La Gloria Es De Dios Min Int

Dios buscando frutos

“Un hombre plantó una viña… la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña” (Marcos 12:1-2).

Dios está buscando fruto de su pueblo. Jesús esperaba encontrar fruto en la higuera y no lo hubo. Dios esperaba recibir el fruto de su viña y no la recibió. Existimos para dar fruto para Dios. Es una suprema satisfacción para el Señor ver vidas fructíferas de santidad, obediencia, compasión, misericordia, bondad, y todos los demás frutos del Espíritu Santo. ¡Qué decepción cuando Jesús se acercó a la higuera y solo halló hojas! ¡Qué frustración y desencanto para Dios cuando no recibió el fruto de su Viña! “¡Ay de mí! Porque soy como los recogedores de frutos, como los rebuscadores en la vendimia. No hay racimo de uvas que comer, ni higo temprano que tanto deseo” (Miqueas 7:1, LBLA). En esta profecía, Israel es como la higuera que Jesús maldijo porque no dio fruto y como la viña que tampoco produjo para su señor. De los labios de Dios se le escapa un “¡Ay de mí!”.

En esta parábola, Dios es el dueño de la viña, Israel la viña del Señor, los labradores son los líderes religiosos, los siervos son los profetas, el hijo del dueño es Jesús, y el fruto deseado son vidas de justicia para la gloria de Dios. Porque no lo hay, la viña es dada a otros. Esto tiene unas implicaciones muy importantes en la historia de la obra de Dios. Significa que Israel ya no es su pueblo, que uno no tiene que ser prosélito al judaísmo para salvarse, que el reino de Dios ya va a formarse de aquellas personas, gentiles o judías, que se conviertan al Señor Jesucristo, y el pueblo de Dios serán los redimidos por su sangre. La viña ya ha sido dada a otros labradores, que ya no son los sacerdotes, escribas y ancianos, sino los pastores del rebaño de Dios, los líderes cristianos. Israel ha rechazado a su Mesías. El judaísmo ha fallado. Los judíos no han producido el fruto tanto deseado y esperado por Dios. Rechazaron a su amado Hijo porque sus obras eran malas, sus corazones estaban endurecidos, profesaban conocer a Dios con sus labios, pero sus corazones estaban lejos de Él, y esto se manifestó en vidas estériles, sin fruto para Dios.

Siguiendo con la misma imagen de la vid, en Juan 15 Jesús se nos habla de cómo se produce el fruto que Dios tanto desea. Jesús ya no es la viña, ¡es una sola Vid (el nuevo Israel) que produce tanto fruto que llena el mundo de él! Uno solo hizo lo que todo Israel nunca pudo hacer. El fruto es el fruto del Espíritu Santo producido por creyentes que permanecen en Cristo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gál. 5:22-23). Notemos que este fruto es producido por el Espíritu Santo, no por el creyente. El creyente sólo tiene que permanecer, de mantenerse cerca del Señor Jesús, obediente, conectado con Él, y la sabia del Espíritu fluyendo por él produce el fruto que satisface el corazón de Dios: personas semejantes a su Hijo, manifestando los frutos que caracterizó Su vida, y caracterizará Su vida en nosotros, una cosecha abundante para Dios.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

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