La Gloria Es De Dios Min Int

Pablo se despide

            Pablo ha sido arrestado otra vez después de escribir 1 Timoteo y Tito. Escribe esta segunda carta a Timoteo desde Roma donde estaba preso. El apóstol comprende que este encarcelamiento tendrá como desenlace su martirio y por eso se dirige otra vez a Timoteo para encargarle que continúe con su ministerio después de su partida.  

            Las circunstancias de Pablo no son muy halagüeñas. Muchos han abandonado la fe, entre ellos, amigos personales, y el apóstol está solo: “Ya sabes que me abandonaron todos lo que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes” (1:15). En esos días grises, el amor de Timoteo le es un consuelo muy grande: “Sin cesar me acuerde de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo” (1:3, 4). Pablo se consuela recordando las lágrimas de Timoteo cuando se despidieron la vez anterior. Con una vida tan precaria, nunca sabían si iban a volver a encontrarse. Timoteo, sí, le amaba de verdad, como si Pablo fuere su padre. Y Pablo le amaba como hijo. En la oscuridad, soledad y frialdad de la cárcel, el amor de Timoteo le daba gozo al veterano apóstol. Quería verle una vez más antes de abandonar esta vida.

            Pablo recuerda como conoció a Timoteo: “Después (Pablo) llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. Quiso Pablo que éste fuese con él” (Hechos 16:1-3). Se acuerda de su familia: “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela, Loida, y en tu madre Eunice” (1Tim. 1:5). Pues, desde aquel día Timoteo se incorporó en el equipo misionero de Pablo y le acompañó en sus viajes hasta la fecha.

            Ahora, si tú fueras a escribir una última carta a tu amado hijo y discípulo, tu última voluntad y testimonio al que va a heredar tu ministerio, ¿qué dirías? Es abundantemente claro que Pablo le quiere, pero no le escribe con sentimentalismos, sino con autoridad apostólica, mandándole a cumplir con fidelidad el ministerio que recibió del Señor y a guardar el depósito de la fe que le ha sido encomendado: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, a Timoteo amado hijo” (1 Timo 1:1,2). Hace constar que estas palabras no le vienen solo con el cariño de un amigo, sino con autoridad apostólica, respaldada por Dios mismo, como expresión de la voluntad de Dios para él. El asunto es muy serio. Más allá de la amistad humana está el futuro del evangelio en el mundo, y esto va a recaer sobre los hombros del joven Timoteo. Este amado hijo tendrá que ocupar el vacante que va a dejar el insustituible apóstol Pablo.   

Enviado por Hno. Mario Caballero 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .