Mes: septiembre 2018

Quién es el verdadero profeta

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la faz de la tierra, con mi gran poder y con mi brazo extendido, y la di a quien yo quise. Y ahora he puesto todas estas tierras en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan. Y todas las naciones le servirán a él”

(Jeremías 27:4-7).

            Dios hizo la tierra y Él decide quiénes reinarán sobre ella, cuánto tiempo durará su reinado, sobre qué países reinarán y el alcance de su dominio. Se refiere a Nabucodonosor como “mi siervo”, porque está llevando a cabo la voluntad de Dios,  aunque no sea consciente de ello. Lejos de desear servir a Dios, se opone a Dios, pero este gran emperador es solo un títere en manos de Dios. ¡Sus planes despóticos están cumpliendo los designios de Dios mientras que todo el tiempo está decidiendo libremente! Por eso, Dios le mantiene responsable por todas las atrocidades de guerra que comete y le castigará por ellas en su día. Este es el misterio de la soberanía de Dios.

            El mal esta decretado sobre todas las naciones que andan haciendo daño. El juicio de Dios les ha llegado. Con todo, nuestro asombroso Dios ofrece alivio a los que siguen sus instrucciones: “Mas la nación que sometiere su cuello al yugo del rey de Babilonia y le sirviere, la dejare en su tierra, dice Jehová, y la labrará y morará en ella” (v. 11). Es la oferta para sobrevivir que Dios hace a estas naciones. Si se rindan, se salvarán. Si luchan, perecerán.  Es lo mismo hoy. Aunque has hecho un desastre de tu vida y las consecuencias van a ser graves, si te sometes a las instrucciones de Dios, te irá mucho mejor y el sufrimiento será menos.

            Ahora en nuestra historia viene un conflicto muy interesante entre Jeremías y los falsos profetas. Ellos han estado profetizando que los enseres del templo que han sido llevados a Babilonia pronto serán devueltos. Es mentira dar falsas esperanzas al pueblo. Jeremías les desafía: “Si ellos son profetas, y si está con ellos la palabra de Jehová, oren ahora a Jehová de los ejércitos para que los utensilios que han quedado en la casa de Jehová  no vayan a Babilonia” (v. 18). Entonces quedará claro si realmente son profetas. Si una persona profetiza y su palabra no se cumple, ese es un embustero. Jeremías había profetizado que los utensilios que se han quedado en el templo también serían transportados a Babilonia y que no volverían hasta dentro de 70 años. A corto plazo se verá si ellos tienen razón o si son falsos.

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            El tiempo dio la razón a Jeremías, pero en estos momentos fue muy difícil para él, porque él quitaba la esperanza que daban los falsos profetas que la cautividad iba a terminar en dos años. El mensaje de los falsos predicadores siempre es más atractivo.

            Nabucodonosor tenía la costumbre de destruir los templos de los países que conquistaba y llevar sus ídolos a Babilonia y ponerlos en el templo de su dios, Marduc,   simbolizando su mayor poder, pero cuando llegó a Jerusalén, no encontró ningún ídolo en el templo. Por eso se llevó los enseres. El pueblo judío amaba el templo. Casi la adoraba. Para ellos, los muebles del templo eran casi sus dioses. Su corazón estaba en la religión, en los ritos, pero muy lejos de Dios. Era lo mismo en tiempos de Jesús. Ya sabemos lo que pasó cuando Jesús fue falsamente acusado de decir que iba a destruir el templo. ¡Le tuvieron por digno de muerte! (Mt. 27:40). Aquí hay una a gran lección: ¿Está nuestro corazón en las cosas de Dios o en Dios mismo?

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Palabra específicas de Dios

Pedro estaba orando en la azotea (Hechos 10:9) y, a muchos kilómetros de distancia, otro hombre estaba también orando, Cornelio. “Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas” (Hechos 10:1-6). ¡Qué instrucción más detallada!

Entretanto, Pedro tenía una visión: “Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan…no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado” (Hechos 10:19-20). Pedro va a la casa de Cornelio y se encuentra con un hombre orando. “Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída…Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hechos 10:30-33). El Espíritu Santo fue tan específico que incluso dio ambos nombres: “haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro” (versículo 32).

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A través de todo el libro de los Hechos, leemos estas palabras: “Dios les dijo…”, “Dijo el Señor…”, “El Espíritu Santo dijo…” “El ángel dijo…”. El cielo no estaba cerrado. Ellos tenían la mente clara del Señor, una mente muy práctica, detallada y clara. Pero la palabra del cielo vino sólo después de mucha oración, después de mucho tiempo de estar encerrados con Dios en el secreto.

Por David Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Cristo, de ambos pueblos hizo uno

Buenos días Dios les bendiga

Aquí les dejo el vínculo al tema de la Escuela Bíblica Dominical

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en voz de la Hna. Pra. Daisy Rodríguez, ahora disponible en el

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Buscando el rostro del Señor

El libro de los Hechos es la historia de los hombres y mujeres santos que buscaron el rostro del Señor. De principio a fin, nos enseña cómo la oración mueve a Dios. Ya sea en Aposento Alto, en la prisión, en alguna casa oculta de las autoridades o en la casa de Simón o en la calle llamada Derecha, ¡estas personas oraban! Oraban por la mañana y a veces toda la noche, oraban sin cesar. Cornelio oraba siempre y Pedro oraba sobre azoteas. En la orilla del mar, en el templo o en el desierto, invocaban al Señor continuamente. Pasaban horas y días encerrados con Dios, hasta que recibían una guía clara y detallada. Y ¡qué información específica increíble les daba Dios!

Ananías era un hombre de Dios, un discípulo dedicado a la oración. “Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista” (Hechos 9:10-12).

Escucha las instrucciones detalladas que Dios le dio. Él le indicó la casa precisa, el nombre del dueño de dicha casa y el nombre de aquél por quien debía orar. Entonces Dios le dijo: “Él sabe que vas a ir, inclusive sabe tu nombre y sabe qué vas a hacer cuando entres a su habitación, ¡porque yo se lo conté todo!” ¿Por qué le informaría el Señor a este recién convertido estos detalles específicos? ¡Porque él oraba! “Durante tres días, Saulo había ayunado y orado. Él no decía: “Señor, ¿qué puedes hacer por mí?”, más bien: “Señor, ¿qué quieres que haga por ti?”

Buscando el rostro del señor

Si Saulo se hubiera convertido en nuestro tiempo, él estaría enfrentando a un mundo cautivador, medios de comunicación, publicación de un “best seller” e invitaciones para dar su testimonio en diversas iglesias en todo lugar. Como Saulo, muchos son salvados milagrosamente hoy en día, pero a diferencia de él, pronto caen en confusión y no saben qué hacer. Dios le dijo a Saulo: “Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6). Dios le estaba diciendo: “¡Ve y ora! Buscar Mi rostro y aprende a esperar en Mí”. No recibió dirección alguna hasta haber pasado tres días en oración. Pero algo poderoso sucedió durante la oración: Saulo llegó a conocer la voz del Señor y aprendió a depender de Su dirección. Aunque él era un creyente recién nacido, él ya estaba siendo claramente guiado por Dios. Él no necesitó a un consejero o a un profeta para que le muestre qué hacer; no necesitó a nadie que le dé una palabra de conocimiento. ¿Por qué? Porque el Señor había dicho: “Yo le mostraré” (Hechos 9:16).

Por David Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Tres profetas y un …

“Así ha dicho Jehová: Ponte en el atrio de la casa de Jehová, y habla a todas las ciudades de Judá… todas las palabras que yo te mandé hablarles; no retengas palabra. Quizá oigan, y se vuelvan cada uno de su mal camino…”   (Jeremías 26:2, 3).

 

¡No hay ningún Dios como este! Sigue guardando la esperanza que quizás Judá se arrepienta para que Él no tenga que destruir la ciudad. ¡Otro dios habría perdido la esperanza hacía años! Habría acabado con ellos de una vez. Hasta el último momento el nuestro seguía ofreciendo la posibilidad de perdón y salvación. Es inconcebible tanto amor persistente. 

 

Jeremías fue al templo y predicó lo que Dios le mandó. “Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad” (v. 11). Jeremías, tal como su Dios, respondió ofreciéndoles salvación: “Mejorad ahora vuestros caminos y vuestras obras, y oíd la voz de Jehová vuestro Dios, y se arrepentirá Jehová del mal que ha hablado contra vosotros. En lo que a mí toca he aquí estoy en vuestras manos; haced de mí como mejor y más recto os parezca” (v. 13, 14). Jeremías no se defiende. Su preocupación es por ellos, no por sí mismo. ¿No te recuerda esto al Señor Jesús camino a la cruz?: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque he aquí vendrán días en que…” (Lu. 23:28). Profetizó la calamidad que cayó sobre Jerusalén 40 años más tarde. En cuanto a Jeremías, no murió. Dios usó los príncipes y algunos ancianos del pueblo para defenderle.

 

Un profeta llamado Miqueas de Moreset había profetizado lo mismo que Jeremías en tiempos de Ezequías rey de Judá, con el resultado que el rey “temió a Jehová, y oró en presencia de Jehová, y Jehová se arrepintió del mal que había hablado contra ellos” (v. 18- 19). Su profecía surtió efecto y no hubo mortandad.

 

Luego hubo otro profeta, un tal Urías, que profetizó contra Jerusalén también diciendo lo mismo que Jeremías. El rey Joacim  procuró matarle, pero él se escapó a Egipto. El rey le mandó traer de allí y lo mataron a espada y echaron su cuerpo en los sepulcros del vulgo (v. 23). Si no hubiese escapado para salvarse la vida, ¿le habrían matado? ¿Hizo mal en huir? ¿Qué habrías hecho tú en su lugar? Lo que sí vemos es que si Dios decide salvar a su siervo, lo hace. La postura de Jeremías fue muy noble; podría haber tenido otro desenlace, pero Dios había determinado salvarle.

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Lo que nos toca a nosotros es comunicar el mensaje. Puede haber un resultado positivo o no. Pueden matarnos o no. Hemos de dejar tanto el resultado de nuestra predicación, como nuestra propia vida en manos de Dios. Él usará la palabra para llevar a cabo su propósito al enviarla, y guardará nuestra vida hasta que terminemos la obra que tenía destinada para nosotros. Antes de su martirio, Jesús dijo: “He acabado la obra que me diste que hiciese” (Juan 17:4). ¡Que podamos decir lo mismo!

Enviado por Hno. Mario Caballero

El Señor nos repara

“El Señor levanta del suelo al pobre, y saca del lugar más bajo al necesitado para sentarlo entre gente importante, entre la gente importante de su pueblo.” Salmos 113:7-8 (DHH)

En una ocasión, un hábil artesano iba por el camino ocupado en sus quehaceres, cuando vio una deteriorada silla tirada a la calle por su antiguo dueño, quien de seguro la consideró digna de ser desechada por su mal aspecto y por no “servir” más para lo que originalmente había sido hecha.

Este hombre vio la silla con ojos de artista y se interesó tanto en ella, que la sacó del basurero y la llevó a su taller, tomándose el tiempo suficiente para limpiarla y repararla. Fue tal su interés en ella, que con su cámara fotográfica registró paso a paso la restauración. Su idea era transformarla en una hermosa pieza que volviera a tener el uso para el cual había sido diseñada.

Muy grande fue su satisfacción cuando, luego de trabajarla con gran esmero, surgió de entre sus manos un objeto digno de estar en posesión tal vez no de un príncipe, pero sí de algún gran ejecutivo. Es maravilloso cuando logramos ver más allá de lo evidente, y hacer de algo descartable un artículo de lujo digno de cualquier escaparate.

Así como este hábil artesano hizo con esa silla, así el Señor quiere hacer contigo joven amigo: “el Señor levanta del suelo al pobre, y saca del lugar más bajo al necesitado” (Salmo 113:7).

ElSRnosrepara

Dios mira nuestras almas con misericordia, y sabe de qué y para qué estamos hechos. Y, aunque en algún momento lleguemos a olvidar nuestra misión en este mundo, debemos recordar siempre que el Señor, al levantarnos del polvo, lo hace para sentarnos “entre gente importante, entre la gente importante de su pueblo” (Salmo 113:8).

Por CPTLN

Habla con el Padre

Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y con la puerta cerrada ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Cuando ustedes oren, no sean repetitivos, como los paganos, que piensan que por hablar mucho serán escuchados. Mateo 6.6-7

Refiriéndose a la oración, Jesús dice que no seamos como los que no conocen al Dios verdadero y que repiten continuamente lo que ya dijeron: “No sean como ellos, porque su Padre ya sabe de lo que ustedes tienen necesidad, antes de que ustedes le pidan. Por eso, ustedes deben orar así: “Padre nuestro, que estás en los cielos” (Mateo 6:8-9a).

HablaconelPadre

Dios sabe de lo que necesitas, pero aun así quiere que hables con él, que lo llames, que abras tu corazón delante de él. Porque él no es un Dios alejado de nosotros, sino que es el verdadero Dios que se presenta como Padre, y que quiere que le llamemos “Padre nuestro”. Un padre cercano, accesible y preocupado contigo. Habla con él, él está esperando escuchar tu voz y corazón.

Por CPTLN

Moneda fuerte

 Entonces Jesús les dijo: Ustedes se justifican a ustedes mismos delante de la gente, pero Dios conoce su corazón; pues lo que la gente considera sublime, ante Dios resulta repugnante. Lucas 16:15

¿Cuánto cuesta el atardecer? ¿Y la sonrisa de un niño? Existen muchas cosas que el dinero no puede comprar. Bombardeados con publicidades e insinuaciones de toda la felicidad que el consumismo y el dinero supuestamente nos pueden dar, a veces es necesario que Dios nos despierte.

MonedaFuerte

“… Pues lo que la gente considera sublime, ante Dios resulta repugnante.” (Lucas 16:15c). Eso les dijo Jesús a las personas que amaban el dinero. Y por más dinero que tengas, no podrás vivir eternamente, porque para entrar en el reino de Dios, la única moneda que cuenta es el amor de Jesús y su obra por nosotros. ¡Y eso lo recibes gratuitamente! El dinero que tienes no vale nada para Dios, pero tú sí.

Por CPTLN

Buscando la Paz

Sólo en Dios halla tranquilidad mi alma; sólo de él viene mi salvación. Salmo 62:1

Todos deseamos vivir en paz: queremos vivir en paz interior, queremos vivir en paz con nuestros familiares. Pero, no siempre “querer vivir en paz” es suficiente. ¿Por qué? Porque somos imperfectos. Todos cometemos equivocaciones, especialmente cuando se trata del relacionamiento con los demás. ¿Deseas encontrar paz? ¿Deseas aprender cómo tener paz interior y estar en paz con tu prójimo? El salmista David nos dice: “Sólo en Dios halla tranquilidad mi alma; sólo de él viene mi salvación” (Salmo 62:1).

Buscandolapaz

Las personas buscan la paz en muchos lugares donde, lamentablemente, no puede ser encontrada. La mayoría se olvida de buscar esa paz que tanto anhelan en Dios, quien es el único que nos ofrece la verdadera paz. Por lo tanto, confía en él. Él envió a su hijo Jesucristo al mundo para hacer las paces entre la humanidad y Dios. Quien está en paz con Dios también estará en paz consigo mismo y con el prójimo. La Biblia es el manual de la paz. Ella enseña el camino de la paz: ¡Jesucristo! ¿Deseas paz? Cristo te da la paz hoy y siempre.

Por CPTLN

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