bienes innecesarios que no usan y por esto se estropean. El problema no es tener ropa o plata, es tenerlo amontonado. La ropa puesta no coge moho, la guardada, sí. Estos ricos no usaban los bienes que les sobraban para beneficiar a otros, sino estaban guardándolos para su futuro seguridad. La ironía es que iban a la eternidad en la miseria espiritual.

      Habréis oído la historia de la mujer que murió y fue al cielo. Allí un ángel le estaba conduciendo por las calles de la Ciudad para enseñarle su casa. Iban andando y hablando. La mujer veía casas muy hermosas y era impaciente para ver la que sería suya. Delante de una paró y exclamo cómo que le encantaba. El ángel le dijo que era precisamente la de su criada. La mujer pensó que, si esta era la de su criada, ¡cómo no sería la suya! Seguían andando hasta parar delante de una casa muy pobre. El ángel le dijo: “Lo siento. Esto es todo lo que te pudimos construir con los materiales que nos ibas enviando”.

Jesús contó la historia del hombre que tenía tanta abundancia que no tenía dónde guardarlo: “Y dijo: esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años, repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lu. 12:18-21). El problema no es la riqueza, es la riqueza egoístamente empleada. Y el mayor problema es no tener tesoro guardado en el cielo esperándonos para cuando vayamos allá.

“Haceos tesoro en los cielo… porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lu. 12:34). ¿Dónde está el tuyo?

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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