La Gloria Es De Dios Min Int

Todo viene por medio de la fe en las promesas de Dios

“Nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ella llegaseis a ser participes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4).

Hemos sido salvos, hemos nacido de nuevo y hemos llegado a participar de la naturaleza divina por medio de nuestra fe en las grandísimas promesas de Dios: “Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna” (1 Juan 2:25). ¡Mira si es importante la fe! Por medio de la fe hemos recibido una herencia eterna: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (1 Pedro 1:3, 4). Por medio de la fe superamos todas las pruebas de la vida: “Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:5). Perseveremos por medio de la fe y al final recibimos lo prometido: “Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1 Pedro 1:9).

Ánimo, hermanos, sigamos adelante para conseguir el premio: “Por tanto, nosotros también teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos (Abraham, Isaac, Jacob…), despojemos de todo peso del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Heb. 12:1-2). Cuando sufrimos, recordemos sus sufrimientos para conseguir ánimo: “El cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad aquel que sufrió tan contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Heb. 12: 2,3). Tenemos el gozo de una herencia eterna por delante, la prueba, “por un poco de tiempo”, en el presente, y el ejemplo de todos los hombres de la fe, y el ejemplo supremo de Señor Jesucristo, para estimularnos a seguir corriendo a pesar de todas las pruebas, dificultades, penas, contratiempos, decepciones, desengaños, y sufrimientos momentáneas, que no son comparables con el eterno peso de gloria que Dios nos ha prometido: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sin las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Cor. 4:17, 18).

Lo que se ve es un suculento y delicioso plato de lentejas que promete satisfacer nuestra hambre de momento, y lo que no se ve es el eterno peso de gloria, la herencia incorruptible, reservada en los cielos para nosotros. La fe extiende la mano hacia lo invisible, mira hacia arriba, y sigue subiendo el pendiente con los ojos puestos en los de Jesús, quien devuelve la mirada, cariñosamente animándonos.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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