Mes: agosto 2018

Una vida mejor


… está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después venga el juicio. Hebreos 9:27

Para quienes mueren confiando en Cristo, la muerte es la puerta a la vida eterna junto a Dios. La vida en el cielo va a ser mucho mejor que la que tenemos aquí en la tierra donde sufrimos tantas dificultades, persecuciones y problemas, y donde luchamos en medio de aciertos y equivocaciones.
Unavidamejor
Dios nos dice en su Palabra que en el cielo no habrá más luchas, dolores, lágrimas ni sufrimientos. Por lo tanto, esperamos con expectativa esa eternidad junto a nuestro Padre celestial, seguros que, en Cristo, el cielo se abre y nos abraza como el abrazo perdonador de una madre.

Por CPTLN

Respeto a los padres

Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tu vida se alargue en la tierra que yo, el Señor tu Dios, te doy. Éxodo 20:12

Es triste cuando vemos a un hijo tratar a sus padres sin cariño y a veces incluso de manera ruda. Dios nos dio un mandamiento que dice: “Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tu vida se alargue en la tierra que yo, el Señor tu Dios, te doy” (Éxodo 20:12). Esto quiere decir que la manera con la que tratamos a nuestros padres debe ser tal, que ellos se sientan honrados y orgullosos de tenernos como hijos. Y esto no es un pedido de alguna persona, sino una orden del mismísimo Dios.

RespetoalosPadres
Los padres son dignos de ser honrados porque a través de ellos sus hijos recibieron la vida y el cuidado necesarios para crecer, y porque Dios los puso como autoridad sobre los hijos. Esa autoridad implica que deben instruir a sus hijos en la voluntad y los caminos de Dios. Los padres son los representantes de Dios en la tierra. Por lo tanto, tratemos a nuestros padres con toda la honra y el amor que ellos merecen. Esa es la voluntad de nuestro Dios para nuestro bien.

Por CPTLN

No te olvides de Dios


Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual algunos, por codiciarlo, se extraviaron de la fe y acabaron por experimentar muchos dolores.

1 Timoteo 6:10

Estabilidad financiera, ¿quién no la quiere? Todos queremos vivir de una manera confortable y tener un futuro seguro. Y eso en sí no está mal. El problema es cuando nos preocupamos tanto por lograrlo, que vivimos sólo para ganar dinero y acumular bienes, olvidando que de la vida no nos vamos a llevar nada material. La Biblia dice: “La raíz de todos los males es el amor al dinero”.

AmorAlDinero

Todos necesitamos dinero para vivir, pero no debemos codiciarlo al punto de que nos aleje del camino de la fe. Por el contrario, pon delante de Dios todas tus necesidades y deseos. Dios atenderá tus pedidos en el momento adecuado y según su voluntad. Puedes estar seguro que él sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros. Recuerda que la mayor riqueza que se puede tener es confiar en Jesucristo y en el perdón que él nos regaló al morir en la cruz y resucitar de la muerte.

Por CPTLN

Reconciliación

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve y reconcíliate primero con tu hermano, y después de eso vuelve y presenta tu ofrenda. Mateo 5:23-24

Muchas veces en la vida se nos aparece alguien que nos incomoda y nos irrita. En algunas ocasiones esa irritación es tanta, que llegamos al punto de tomarle rabia a esa persona y, en casos extremos, podemos hasta llegar a desearle el mal. ¿Imagínate si Dios fuera así? Imagina si Dios deseara nuestro mal cada vez que lo irritamos o incomodamos, o cada vez que lo desagradamos con nuestras actitudes y pensamientos.

Reconciliación

Felizmente, Dios no es como nosotros. Él no sólo nos ama así como somos, sino que además hizo algo para solucionar el problema de nuestro pecado: envió a su único hijo Jesucristo para morir sacrificar su propia vida por nosotros y vencer al pecado y la muerte en nuestro lugar.  Gracias a ello, nuestra relación con Dios, que estaba quebrantada, ha sido restaurada. Cuando estés lidiando con una persona que no te agrada mucho, recuerda todo esto y podrás cambiar de actitud.

Por CPTLN

La Piedra Crece

LA PIEDRA CRECE

“Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y lo desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecho una gran monte que llenó toda la tierra” (Daniel 2:34, 35).

            Aquí tenemos la visión de una gran estatua que representa en grandes rasgos la historia de este mundo y su final. Estamos viviendo en los tiempos del cumplimiento de la última parte de esta visión, en los que la estatua ha recibido el golpe mortal y se va cayendo, y la piedra está creciendo para llenar toda la tierra. Vamos a retroceder para recoger los detalles.

            A Nabucodonosor, monarca absoluta de Babilonia, Dios dio una visión del curso de la historia en forma de la figura de un gran estatua de un superhombre compuesto de cuatro metales representando cuatro clases sucesivos de gobierno. La primera es el absolutismo. Así fue el rey de Babilonia. Tuvo un vasto emperio que absorbió muchas naciones. Él fue adorado como semidivino y su palabra era ley.  No permitió ninguna religión sino la adoración de su persona. Solo había muerte para el que no se sometía a su autoridad (Dan. 3:7). Él trasladaba la gente que había conquistado a otros lugares y mezclaba lenguas y nacionalidades para que no se sublevasen. Deportó a los israelitas a Babilonia y a gentes de otras partes de su imperio a Israel. (Los hijos de estas gentes eran los que constituían los samaritanos en tiempos de Jesús).

            El gobierno siguiente era el de los persas. Para ellos la ley estaba por encima del rey. (Por eso el rey no podía cambiar la ley para salvar a Daniel; Dan. 6:12). Éstos eran pluralistas: respetaban la religión de cada pueblo y permitían a los que habían sido deportados a Babilonia a que volviesen a sus países de origen y reconstruyesen sus templos, incluyendo a los de Israel (Esdras 1:1, 2).

            Los persas fueron seguidos por los griegos bajo Alejandro Magno. Llegaron a tener un gobierno que abarcaba a gran parte del mundo. Su gobierno fue una mezcla de dictadura y democracia.

LaPiedraCrece

La cuarta parte de la estatua representa el gobierno romano, el gran imperio romano, imponente poder militar mezclado con la voz del pueblo, cosa que no cuaja, el hierra y el barro. Éstos estaban en el poder cuando nació Jesús. Él es la piedra cortada sin mano, es decir, de origen divino, que hiere la estatua en sus pies y termina desmenuzándola, dejándola hecho polvo y va creciendo y creciendo. Es la piedra que los edificadores desecharon que ha vendo a ser la cabeza del ángulo (1 Ped. 2:1-7). Jesús es la primera piedra, el fundamento, del templo de Dios, la Iglesia, que Él mismo está edificando, compuesta de piedras vivas, de los salvos de todas las naciones. Esta Iglesia seguirá creciendo hasta llenar todo el mundo. Entonces Cristo volverá y establecerá su gobierno, una teocracia. Reinará en justicia y paz sobre todos los países del mundo al final de la historia. En  nuestros días estamos viendo crecer enormemente la iglesia en toda América Latina y en el Oriente. Quizás esta sea la generación que verá su venida.

Por David Burt

(Insumo de un Estudio completo)

Enviado por el Hno. Mario Caballero

La Meta

 

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados, porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:28, 29).

Hemos visto que el Espíritu Santo usa todo lo que nos pasa para hacernos más como Jesús, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos, esto es, para que Jesús sea el hermano mayor con muchos hermanos que se parecen a Él. Él es el modelo. La meta es ser como Él, no en su divinidad, sino en su carácter. Este es el carácter que agrada a Dios. Del Hijo dijo: “Este es mi Hijo amado en el cual tengo mi ijo amado en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17 y 17:5). Todas las cosas no ayudan a mi comodidad o gusto, sino a mi transformación, y esto es lo que Dios quiere.

Fuimos creados a la imagen de Dios (Gen. 1:27), pecamos, caímos, y distorsionamos la imagen, pero hemos sido reengendrados y “el Espíritu de Dios que movió sobre la faz de las aguas” en la primera creación para traer orden a lo que“estaba desordenado” (Gen. 1:2) está moviendo sobre las profundidades de mi vida para restaurar el perfecto orden de Dios, y este orden consiste en que yo sea como Cristo.

¿Cómo es Jesús? Hablando de sí mismo el Señor dijo: “Soy manso y humilde de corazón” (Mat. 11:29). Para parecerme a Jesús tengo que ser mansa y humilde de corazón. ¿Lo soy? ¿O soy terca, de carácter fuerte, orgullosa, determinada a salirme con la mía, no me someto a nadie, tengo que llevar a voz cantante, no permito que nadie me diga nada, siempre tengo razón, manipulo y  insisto para conseguir mi voluntad, controlo a otros, busco ser el centro de atención, doy la nota, etc, etc. Entonces no soy como Jesús. ¿Qué Escrituras ha traído el Espíritu Santo a mi atención para hacerme cambiar?  ¿Qué personas ha puesto en mi vida para enseñarme cómo soy? ¿Qué experiencias estoy teniendo para moldearme? ¿Qué sufrimientos he tenido que pasar para hacerme más cómo Jesús?

LaMeta

Dios perfecciona a sus santos por medio del sufrimiento. Amy Carmichael, la amada misionera a la India, pasó los últimos veinte años de su vida con dolores terribles debidos a un accidente, y la que era casi perfecta se perfeccionó por medio de lo que padeció. De Jesús mismo leemos: “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (Heb. 2:10). En su caso el que era perfecto se perfeccionó aún más por aflicciones, como modelo para los muchos hijos que está llevando a la gloria.

 

Volviendo a nosotros mismos, ¿qué me falta para ser cómo Jesús? ¿Más paciencia? ¿Más compasión? ¿Una vida más disciplinada? Más oración? ¿Más valor? ¿Más constancia? ¿Más control de mis emociones? ¿Más control de mi lengua? ¿Más gozo? ¿Un oído más abierto a Dios? ¿Una obediencia más radical? ¿Más poder en el Espíritu Santo?  El Espíritu Santo está al tanto, obrando todas las cosas para el supremo bien, para que refleje la imagen de Dios en Cristo. 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Ovejas esparcidas

“Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto;  en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas” (Ez: 34:6)

            “Andan errantes por falta de pastor” (v. 5). Dios está consternado por las condición en que se encuentran sus ovejas y echa la culpa sobre los pastores. “Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, les haré dejar de apacentar las ovejas” (v. 10). Los pastores no han cumplido con su función: “No fortalecisteis a los débiles, no curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia” (v. 4). No se han ocupado de ellas, y las ovejas han huido.

Por tanto, Dios dice que Él mismo será su Pastor, ¡y luego envía a Jesús! Estamos en el Antiguo Testamento. Los pastores de Israel eran los sacerdotes y  maestros de la Ley, pero ni conocían a Dios, ni le dieron a conocer. Por lo tanto Dios mismo vino a pastorearlos en forma del Señor Jesús: “Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día de nublado y oscuridad. Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas… En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor” (Ez. 34:11-15).

OvejasEspcdas

Vino el Buen Pastor y sufrió por la condición de las ovejas. Tuvo compasión por las multitudes de Israel como ovejas sin pastor y puso su vida por ellas para salvarlas: “Yo soy el buen pastor y el buen pastor pone su vida por las ovejas” (Juan 10:11).

Ahora estamos en el siglo XXI, y ¿cómo están las ovejas? Muchos están igual que en los días de Ezequiel: errantes, perdidas, confundidas, dolidas y hambrientas. Muchas andan buscando iglesia, a alguien que les pastorea. Los motivos son variados: algunos quieren una iglesia más moderna y otros quieren una iglesia más fiel a las Escrituras. Necesitamos más pastores, pastores de corazón, que aman a las ovejas, que conocen bien las Escrituras y  que pueden enseñar con profundidad la Palabra de Dios, que pueden aconsejar, consolar, animar, liderar, confrontar, avisar, desafiar, disciplinar, corregir, descubrir dones y motivar, pastores que pueden comunicar con jóvenes, apoyar al que sufre, y buscar a los que han dejado de asistir, y trabajar en equipo para el bien de toda la iglesia. La capacidad de planear cultos y organizar reuniones es importante, pero lo es más la cura de las almas, según el modelo de Jesús, el Pastor de nuestras almas (1 Pedro. 2:25).

Enviado por el Hno. Mario Caballero

La herencia cristiana

 

“Las cuerdas cayeron en lugares deleitosos (“La tierra que me has dado es agradable”, NTV) ¡Y es hermosa la heredad que me ha tocado!” (Sal. 16:6)

            El objeto de la herencia cristiana es todo lo que simbolizaba la tierra de Canaán: abundancia, posesiones, descanso, bienestar, paz, prosperidad, bendición, y mucho más. Los creyentes en el Señor Jesucristo heredamos:

biblia una herencia incorruptible

El reino de Dios: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mt. 25:34).

 “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Stg. 2:5).

La salvación: “¿No son todos (los ángeles) espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb. 1:14).

Una bendición: “No devolviendo mal por mal, ni maldición, por maldición, sino por contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”  (1 Ped. 3:9).

Gloria: “Y si hijos, también  herederos; herederos de  Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Rom. 8:17-18).

Incorrupción: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. …Pero todos seremos transformados,…los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Cor. 15:50-52).

Somos “herederos de la gracia de la vida” (1 Ped. 3:7). Tenemos un herencia reservada en el cielo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza vida, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (1 Ped. 1:3, 4). El que venciere recibirá la herencia de Dios: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo” (Ap. 21:7).

El Espíritu Santo hace viva la esperanza de nuestra herencia: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de  Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos justamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”  (Rom. 8:16, 17). El Espíritu Santo nos ha sido dado como las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida (Ef. 1:14). Por medio de Él empezamos a disfrutar anticipadamente de nuestra herencia ahora. Él mismo, y todas las bendiciones que le acompañan, son nuestra herencia. Cuanto más vivimos en Él, más disfrutamos nuestra herencia ahora.  

Enviado por el Hno. Mario Caballero

La vida de fé

A la mayoría de nosotros nos gustaría tener la habilidad de hacer ciertas cosas en la vida que no podemos hacer. Estoy hablando de cosas que no son sólo difíciles, sino imposibles.

Incluso los más devotos seguidores de Jesús no pueden arreglar ciertas cosas, pero conocemos a Aquel que sí puede. Lo maravilloso de la vida en Cristo es que llegamos a participar en cosas increíbles que no podríamos hacer por nosotros mismos. De hecho, Jesús nos llama a participar con Él en lograr lo que no podemos hacer por nosotros mismos: ver a nuestros seres queridos llegar a la fe; ver matrimonios rotos restaurados y sanados; ver a los que no son salvos en nuestra comunidad rescatados de una eternidad sin esperanza. A través de nuestra fe en Jesús, podemos llegar a ver, e incluso tomar parte, en este tipo de cosas que se logran por Su poder, majestad y autoridad.

Hebreos 11 es el capítulo conocido como el “Salón de la Fe”, pues lista figuras bíblicas que agradaron a Dios por medio de grandes actos de fe. Desde Abraham a Sarah, hasta David, hasta Samuel, hasta Gedeón y muchos otros, vemos creyentes elogiados, no por sus talentos o logros, sino por confiar en Dios para hacer lo que estaba más allá de sus habilidades. Juntos conforman “una enorme multitud de testigos de la vida de fe” (Hebreos 12: 1 NTV).

Esa frase en cursiva nos dice que hay una vida de fe para ser vivida. Y para obtener esa vida, se nos insta a dejar a un lado todo peso que nos impide confiar en fe: “despojémonos todo peso” (12:1). ¿Cuáles son estos pesos, estos obstáculos a la fe? Conozco a muchos cristianos que están sobrecargados de incredulidad. A medida que consideran sus circunstancias piensan: “Mi necesidad nunca será satisfecha. He orado sin cesar y he pedido a otros que oren por mí, incluyendo líderes de la iglesia, pero la respuesta nunca llega. He intentado de todo y nada funciona”.

DiosloCumplirá

 

El problema de muchos es que miran a sus circunstancias más que al Dios que controla todas las circunstancias. Su fe queda estancada por un “peso que [les impide] correr” (12:1 NTV). Les puedo asegurar, lo que Dios ha prometido nunca puede ser destruido. Cada palabra que Él ha enviado será cumplida finalmente. Satanás lo sabe, y lo único que puede hacer es tratar de frenar los propósitos de Dios para nosotros convenciéndonos de sumirnos en nuestras dificultades. Si tu situación parece desesperada, la vida de fe te llama a creer: “Un día Dios cumplirá lo que soy incapaz de concebir ahora”.

 

Por Gary Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero

¿Cómo sé que Dios me ama?

“Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:8-10).

 

¿Cómo sabemos que Dios nos ama? Normalmente lo sabemos porque nuestro padre nos ama y podemos hacer la asociación. La otra vía es por medio de las Escrituras, como estas que tenemos por delante. Este texto empieza diciendo que Dios es amor. Esto significa que amor es su naturaleza. Dios ama porque es amor. Si dejase de amar, dejaría de ser Él, perdería su identidad. Dios tiene que amar como el sol tiene que dar luz. Sale de Él. La luz del sol alumbra todo y a todos, desde el vertedero municipal hasta el palacio del rey, desde el drogadicto sin techo hasta el pastor de tu iglesia. No discrimina. Dios tampoco. Dios te ama a ti porque no lo puede evitar. No tiene más remedio que amarte, porque le sale espontáneamente. Disfruta amando, existe para amar, ama generosamente, sin medida, sin discriminar, siempre y alegremente. No hay nada que puedes hacer para ganar el amor de Dios y nada que puedes hacer para perderlo. No depende de ti; depende de Él. No lo mereces, pero lo tienes. ¡Fuera toda jactancia y toda inseguridad! La única respuesta coherente ante la calidad de su amor es humillarnos, arrepentirnos, aceptarlo y darle gracias, ¡y sumergirnos en este amor!

 DiosTeama

 

Sé que Dios me ama por las Escrituras, y sé que Dios me ama porque lo demostró en el Calvario. Esto es lo que leemos: “envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. “En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados” (v. 10, NTV). Es una prueba objetiva, histórica, real y fuera de mí experiencia subjetiva.  No estuve presente aquel día negro cuando el Hijo de Dios tomó mí lugar en la Cruz, pero el Espíritu Santo lo ha hecho real en mí y lo creo. No sé que Dios me ama porque todo me va bien, ni porque tengo todo lo que quiero, ni porque siento mariposas, ni porque tengo experiencias sobrenaturales, ni porque lo siento en mí. A veces no siento nada. Pero me abro como una flor cuando le toca la luz del sol y lo recibo por dentro. El amor de Dios es derramado en mi corazón por medio del Espíritu Santo (Rom. 5:5). “Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores” (Rom. 5:8). (¡Pablo está de acuerdo con Juan!).  Puede estar lloviendo, mi mejor amiga me puede haber abandonado, mi marido puede estar en la cárcel, ¡y todavía me puede estar llegando el amor de Dios! No dependo de lo que me pasa por fuera para saber que soy amado; por dentro lo siento por la obra del Espíritu Santo.  

 

Ahora, ¿qué pasa con esta persona que no haya experimentado el amor de su padre? ¡Tela! Tiene dificultad en experimentar el amor de Dios por asociación. Dios nos dio padres para darnos provisiones materiales y también seguridad en ser amados, algo visible, tangible, concreto para conducirnos a la realidad espiritual. Si no hemos sentido el amor de un padre, necesitamos una obra de sanidad emocional que nos capacite para poder sentir el amor de Dios. De otra manera sabemos que Dios nos ama, pero no lo sentimos, lo tomamos por fe en base a la evidencia del Calvario. Vete allí.   

Enviado por el Hno. Mario

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