Mes: marzo 2019

Comentario bíblico Juan 11

Comienza con la descripción de la muerte de Lázaro, un varón con dos hermanas cuya familia estaba en amistad con Cristo Jesús, muy unidos en amor cristiano y con quienes Jesús en ocasiones llegó a hospedarse.  Los elementos como la enfermedad y la muerte, son una parte de la naturaleza humana a experimentar.  La misericordia de Dios para ser Glorificado se hace presente en nuestras vidas, consolando en las tristezas, sanando las dolencias de la enfermedad y proveyendo esperanza de vida al alma eterna sobrepasando la muerte física.  Aquí vemos una representación de ello por medio del obrar de Cristo impactando no solo la vida de aquella familia, también la vida de los presentes cuando el hecho aconteció, y la de los que luego por medio de escuchar el testimonio serían alcanzados.  Recordemos que ni la muerte nos separa del amor de Cristo.  Siempre hay más allá del ahora que experimentamos, hay que Glorificar a Dios por ello y exaltar el nombre de Jesús por hacerlo posible.

Como el caso con Tomás es una realidad que experimentan muchos que necesitan pruebas contundentes para creer, y Jesús las hace, nunca para saciar una curiosidad, es para afirmar la fe echando fuera duda e incredulidad.  Así nos vuelve a enfocar y seguir adelante.  El llamado de Lázaro a la vida además de mostrar la divinidad y autoridad de Jesús como Hijo de Dios, provee un testimonio fehaciente del poder resucitador de Cristo, sin dejar a un lado que Cristo y nosotros sus seguidores estaremos reuniéndonos con él, aun los que hayan muerto en esperanza de fe, serán levantados en resurrección.  Queda de cada uno estar preparado para este acontecimiento solemne.

Juan 11

Muerte de Lázaro

11  Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.

(María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.

Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.

Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.

Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.

Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez.

Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?

Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo;

10 pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él.

11 Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.

12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.

13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.

14 Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto;

15 y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él.

16 Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.

Jesús, la resurrección y la vida

17 Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.

18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios;

19 y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano.

20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.

21 Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

22 Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

23 Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

26 Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

27 Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

Jesús llora ante la tumba de Lázaro

28 Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama.

29 Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él.

30 Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado.

31 Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.

32 María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.

33 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,

34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.

35 Jesús lloró.

36 Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.

37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?

Resurrección de Lázaro

38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.

39 Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.

40 Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?

41 Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.

42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.

43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: !!Lázaro, ven fuera!

44 Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

El complot para matar a Jesús

(Mt. 26.1-5; Mr. 14.1-2; Lc. 22.1-2)

45 Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.

46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho.

47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales.

48 Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación.

49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;

50 ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.

51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;

52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

53 Así que, desde aquel día acordaron matarle.

54 Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se alejó de allí a la región contigua al desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con sus discípulos.

55 Y estaba cerca la pascua de los judíos; y muchos subieron de aquella región a Jerusalén antes de la pascua, para purificarse.

56 Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se preguntaban unos a otros: ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?

57 Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen.

Juan 10

Parábola del redil

10  De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.

Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

Jesús, el buen pastor

Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.

14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

18 Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

19 Volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras.

20 Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís?

21 Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos?

Los judíos rechazan a Jesús

22 Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno,

23 y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.

24 Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

25 Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;

26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.

27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

30 Yo y el Padre uno somos.

31 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.

32 Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?

33 Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.

34 Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?

35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada),

36 ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?

37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.

38 Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

39 Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos.

40 Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan; y se quedó allí.

41 Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.

42 Y muchos creyeron en él allí.

Comentario bíblico Juan 10

Aquí se hace una comparación utilizando un quehacer diario común en oriente relacionada a la manera adecuada de un Pastor con sus ovejas.  Dios es el “Buen Pastor”.  Suple todo cuidado, sustento, protección y guía.  Los líderes eclesiásticos llamados al servicio del Pastorado para las iglesias debe desarrollar o tener dichas características, guiar las “ovejas” (congregación) conforme la guía de la Palabra de Dios mediante el poder del nombre de Jesús manifestándose en la obra del Espíritu Santo.  Por otro lado las ovejas conocen distinguir la voz de su Pastor y van tras él.  A su vez las “ovejas” (consagración) deben conocer y distinguir la voz de su Pastor de otras voces extrañas, siguiéndole imitando su fe y buenas obras.  Dios como buen Pastor espera a su vez que tanto la congregación como el Pastor le sigan a Él en obediencia y servicio.

Es importante destacar que aunque el plan de Dios incluía muerte la cual satisfizo Cristo y luego fue resucitado, las Palabras de Dios son verdad y hasta el más sencillo las puede recibir. Lo que quiere decir que cada persona es expuesta a esta verdad y lo que tienen que tomar es una decisión.  Si se justifican con un “no creo eso,” “ahora no” o cualquier otra excusa, lo que están es tomando un “NO” lo cual es una excusa, pero igualmente el resultado es igual: no recibir la verdad de la Palabra de Dios y no aceptar a Jesús en el corazón para perdón de pecados y salvación del alma.  Esto incluye los que se escudan detrás de decir “yo tengo mi religión”. Ya que la vida eterna no es religión, Jesús es una persona y no una religión.  El no vino a discutir ni salvaguardar la doctrina conocida de nadie, sino a salvar las personas, para ello enseñó la doctrina de Dios pura, santa, perfecta que es la que debemos recibir y salvaguardar hasta el fin de nuestros días.

Cristo dio el ejemplo de reunirse (congregarse) y aún allí enseñaba sobre Dios y todo lo del Reino.  El hecho simple de personarse físicamente a un templo no es igual a ser salvo.  Para ser salvo hay que recibir por fe la palabra en el corazón, pedir a Jesús el perdón, declararlo Señor y Salvador de nuestra alma y comenzar aprender Palabra de Dios para fomentar por medio de la oración y la ayuda del Espíritu Santo una relación estrecha de comunión con Dios creador y Padre.  Esta autoridad fue dada a Jesús Hijo para que en su nombre sea hecho.

Cuando se recibe a Cristo y su Santa Palabra en nuestros corazones somos reafirmados por convicción que todo es verdad absoluta.  A Cristo y a sus seguidores les quisieron silenciar, pero el evangelio se siguió esparciendo y seguirá siendo enseñado y escuchado hasta el fin del mundo.  Por más opresión, cárcel o persecución, vivimos todos compartiendo el mismo mundo de donde la única manera de salir de él la dispone Dios.  Los que hoy son perseguidores mañana serán perseguidos de su propia maldad con las consabidas consecuencias anunciadas por la Palabra de Dios y mediante todos sus enviados, siendo el mayor y del cual no escatimó, su propio Hijo Jesucristo. 

Comentario bíblico Juan 9

Jesús había sanado anteriormente ciegos, este caso en particular el hombre había nacido ciego.  Jesús le haría ver mediante un milagro de sanidad.  Es importante destacar que la ceguera no era producto a causa de pecado.  Y encontramos a Jesús haciendo una grandiosa declaración, “para que las obras de Dios se manifiesten en Él”.  El curso de la vida presentara personas con situaciones extremas que redundaran en que las obras de Dios sean manifiesta, esto gracias al poder y autoridad conferida en los cielos y en la tierra a Jesús (y en su nombre) por parte de Dios Padre.  Otra enseñanza de nivel extraordinario es que Jesús actúa las obras buenas de parte de Dios Padre en el día.  No pierde tiempo, lo aprovecha y espera que nosotros también hagamos igual.  En la noche será el descanso corporal.  En cuanto a lo físico pasará a otro escalón más elavado cuando descansemos de todo al experimentar la muerte desde donde nada se puede hacer.  Abundando en el tema bueno es el al “hombre” observar atentamente a las obras maravillosas de Dios y recibir para obedecer su Palabra, será la manera de recibir los beneficios que acompañan sus bendiciones.  Este cambio bueno del obrar de Dios comienza en el corazón (voluntad) del ser humano y será notable por las obras en el exterior.

Jesús siguió haciendo obras buenas aún en sábado que para los judíos era llamado “día de reposo”, consagrado a los asuntos religiosos y pensaban debía permanecer inquebrantable, aunque incluso se tratara de un bien.  Jesús enseña y les reprende una y otra vez sobre esto.  Si se rescata un animal de servicio en día de reposo cuanto más importante es el rescate de un ser humano, Jesús lo hace tanto en el ámbito físico como espiritual.  Pero muchos no prestaban atención ni daban crédito a las obras ni Palabras de Nuestro Señor Jesús. 

Es claro en las Escrituras el hecho que el pueblo judío esperaba el Mesías, uno con poder de cambio social, político, económico con mucha pompa externa.  Por tanto la persona de Jesús estaba muy alejada del criterio que se habían ideado (equivocadamente) los judíos.  Es la misma realidad en el ser humano una y otra vez, si no es como quieren o piensan que debe ser, cierran los ojos y el corazón perdiéndose la oportunidad sobrenatural y extraordinaria que solo por medio de Jesús es posible conseguir.

Espiritualmente es una realidad ser ciego ante la gran verdad absoluta de Dios, así que al recibir a Jesús podemos decir sin equivocación que “éramos ciegos y ahora vemos”.  Esta realidad que Dios hace accesible a cada ser humano mediante su Hijo Jesucristo.  Casi siempre más aprovechada por los que más genuinos son en cuanto a su condición y necesidad lo que les hace más sensibles a la presencia y obrar del Señor.  Todos los que somos tocados con su santo poder somos transformados, le agradecemos, adoramos y servimos en reconocimiento de quien es Él, Jesús el poderoso y glorioso Hijo de Dios.   Pero la gracia divina no obra en quien no cree, no recibe, no reconocer a Jesús, su poder y que ha sido enviado de Dios Padre.

Juan 9

Jesús sana a un ciego de nacimiento

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.

Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?

Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.

Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.

Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.

Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,

y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.

Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?

Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.

10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?

11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.

12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.

Los fariseos interrogan al ciego sanado

13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.

14 Y era día de reposo[a] cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.

15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.

16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo.[b] Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.

17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.

18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,

19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?

20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;

21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.

22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.

23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.

24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.

25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

27 El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?

28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos.

29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea.

30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos.

31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.

32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego.

33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.

34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.

Ceguera espiritual

35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?

36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?

37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.

38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.

39 Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.

40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?

41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.

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