Mes: diciembre 2018

El rito de circuncisión

“Cuando se cumplieron los ocho días para que el niño fuera circuncidado, le pusieron por nombre Jesús, que era el nombre que el ángel le había puesto antes de que fuera concebido.”  Lucas 2.21

Para este rito tan importante, María y José se quedaron en Belén. En esta ocasión ocurrieron dos cosas muy importantes. Primero, al niño formalmente se le dio su nombre. No había dudas de cómo habría de llamarse, ya que el ángel lo había dejado en claro: su nombre sería Jesús. Jesús era un nombre bíblico, como Josué, quien había llevado a los Hijos de Israel a la Tierra Prometida. De la misma manera Jesús (la versión griega de Josué), habría de llevar a los creyentes a la Tierra Prometida eternal.

Segundo, a través de la circuncisión, Dios comunicó la promesa del pacto hecha en Génesis 12:1-3. Un pacto no es lo mismo que un contrato. Un contrato es algo condicional, mientras que un pacto es incondicional. El pacto hecho con Abraham, y luego continuado a través del rito de la circuncisión, tenía cuatro partes (Génesis 17):

  1. Dios siempre iba a amar, perdonar, renovar y fortalecer a quienes fueran parte de su pacto.
  2. Dios siempre los iba a llevar en su corazón, y cuando ya no necesitaran más el cuerpo, les tendría preparado un lugar en la eternidad.
  3. Dios siempre les proveería una comunidad que multiplicaría sus alegrías, dividiría sus penas, y los sostendría en oración.
  4. Dios derramaría sus bendiciones a través de ellos, para que muchos más fueran bendecidos.

En el primer día del Año Nuevo, reflexione sobre el pacto que Dios hizo con usted en su bautismo. Él se ha comprometido a ser su Dios, a amarle, a tener un lugar para usted, a rodearlo con una comunidad de santos, y a derramar sus bendiciones a través suyo a muchas otras personas.

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Embajadores de grandes noticias

“Así que somos embajadores en nombre de Cristo, y como si Dios les rogara a ustedes por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ‘Reconcíliense con Dios’.” 2 Corintios 5:20

Los embajadores tienen la noble tarea de representar a su país y gobierno en tierras lejanas, donde pocos conocen a su país de origen. Hoy en día los embajadores, además de representar a sus países, promocionan las bondades, oportunidades de vida, comerciales y turísticas que allí se ofrecen. Sabiendo esto, no debe sorprendernos que precisamente el apóstol Pablo se refiera a la iglesia como un gran conjunto de embajadores que van por este mundo hablando de las bondades de su patria celestial.

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También nos ayuda a afirmar nuestra identidad como hijos de Dios, sabiendo que somos extranjeros y peregrinos (1 Pedro 2:11) en el lugar del mundo donde nos toca vivir. Estamos en este mundo pero no pertenecemos a él, pues nuestro lugar está esperándonos en el hogar del Padre celestial. Por eso somos embajadores y compartimos con quienes no pertenecen al Reino de Dios las buenas noticias del amor y la obra de Dios en favor de toda la humanidad. Él quiere que todos le conozcan y sean parte de su pueblo. La iglesia cristiana habla de lo que conoce y disfruta: la reconciliación que Cristo logró con su muerte en la cruz. Ahora somos embajadores que hablan en nombre del mismo Cristo, e invitan a la reconciliación. Dios dio el paso necesario para que la reconciliación fuera posible. Él reconcilia por medio de su Hijo, y el Espíritu Santo da a conocer a las personas esta reconciliación y nos asegura que estamos reconciliados. Cada vez que compartimos la Palabra de Dios, podemos estar seguros que allí está presente y activo el Espíritu Santo con su poder de convertir corazones para ser parte del eterno reino del Padre.

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José y la anunciación

“José, su marido, era un hombre justo y quiso dejarla secretamente, pues no quería denigrarla.” Mateo 1.19

No sabemos cómo se enteró José que su prometida estaba encinta. Quizás ella se lo dijo. Quizás se lo dijo un amigo después que María fuera a visitar a Isabel. Pero eso no importa; lo que importa es su reacción. La primera reacción de José fue que no quería causarle a María más problemas. Dado que en esa sociedad el compromiso tenía el mismo valor que el matrimonio y podía romperse sólo a través de un divorcio, José pensó que esto sería lo más honorable para hacer.

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Pero José creyó en el ángel que se le apareció en un sueño, ese fue uno de los milagros más grandes de Cristo, ya que José creyó las palabras del ángel, y pudo ser para María lo que ella necesitaba en esos momentos.

La fe sigue siendo uno de los grandes regalos del Adviento. No es que comprendamos todo lo que se nos ha revelado a través de las Sagradas Escrituras. Pero sí creemos que a María y a José se les anunció que María iban a tener un bebé, y que ese bebé habría de ser el Salvador del mundo.

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María

“María, una virgen que estaba comprometida con José.” Lucas 1.27b

María. La primera vez que se nos habla de ella es cuando se le presenta el ángel, y nos dice todo lo que necesitamos saber: que ha sido favorecida, que el Señor está con ella, que no debe temer, que ha encontrado el favor de Dios.

Maria

Su respuesta confirma lo que el ángel había dicho acerca de ella: ella es la sierva del Señor, y está dispuesta a que el Señor haga con ella lo que sea que tenga en mente. María va a ser la madre del Mesías. Nada en su vida va a volver a ser lo mismo.

La iglesia celebra este importante acontecimiento el 25 de marzo, nueve meses antes de la celebración del nacimiento del Niño Jesús. Debido a la conjunción de una serie de eventos, en la Edad Media se creía que el 25 de marzo era el día en que había comenzado la creación. También se creía que el 25 de marzo era el día en que Cristo había muerto.

Es por ello que, del siglo 6 al siglo 18, en la Europa cristiana se celebraron las grandes doctrinas de la creación, encarnación, y expiación el mismo día. El 25 de marzo, el día de la Anunciación, se celebraba el Año Nuevo.

María sabía muchas cosas. Sabía que Dios la había elegido. Sabía que iba a tener un bebé. Sabía que debía llamarlo Jesús. Sabía que él iba a salvar a su pueblo de sus pecados.

Que nuestro Señor nos conceda fe para que podamos saber tanto como María.

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Una mirada de cerca al nacimiento de Jesús

Leer | Lucas 2.1-7

Cada año, alrededor de los días navideños, recordamos el relato del nacimiento de Jesús, con relativa familiaridad, al punto que leemos rápidamente los conocidos versículos, pensando que ya sabemos todo lo que hay que saber en cuanto a la historia. Pero sin una mirada más profunda al nacimiento de nuestro Salvador, nos perdemos de algunas verdades que el Señor quiere que aprendamos y apliquemos.

Desde el punto de vista humano, no hubo nada especial en cuanto a María y José, una pareja común y corriente que tuvo un bebé. Y dado que había tantos pobres, aun el humilde establo como lugar de nacimiento no tuvo nada de peculiar.

Pero este fue el hecho más significativo en la historia de la humanidad. Concebido por el Espíritu Santo, ese bebé era el cumplimiento de la profecía bíblica —el Creador y Gobernante soberano del universo se convirtió en Emanuel, Dios con nosotros (Mt 1.23).

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¿Quién podría haber imaginado el plan de Dios, de enviar a su Hijo al mundo como un bebé para que se criara en el seno de una familia común y corriente? Lo que nos enseña que no podemos juzgar una situación por la apariencia.

Del mismo modo, hechos que parecen comunes y corrientes en nuestras vidas, pueden ser ocasiones en las que Dios esté haciendo algo maravilloso. Puesto que Él actúa todo el tiempo para hacer su voluntad, todo evento y toda decisión en nuestras vidas tiene importancia. Solamente necesitamos tener ojos que vean más allá de lo evidente, y fe para creer que Dios está actuando.

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Jesucristo nuestro Mesías

Leer | Lucas 4.16-21

Jesús no andaba haciendo alarde de su poder o grandeza. Puesto que había venido para hacer la voluntad del Padre (Jn 6.38), su prioridad era redimir a los perdidos. Sin embargo, no ocultó su identidad del mundo. Cuando fue necesario, se identificó a sí mismo como el Mesías.

Uno de los sermones más hermosos de Jesús, lo dio a una mujer que sacaba agua de un pozo de Samaria. Después de escuchar la enseñanza de Jesús sobre el agua de vida y sus profecías de un cambio en la manera que la gente adoraría a Dios, la mujer mencionó al Mesías prometido. El Señor respondió: “Yo soy, el que habla contigo” (Jn 4.26). La reacción de la mujer fue reunir al mayor número posible de personas que pudo, para que escucharan a este hombre que conocía la historia de su vida, y que le ofrecía amor y redención, a pesar de todo.

Cuando llegó el momento para que Jesús revelara su identidad a los sacerdotes y a los líderes religiosos, lo hizo leyendo la profecía de Isaías 61, y diciendo luego que ésta se había cumplido (Lc 4.18-21). Anunció que Él era Aquel que predicaría buenas nuevas a los pobres, liberación a los cautivos, y que daría vista a los ciegos. No utilizó la palabra “Mesías”, ni tenía que hacerlo. Todo Israel sabía que las palabras de Isaías se aplicaban al “Ungido” de Dios.

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A algunos pensadores modernos les gustaría marginar a Jesús como simplemente un hombre bueno con un mensaje de amor. Pero Él fue el primero en proclamarse a sí mismo como más que eso. Es el Hijo de Dios, nacido de una virgen, que vino a llevar los pecados de la humanidad y a morir en la cruz. Él es el Mesías.

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La obediencia de los Pastores

Leer | Lucas 2.8-20

Puesto que el nacimiento del Salvador era la noticia más importante de todos los tiempos, ¿no debía Dios haberla anunciado a personas importantes, como reyes y nobles? Él envió a su ángel a dar el anuncio a unos humildes pastores. Estos estaban absolutamente maravillados por la noticia de que el largamente esperado Mesías había llegado. Y aunque el mensaje de los pastores probablemente parecería extraño a los demás, ellos querían que todo el mundo lo escuchara.

Nosotros debemos ser audaces como esos pastores, y llevar el evangelio a las personas que no lo conocen. Aunque haya momentos en que sintamos que no tenemos muchos conocimientos, debemos recordar que sabemos más de lo que sabían los pastores. Ellos tuvieron aquella experiencia con los ángeles, pero nosotros tenemos la Palabra de Dios escrita a nuestro alcance en cualquier momento que deseemos abrirla. No permita que el temor al rechazo y la vergüenza le impidan comunicar el único mensaje que puede cambiar el destino eterno de una persona.

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Probablemente usted no recibirá un mensaje anunciado por un ángel, pero por medio de la Biblia o de un “susurro” inaudible, Dios sigue hablando a quienes le escuchan con humildad y le responden.

Los pastores fueron inmediatamente a encontrarse con el Mesías recién nacido, sin negarse a abandonar a sus ovejas. ¿Es usted rápido para obedecer las instrucciones de Dios? Por dudar, podría dejar pasar grandes oportunidades. La obediencia pronta es la clave para experimentar los planes que el Señor tiene para usted.

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Lo que Dios quiere que usted sepa

Leer | Romanos 8.14-17

El Señor “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Ti 2.4). En otras palabras, Dios desea que toda la humanidad acepte a Cristo como Salvador. Hoy estudiaremos algunas verdades que el Padre celestial anhela que sepan sus hijos.

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• Salvación. La tarea del Espíritu Santo es convencernos de nuestra pecaminosidad y llevarnos al conocimiento de que Cristo murió por nuestro pecado. Cuando recibimos al Señor como Salvador, nos reconciliamos con Dios y podemos tener comunión plena con Él. Esto sucede en el momento de la salvación. Nuestra deuda por el pecado fue pagada en su totalidad, y por eso somos libres de la culpa. Además, somos sellados por el Espíritu Santo para la eternidad y apartados para servir a Dios.

• Identidad. Los creyentes son hijos de Dios. La Biblia nos llama “coherederos con Cristo”; en otras palabras, participamos de las riquezas del Señor Jesús. Asimismo, hemos sido transformados de pecadores a santos. Es posible que no actuemos santamente siempre, pero un santo verdadero es alguien que ha sido salvado y apartado para los propósitos de Dios.

• Posición. Jesucristo está siempre presente para guiar y sustentar al creyente. Por medio de Él, tenemos acceso instantáneo a Dios Padre.

• Misión. Nuestra misión en la vida es mostrar a Cristo al mundo. Los creyentes debemos vivir de tal manera que los demás vean la vida de Jesús en nosotros. Gracias a que entendemos la maravilla de nuestra salvación, nuestra identidad en Cristo, y nuestra posición frente al Padre, hablamos del Salvador con otras personas. Dios quiere que todos conozcan la verdad.

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Jesús el Hijo de Dios

Leer | Mateo 16.13-16

¿Qué importancia tiene saber quién es Jesús? ¿Por qué debemos tomarlo en serio? La manera como respondamos estas preguntas afectarán nuestras convicciones, moldeará nuestro carácter, incidirá en nuestro estilo de vida, y determinará dónde pasaremos la eternidad.

Jesús se identificó a sí mismo como el Hijo de Dios, y dijo que Él y el Padre eran uno solo. En otras palabras, cualquiera que haya visto a Cristo, ha visto al Padre (Jn 10.30; 14.9). Por otro lado, quienes anhelemos conocer a Dios, debemos acercarnos a Jesús, pues solamente Él revela al Padre.

El Hijo de Dios fue enviado a este mundo para dar su vida en rescate por muchos. El propósito era libertarnos de la esclavitud al pecado y prepararnos para nuestro hogar celestial, donde pasaremos la eternidad. Observe que al revelar su misión, Jesús dijo que “no vino para ser servido, sino para servir” (Mt 20.28). Quienes pertenecemos a Él estamos llamados a imitar su vida de servicio.

Jesús declaró que Él hacía lo que el Padre le había ordenado (Jn 14.31). Su vida de obediencia nos muestra cómo agradar a Dios. El Señor Jesús sabía por qué razón vino, e hizo lo que se le pidió que hiciera, para glorificar a su Padre (Jn 17.1). Hay un plan y un modelo para cada uno de nosotros, y de igual modo damos gloria al Señor mediante nuestra obediencia.

Mateo 28.18 da otra razón para obedecer. Dado que Jesús dijo: “Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra”, debemos vivir en sometimiento a Él.

¿Cree usted el testimonio de Jesús? Si es así, cuente a los demás cómo el conocer al Señor Jesús ha impactado su vida.

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