Mes: julio 2019

Las condecoraciones

Cada año los jefes de Estado y sus ministros conceden cierto número de condecoraciones a algunas personas que lo merecen en todas las disciplinas o profesiones. El día de la ceremonia los galardonados se presentan ante los altos funcionarios, quienes ponen una medalla en su pecho y los felicitan calurosamente. La prensa informa y publica fotos sobre el suceso.


Los cristianos tenemos el privilegio de servir a un Señor. Y mucho más que las autoridades de este mundo, el Señor está atento a la fidelidad de los suyos. Él ve y sabe todo; no olvida nada de lo que hacemos por él. Jesús, el justo Juez, sabrá recompensarnos un día (Hebreos 11:6).


En todo lo concerniente al juicio humano, puede haber injusticias: recompensas dadas injustamente o recompensas que no fueron atribuidas a personas que lo merecían. En oposición a las distinciones humanas, la recompensa que el Señor prepara para cada uno de los suyos no será el resultado de ningún error, sino que retribuirá exactamente todo lo que haya sido hecho para él.


No obstante, aunque la Biblia menciona la recompensa para animar al creyente, éste no trabaja con miras a ella, sino por amor y agradecimiento a su Señor.


¿Qué podríamos desear más que la aprobación del Señor?
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse” (2 Timoteo 2:15).

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Juan 8:31-32

Enviado por Mario Caballero

Huellas imborrables

No me agradó nada descubrir la huella de un pequeño pie en la superficie de cemento fresco, por lo cual llamé a los cuatro niños y les pregunté: «¿Quién caminó por aquí, a pesar de haberles prohibido hacerlo?». Nadie me respondió, pero el tamaño de la huella delataba al culpable. Era una huella imborrable que recordaría a este niño su desobediencia cada vez que pasara por allí.


Así sucede con algunos de nuestros errores. Pueden dejar en nuestra mente y en la de los que nos rodean huellas e impresiones desagradables que en algunos casos jamás podrán ser borradas durante nuestra vida en la tierra.
Pero sobre todo recordemos que Dios conoce todos nuestros pensamientos, palabras y hechos. Es un pensamiento impresionante, el cual podría ser desesperante sin la luz que nos da la Palabra.


Por nosotros mismos no podemos borrar del libro de la vida ninguno de nuestros pecados. Sin embargo, Dios mismo los borrará en nuestro lugar, si vamos a él confesándole nuestra culpa y creyendo en su Hijo muerto y resucitado.


Él prometió: “A ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados… Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 38:17; 43:25; 44:22).

Cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.

1 Corintios 3:8

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Mateo 25:21

Enviado por Mario Caballero

Jesús, el gran piloto


Un poeta inglés escribió: «Soy señor de mi destino, soy el capitán de mi alma».


Esa sí que es una persona fuerte, pensará usted. El futuro en la tierra y el más allá no lo asustan. Es el único capitán a bordo. Sin embargo, poco tiempo después este escritor perdió a su hija de cinco años, y fue dominado por el dolor. Y acercándose al final de su vida, no podía ocultar su desesperación.


¡Pobre señor de su destino, incapaz de estar seguro del siguiente minuto! Sus días se van como llevados por un torrente, y ni siquiera puede reducir su velocidad. Se cree «capitán de su alma», pero pregúntele en qué puerto echará el ancla. Probablemente le responda que no sabe.


Lo quiera o no, no podrá impedir que su alma comparezca ante Dios. Y allí tendrá que responder a esta pregunta: «¿Qué hiciste del sacrificio de Jesús, mi amado Hijo?». ¡Es imposible escapar de la justicia divina! Antes de juzgarlo, Dios amó al culpable. Hizo todo para salvarlo; lo único que le pedía era creer. Si el hombre no quiso creer, es su responsabilidad. Así como el amor divino fue ilimitado, la justicia se aplicará sin rebaja.


Confíe el timón de su vida a Jesús, el gran piloto. Sólo él puede volver a orientar el timón y llevar su barca con seguridad hasta el puerto. ¡Confíe en él; nunca se arrepentirá!


“Tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros, la cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo (en el cielo), donde Jesús entró por nosotros” (Hebreos 6:18-20).

Enviado por Hno. Mario Caballero

Jacob, ejemplo de los que mueren con fe

“Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándole de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver, pero anhelaba una mejor, esto es, celestial: por lo cual Dios no avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abraham,…Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón” (Heb. 11:13-21).

                      Tenemos a Jacob al principio de la Biblia con todos sus defectos buscando una herencia espiritual y ¡al final de la Biblia le tenemos como ejemplo de la fe!, como heredero de la eterna Tierra Prometida, la que nunca dejará de ser. Como él esperamos una “herencia incorruptible, incontaminada, e inmarcesible, reservada en los cielos para nosotros” (1 Pedro 14).“Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido”(Heb. 11: 39), porque lo prometido fue Jesús y Dios quería esperar para que nosotros los gentiles pudiésemos entrar en esta herencia para poder sentarnos en la mesa con Abraham, Isaac, y Jacob en el reino de los cielos (Mat. 8:11).

                      ¿Por qué tarda Dios tanto en cumplir sus promesas? “En los postreros días vendrán burladores,…diciendo: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación”. Así hablan los que no tienen fe. El apóstol les contesta: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:3-9). Dios está esperando que se complete el número de redimidos. Nosotros estamos esperando nuevos cielos y nueva tierra donde mora la justicia (2 Pedro 3:13). Todos esperamos. Pero un día la última persona que tiene que convertirse se convertirá, el Señor Jesús bajará del cielo y el glorioso templo, de Dios, compuesto de piedras vivas de todas las naciones del mundo, estará completa; bajara el nuevo Jerusalén del cielo y la morada de Dios será con los hombres.

                      ¡Abraham, Isaac y Jacob heredarán la tierra!, tal como Dios les prometió,  no solo un pequeño país, sino el mundo entero (Rom. 4:13). Esaú vendió todo esto por un plato de lentejas; Jacob lo consiguió por engaño, pero lo quiso, y esto es lo que cuenta. Nuestro corazón puede ser corrupto, pero está puesto en el lugar correcto; no somos perfectos, pero somos santos, y deseamos las riquezas eternas. ¡Dios nos ha regalado el reino!  Jacob edificaba altares, Dios edificó Uno, y por la Sangre de este altar somos incorporados en la línea del Mesías y heredamos el mundo juntamente con Jacob. ¡Maravillosa gracia a nosotros pecadores!

Enviado por Hno. Mario Caballero

Nuestra entrada en el reino eterno

“Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:11).

            Algunos piensan que no importa cómo llegamos al cielo, si entramos por los pelos, salvos como si por fuego, da igual, lo importante es llegar. Con esta lógica no importa si viajamos en primera o segunda clase, igualmente llegamos al destino, ¿o no? Desembarcan del avión dos hombres, uno trajeado que ha viajado en primera, para resumir sus responsabilidades de alto cargo en el gobierno del estado, y otro, pobre, buscando trabajo en la ciudad. Éste va vestido de chándal y lleva todas sus pertenencias en una mochila en la espalda. No hay nadie esperándole. Buscará una pensión para pasar la noche y luego empezará a caminar por las calles preguntando por los puestos más bajos de trabajo. En cambio, cuando el trajeado baja del avión, hay una comitiva esperándole para conducirle a su hotel de cinco estrellas en un Mercedes con chófer. Le espera un trabajo muy importante. ¿Da igual cómo hemos entrado en el cielo? ¿Tendrá algo que ver con los cargos que ocuparemos después?

            José María Martinez en su libro “Tu Vida Cristiana” describe dos entradas de veleros en el Puerto Eterno. Uno llega con el viento en popa, sus velas desplegadas, glorioso y magnífico a la luz de la aurora. Entra con gracia y elegancia ante los ojos de los admiradores que lo esperan en la otra ribera. Es recibido con aplausos, exclamaciones y gran celebración. Otro barco llega medio naufragado, con el mástil roto, las velas hechas trizas, casi hundido, siendo arrastrado por un remolcador. Es dejado solo en la playa, la mayor parte de ella solo sirve de chatarra. ¿Qué recibimiento quieres tener tú? Quieres llegar cabizbaja y avergonzado o para la gloria de Dios?

            A Pedro le fue otorgado un amplia y generosa entrada en el reino eterno, no con la pompa y ceremonia del primer Papa, sino con la majestuosa humildad del sirvo de Jesucristo, crucificado como Él, pero con la cabeza hacia abajo, porque no se consideró digno de morir de misma manera en que murió su Maestro. Con qué amor, qué abrazos y qué celebración le habrá recibido su Señor y Amigo cuando pasó por las Puertas Eternas en su entrada triunfal al reino glorioso de su amado Salvador. Habrá subido el grito: “¡Ha llegado Pedro!”, el transformado y valiente pescador de hombres que no temió la muerte, sino que pudo ver más allá de la tumba a la gloria que le esperaba.

            Pedro escribió estas líneas “sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado” (v. 14). Esta es la entrada que él anticipaba para sí mismo dentro de poco, y la que deseaba para todos sus lectores. Es la que anhelamos nosotros, los que amamos entrañablemente a nuestro Señor y Salvador. Queremos entrar en su presencia, victoriosos, en medio de exclamaciones de júbilo y alabanzas a Dios, porque nosotros, por su gracia, también hemos sido vencedores. “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Ap. 3:21).

Enviado por el Hno. Mario Caballero

El mundano y el impío en los Salmos

Los Salmos índicados a continuación pertenecen a este tema y cuentan con varios sub-temas que se encuentran en los Salmos 1, 4, 5, 10, 37, 73 9, 11 y 49

Sub-tema Contraste con el piadoso

Salmos 1

1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.

3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.

4 No así los malos,
Que son como el tamo que arrebata el viento.

5 Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio,
Ni los pecadores en la congregación de los justos.

6 Porque Jehová conoce el camino de los justos;
Mas la senda de los malos perecerá.

Salmos 4

1 Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia.
Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar;
Ten misericordia de mí, y oye mi oración.

2 Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia,
Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Selah

3 Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí;
Jehová oirá cuando yo a él clamare.

4 Temblad, y no pequéis;
Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Selah

5 Ofreced sacrificios de justicia,
Y confiad en Jehová.

6 Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien?
Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro.

7 Tú diste alegría a mi corazón
Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.

8 En paz me acostaré, y asimismo dormiré;
Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.

Salmos 5

1 Escucha, oh Jehová, mis palabras;
Considera mi gemir.

2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío,
Porque a ti oraré.

3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz;
De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.

4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad;
El malo no habitará junto a ti.

5 Los insensatos no estarán delante de tus ojos;
Aborreces a todos los que hacen iniquidad.

6 Destruirás a los que hablan mentira;
Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.

7 Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa;
Adoraré hacia tu santo templo en tu temor.

8 Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos;
Endereza delante de mí tu camino.

9 Porque en la boca de ellos no hay sinceridad;
Sus entrañas son maldad,
Sepulcro abierto es su garganta,
Con su lengua hablan lisonjas.

10 Castígalos, oh Dios;
Caigan por sus mismos consejos;
Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera,
Porque se rebelaron contra ti.

11 Pero alégrense todos los que en ti confían;
Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes;
En ti se regocijen los que aman tu nombre.

12 Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo;
Como con un escudo lo rodearás de tu favor.

Sub-Tema demora de su castigo Salmos 10

Salmos 10

1 ¿Por qué estás lejos, oh Jehová,
Y te escondes en el tiempo de la tribulación?

2 Con arrogancia el malo persigue al pobre;
Será atrapado en los artificios que ha ideado.

3 Porque el malo se jacta del deseo de su alma,
Bendice al codicioso, y desprecia a Jehová.

4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios;
No hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

5 Sus caminos son torcidos en todo tiempo;
Tus juicios los tiene muy lejos de su vista;
A todos sus adversarios desprecia.

6 Dice en su corazón: No seré movido jamás;
Nunca me alcanzará el infortunio.

7 Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude;
Debajo de su lengua hay vejación y maldad.

8 Se sienta en acecho cerca de las aldeas;
En escondrijos mata al inocente.
Sus ojos están acechando al desvalido;

9 Acecha en oculto, como el león desde su cueva;
Acecha para arrebatar al pobre;
Arrebata al pobre trayéndolo a su red.

10 Se encoge, se agacha,
Y caen en sus fuertes garras muchos desdichados.

11 Dice en su corazón: Dios ha olvidado;
Ha encubierto su rostro; nunca lo verá.

12 Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano;
No te olvides de los pobres.

13 ¿Por qué desprecia el malo a Dios?
En su corazón ha dicho: Tú no lo inquirirás.

14 Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano;
A ti se acoge el desvalido;
Tú eres el amparo del huérfano.

15 Quebranta tú el brazo del inicuo,
Y persigue la maldad del malo hasta que no halles ninguna.

16 Jehová es Rey eternamente y para siempre;
De su tierra han perecido las naciones.

17 El deseo de los humildes oíste, oh Jehová;
Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído,

18 Para juzgar al huérfano y al oprimido,
A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra.

Sub-tema Su prósperidad Salmos 37 y 73

Salmos 37

1 No te impacientes a causa de los malignos,
Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.

2 Porque como hierba serán pronto cortados,
Y como la hierba verde se secarán.

3 Confía en Jehová, y haz el bien;
Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.

4 Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón.

5 Encomienda a Jehová tu camino,
Y confía en él; y él hará.

6 Exhibirá tu justicia como la luz,
Y tu derecho como el mediodía.

7 Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.
No te alteres con motivo del que prospera en su camino,
Por el hombre que hace maldades.

8 Deja la ira, y desecha el enojo;
No te excites en manera alguna a hacer lo malo.

9 Porque los malignos serán destruidos,
Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.

10 Pues de aquí a poco no existirá el malo;
Observarás su lugar, y no estará allí.

11 Pero los mansos heredarán la tierra,
Y se recrearán con abundancia de paz.

12 Maquina el impío contra el justo,
Y cruje contra él sus dientes;

13 El Señor se reirá de él;
Porque ve que viene su día.

14 Los impíos desenvainan espada y entesan su arco,
Para derribar al pobre y al menesteroso,
Para matar a los de recto proceder.

15 Su espada entrará en su mismo corazón,
Y su arco será quebrado.

16 Mejor es lo poco del justo,
Que las riquezas de muchos pecadores.

17 Porque los brazos de los impíos serán quebrados;
Mas el que sostiene a los justos es Jehová.

18 Conoce Jehová los días de los perfectos,
Y la heredad de ellos será para siempre.

19 No serán avergonzados en el mal tiempo,
Y en los días de hambre serán saciados.

20 Mas los impíos perecerán,
Y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros
Serán consumidos; se disiparán como el humo.

21 El impío toma prestado, y no paga;
Mas el justo tiene misericordia, y da.

22 Porque los benditos de él heredarán la tierra;
Y los malditos de él serán destruidos.

23 Por Jehová son ordenados los pasos del hombre,
Y él aprueba su camino.

24 Cuando el hombre cayere, no quedará postrado,
Porque Jehová sostiene su mano.

25 Joven fui, y he envejecido,
Y no he visto justo desamparado,
Ni su descendencia que mendigue pan.

26 En todo tiempo tiene misericordia, y presta;
Y su descendencia es para bendición.

27 Apártate del mal, y haz el bien,
Y vivirás para siempre.

28 Porque Jehová ama la rectitud,
Y no desampara a sus santos.
Para siempre serán guardados;
Mas la descendencia de los impíos será destruida.

29 Los justos heredarán la tierra,
Y vivirán para siempre sobre ella.

30 La boca del justo habla sabiduría,
Y su lengua habla justicia.

31 La ley de su Dios está en su corazón;
Por tanto, sus pies no resbalarán.

32 Acecha el impío al justo,
Y procura matarlo.

33 Jehová no lo dejará en sus manos,
Ni lo condenará cuando le juzgaren.

34 Espera en Jehová, y guarda su camino,
Y él te exaltará para heredar la tierra;
Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás.

35 Vi yo al impío sumamente enaltecido,
Y que se extendía como laurel verde.

36 Pero él pasó, y he aquí ya no estaba;
Lo busqué, y no fue hallado.

37 Considera al íntegro, y mira al justo;
Porque hay un final dichoso para el hombre de paz.

38 Mas los transgresores serán todos a una destruidos;
La posteridad de los impíos será extinguida.

39 Pero la salvación de los justos es de Jehová,
Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.

40 Jehová los ayudará y los librará;
Los libertará de los impíos, y los salvará,
Por cuanto en él esperaron.

Salmos 73

1 Ciertamente es bueno Dios para con Israel,
Para con los limpios de corazón.

2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;
Por poco resbalaron mis pasos.

3 Porque tuve envidia de los arrogantes,
Viendo la prosperidad de los impíos.

4 Porque no tienen congojas por su muerte,
Pues su vigor está entero.

5 No pasan trabajos como los otros mortales,
Ni son azotados como los demás hombres.

6 Por tanto, la soberbia los corona;
Se cubren de vestido de violencia.

7 Los ojos se les saltan de gordura;
Logran con creces los antojos del corazón.

8 Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia;
Hablan con altanería.

9 Ponen su boca contra el cielo,
Y su lengua pasea la tierra.

10 Por eso Dios hará volver a su pueblo aquí,
Y aguas en abundancia serán extraídas para ellos.

11 Y dicen: ¿Cómo sabe Dios?
¿Y hay conocimiento en el Altísimo?

12 He aquí estos impíos,
Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.

13 Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón,
Y lavado mis manos en inocencia;

14 Pues he sido azotado todo el día,
Y castigado todas las mañanas.

15 Si dijera yo: Hablaré como ellos,
He aquí, a la generación de tus hijos engañaría.

16 Cuando pensé para saber esto,
Fue duro trabajo para mí,

17 Hasta que entrando en el santuario de Dios,
Comprendí el fin de ellos.

18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos;
En asolamientos los harás caer.

19 !!Cómo han sido asolados de repente!
Perecieron, se consumieron de terrores.

20 Como sueño del que despierta,
Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia.

21 Se llenó de amargura mi alma,
Y en mi corazón sentía punzadas.

22 Tan torpe era yo, que no entendía;
Era como una bestia delante de ti.

23 Con todo, yo siempre estuve contigo;
Me tomaste de la mano derecha.

24 Me has guiado según tu consejo,
Y después me recibirás en gloria.

25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

26 Mi carne y mi corazón desfallecen;
Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

27 Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán;
Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta.

28 Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien;
He puesto en Jehová el Señor mi esperanza,
Para contar todas tus obras.

Sub-tema el Destino en los Salmos 9 y 11

Salmos 9

1 Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón;
Contaré todas tus maravillas.

2 Me alegraré y me regocijaré en ti;
Cantaré a tu nombre, oh Altísimo.

3 Mis enemigos volvieron atrás;
Cayeron y perecieron delante de ti.

4 Porque has mantenido mi derecho y mi causa;
Te has sentado en el trono juzgando con justicia.

5 Reprendiste a las naciones, destruiste al malo,
Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre.

6 Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre;
Y las ciudades que derribaste,
Su memoria pereció con ellas.

7 Pero Jehová permanecerá para siempre;
Ha dispuesto su trono para juicio.

8 El juzgará al mundo con justicia,
Y a los pueblos con rectitud.

9 Jehová será refugio del pobre,
Refugio para el tiempo de angustia.

10 En ti confiarán los que conocen tu nombre,
Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.

11 Cantad a Jehová, que habita en Sion;
Publicad entre los pueblos sus obras.

12 Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos;
No se olvidó del clamor de los afligidos.

13 Ten misericordia de mí, Jehová;
Mira mi aflicción que padezco a causa de los que me aborrecen,
Tú que me levantas de las puertas de la muerte,

14 Para que cuente yo todas tus alabanzas
En las puertas de la hija de Sion,
Y me goce en tu salvación.

15 Se hundieron las naciones en el hoyo que hicieron;
En la red que escondieron fue tomado su pie.

16 Jehová se ha hecho conocer en el juicio que ejecutó;
En la obra de sus manos fue enlazado el malo. Higaion. Selah

17 Los malos serán trasladados al Seol,
Todas las gentes que se olvidan de Dios.

18 Porque no para siempre será olvidado el menesteroso,
Ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente.

19 Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre;
Sean juzgadas las naciones delante de ti.

20 Pon, oh Jehová, temor en ellos;
Conozcan las naciones que no son sino hombres. Selah

Salmos 11

1 En Jehová he confiado;
¿Cómo decís a mi alma,
Que escape al monte cual ave?

2 Porque he aquí, los malos tienden el arco,
Disponen sus saetas sobre la cuerda,
Para asaetear en oculto a los rectos de corazón.

3 Si fueren destruidos los fundamentos,
¿Qué ha de hacer el justo?

4 Jehová está en su santo templo;
Jehová tiene en el cielo su trono;
Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres.

5 Jehová prueba al justo;
Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece.

6 Sobre los malos hará llover calamidades;
Fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos.

7 Porque Jehová es justo, y ama la justicia;
El hombre recto mirará su rostro.

Sub-tema Confianza en las riquezas Salmos 49

Salmos 49

1 Oíd esto, pueblos todos;
Escuchad, habitantes todos del mundo,

2 Así los plebeyos como los nobles,
El rico y el pobre juntamente.

3 Mi boca hablará sabiduría,
Y el pensamiento de mi corazón inteligencia.

4 Inclinaré al proverbio mi oído;
Declararé con el arpa mi enigma.

5 ¿Por qué he de temer en los días de adversidad,
Cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare?

6 Los que confían en sus bienes,
Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan,

7 Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano,
Ni dar a Dios su rescate

8 (Porque la redención de su vida es de gran precio,
Y no se logrará jamás),

9 Para que viva en adelante para siempre,
Y nunca vea corrupción.

10 Pues verá que aun los sabios mueren;
Que perecen del mismo modo que el insensato y el necio,
Y dejan a otros sus riquezas.

11 Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas,
Y sus habitaciones para generación y generación;
Dan sus nombres a sus tierras.

12 Mas el hombre no permanecerá en honra;
Es semejante a las bestias que perecen.

13 Este su camino es locura;
Con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos. Selah

14 Como a rebaños que son conducidos al Seol,
La muerte los pastoreará,
Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana;
Se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada.

15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol,
Porque él me tomará consigo. Selah

16 No temas cuando se enriquece alguno,
Cuando aumenta la gloria de su casa;

17 Porque cuando muera no llevará nada,
Ni descenderá tras él su gloria.

18 Aunque mientras viva, llame dichosa a su alma,
Y sea loado cuando prospere,

19 Entrará en la generación de sus padres,
Y nunca más verá la luz.

20 El hombre que está en honra y no entiende,
Semejante es a las bestias que perecen.

Los ángeles vuelven al cielo

“Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado”(Luc. 2.15).

“Cuando los ángeles se fueron de ellos” No fueron muy lejos, porque llegaron enseguida. Es una manera humana de decir que desaparecieron de vista. En Navidad, el cielo y la tierra están en constante interacción. Ángeles bajan y suben, como en la escalera de Jacob, sobre el Hijo de Dios. Bajan para la anunciación, para hablar con Zacarías, para hablar con los pastores, etc. Parece que el cielo está abierto, ¡que el Hijo de Dios dejó la puerta abierta cuando descendió y trajo el cielo consigo!

            Durante su ministerio público, Jesús siempre tuvo fácil acceso al cielo. Era muy consciente de su doble ubicación: habló del “Hijo de Hombre que está en el cielo”: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo” (Juan 3:13), y de que, si hubiese querido, podría haber pedido al Padre y le habría mandado legiones de ángeles para defenderle (Mat. 26:53). No tardarían nada en llegar para socorrerle, porque el cielo no está lejos. Parece que está presente, pero en otra dimensión que nosotros no entendemos. Erramos cuando pensamos que el cielo es un lugar geográfico más allá del sol. Los que suben en naves espaciales no dan con él, porque no está años luz distante. Si así fuese el caso, los ángeles habrían tardado meses o años en volver al cielo, pero ya habían llegado cuando los pastores se decían unos a otros:“Pasemos, pues, hasta Belén…”.

            El caso es que Jesús vino del cielo para abrirnos el cielo, trayendo el cielo consigo, y muere para que podamos ir al cielo. Esto ya lo sabemos. Pero en un sentido espiritual, cuando nace en nuestros corazones, lo mismo ocurre. Viene a vivir en nosotros dejando la puerta del cielo abierto para nosotros. Trae el cielo consigo, y empezamos a vivir las realidades celestiales. Estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales (Ef. 2:6). El Padre viene para morar con nosotros (Juan 14:23). Ángeles nos atienden (Heb. 1:14), y vivimos el ambiente del cielo: su paz, su gozo, su luz, armonía y bienestar, también su orden y su gobierno; hacemos la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos.

            Hablando del día de nuestra conversión, el himno dice: “El cielo descendió y gloria llenó mi alma”. Esta es la realidad del creyente. Vive con el cielo abierto, el cielo dentro, los ángeles de Dios suben y descienden sobre él y hay comunicación constante con el cielo. Muere, y cierra los ojos en este mundo y los abre en un segundo en el cielo, porque el cielo está muy cerca.

            Padre, te adoramos porque en Jesús el cielo es real, es aquí y es ahora. Amén. 

Enviado por Hno. Mario Caballero

El paraíso también es para usted

Quizá lo ignore, o más bien quiera negarlo… pero lo cierto es que usted puede asegurarse un lugar en el paraíso, ese lugar de infinita felicidad. Jesús lo pagó para nosotros con su propia vida. Desde ahora nos invita a apropiarnos de ese lugar.


Sus manos llevan las marcas de las heridas que le hicieron en la cruz del Gólgota, cuando fue crucificado. Usted sabe, porque lo oyó o lo leyó en la Biblia, que él se entregó voluntariamente a los soldados que fueron a arrestarlo, porque vino de parte del Padre para salvarnos. Usted sabe que necesita ser salvo.


Entonces considere el sufrimiento del Señor Jesús; él fue azotado, humillado, crucificado por los hombres, pero dio su vida por usted. Cuando eso sucedió, él sabía que usted vendría al mundo y lo necesitaría. Mire sus manos y su costado traspasado por donde salió la sangre; comprenderá que no se puede añadir nada a esa salvación: Jesús la ofrece a todo el que desea recibirle. Si usted acepta a Jesucristo como su Salvador, es sanado de su estado de pecado mediante Sus sufrimientos en la cruz. Por Su condenación, por el abandono que sufrió de parte de Dios, sus pecados fueron expiados y usted es salvo, al creer en Jesús. Entonces, él le pone en contacto con el Padre, quien nunca le abandonará.


“Somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). ¡El paraíso fue adquirido para usted a un alto precio! ¿Desea entrar en él?

Enviado por: Hno. Mario Caballero

Hoy

Vivimos en el tiempo, maravilloso regalo de Dios. Él nos da un tiempo para cada cosa, así que no debemos despilfarrarlo.
A menudo oímos decir: «Tengo prisa; la vida es demasiado corta». La gente se queja del estrés, esa enfermedad moderna.
Dios le da cada instante, cada día; es un regalo muy valioso que usted posee: hoy puede ser feliz, pero no puede hacer nada con el ayer, ni con el mañana. La mayoría de nuestros males provienen del recuerdo de los fracasos del pasado o del miedo al mañana.


Viva el “hoy”, y vívalo de verdad. Los «ayeres» Dios se los llevó, y los «mañanas» aún están en sus manos. Utilice el hoy para amar a Dios, para dialogar con él. Dios le hablará mediante la Biblia, y usted le responderá por medio de la oración. Muéstrele que le ama aprovechando cada oportunidad para servir a su prójimo, pero no tomándolo como una obligación, sino por amor, porque usted mismo es amado por su Padre celestial. Aproveche cada hora y cada minuto para hacer el bien, y por la noche no olvide decirle: ¡Gracias, Señor, por este hoy!
«Señor, ayúdame a apartar cada día un momento para estar contigo, el tiempo necesario para escuchar a los demás, para admirar, reflexionar, sonreír, sin olvidar preciosos instantes para dar las gracias, perdonar, amar y orar».


“Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14). “Aprovechando bien el tiempo” (Efesios 5:16).

Enviado por: Hno. Mario Caballero

Cómo mantenerse joven

Leer | SALMO 103.1-5

Cuando pensamos en “cómo mantenernos jóvenes”, la mayoría pensamos en términos del cuerpo físico. Sin embargo, una actitud de corazón joven puede ayudar en gran medida a mantenernos jóvenes.

¿Qué caracteriza un corazón joven?

1. Un enfoque joven de la vida. Esto incluye la curiosidad, la pasión, las respuestas entusiastas, el optimismo, y una confianza constante. El Señor Jesús nos promete una vida abundante (Jn 10.10).

2. La búsqueda constante de aprendizaje. Los jóvenes de corazón están dispuestos a aceptar nuevas ideas, hacer cambios en sus vidas, y adaptarse a cosas nuevas. Para los cristianos, la Palabra de Dios debe ser una fuente fundamental de aprendizaje (2 Ti 3.16).

3. Una perspectiva optimista frente a las pruebas. Una actitud juvenil es capaz de adaptarse y encontrar propósito y fortaleza en las adversidades (Ro 5.3-5). Pídale al Señor que aumente su confianza en Él, para que pueda disfrutar de esperanza (15.13).

4. Una orientación “hacia las personas”. A los jóvenes de espíritu les entusiasma hacer amistades bajo la dirección del Espíritu Santo.

Esté alerta contra los enemigos de la juventud del corazón. Un obstáculo es cerrarnos a ideas y personas nuevas, incluso al llamado del Espíritu. Preste atención al mandamiento del Señor Jesús de negarse a sí mismo (Mt 16.34). Si el enfoque en usted mismo describe su situación, confiese su pecado al Señor y trate de tener un espíritu joven. Será entonces, cuando experimentará la vitalidad que caracteriza a los jóvenes de corazón (2 Co 4.16).

Por: Min. En Contacto

Consecuencias de toda debilidad incontrolable

Leer | ROMANOS 6.17-23

Es normal que los niños, en algún momento, tomen conciencia de que se están volviendo más fuertes. Los padres, por lo general, animan a sus hijos a aumentar sus fuerzas y a vencer cualquier debilidad. Algunos jóvenes lo hacen, pero otros actúan con indiferencia o se sienten derrotados aun antes de comenzar.

Todos tenemos debilidades. ¿Cómo respondemos a ellas? ¿Elaboramos un plan para vencerlas? ¿Fingimos que no son importantes, o nos rendimos a ellas fácilmente? Ninguna de estas respuestas es la que Dios desea de nosotros. Él quiere que nuestras debilidades nos recuerden que dependemos totalmente de su fuerza, y también la gran necesidad que tenemos de Él. Su plan para nosotros es que nuestras debilidades nos motiven a relacionarnos más con Él.

Si no manejamos adecuadamente las áreas en las que no somos fuertes, podemos herirnos a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Debemos volver a Dios para pedirle que se ocupe de nuestras debilidades, de manera que no dominen nuestras vidas.

Sansón fue un hombre apartado y equipado por Dios para propósitos divinos. Pero tenía una debilidad sin control; vivió desenfrenadamente hasta que eso destruyó su trabajo para el Señor (Jue 13−16). Nosotros, como seguidores de Cristo, también hemos sido separados para la obra de Dios, y equipados por Él. Debemos prestar atención a la advertencia sobre la vida de Sansón, y volvernos rápidamente a Dios cada vez que aflore nuestra debilidad. Demorar en hacerlo podría significar el desastre.

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La promesa de una segunda oportundidad

Leer | JUAN 8.1-11

Nunca he conocido a una persona que no haya tenido un pasado. Nunca he hablado con nadie cuya vida no incluya un “ayer”, o una “semana pasada” o un “año pasado”. Y si alguien tiene un pasado, usted puede estar seguro de que esa persona ha cometido algunos errores.

Si cada uno de nosotros tiene un pasado, ¿por qué, entonces, nos sentimos aislados, solos y avergonzados por lo que hicimos “en otro tiempo”? ¿Por qué permitimos que las sombras de lo que hicimos hace mucho oscurezcan nuestro presente?

La respuesta es un asunto de perspectiva. Cuando vemos retrospectivamente nuestras vidas, por lo general vemos errores a través del lente de la culpa, el remordimiento o el temor a la condenación. Lo que una vez aceptamos como una conducta permisible, puede ahora escandalizarnos al darnos cuenta de la gravedad de esos actos.

Pero ¿cómo nos percibe nuestro Padre celestial? ¿Está influenciado por los mismos lentes sucios por los que nos inclinamos a mirar? No. Él nos ve con claridad perfecta. Significa que nos ve completamente, pero no toma en cuenta la culpa y el remordimiento que tienden a distorsionar nuestras percepciones.

Más que eso, nos ve con la gracia y el perdón perfectos que solamente Él puede dar. Aunque nuestros errores pueden herirlo, el Señor nos mira con amor. Si usted ha enfrentado su pecado y ha aceptado el perdón que se consigue en Jesucristo, entonces puede tener la seguridad de que ahora está viviendo una segunda oportunidad. Por el resto de sus días en este mundo, puede tener el gozo de saber que ha sido perdonado.

Por: Min. En Contacto

Hijos seguros de sí mismos

Leer | EFESIOS 6.1-48

Olvidamos fácilmente lo poderosa que puede ser la influencia de los padres en sus hijos. En ciertas ocasiones, el comentario de una madre o un padre puede ser todo lo que se necesite para plantar una semilla de inseguridad en un hijo. Entonces, a menos que se aplique sabiduría con sensibilidad, se les puede hacer un gran daño a los hijos. Pensemos en las maneras como los padres, sin querer, fomentan la inseguridad en sus hijos.

Primero, un ambiente familiar caracterizado por el caos y la inestabilidad, los mantiene desorientados, reservados y nerviosos. Como adultos, pueden sentirse rechazados, y pudieran ser proclives a verse a sí mismos como indignos de recibir aceptación y afecto.

Segundo, los comentarios negativos sobre el rendimiento o el carácter de un hijo pueden herir su corazón y afectar su desarrollo personal.

Las expectativas poco realistas pueden crear el sentimiento del amor condicional. Si un niño cree que sus padres lo amarán solo por su rendimiento en los estudios, los deportes u otra área, crecerá bajo el peso de una carga terrible.

Cuarto, la falta de reforzamiento positivo puede ser paralizante. ¿Imagina lo que sería para usted no recibir nunca ni la más leve palabra de estímulo, a pesar de haber intentado siempre hacer las cosas de la mejor manera posible? Con el tiempo, esta clase de privación puede despojar a la persona de la confianza en sus capacidades.

La tarea de criar hijos no está, sin duda, libre de desafíos. No importa la edad que tengan ellos, decida inculcarles un espíritu de confianza.

Por: Min. En Contacto

Fijarse metas: La clave del éxito

Leer | FILIPENSES 3.7-11

El mundo está lleno de consejos sobre cómo fijarnos metas y lograrlas. En cada caso, los pasos empiezan con nosotros —identificar qué queremos llegar a ser, y lo que tenemos que hacer para ser “exitosos”. Sin embargo, para el cristiano, el fijarse metas comienza con una actitud y un enfoque centrados en Dios.

Con el deseo de ser lo que Dios quiera que sea, y de confiar en que el Señor le dará dirección en todos los aspectos de su vida. Estos aspectos implican identificar los pasos que Dios quiere que tomemos, pero muchas veces no seguimos su camino. Pensemos en qué es lo que nos detiene.

A algunas personas les falta conocimiento en cuanto a cómo identificar el plan del Señor, mientras que otras son perezosas. La solución en ambos casos es prestar atención a la Palabra de Dios. Si invertimos tiempo en estudiar la vida de Jesús y su Palabra, aprenderemos sus normas para la vida, y entonces seremos capaces de identificar los pasos específicos a seguir. Esto requiere esfuerzo y compromiso, pero la recompensa es grande.

La falta de fe puede ser otro obstáculo. Podríamos pensar: ¿Por qué debo fijarme metas si estoy convencido de que no puedo hacer lo que Dios me está pidiendo?La fe madura por medio del estudio sistemático de la Biblia, aplicar los preceptos bíblicos, y fijarse metas más pequeñas.

El temor al fracaso puede también impedir que nos fijemos metas. Pero podemos vencer este obstáculo recordando que en Cristo no hay condenación (Ro 8.1).

¿Desea usted llegar a ser más como el Señor Jesús? Fijarse metas con la actitud y el enfoque correctos le servirá de ayuda.

Por: Min. En Contacto

Te conozco

“Señor, tú me has examinado y me conoces; tú sabes cuando me siento o me levanto; ¡desde lejos sabes todo lo que pienso! Me vigilas cuando camino y cuando descanso; ¡estás enterado de todo lo que hago! Todavía no tengo las palabras en la lengua, ¡y tú, Señor, ya sabes lo que estoy por decir!” Salmo 139:1-4

Dios nos conoce por completo, profundamente; no podemos ocultarle ni un secreto. Él sabe lo que diremos aun antes de que se muevan nuestros labios. Como dice el salmo para la devoción de hoy: “Tú sabes cuando me siento o me levanto; ¡desde lejos sabes todo lo que pienso!” (Salmo 139:2). Dios conoce nuestros miedos, pecados, alegrías y tristezas. También conoce nuestro deseo de huir de los problemas.

Dios es maravilloso. Él vio tu cuerpo cuando estaba siendo formado en el vientre de tu madre, e incluso ya sabía tu nombre desde antes que fueras concebido. Él te ama tanto, que envió a Jesucristo para que tú, estés en la parte del mundo en que estés, ya sea en el oriente o en el occidente, en el trabajo o en el descanso, en la luz o en la oscuridad, sepas que en él puedes encontrar perdón y vida, y una mano dispuesta a guiarte y ayudarte.

Por: CPTLN

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