Mes: junio 2018

Su presencia

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; si en el Seol hiciere mis estrado, he aquí, allí tú estás” (Salmo 139:7, 8)

 

Dios está con nosotros en nuestros momentos eufóricos y sublimes y cuando se apodera de nosotros un negro depresión y descendemos al abismo. Es más fácil dar con Él en la profunda tristeza, cuando realmente tocamos fondo, que cuando estamos emocionadas y contentísimas. Viviendo la realidad de nuestra condenación en anticipación del infierno es cuando damos con la maravillosa noticia del evangelio, que Cristo descendió allí para sacarnos de las garras de la muerte eterna. Cuanto más intensamente vivimos nuestra condena, más nos maravillaremos de nuestra salvación.

 Supresencia

 

No hay pena tan profunda como para que Cristo no te pueda acompañar a vivirla. Se sienta contigo en el suelo de tu celda en la oscuridad de la prisión y te hace compañía. Cuando las cosas van bien y vives los momentos más felices de tu vida, allí está Él, experimentándolos más intensamente que tú, celebrando con más alegría y más júbilo.

 

Somos capaces de emociones muy profundos. “Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti; y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz” (vs. 9-12). Nuestra alma sube a alturas más altas que las cumbres de las montañas y baja a abismos más profundos que el fondo del mar. Conoce una oscuridad más negra que las noches de la tierra, y un gozo más grande que la luz del alba. El Salmo revela que Dios está presente en todas estas experiencias, está allí, nos guía en el mar sin caminos, sube a nuestras alturas en dulce comunión con nosotros, su presencia alumbra la noche más desesperanzadora, la oscuridad más satánica no nos puede separar de Él. En nuestra desesperación está más presente que las tinieblas que nos oprimen, y, en el gozo, más cercano que la luz en nuestros ojos. Deseamos vivir intensamente la realidad de que estamos rodeadas por Él, habitadas por Él, fundadas en Él, escudriñadas y trasportadas, conducidas y acompañadas, alumbradas y glorificadas, sujetadas y cogidas por su mano, dirigidas y comprendidas por el omnipresente y omnisciente Dios. Él es nuestro Dios. Quiere estar cerca de nosotros. El porqué, no lo podemos sondear; es un secreto escondido en su eterno e íntimo amor, ¡pero lo celebramos con todo nuestro ser!

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Qué necesitas

 

“Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová , el cual le dijo: ¿Qué haces aquí Elías?  (1 Reyes 19:9)

            Lo que sigue es una conversación entrañable entre el profeta angustiado y su Dios. Elías explica que está escondido en el monte de Dios en una cueva porque le buscan para quitarle la vida y él es el único de los profetas que ha quedado. Dios le dice que salga de la cueva y que se ponga en el monte delante de Dios. “Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová, pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto, pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego” (v. 11, 12). Ahora, esto es muy interesante, porque nosotros habríamos pensando que sí. ¿No son las tres cosas símbolos del Espíritu Santo de Dios? En el Día de Pentecostés vino el Espíritu Santo con un viento recio que soplaba “y llenó toda la casa donde estaban sentados” (Hechos 2:2). ¿Y no es el fuego otro símbolo de Dios? “Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos” (Hechos 2:3). Cuando el Señor Jesús murió vino un gran terremoto que partió rocas y abrió sepulcros (Mat. 27: 51, 54). El viento simboliza vida nueva, el fuego santidad, y el terremoto, poder. Todos son atributos de Dios. Pero todas estas cosas Elías ya tenía: ya tenía una vida poderosa de santidad. Lo que necesitaba era la Palabra de Dios, una palabra clara para su situación y esta palabra le vino en la voz de Dios que le habló en “un silbo apacible y delicado” (v. 12).

quénecesitas

            En su vida poderosa de santidad necesitaba también comunión con Dios, necesitaba oír su voz guiándole en su situación presente, igual que nosotros. ¿Qué hacer? Está solo. Le buscan para matarle. Israel se quedará sin profeta. La voz de Dios se va a extinguir en Israel. Así parecía. Pero Dios tenía su plan y su provisión para él, y la tiene para nosotros, para cada uno según su situación. Lo que necesitaba Elías era un compañero en el ministerio, alguien para reemplazarle cuando Dios le llamase a Casa.  Israel también necesitaba un nuevo rey. El hombre que reinaba ahora era él que le buscaba para matarle.  El Señor le dijo: “A Jehu hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel y a Eliseo… ungirás para que sea profeta en tu lugar” (v. 16). Con estas dos cosas, todo estaba solucionado. Israel no quedaría sin voz profética, y el profeta no estaría solo. Ya estaría acompañado por Eliseo a quien iba a formar para ocupar su lugar. Y Dios le dijo una cosa más: “Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblarán ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron” (v. 18). Elías no quedaría como el único fiel a Dios en Israel en medio de la gran apostasía que la nación estaba viviendo.

            Los dones de Dios, el poder sobrenatural para obrar milagros, y el don de la profecía no eran capaces de sacar a Elías de sus temores, pero la Palabra de Dios, sí. Los dones del Espíritu han de ir acompañadas por la Palabra de

Dios, esta palabra personal que anima, alienta y restaura. Tú, espera en el Señor, búscale, y te vendrá la palabra personal de Dios que restaurará tu alma.

Enviado por el Hno. Mario Caballero


Condiciones para la victoria espiritual

Dios les bendiga:

Aquí les dejo el vínculo hacia el Canal

La Gloria Es De Dios donde pueden

escuchar la enseñanza de este semana

en la Escuela Bíblica Dominical

ofrecida desde la Iglesia De Dios

El Taller Del Alfarero

 

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13714

Canta y cumple

“Así cantaré tu nombre para siempre, pagando mis votos cada día” (Salmo 61:8)

            El Salmista está celebrando lo que Dios significa para él. Tiene muchos motivos para cantar alabanzas a su nombre. Dios es su roca (v. 2), da solidez a su vida. Es su refugio, su torre fuerte que le proteja del enemigo (v. 3). Es su residencia, mora en su  tabernáculo, en su presencia, debajo de sus alas, en su amor. Pero no va a alabar al Señor sin estar comprometido con Él: “Así cantaré tu nombre para siempre, pagando mis votos cada día”. Adorarle sin cumplir con nuestro deber hacia Él no vale. Esto sería cantar por cantar. La adoración debe ir acompañada por el cumplimiento de nuestras responsabilidades, por “pagar nuestros votos”.

            ¿Qué votos? Algunos dirán: “Ninguno”. No le he prometido nada. ¿Qué? ¿No le has prometido nada al Señor? ¿Cómo puede ser? Creer sin votos, sin compromiso, no significa nada. No es una opción. No se puede creer de verdad sin compromiso. Sería como vivir juntos sin el matrimonio. En tal caso no hay votos. La pareja no se compromete a nada y la relación puede disolverse cuando quieren. Pero el amor sin compromiso no es amor. La fe sin compromiso tampoco es fe.

            ¿Qué votos hemos hecho, consciente o inconscientemente, al confesar fe en el Señor Jesús? Hay muchos implícitos en nuestra conversión. Nos hemos prometido a seguir a Cristo, a seguir su ejemplo, y a ser consecuentes en nuestro estilo de vida. Nos hemos comprometido a obedecerle y servirle con nuestros dones. Nos hemos comprometido con la Palabra de Dios, a seguir sus enseñanzas. Estamos comprometidos con una iglesia local y nos hemos puesto bajo su autoridad. Estamos comprometidos con la Iglesia del Señor a través del mundo. Hemos prometido fidelidad a Jesús hasta la muerte. Los que se convierten jóvenes, se comprometen a mantenerse puros hasta casarse. En el matrimonio nos hemos prometido fidelidad hasta la muerte.  

 

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            El salmista dice: “pagando mis votos cada día”. Nuestro compromiso con el Señor es a diario. Cada día nos hemos comprometido a andar con Él, mantener al comunión con él a lo largo del día, confesar nuestros pecados cuando surgen, recibir limpieza y seguir caminando en santidad. Cada día leemos su Palabra y oramos. Cada día nos relacionamos con su pueblo, nuestros hermanos en Cristo. Cada día usamos nuestros dones para servirle. Y cada día vivimos para dar testimonio con nuestra vida.

            Cristo se comprometió con nosotros hasta la muerte. Y él ha prometido nunca dejarnos, ni desampararnos. Estará con nosotros cada día de nuestra vida hasta el fin. Pero no es “hasta que la muerte nos separe”, sino, ¡hasta que la muerte nos une!, físicamente, hasta que nuestra fe se convierte en vista! Cada día nos pastorea, cada día nos alimenta de su Palabra, cada día nos guía y cada día nos habla y nos busca para tener comunión con nosotros. Está comprometido con nosotros toda la vida, cada día, y por toda la eternidad. Y así nosotros con Él. 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

La pregunta de los padres

“Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos” (Prov. 3:1)

¿Cómo padre (madre) tengo el derecho de imponer mis convicciones religiosas sobre mi hijo?

Esta es una pregunta de una sutileza diabólica, al estilo de la que hizo Satanás a Eva en el huerto de Edén. El mundo contestaría que no, que el hijo tiene que decidir por sí mismo cuando sea mayor, que tú tienes que respetar su derecho a determinar el curso de su vida. La Biblia dice: “¿Cómo creerán en el que no han oído? (Rom. 10:14). También dice: “Y vosotros padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4). No tienes que imponer nada. La fe no es una cosa que se pueda imponer; tiene que salir de alguien libremente. Él tiene que obedecer a Dios por voluntad propia. No puedes esforzarle a creer el evangelio. Lo que haces es enseñarle. De todas formas, la fe es un don de Dios. Tu parte es enseñarle. Nadie se ha convertido a Cristo sin ninguna información. Ningún joven por su cuenta, sin conocer el evangelio, va a decidir ir contracorriente, sufrir la burla de sus compañeros de clase, sacrificar su propia voluntad, disciplinarse y tomar su cruz para seguir a Cristo. Es más, el mundo tendrá a tu hijo muy atrapado en sus redes ya a la edad de la adolescencia si no actúas pronto.

 

Todo lo que un padre puede hacer es poco en comparación con la tremenda presión que el mundo pone sobre un joven a conformarse a su mentalidad. El mundo ejerce un adoctrinamiento injusto sobre tu hijo para comerle el coco, y esto por el sistema educativo, los medios de comunicación, las amistades, el ordenador, etc. Y el mundo nunca se pregunta si tiene el derecho de imponer sus valores sobre niños inocentes. El caso es que no lo tiene. El mundo no los ha engendrado, no los ha creado, no ha sufragado sus gastos, y no los mantiene. No son suyos. Y no tiene el derecho de adoctrinarlos según su ideología, sus criterios y su estilo de vida, que, de todas formas, apelan a la naturaleza caída del niño, quien casi los aprende por sí solo. La parte difícil es encaminarle en otro sentido y esta es la parte que les toca a los padres.

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            Parece que vivimos en un mundo que quiere controlar más y más la vida de nuestros hijos. ¡Les enseña a exigir sus derechos y denunciar a sus padres si les disciplinan! Aquí no hay nada de justicia. Una niña viene de un hogar roto por el divorcio de sus padres y tiene que visitar a su tutora del colegio. Ésta la hace muchas preguntas acerca de lo que pasa en el hogar, para que ella informe sobre su padre o su madre. Si hacen algo que la tutora no aprueba, como, por ejemplo, enseñarle la Biblia, disciplinarle, o ponerle normas que no considera las adecuadas, a saber, que no coinciden con las de la educadora, ¡hay problemas! ¡La tutora interviene en la vida familiar para imponer sus criterios! ¿En qué mundo vivimos? Los padres tiene cada vez menos derechos y “el sistema” cada vez más. Es previsible que llegue el día en que está prohibido enseñar la Biblia a los hijos. (¡Difícilmente llegará el día en que está prohibido enseñar el Corán!). 

Hemos de aprovechar la poca libertad que hay ahora para enseñar los caminos de Dios a los hijos, porque mañana será más difícil, y el precio que pagaremos será más caro, pero todavía lo haremos, porque obedeceremos al Señor, cueste lo que cueste. Nuestra primera lealtad es a Él y a lo que Él nos ha pedido a nosotros como padres.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

El Buen Pastor

Leer | SALMO 23

 

“Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma” (Sal 23.2, 3). Usted probablemente ha escuchado este pasaje innumerables veces. Pero, no importa con qué frecuencia sea recitado este salmo, parece como si algunas veces pasáramos desapercibido el alcance de su mensaje: Dios restaura nuestra alma.

La manera en que lo hace, es por medio de la comunión con Él. Aunque a veces nos apartamos de su senda, Él sigue siendo el Buen Pastor. Tenemos la tendencia a descarriarnos, pero Él vuelve a recibirnos gozosamente, y siempre está dispuesto a perdonarnos.

Pero ¿por qué tendemos a apartarnos? La realidad es que, probablemente usted nunca tomó la decisión consciente de olvidarse de Dios. Esto sucede, por lo general, como resultado de nuestros deseos de satisfacer nuestras aspiraciones personales. Cuando nos obstinamos por lograr bienestar y seguridad sin tener en cuenta a Dios, nos extraviamos más y más.

ElBuenPastor

Lucas 15.3-7 es una imagen maravillosa de la cálida recepción que espera a una “oveja” perdida. ¿Castiga el pastor a la oveja descarriada? Por el contrario, hace una celebración, porque lo que se había perdido ha sido encontrado. De manera semejante, el cielo se regocija cuando un hijo de Dios descarriado vuelve al “redil”.

Al volver al Señor, es posible que usted experimente la disciplina divina, pero como creyente, nunca incurrirá en su ira. Esa ira ya fue derramada sobre su Hijo, quien llevó el castigo por nosotros. ¿Es usted una oveja perdida que está vagando lejos de su amoroso Pastor? Deténgase y escuche su voz, y será conducido a salvo al hogar celestial.

Por Min. En Contacto

Dios es nuestro Padre

Leer | EFESIOS 2.4-10

 

De los muchos nombres de Dios en la Biblia, uno es especialmente consolador para mí en los momentos difíciles. ¡Qué maravilloso privilegio tenemos de poder llamarlo nuestro Padre celestial!

Ahora bien, sé que en la cultura de hoy, las relaciones familiares muchas veces no reflejan el corazón de Dios. Muchos padres son distantes, desatentos o crueles con sus hijos. Si esta fue su experiencia, puede resultarle difícil comprender el amor incondicional del Padre celestial. Veamos lo que significa ser adoptados por Él y el privilegio de llamarle “Padre”.

 

AbbaPadre

Primero, somos de Él. Encontramos mucha confianza y sentido de valía en esta verdad, pues la conciencia de que le pertenecemos llena una necesidad muy profunda que tenemos.

Segundo, nuestro Dios quiere relacionarse estrechamente con nosotros. Debemos ser sinceros al orar, porque el Señor nos acepta tal como somos. Por su amor, el Señor responde revelándose a sí mismo a nosotros de muchas maneras, y da palabras de vida, de paz y de gozo a nuestros corazones.

Tercero, Cristo nos ha prometido su eterna presencia. Después que fuimos salvos, nada puede separarnos de Él; ningún pecado es tan grande, y ninguna maldad tan poderosa.

 

Por causa del pecado, merecíamos la separación de nuestro Creador. Pero, por su gran amor, Dios nos redimió y adoptó en su familia. Ahora somos sus hijos, y podemos gozarnos en su aceptación incondicional y en su presencia eterna. No importa la clase de padre terrenal que hayamos tenido, podemos contar con el cuidado de nuestro Padre celestial.

Enviado por En Contacto

Razones para confiar en Dios

Leer | HEBREOS 10.19-23

RaznsPrConfenDios

 

En nuestro mundo aquejado de problemas, las injusticias, los crímenes y la falsedad es lo que abunda en las noticias.

Sin embargo, tenemos un Dios cuyas acciones son perfectas y que es fiel a toda promesa que ha hecho. Él es el mismo “ayer, y hoy, y por los siglos” (He 13.8). Podemos tener absoluta confianza en el Señor, porque Él es:

Omnisciente. Nuestro Padre celestial sabe lo que le está sucediendo a cada persona en todo momento (Lc 12.2, 3). Su conocimiento es total; no hay ninguna circunstancia que le sea desconocida, ni pensamiento que Él no discierna.

Omnipotente. Dios tiene poder absoluto sobre todas las cosas; nada está fuera de su control. Él usa su poder para hacer su voluntad perfecta. Ninguna autoridad en el cielo o en la Tierra puede frustrar sus propósitos (Job 42.2; Mt 19.26).

Omnipresente. La totalidad del espacio y del tiempo están al alcance de su mirada (Sal 139.7-12).

Veraz. Dios no puede mentir; Él dice siempre la verdad. Podemos confiar plenamente en su Palabra y en sus respuestas a nuestras oraciones.

Amoroso. Podemos también tener confianza en las intenciones del Señor, porque su carácter es el amor absoluto (Ro 8.28; 1 Jn 4.8).

La naturaleza de Dios no es afectada por el tiempo, el lugar, las personas o las circunstancias. Él nunca se equivoca en lo que dice o hace, porque su conocimiento es perfecto. Su soberanía es total, y todo está al alcance de su mirada. Cada promesa está garantizada en Jesucristo (2 Co 1.20). Él es Aquel en quien podemos contar cada día de nuestra vida. ¡Aleluya!

Por Min. En Contacto

El Espíritu Santo nos da poder para vencer

Dios te bendiga

Desde el Departamento De Educación Cristiana de la Iglesia De Dios El Taller Del Alfarero te invitamos a escuchar la Escuela Bíblica Dominical de esta semana con el tema El Espíritu Santo nos da poder por el Canal La Gloria Es De Dios

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13675

 

 

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