La Gloria Es De Dios Min Int

Comer de Jesús ó comer a Jesús

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo, y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque este es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de pecados” (Mateo 26: 26-29).

  Los discípulos participaron en esta primera “Cena del Señor” y para ellos era “el pan, pan, y el vino, vino”. No recibieron ninguna gracia especial, porque aquella misma noche todos abandonaron al Señor y huyeron. No produjo ningún cambio en ellos. Sus corazones no fueron transformados hasta recibir el Espíritu Santo en el Día de Pentecostés 43 días más tarde. La cena no les dio valentía. Pedro negaría al Señor unas horas más tarde, y los demás se esparcieron, temiendo por sus vidas. Aun estaban con mucho miedo tres días más tarde cuando el Señor resucitado se les apareció: “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos, por medio de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros” (Mat. 20:19). Su participación de la Santa Cena tampoco había fortalecido su fe, porque Jesús tuvo que decirlos: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!” (Lu. 24:25). No les ayudó a comprender las Escrituras, ni el propósito de la muerte de Jesús. No habían recibido ningún beneficio de tomar del pan y el vino.



        El apóstol Pablo explica el significado de la Mesa del Señor en su carta a los Corintios: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan…” Termina explicando el motivo de la participación: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebéis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Cor. 11: 23-26). Es recordatorio. El perdón de pecados, según la enseñanza de Jesús, no es por beber del vino, sino por la sangre derramada en el Calvario: “Esta es mi sangre… que es derramada por remisión de pecados”. El vino representa aquella sangre. No hay perdón en la copa, sino en la combinación de de la muerte de Jesús en nuestro lugar, por una parte, y nuestra fe en esta muerte para nuestra justificación, por otra. La muerte de Cristo, sin fe de nuestra parte, no nos beneficia, y participar de la copa, si él no hubiese muerto, tampoco. Si su muerte en sí salvara, todo el mundo sería salvo. Y si la copa salvase, todos lo que beben de ella serían salvos. Los salvos son los que beben de Él con fe. 
 
Enviado por: Hno. Mario Caballero 

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