Mes: abril 2019

Cuando no entendemos el plan de Dios

Leer | SALMO 119.17-24

¿Cómo describiría usted la voluntad de Dios? ¿La llamaría…

Fantasía (“No creo que Dios tenga un plan para áreas específicas de mi vida”)?
Misterio (“Dios tiene un plan, pero es tan difícil de entenderlo”)?
Biografía (“Sé que la Biblia dice quién es Dios y cuáles son sus planes, pero a veces me siento confundido”)?

Veamos algunas de las causas que pueden impedir que entendamos sus planes.

El manejo incorrecto de la Palabra de Dios. Cuando nuestros días están repletos de compromisos y actividades, nos resulta difícil alimentarnos regularmente de la Biblia. Si no dedicamos suficiente tiempo a la Palabra de Dios, tendemos a olvidar lo que le importa a Él, mezclar las mentiras del mundo con la verdad del Padre, utilizar incorrectamente las Escrituras para reforzar las decisiones que ya hayamos tomado. O bien, rechazarla y hacer las cosas a nuestra manera.

Escoger consejeros equivocados. A la hora de tomar decisiones, a veces confiamos demasiado en las opiniones de otras personas. Creemos que la manera más fácil y rápida de obtener respuestas, es pedirlas a amigos cristianos o a no creyentes que parecen ser “sabios”. Es decir, utilizamos el estilo de vida de nuestros amigos como una medida para discernir la voluntad de Dios: decidimos que si ellos pueden actuar de una manera determinada, nosotros también podremos hacerlo.

La mejor manera de no errar en cuanto a la voluntad de Dios, es hacer de la Biblia nuestra compañera diaria. Alístese para dedicar tiempo a su lectura, y para escuchar lo que le enseñe el Espíritu Santo sobre la voluntad de Dios para su vida.

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La fe y la razón

Leer | SALMO 119.67-72

Una de las primeras cosas que la gente tiende a hacer en tiempos de dificultad, es achacar la culpa de sus problemas a alguien más.

Pero las mayoría de las veces, nuestros intentos de culpar a otros no tienen base. Lamentablemente, una causa probable de nuestra dificultad tiende a pasar desapercibida: nosotros mismos. Aunque pueda herir nuestro orgullo reconocerlo, muchas veces somos los únicos culpables de los problemas que enfrentamos.

Esto es, por supuesto, una dura lección para cualquier creyente. El pasaje de hoy revela la lucha que tuvo David en este sentido. Pero llegó a un punto en el que se dio cuenta de su propia culpabilidad, y clamó: “Antes de sufrir anduve descarriado” (Sal 119.67 NVI). Es decir, reconoció que su aflicción no era culpa de nadie, sino el resultado de su corazón y su mente errantes.

En este sentido, la adversidad puede ser una herramienta poderosa en las manos de nuestro Padre celestial. ¿Por qué permite que pasemos por tiempos difíciles? La respuesta puede ser que quiera enseñarnos algo y dejar grabada en nuestra mente las consecuencias de nuestro pecado. Al hacerlo, nos ayuda a evitar problemas en el futuro.

Es por eso que David pudo hacer la sorprendente declaración: “Me hizo bien haber sido afligido” (v. 71). El resto del versículo —“porque así llegué a conocer tus decretos”—, explica el beneficio protector a largo plazo. Si usted está pasando por alguna adversidad, quizás el Señor esté tratando de enseñarle algo. Acepte la lección, y trate de encontrarle sentido a la situación que atraviesa.

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Para entender la Biblia

Leer | 1 CORINTIOS 2.12−3.3

“No entiendo la Biblia”, es un comentario que oigo con frecuencia, incluso de creyentes. No es ningún misterio que quienes no tienen a Cristo, sean incapaces de comprender los conceptos bíblicos, pero ¿por qué los que sí le conocen tienen problemas para entenderla? Algunas personas piensan que la respuesta es haber estudiado en un seminario, pero he conocido a pastores y maestros que no entienden realmente la Palabra de Dios. Conocen los hechos, pero carecen de interés por la Biblia o por el Señor.

La clave no es la educación sino la obediencia. Cuando nos dejamos guiar por lo que leemos, el Santo Libro cobra vida, y comenzamos a escuchar y entender la voz de Dios. Pero si no hemos obedecido lo que Dios nos ha revelado anteriormente, ¿por qué habría de darnos sus verdades más profundas? “Los secretos del SEÑOR son para los que le temen” (Sal 25.14, LBLA). ¿Quiénes son “los que le temen”? Los que obedecen sus mandamientos, a quienes se les ha prometido “buen entendimiento” (111.10).

Un estilo de vida carnal significa desobediencia ante el Señor. Esto nubla nuestros ojos, oídos y manera de pensar. A pesar de que, como creyentes, tenemos pleno acceso a la mente de Cristo, el apego a nuestras actitudes pecaminosas puede impedirnos aprovechar los ricos tesoros de la sabiduría que se encuentran en su Palabra.

Al leer la Biblia diariamente, examine lo que Dios dice. Luego, bajo la dependencia del Espíritu Santo, comprométase a hacer lo que Él le pida. Si usted escucha su voz, Él le dirá verdades más profundas, y su entendimiento crecerá.

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Descubrir la voluntad de Dios

Leer | COLOSENSES 1.9-12

¿Diría usted que descubrir la voluntad de Dios es como tratar de atrapar una mariposa? ¿O tal vez es como salir a pescar, y esperar atrapar algo con un poco de suerte? En ambos escenarios conocer la voluntad de Dios parece poco probable. El Señor Jesús, en cambio, estaba absolutamente seguro de saber lo que su Padre había planeado (Jn 6.38, 39). En efecto, el Padre celestial da a los creyentes su Espíritu Santo a fin de revelar sus propósitos para cada uno.

La Sagrada Escritura es el medio principal de comunicación de Dios. Su contenido es completo y perfecto. Con principios que abordan todas los aspectos de la vida, la Biblia es el manual de aprendizaje del Padre celestial para enseñarnos a vivir. Nutrir la vida cristiana sin la dieta constante de la Palabra de Dios, es imposible.

La Biblia nos da directrices para la vida, y el Espíritu Santo nos ayuda a aplicar su sabiduría a nuestras decisiones diarias. Cuanto más familiarizados estemos con la Palabra de Dios, más fácil será ver la importancia de sus preceptos en nuestras vidas. No regirse por el plan del Señor dará como resultado perder la vida abundante que Cristo ha prometido. Pero mucho más importante, desviarse del camino de Dios significará no darle la gloria que Él se merece, al no seguir su plan.

Si la Palabra de Dios no tiene un lugar central en nuestras vidas, será casi imposible estar seguros de que estamos en su voluntad. Hoy es el día para cambiar todo eso. Dios está esperando encontrarse con usted en su Palabra. ¿No le gustaría conectarse con Él? No hay nada en su agenda de actividades que pueda ser más valioso que pasar tiempo con Dios.

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La santificación del creyente

Leer | ROMANOS 6.17-22

El Señor tiene un plan grandioso para la vida de cada persona, que puede resumirse en una sola palabra: santificación. Si usted se está rascando la cabeza pensando en lo que significa ese término, no es el único. Muchas personas, incluso algunos cristianos, no conocen su definición. Sin embargo, los creyentes deben procurar adquirir ese conocimiento, porque es una palabra importante que los define a ellos.

En su forma verbal —santificar— la palabra quiere decir “hacer santo” o “separar”. Por tanto, cuando algo es santificado, es separado del uso común a uno sagrado. En el Antiguo Testamento, se nos dice que el Señor santificó algunas cosas: hizo santo el día séptimo, apartó a la tribu de los levitas como sacerdotes, e incluso consagró lugares como el Lugar Santísimo en el tabernáculo (Gn 2.3; Nm 3).

El Señor sigue santificando a las personas hoy. Antes de que alguien reciba la salvación, está muerto espiritualmente (Ef 2.1-3). Además, Romanos 5.10 nos dice que antes de llegar a la fe, somos, en realidad, enemigos de Dios. Pero en el momento que alguien pone su fe en Jesús como su Salvador personal, sus pecados son borrados y es adoptado en la familia del Señor. Esa persona es luego apartada como un hijo de Dios para un propósito sagrado. Esto significa que los creyentes no estamos aquí simplemente para buscar su beneficio personal. Más bien, estamos para servir a Dios y glorificarlo.

Como miembros de la familia de Dios estamos llamados a reflejar su gloria, a los creyentes se les conoce como “santos”. Esta palabra tiene la misma raíz de santificación. Se nos conoce de esta manera, no porque vivimos vidas intachables, sino porque vivimos una vida consecuente con Aquel a quien representamos.

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El cielo: Nuestro hogar eterno

Leer | APOCALIPSIS 21.1-6

Una persona sabia se preparará para lo inevitable. Y lo más inevitable en el mundo es nuestro fallecimiento físico. No fuimos creados para vivir para siempre en nuestros cuerpos terrenales; somos seres eternos con propósitos eternos. Con un resultado tan seguro, sería sabio pasar el tiempo en la Tierra preparándonos para el futuro en la eternidad.

¿Ha puesto usted su fe en Jesucristo como su Salvador? Si es así, entonces puede estar seguro de que pasará la eternidad con Él en el cielo. Sin embargo, ¿qué haremos cuando lleguemos allá?” A pesar de las descripciones habituales de la vida venidera, no estaremos sentados en las nubes tocando arpas, pues nos aguarda un futuro emocionante.

Alabaremos a Dios. Si usted estuvo alguna vez enamorado apasionadamente de alguien, probablemente recordará lo difícil que le era pensar en alguna otra cosa. En cierto modo, así es como veremos a Dios en el cielo: como nuestra máxima fuente de amor y compañía. Nuestra relación con Él superará cualquier “sentimiento” de amor que hayamos experimentado jamás. Mucho más que un simple sentimiento, será el fruto de una unión totalmente perfecta con nuestro Padre celestial.

Brillaremos para Dios. En el cielo, las limitaciones terrenales serán eliminadas, permitiendo que la gloria de Dios brille en cada creyente (Mt 13.43).

Reinaremos con Dios. ¿Entiende cuán valioso es usted para su Creador? Romanos 8.16, 17 nos dice que no solo somos hijos de Dios, sino también coherederos con Cristo. Esto significa que seremos parte de todo lo que el Padre ha designado para su Hijo.

El cielo es una realidad, y en Juan 14.6, Jesús dijo que solamente hay una manera de llegar allá: Por medio de Él.

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Sobre la Resurrección

“Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará” (Lc 18.31-33).

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo” (Jn 2.19-21).

“No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor” (Mt 28.6).

“… y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Co 15.4).

“Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!” (Jn 20.27, 28).

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Co 15.20).

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Cristo aparece después de resucitado

Cristo aparece después de resucitar y lo sigue haciendo hasta el día que asciende al Padre (se comprende por 40 días después de la Pascual), a saber:

  1. Marcos 16.9 María Magdalena
  2. Mateo 28.9 A otras mujeres
  3. 1 Corintios 15.5 aparece a Pedro
  4. Lucas 24.15-31 A dos discípulos
  5. Juan 20.19, 24 Diez discípulos de 11, (porque el discípulo de nombre Tomás no estaba reunido con ellos en ese momento)
  6. Juan 20.26-28 Aparece al grupo de los 11 discípulos (ahora presente Tomás).
  7. Juan 21.-14 Aparece a 7 discípulos que se encontraban pescando
  8. Mateo 28.16-17 Reaparece a los 11 discípulos
  9. 1 Corintios 15.6 Menciona su aparición a 500 hermanos
  10. 1 Corintios 15.7 Aparece a Jacobo
  11. Hechos 1.2-9 A los 11 discípulos (apóstoles)
  12. Hechos 9.16 y 1 Corintios 15.8 Encuentro con Saulo de Tarso, mientras perseguía a los convertidos (conocido más adelante por el nombre de Apóstol Pablo) que culmina en su conversión con testimonio y vida de servicio.

Porque Él ha resucitado

Leer | 1 CORINTIOS 15.20-23

El Señor Jesús vive. Fue resucitado de los muertos y mora en el cielo, intercediendo por nosotros. Porque Él resucitó, podemos tener la confianza de que…

Nuestros pecados han sido perdonados. Jesús vino a este mundo para dar su vida en rescate por muchos (Mt 20.28). Por su muerte en la cruz, la deuda por nuestros pecados ha sido pagada por completo. Somos un pueblo perdonado.

El Señor está activamente involucrado en nuestras vidas. Jesús hizo muchas promesas a sus seguidores de todas las generaciones. Prometió que los que permanecen en Él y hacen su voluntad, darán mucho fruto para el reino de Dios, gozarán de bendiciones espirituales, y tendrán la guía del Espíritu Santo, quien mora en nosotros y que siempre está presente (Mt 5.1-12; Jn 15. 5).

Jesús habló varias veces sobre el poder de la oración para los que creen; por eso, tenemos la seguridad de que nuestras peticiones serán escuchadas y respondidas. Si nuestras súplicas están de acuerdo con la voluntad del Señor, recibiremos lo que hayamos pedido (1 Jn 5.14, 15).

Jesús prometió que prepararía un lugar para nosotros en el cielo, y que volvería un día para llevarnos a nuestro hogar eterno. Luego viviremos con Él para siempre. Podemos enfrentar cada día confiados, por conocer esta verdad.

Gracias a que el Señor ha hecho todo esto por nosotros, Él merece nuestra lealtad inquebrantable. Su vida y sus palabras deben servir de marco para nuestra visión del mundo. Debemos mantenernos firmes y honrar a nuestro Salvador resucitado, siguiéndole de todo corazón (1 Co 15.58).

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Jesús: El único camino al cielo

Leer | JUAN 10.1-11

Aunque el mundo tiene muchas religiones, solo hay un camino para llegar al cielo. Jesús dice claramente: “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn 14.6). Para enfatizar este punto, Él usó varias descripciones metafóricas, llamándose a sí mismo: el pan de vida, la puerta, el buen pastor, y el camino (6.51; 10.9, 11; 14.6).

Dios no espera que usted cumpla con algún tipo de ritual para hacer de Jesús el Señor de su vida —puede utilizar las palabras que quiera. Pero algunos elementos bíblicos son esenciales cuando se inicia una relación con Él:

• Confiese su pecado y reconozca su necesidad de un Salvador (1 Jn 1.9).
• Ponga su fe en Cristo como el único Salvador, reconociendo que Él murió por sus pecados, fue sepultado, y resucitó tres días después (Jn 3.16; 1 Co 15.3, 4.).
• Crea que sus pecados son perdonados, y que su nombre está escrito en el libro de la vida del Cordero (1 Jn 5.11-13).

Cada persona tiene que tomar una decisión. La muerte es inevitable, pero podemos decidir entre ir al tormento eterno o a la hermosura eterna de la presencia de Dios. Permítame ser muy claro, lo que una persona piense acerca del cielo y el infierno no influirá en Dios en lo más mínimo. Las personas no serán juzgadas por su punto de vista, sino por la verdad de la Palabra de Dios.

La Biblia declara que hay un solo camino al cielo: la fe en Jesucristo. Su evangelio es un camino recto, del abismo del pecado a la gloria del cielo, con la promesa de una vida abundante desde ahora mismo. Lo que tenemos que hacer es cruzar la Puerta y seguir el Camino; entonces el Pan vivo nos sustentará.

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Jesús y sus horas en la cruz

  • Marcos 15.25 Le crucificaron a la hora tercera (para nosotros hoy las 9.00 de la mañana.
  • Marcos 15.24 Soldados echaron suertes sobre sus vestidos
  • Mateo 27.39-40 Le injuriaban para que bajase de la cruz si era Hijo de Dios
  • Marcos 15.31 Sacerdotes principales incitaban diciendo: a otros salvó y no se puede salvar.
  • Lucas 23.36-37 le encarnecían diciendo: si eres rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
  • Lucas 23.29 Uno de los malhechores crucificado le encarnecía diciendo: si eres el Cristo sálvate a tí mismo y a nosotros
  • Lucas 23.40 Un malhechor al otro dijo: . . . ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?
  • Lucas 23.42 Ese mismo le dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino
  • Marcos 15.33 Hubo tinieblas sobre toda la tierra a la hora novena (para nosotros hoy las 3.00 de la tarde).

La necesidad de la sangre de Cristo

Leer | ROMANOS 3.21-26

Romanos 3 comunica la esencia misma de las Sagradas Escrituras. Sin la cruz de Cristo y su muerte expiatoria, nadie puede ser declarado justo.

En otras palabras, solo hay una manera de llegar a ser un hijo de Dios: por medio de la sangre del Salvador (Jn 14.6). Las buenas obras y la vida correcta no ganarán el favor del Señor, porque toda persona peca inevitablemente y un pecador no puede entrar a la presencia del Dios santo. El derramamiento de la sangre de Cristo en favor del mundo, hizo posible que cualquier persona sea limpiada del pecado y tenga una relación con el Creador. El único requisito es confiar en el Señor Jesús como su Salvador.

Para que Dios sea justo, Él debe mantenerse fiel a sus propios principios. Su santidad dictaba que “el alma que pecare, esa morirá” (Ez 18.4). El castigo por el pecado, es decir, la muerte, tenía que ser pagado de una manera aceptable a Dios. Él dijo por medio de Moisés que era necesario un sacrificio: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona” (Lv 17.11). Había que dar una vida, para que la vida de otra persona pudiera salvarse.

En consecuencia, el Padre celestial proveyó un sacrificio perfecto y sin pecado en favor de toda la humanidad. La única manera que había para que la justicia de Dios fuera satisfecha era que Jesucristo tomara nuestra culpa y nuestro pecado sobre sí mismo, y muriera en lugar nuestro.

Cuando decimos que hay un solo camino al Padre, queremos decir que una persona debe creer que Jesucristo murió a su favor como un sacrificio perfecto. Confiar en cualquier otra cosa, es ignorar la santidad de Dios y lo que dice su Palabra (Hch 4.12).

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