Mes: noviembre 2018

Su amor es eterno

“Hace ya mucho tiempo, el Señor se hizo presente y me dijo: Yo te amo con amor eterno. Por eso te he prolongado mi misericordia.” Jeremías 31:3

Un dicho popular nos recuerda: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno.” Quizás esta frase encuentra su razón de ser en la experiencia de vida que nos lleva a pensar que las cosas buenas no duran, por lo que no debemos esperar que sea así, sino que debemos conformarnos con lo pocos buenos momentos vividos. El pesimismo frente a las realidades que nos tocan vivir puede imponerse como una forma de pensar y actuar. Esta visión pesimista de la vida está basada en la condición de pecado natural en el ser humano. En nosotros se manifiesta con claridad el deseo por vivir mejor, por hacer mejor las cosas y por disfrutar de momentos de tranquilidad. Pero cuanto más nos esforzamos en esto, más comprobamos que resulta imposible lograrlo. ¿Será tiempo de reflexionar y buscar un camino diferente?

ConAmorEterno

En medio de nuestras preguntas y anhelos de tiempos mejores, Dios nos dice que no nos conformemos ni esperemos poco de la vida. Al contrario, el mensaje de Dios es claro: su presencia eterna se manifiesta entre nosotros para asegurarnos que nos ama. Dios muestra su amor de una forma muy concreta: dándonos su misericordia. Cuando comprendemos que Dios es capaz de ponerse en nuestra situación, tan cerca de nosotros que su corazón late al ritmo de nuestras necesidades y acompaña compasivamente nuestro sufrimiento, nos llenamos de consuelo y gozo. Así es el amor de Dios en acción: Dios no nos ama desde lejos, sino que desde la eternidad se acerca para darnos su amor a través de su hijo Jesús.

Por CPTLN

Viviendo por fe

“Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: ‘El justo por la fe vivirá.'” Romanos 1:17

De acuerdo a su hijo, Samuel Snow era un hombre correcto que había sido castigado sin motivo.

En 1944 Samuel Snow fue llevado a la corte marcial por haber formado parte de una revuelta que culminó con el linchamiento de un prisionero de guerra italiano. Snow fue condenado a la cárcel por más de un año, y luego dado de baja del ejército en forma deshonrosa.

Luego de 64 años, la junta del ejército que se encargaba de revisar los registros militares dictó que la condena de Snow debía ser revocada, al igual que el haber sido dado de baja del ejército con deshonores, y que se le debía pagar el salario correspondiente a los meses que había estado en prisión.

Samuel Snow recibió todas estas noticias en julio del 2007. Unas pocas horas después de saber que se lo había declarado inocente de ese crimen, falleció.

Su hijo dijo: “Mi padre siempre creyó que esto podía suceder”. Hablando de cosas espirituales, San Pablo escribió, bajo la inspiración del Espíritu Santo, algo parecido: “El justo por su fe vivirá”.

La única diferencia entre Samuel Snow y nosotros es que nosotros somos culpables.

Nosotros merecemos ser condenados porque hemos cometido pecados con nuestros pensamientos, palabras, y acciones. La única razón por la cual hemos sido declarados inocentes de todo lo que hemos hecho y hacemos mal es porque Jesucristo ha tomado nuestro lugar bajo la ley y ha recibido el castigo que nosotros merecíamos.

Por lo que Jesús hizo por nosotros es que ahora podemos vivir por fe.

ViviendoXFe

Ahora somos libres de compartir con otros las buenas noticias de la salvación. Podemos decirles que el pecado se paga con la muerte, pero que el regalo de Dios es vida eterna a través de nuestro Salvador.

Esas son las buenas noticias que tenemos que compartir con ellos antes de que mueran, pues con fe en Jesús, la corte celestial nos ha declarado inocentes.

Por CPTLN

¿En quién confías?

El corazón es engañoso y perverso, más que todas las cosas. ¿Quién puede decir que lo conoce? Jeremías 17:9

¿En qué o quién confías? ¿Eres una de las tantas personas que sigue los deseos de su corazón, y hace todo lo que su corazón le dice que haga? Pero, ¿será prudente obedecer los deseos de nuestro corazón? Observemos con atención lo que nos dice el profeta Jeremías: “El corazón es engañoso y perverso, más que todas las cosas. ¿Quién puede decir que lo conoce?”

Enquienconfias
Sabemos que la Biblia es Palabra inspirada por Dios, por lo que podemos creer que estas palabras del profeta Jeremías son ciertas. Entonces, quiere decir que, si nos dejamos guiar por los deseos de nuestro corazón, corremos el riesgo de tomar decisiones erróneas que pueden afectar nuestra vida en forma negativa. Esto prueba, una vez más, que debemos confiar cada vez más en la Palabra de Dios. Ella siempre nos orientará para que no nos alejemos de Jesús, y nos enseñará a confiar en él en todos los momentos de nuestra vida.

Por CPTLN

La paciencia en tu vida

“Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor” (Santiago 5:10).

La paciencia que mostró Jeremías es la clase de paciencia que el Señor quiere que cultivemos en nuestras vidas. Nuestras circunstancias son diferentes, pero los principios son los mismos. Para los tiempos que corren esta paciencia viene a ser algo así:

1.     Paciencia con la iglesia y el estado en que se encuentran muchos creyentes de ahora. Esto no significa que pasemos por alto el pecado o, peor aún, que lo justifiquemos con la frase: “Todos somos pecadores”, sino que perseveramos a pesar del estado actual de la iglesia. No debemos desentendernos de ella, amargarnos, llegar a ser cínicos, criticones, o santurrones, sino que seguimos fieles al Señor, respetamos nuestra propia consciencia, amamos y oramos por nuestros hermanos y esperamos la obra de Dios en ellos.
2.     Paciencia para seguir adelante aun cuando hay pastores malos y obreros que predican un evangelio falso. Hemos de perseverar a pesar de vidas de líderes que no dan buen ejemplo, sino todo lo contrario. Esperemos la corrección de Dios en sus vidas. No usemos su mal ejemplo para pecar nosotros o como pretexto para dejar de congregarnos, sino que busquemos a los creyentes que sí son fieles y tengamos comunión con ellos.
3.     Paciencia en medio de gente que se nos opone a la cara y contradice lo que enseñamos y representamos. Parece que ellos prosperan. Parece que tienen razón. Engañan a muchos. Pero nosotros seguimos adelante con el Señor.
4.     Paciencia en el sufrimiento por el evangelio. En nuestro país no hay persecución física todavía, pero en muchos lugares sí que hay. Nos pueden hacer mucho daño a la reputación, nos pueden llevar a juicio, pueden denunciarnos delante del estado, pero no por ello vamos a dejar de seguir fielmente al Señor. 
5.     Paciencia para seguir avisando aun cuando no nos escuchan. Insistimos en las verdades que están claramente enseñadas en las Escrituras, (¡no en nuestras obsesiones!), y seguimos hablando de las consecuencias del pecado cuando el Señor nos lo pide. Vamos a tener fe en Dios y no dar por perdido a nadie.
6.     Paciencia cuando todo su hunde, cuando la iglesia se deshace, cuando no vemos ninguna salida. Ya hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance, pero no lo dejamos por imposible, porque con Dios siempre está el recurso de la resurrección.
7.     Paciencia hasta después de nuestra muerte, para que confiemos en que Dios va a seguir con nuestros proyectos de oración cuando ya no estemos. Él va a seguir salvando almas en nuestra familia, va a seguir obrando en nuestra iglesia, y va a cumplir todas las promesas que nos dio en vida, cuando ya estemos con Él. Esta es la paciencia en su expresión última, como la que mostró Jesús cuando se fue a tumba: creía firmemente que Dios levantaría la iglesia a través de su misma muerte. La paciencia se junta con la fe para ver más allá de donde alcanza la vista humana; ve al infinito.     

La paciencia en tu vida

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Sus brazos de amor

“Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas” (Salmo 6:6).

Este matagigantes, este poderoso guerrero, de quien cantaban: “David hirió a sus diez miles”, este poeta que escribió tanto acerca de confiar en Dios y echar todas nuestras ansiedades sobre Él, este mismo hombre de Dios clamó: “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen” (Salmo 6:2). David había pecado gravemente, confesando: “Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí. Hieden y supuran mis llagas, a causa de mi locura. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día” (Salmo 38:4-6).

David describe exactamente lo que algunos de ustedes pueden estar atravesando en este preciso momento: Una sensación de estar abrumado por el pecado, como olas repentinas cayendo sobre tu alma. No puedes entender por qué estás sumergido otra vez. Clamas: “¡Dios, esto es demasiado para mí, ya no puedo soportarlo!”. Estás herido y sabes que, en tu interior, hueles mal debido al pecado. Sabe que has sido tonto y necio. Sientes la corrupción espiritual y te sientes tan mal en tu mente, que tu cuerpo se ve afectado. Tu fracaso, tu falta de victoria, ha hecho que estés “enlutado todo el día” en depresión y miedo. Estás agravado, humillado y perturbado en tu alma.


David sintió que estaba sufriendo a causa de los pecados que había cometido. Él no estaba diciendo que Dios estaba siendo injusto al castigarlo, sino que él quería ser corregido en amor: “Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen” (Salmos 6:1-2). El clamor de David es este: “¡Señor, mi propia necedad y mi propio pecado me han traído mucho sufrimiento! Sé que tienes el derecho de corregirme y castigarme, pero por favor ¡recuerda que sigo siendo Tu hijo! Derrama tu ira sobre los que no te quieren. Yo he pecado, pero todavía te amo. Corrígeme en amor. Sé misericordioso”.

 

SusbrazosdeAmor

Si sientes las flechas de Dios en tu alma debido a tu pecado pasado y presente, pero todavía tienes un corazón arrepentido y quieres abandonar tu pecado, puede apelar a Su amor correctivo. Serás corregido, pero en gran misericordia y compasión, así como un padre amoroso azota a su hijo, a causa del amor. No sentirás Su ira, como la sienten los impíos, sino que junto con su vara, sentirás Sus brazos amorosos, extendidos hacia ti.

Por: David Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Salmos 69 Acción de Gracias

Alabaré yo el nombre de Dios con cántico.

  Lo exaltaré con alabanza.

Se acerca el día de acción de gracias.  Muchos solo repiten lo que conocen como una tradición y celebran solo ese día.  Dar gracias a DIOS es cada día que abrimos nuestros ojos en la mañana, humillarnos ante el soberano Dios puesto que encontramos gracia delante de sus ojos y ser receptores y beneficiarios del privilegio y bendición que NO merecemos.  Pero ÉL en su inmensa misericordia nos da una nueva oportunidad de hacer la voluntad del padre.  Pero, ¿que es dar gracias?  GRACIAS, es una una palabra que pronunciamos para expresar gratitud especial; pero a veces no es suficientemente inmenza para expresarlo todo.  Se origina en el corazón, muy adentro, produciendo el sentimiento más hermoso y del pensamiento más sincero.   Es la expresión máxima de un agradecido por una acción voluntaria de parte de otro hacia nosotros.  Significa, que eres agradecido.  Significa que eres conforme con lo que recibes.  Significa. que disfrutas de lo recibidosignifica que no tenías que hacerlo pero te agradezco tanto que lo hicieras.significa que esperas en mi.  Gracias mi soberano. 

Gracias es una actitud de Gratitud. 

Esta actitud debe ser repetida todos los días. 

Gracias. 

Por: Ptr. Monserrate Maldonado

Jeremías y Jesús

“Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mat. 23:37).

            El llanto de Jesús sobre Jerusalén refleja el carácter de Jeremías y también nos remite a él. Jesús estaba viviendo el mismo rechazo siglos más tarde: “El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado” (ver Sal. 69:19-21). ¡Cuántas veces habría meditado en la angustia de este profeta, y cuántas veces no habría tomado ejemplo y ánimo de él! Habría sentido su cercanía y se habría identificado con su dolor. Era su compañero de milicias y estaba agradecido por su compañerismo, porque Jeremías había entrado en sus padecimientos. Cuando Jesús subía a Jerusalén para morir decía: “No es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lu. 13:33). Al llegar al templo se acordó del sermón de Jeremías predicado en este mismo lugar y lo citó: “Y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Jer. 7:11). 

            En Jeremías, Jesús encontró un amigo que amaba Jerusalén con un amor parecido al suyo; amaba hasta las piedras de sus muros y el polvo de sus calles, y los dos tuvieron que profetizar sobre la destrucción de la ciudad por su rechazo de la palabra de Dios: “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Ves todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mat. 24: 1, 2). Jesús no lo dijo como un dato interesante, sino con profundo dolor.

Jesús buscaba compañerismo humano en su sufrimiento. Cuando dijo a sus discípulos: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo” (Mat. 26:38), ellos se durmieron. Jesús tuvo que encontrar el compañerismo que anhelaba en los profetas de días pasados, en Jeremías y en otros de su calibre como Oseas que vivía en su carne la infidelidad que Dios experimentó con su amada Israel. ¿Qué hizo cuando encontró de nuevo a su esposa adultera? ¡Se volvió a casar con ella!  Nehemías hizo duelo cuando supo que el muro de Jerusalén fue derribado y sus puertas quemadas a fuego; se sentó y lloró y ayunó y oró. Esdras cruzó un desierto a pie para reconstruir su templo. 

No eran muchos, pero se cuentan entre aquellos de los cuales el mundo no es digno. Eran los grandes de la historia: Isaías, Jeremías, Ezequiel, personas como el apóstol Pablo, nacido más tarde, pero que ardía con el mismo amor por Jerusalén y el pueblo de Dios que los profetas: “Tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón, porque deseara yo mismo ser anatema, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas” (Rom. 9:1-4). Habría dado su alma por ellos.

JeremíasyJesus

Cuando Dios destruyó Jerusalén no lanzó relámpagos desde el cielo con desprecio, sino con el corazón quebrantado. La tormenta que cayó sobe la ciudad fueron las lágrimas de Dios, y lo que sacudió sus fundamentos eran sus sollozos. ¿Cómo puede amar a gente tan mala? Pregúntale a Jesús, y pregunta a los profetas. Forman una unidad con el corazón de Dios que añora a una humanidad perdida. Jeremías tenía que haber sido una de las personas de toda la historia que más entendía el corazón de Jesús. 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Adoramos a Dios con . . .

Tema de edificación y bendición a nuestras vidas en la Palabra de Dios

en el servicio de la Escuela Bíblica Dominical de la Iglesia De Dios

El Taller Del Alfarero por la Pra. Daisy Rodríguez, disponible por el

Canal La Gloria Es De Dios

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-15167

TV studio with camera and lights

Es bueno dar gracias a Dios

Leer | SALMO 92.1-5

¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué nos dice la Biblia, una y otra vez, que demos gracias al Señor? La razón principal es porque Él se lo merece. Todo lo que usted y yo somos y tenemos viene de Dios. Él le creó, y es quien mantiene su corazón latiendo. Reclamar su vida como suya y hacer lo que le viene en gana, es la ingratitud más grande. Dios le creó a usted para que lo ame, e hizo un gran sacrificio para librarle del pecado y convertirle en su hijo. Dar gracias al Señor es una manera de honrarlo, reconociendo todo lo que Él ha hecho.

La mayoría de nosotros probablemente tendríamos que reconocer que nuestras oraciones tienden a ser más bien egocéntricas. Venimos con nuestra lista de peticiones, ¿pero cuánto tiempo pasamos dando gracias a Dios por lo que Él ha hecho? El salmista nos dice que comencemos cada mañana enfocándonos en su misericordia para el día que tenemos por delante, confiándole todas nuestras preocupaciones. Después, en la noche, debemos darle gracias por su fidelidad, y fijarnos en las maneras como Él proveyó para nuestras necesidades y guió nuestros pasos.

Aunque hayamos tenido alguna ansiedad o dificultad en el día, aun así podemos dar gracias a Dios por su presencia y por su promesa de hacer que todas las cosas ayuden a nuestro bien (Ro 8.28).

EsbuenodarGracias

 

Aparte tiempo esta semana para recordar lo que Dios ha hecho por usted, y dele gracias. Sea creativo, y piense en todas las maneras como puede mostrarle gratitud, y después cante, alábelo y adórelo con júbilo. Al mantener su enfoque en Dios, usted puede tener una actitud de agradecimiento todo el día.

Por Min. En Contacto

Un mensaje penetrante

Los apóstoles nunca trataron de hablar con sutileza a las personas cuando estaban presentando el evangelio. Su comunicación no suponía ser “genial” o reconfortante. Su objetivo era penetrar el corazón, para convicción de pecado. Ellos no tenían la menor intención de preguntar: “¿Qué es lo que la gente quiere oír? ¿Cómo podemos atraer más gente a la iglesia el domingo?” Esa hubiese sido la última cosa en sus mentes, tal enfoque habría sido ajeno a ellos.

En lugar de tratar de llevar a los hombres y mujeres a Cristo en la forma bíblica, somos consumidos con el concepto no bíblico de “crecimiento de la iglesia”. La Biblia no dice que debemos apuntar a números, sino más bien nos urge a proclamar el mensaje de Dios en la valentía del Espíritu Santo. Esto construirá la iglesia de Dios a la manera de Dios.

Lamentablemente, algunas iglesias ahora supervisan continuamente lo contento que el pueblo está con los servicios y preguntan qué más les gustaría. ¡No tenemos permiso alguno para ajustar el mensaje del evangelio! Tanto si parece popular o no, si está “acorde” a los tiempos o no, debemos proclamar con fidelidad y valentía que el pecado es real, pero Jesús perdona a aquellos que lo confiesan.

En ninguna parte Dios le pide a alguien que tenga una iglesia grande. Él sólo nos llama a hacer Su obra, proclamando Su Palabra a la gente que Él ama bajo la unción y el poder del Espíritu Santo para producir resultados que sólo Él puede lograr. La gloria entonces va sólo para Él, no para ninguna denominación, iglesia local, pastor local, o consultor de crecimiento de la iglesia. Este es el único plan de Dios, y todo lo demás es una desviación de la enseñanza del Nuevo Testamento.

Hoy en día tenemos un espíritu anti-autoridad en Estados Unidos que dice: “Nadie puede decirme que tengo que cambiar. Ni te atrevas”.

Caerbien

Tanto en el púlpito como en la consejería pastoral con demasiada frecuencia hemos cedido a esta mentalidad y hemos tenido miedo de decir la verdad sobre el pecado. Seguimos apelando a la frase de Pablo que dice “a todos me he hecho de todo” (1 Corintios 9:22), sin darnos cuenta que en el párrafo siguiente, dice: “Corred de tal manera que…obtengáis [el premio]” (Ver versículo 24). Adaptar nuestro estilo para ser escuchados es una cosa, pero el mensaje nunca puede ser cambiado sin dejarnos con las manos vacías delante del Señor.

Por Jim Cymbala

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Dos preguntas en cuanto a la oración

“Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que el permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Juan 3: 22.24).

¿Estás en condiciones para orar? ¿Conoces a quién estás orando?

En el caso de un incrédulo arrepentido, la única condición necesaria para que Dios le oiga es la sinceridad, pero en el caso de alguien que ya es su hijo, la cosa cambia, porque este hijo está siendo disciplinado para que Dios le pueda conceder las llaves del cielo y darle cualquier cosa que pida sin hacer violencia a Su naturaleza o Su obra. Pare ello, es necesario que este hijo conozca a su Padre, que tenga fe en Él, que sea obediente, que haga lo que a Dios le agrada, que ame a sus hermanos y que realmente viva en Dios y Dios en él. La fe y el amor tienen éxito. Dios oye las oraciones de un hombre amoroso. Cualquier cosa que le pide la recibirá de Él.

Dospregtsectoalaoracin

Sin fe en la bondad, poder, amor, sabiduría y cariño de Dios, Él no te puede contestar tus oraciones, porque te haría daño: “Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). ¿Estás orando a un Dios sordo, desinteresado en ti, arbitrario, duro, irrazonable y distante, quien, por algún motivo que no logras entender, no te da lo que le pides? No hay gozo en una vida de oración así. Dios no te concede lo que pides, porque te confirmará en tu incredulidad. Sí, incredulidad, porque no crees en el Padre amoroso que te oye. Estás pidiendo cosas que has pedido muchas veces sin tener respuesta y sigues pidiendo, pero sin ninguna convicción que Dios te ha oído o que te lo va a conceder. Este es el estado muy lamentable de la vida de oración de muchos creyentes sinceros. Están orando sin fe y con dudas acerca de Dios. Dios no va a contestar a estas oraciones, porque sería premiar su incredulidad y confirmarles en sus ideas equivocados de Él y de la oración.

“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye, en cualquiera cosa que pidamos sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14, 15). Sin fe en que lo que pido es su voluntad, en que me oye y en que tengo ya lo que le pido, no tendré respuesta: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6, 7). ¿Has perdido la paciencia con Dios? Le dices: “¿Cuántas veces te tengo que pedir tal cosa para que me contestes? ¿Cien? ¿Hay una cuota que tengo que alcanzar? ¿Hace falta que oren cierto número de personas conmigo para que me contestes?” Si este es tu caso, y realmente reunís las otras condiciones para que Dios te oiga, puede ser que lo que necesitas es arrepentirte de tu actitud y creer (¡y saber!) que ya tienes lo que has pedido, y que empieces a dar gracias al Señor por la respuesta. El hijo que permanece en Dios ora así: “Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes”.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Escoger bien

“Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. 

 (Lu. 10:42).

            María tuvo que escoger entre ayudar en la cocina y estar con el Señor: difícil elección, porque o bien quedaba mal con su hermana, o bien quedaba mal con Jesús. Hizo su elección, sufrió las consecuencias con el enfado de su hermana, pero consiguió la aprobación del Señor. A veces los más cercanos no entienden si optamos por Jesús. Si tú decides ser misionera, ¿cómo reaccionarán tus padres? Si decides no casarte con tu novio porque no es creyente, causarás daño a personas que quieres. Muchas veces no te van a comprender.

            En la vida tenemos que hacer muchas elecciones. A veces las dos opciones son buenas, y tenemos que elegir entre lo bueno y lo mejor. Otras veces lo que debemos elegir es obvio, pero difícil, porque implica sacrificar algo que nos gusta. Por ejemplo:

·       La televisión o tiempo con el Señor.

·       Dormir un poco más por la mañana, o levantarnos pronto para tener un tiempo devocional antes de empezar el día.

·       Una carrera (o un trabajo) en la cual se puede ganar mucho dinero, pero que deja poco tiempo para el Señor, u otra que nos deja más libre para cosas espirituales.  

·       Trabajar todo el día o solo unas horas y disponer de tiempo para las cosas del Señor.

·       Trabajar el domingo o perder el trabajo.

·       Casarte con un creyente mundano o quedarte soltera. 

·       Quedarte en casa cocinando para los invitados o ir al culto.

·       Comprar un piso caro que te dejaría ahogado o vivir más humildemente y estar más libre.

·       Dedicar el domingo a viajar para ver a la familia o ir a la iglesia.

Una amiga decidió estudiar menos, sacar notas no tan altas, y dedicar tiempo a la evangelización. Otra decidió no ir a una fiesta en un retiro de iglesia para dedicar tiempo a la oración. Cada decisión es algo que hacemos delante de Dios en oración pidiendo sabiduría, dispuestos a sacrificar lo que preferimos para hacer lo que discernimos es su voluntad.    

EscogerBienlamejorparte

            La cuestión es si Jesús va a ser la primera prioridad en tu vida o si va a ser tu marido, la familia, el trabajo, la iglesia, tu ministerio, el descanso, las diversiones, o tú misma. Jesús lo tuvo claro a los doce años: lo prioritario tenía que ser los negocios de su Padre. Aun en los años de trabajo en la carpintería, su primera prioridad fue la relación con el Padre, y nunca varió todos los días de su vida. Siempre ordenaba su vida para tener tiempo para orar y meditar en la Palabra y llevar a cabo lo que Dios le iba revelando durante aquellos tiempos que apartaba para estar a solas con Aquel al que amaba. Decisiones acertadas fueron el resultado.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

A %d blogueros les gusta esto: