La Gloria Es De Dios Min Int

Jesús y sus padres: cuestiones de control

“Le dijo su madre: Hijo, ¿Por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia” (Lu. 2:48).

            Esta frase está calculada para amontar culpa sobre la cabeza del hijo. Casi está siendo acusado de maltratar a los padres sicológicamente, como si deliberadamente hubiese procurado hacerles sufrir, o que hubiese actuado egoístamente, sin tenerles en cuenta para nada. La madre está diciendo que ha sido irresponsable, que ellos son los padres, y que no debería de haberles tratado de esta manera (¡después de todo lo que hemos hecho por ti!). Les ha causado mucha angustia. 

            El niño Jesús se encontró en una situación muy emotiva. ¿Qué iba decir? No podía faltarles el respeto, no podía contestar bruscamente para hacerles daño. Tampoco podía pedirles perdón. No se sentía culpable. No había hecho nada malo. No había sido desconsiderado; más bien, había sopesado su responsabilidad hacía sus padres, por un lado, y su responsabilidad hacía Dios, por otro, y correctamente había optado por Dios, su Padre.

            Su respuesta fue brillante, con una sabiduría profunda: “¿No sabías que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? (v. 49). No puede hacer la voluntad de sus padres y la voluntad de su Padre celestial a la vez, si hay un conflicto entre las dos voluntades. Dejó constar que la de Dios toma presidencia. Ahora, ¿cómo reconciliar las dos? Sometiéndose a los padres en obediencia a Dios, debido a su edad de 12 años. “Volvió a Nazaret y estaba sujeto a ellos” (v. 51).

            Pero llegaría el momento cuando tendría que independizarse de la voluntad de los padres y hacer exclusivamente la de Dios. En las bodas de Caná informó a su madre que ella no mandaba. Ella lo comprendió y dijo a los otros que siguiese las directrices de Jesús. En otra ocasión cuando la madre quiso interrumpir su predicación para que atendiese a ella y a sus hermanos, Jesús siguió enseñando. No dejó la predicación para estar por ellos. Estaba haciendo la voluntad de su Padre y no podía dejar de hacerla para atender a su familia. Esto no era lo que el Padre pedía de él.

Al pie de la cruz dejó muy claro que Juan le iba a reemplazar como hijo. Ahora Juan sería su hijo. En el Cielo, donde él iba en breve, María ya no iba a ser su madre. Como Dios, no iba a tener madre. Ella ya había cumplido con su función de madre, y muy bien. Ahora él volvía a su estado original. Pero esta parte ya no nos incumbe. Lo que aprendemos del ejemplo de Jesús es que los padres tienen su lugar y Dios tiene el suyo, y que nuestra primera prioridad es hacer la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos.  

Enviado por: Mario Caballero

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .