Mes: mayo 2018

El evangelio según San Mateo

 

El evangelio de Mateo es llamado “el evangelio del Reino”. Está dividido en dos partes: antes de que los discípulos supiesen quién es Jesús y después. Su autor es un ex-publicano, enemigo del estado, convertido en seguidor de Jesús. Es un hombre educado, inteligente y brillante. Escribe para judíos para convencerles de que este hombre que parecía uno más, es en verdad el Mesías que ellos esperaban, el cumplimiento de sus Escrituras, ¡y además el Hijo de Dios! Tiene una tarea difícil delante, puesto que estas afirmaciones les suenan a blasfemia. Y, es más, quiere convencerles que Jesús vino para establecer un reino que no es político, no pretende derroca a los romanos para establecer su sede en Jerusalén, e incluye a gentiles, ¡esto ya era demasiado!  Pero, si conoces a este Jesús, ¡creerás!

 

EvangdeMateo

 

            Empieza su evangelio del reino hablando del Rey. Puesto que el Mesías que ellos esperaban tenía que venir de la línea de David, comienza con su genealogía (Mat. 1:1-17) para establecer sus credenciales. El Rey es humano, es “hijo de David”, pero también divino, el Hijo de Dios, engendrado por el Espíritu Santo. Es Emanuel, “Dios con nosotros”. Ya en el segundo capítulo le presenta como el Rey de los judíos, a través de la visita de los magos del oriente. Cumple la profecía y nace en Belén, un requisito del Mesías (Mat. 2:1-6). Sus pretensiones vienen confirmadas por su nacimiento, por las Escrituras, por la estrella, por sueños, por ángeles, y por profecías en el templo. 

            Un rey necesita un heraldo, y lo tiene en Juan el Bautista quien le prepara el camino. Predica a las masas para que vean su pecado y los llama al arrepentimiento. Con reticencia bautiza a Jesús juntamente con los pecadores. El cielo se abre y desciende el Espíritu Santo sobre Jesús para capacitarle para su ministerio. Una voz del cielo anuncia: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17). En su bautismo, Jesús ya ha tomado otro paso en su descenso: se identifica con los pecadores, bautizándose como uno de ellos en anticipación del día cuando llevará su pecado en su lugar en una cruz.

            La voz ha citado dos textos de las Escrituras (Mat. 3:17), uno que se refiere a Jesús como Hijo de Dios y otro que habla de su misión como el “Siervo sufriente de Dios”. Hay que meditar sobre esto. ¿Cómo se compaginan? El Espíritu le lleva a Jesús aparte, al desierto, para meditar y ser tentado. ¿Cómo va a establecer este reino? ¿Dando de comer a la gente para hacerse popular? ¿Tirándose del templo, haciendo milagros y espectáculos? ¿Adorando a Satanás, es decir, usando los métodos de los políticos de este mundo para conseguir el poder? No; solo hay un camino, el de la Cruz.

            Mateo quiere que veamos que Jesús es el segundo Israel. Israel salió de Egipto, fue bautizado en el mar y tentado en el desierto donde recibió la ley. Así que, Jesús sale de Egipto, es bautizado, va al desierto, y da la Ley del Reino, el Sermón del Monte. Este mensaje empieza con “el evangelio del Reino”, las bienaventuranzas (Mat. 5:1-12). Hay que reconocer nuestra pobreza espiritual, llorar, humillarnos, desear ser justo, ser misericordioso con otros, tener un corazón limpio, y así, obtener paz con Dios y ser su hijo. Entonces uno es sal y luz en este mundo por medio de una vida justa (Mat. 5:13- 7:12). Este es el contenido del Sermón del Monte. (En siete capítulos Mateo ha presentado a Jesús de Nazaret y ha comenzado a convencernos de que este hombre es el Rey, el Mesías que Israel esperaba).    

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Nuevo recurso

Amados Dios les continúe bendiciendo:

A continuación les comparto el enlace al video de la Escuela Bíblica Dominical de esta semana con el tema el liberalismo de hoy y sus consecuencias, desde el Departamento de Educación Cristiana de la Iglesia De Dios El Taller Del Alfarero por el canal La Gloria Es De Dios

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13482

También tienen a disposición el Mensaje Pastoral bajo el tema Temor a Dios sigan este vínculo

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13484

 

 

Sufrir por amor a otros

“Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también tengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Tim. 2:10).

            Pablo está hablando de sus sufrimientos a causa del evangelio: “en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor” (v. 9), y dice que sufre para que otros puedan obtener la salvación. Esta es su motivación. Está dispuesto a sufrir torturas y presiones para que otros sean salvos. Predica, le arrestan, le suelten, y sigue predicando. Normalmente pensamos que está sufriendo por amor al Señor, para cumplir fielmente su ministerio, lo cual es cierto; pero más allá de esto está pensando en los que todavía no han oído y serán salvos por medio de su ministerio. Cuando está delante de una multitud, no sabe quiénes son los escogidos, pero cree que los hay, y que vale la pena predicar y sufrir por los que van a responder y ser salvos.

Esta es una forma muy hermosa de enfocar el ministerio. En lugar de pensar: “Voy a predicar, porque es necesario”, piensa: “Predico por amor a los escogidos”. Cuando nosotros salimos a evangelizar, lo podemos hacer con la misma motivación. Salimos a la calle, hablamos con la gente, algunos son indiferentes, otros responden mal, pero lo soportamos porque creemos que entre ellos se encuentran los escogidos.

Sufrirxamor

También podemos sufrir por amor a los escogidos que tenemos en casa. Cuántas mujeres tienen que convivir con maridos en situaciones difíciles, soportando con paciencia muchas cosas para que sus maridos puedan ver su ejemplo y ser salvos. “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas” (1 Pedro 3:1). Pablo predicaba y sufría por amor a los escogidos. La mujer predica con su conducta, y también sufre, por amor a los escogidos de su casa, porque cree que su marido y sus hijos son santificados, apartados para Dios, por amor a ella: “El marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos” (1 Cor. 7:14).

Este sufrimiento tiene una buena finalidad, para que otros, aquellos a los que desconozco y los que conozco, puedan llegar a conocer al Señor. Que él nos ayude a sufrir por a amor a estos escogidos, con ilusión, porque vale la pena, para que ellos también tengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.

Enviado por el Hno. Mario Caballero


Dos preguntas en cuanto a la oración

“Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que el permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Juan 3: 22.24).

¿Estás en condiciones para orar? ¿Conoces a quién estás orando?

En el caso de un incrédulo arrepentido, la única condición necesaria para que Dios le oiga es la sinceridad, pero en el caso de alguien que ya es su hijo, la cosa cambia, porque este hijo está siendo disciplinado para que Dios le pueda conceder las llaves del cielo y darle cualquier cosa que pida sin hacer violencia a Su naturaleza o Su obra. Pare ello, es necesario que este hijo conozca a su Padre, que tenga fe en Él, que sea obediente, que haga lo que a Dios le agrada, que ame a sus hermanos y que realmente viva en Dios y Dios en él. La fe y el amor tienen éxito. Dios oye las oraciones de un hombre amoroso. Cualquier cosa que le pide la recibirá de Él.

Sin fe en la bondad, poder, amor, sabiduría y cariño de Dios, Él no te puede contestar tus oraciones, porque te haría daño: “Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). ¿Estás orando a un Dios sordo, desinteresado en ti, arbitrario, duro, irrazonable y distante, quien, por algún motivo que no logras entender, no te da lo que le pides? No hay gozo en una vida de oración así. Dios no te concede lo que pides, porque te confirmará en tu incredulidad. Sí, incredulidad, porque no crees en el Padre amoroso que te oye. Estás pidiendo cosas que has pedido muchas veces sin tener respuesta y sigues pidiendo, pero sin ninguna convicción que Dios te ha oído o que te lo va a conceder. Este es el estado muy lamentable de la vida de oración de muchos creyentes sinceros. Están orando sin fe y con dudas acerca de Dios. Dios no va a contestar a estas oraciones, porque sería premiar su incredulidad y confirmarles en sus ideas equivocados de Él y de la oración.

DosPregencuantoalaoracon

 

“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye, en cualquiera cosa que pidamos sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14, 15). Sin fe en que lo que pido es su voluntad, en que me oye y en que tengo ya lo que le pido, no tendré respuesta: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6, 7). ¿Has perdido la paciencia con Dios? Le dices: “¿Cuántas veces te tengo que pedir tal cosa para que me contestes? ¿Cien? ¿Hay una cuota que tengo que alcanzar? ¿Hace falta que oren cierto número de personas conmigo para que me contestes?” Si este es tu caso, y realmente reunís las otras condiciones para que Dios te oiga, puede ser que lo que necesitas es arrepentirte de tu actitud y creer (¡y saber!) que ya tienes lo que has pedido, y que empieces a dar gracias al Señor por la respuesta. El hijo que permanece en Dios ora así: “Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes”.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Tu relación con un jefe creyente

TU RELACIÓN CON UN JEFE CREYENTE

“Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina. Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amado los que se benefician de su buen servicio. Esto enseña y exhorta” (1 Tim. 6:1-2).

¡En lugar de enseñar que la esclavitud es cosa aberrante y que los esclavos deben rebelarse contra sus amos y defender sus derechos como seres humanos, Pablo los enseña a someterse, tratarlos con respeto, y, si son creyentes, que los sirvan aun mejor! “Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Col. 3: 22,23). Ser creyente no cambia los roles. Los esclavos siguen siendo esclavos y siguen teniendo que someterse a sus amos, y las mujeres siguen siendo mujeres con la obligación de someterse a sus maridos: “Casadas estad sujetas a vuestros maridos”, y los hijos a sus padres: “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo” (Col. 3: 18, 20). El mismo que escribió estas instrucciones escribió: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal. 3:28). En cuanto a la salvación, no hay esclavo ni libre, pero en cuanto a roles dentro de la sociedad, sí que lo hay: el esclavo sigue siendo esclavo con la responsabilidad adicional de ser un esclavo ejemplar por amor a Cristo.

            Somos iguales en valor delante de Dios, pero no en cuanto a roles, ministerios, responsabilidades y deberes. Si tu jefe en el trabajo es creyente, esto no significa que puedes tratarlo como colega, como amigo, para discutir con él las condiciones de tu trabajo. Él manda. Si estás en un ministerio cristiano, tienes que someterte al responsable, tratarle con respeto, y obedecerle, aunque no estés de acuerdo con lo que manda. Es tú jefe, no tu amigo del alma. Hay una distancia que se tiene que guardar. Lo mismo pasa con el pastor. Hay que someterse a él, aunque sea tu amigo. Tú estás bajo su responsabilidad y tienes que obedecerle: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos” (Heb. 13:17). La igualdad en cuanto a la salvación no quiere decir que esta es una democracia y que yo puedo hacer lo que me parece, o presentar mi opinión y esperar que se haga lo que yo estimo conveniente.

Relconunjefecreyente

 

            En el mundo nos enseñan a defender nuestros derechos, que hay igualdad absoluta, que la sumisión es cosa del pasado, que ya no hay roles, que puedes tutear a todo el mundo, y el resultado es que el respeto para la autoridad se ha ido y la convivencia es mucho más complicada. Sube una generación que no respeta a padres, ni a profesores, ni a pastores, ni a jefes, ni a gobernantes, ni a maridos. El resultado es una persona indisciplinada, indomada, rebelde, egoísta, con falta de respeto, que no ocupa el lugar que le responde. El Señor Jesús se sometía a la voluntad del Padre siempre, y por ello, no era menos, sino más, más glorioso, más digno, y más hermoso como persona. La sumisión embellece el carácter del que se somete, porque demuestra su humildad, una cualidad hermosa que solo puede demonstrar la persona que es segura de su valía en sí misma y de su identidad delante de Dios. El más grande en el Reino de Dios es el Siervo del Señor, el Señor Jesús, el más sumiso de todos.                 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Escoger bien

“Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada

(Lu. 10:42)

 

            María tuvo que escoger entre ayudar en la cocina y estar con el Señor: difícil elección, porque o bien quedaba mal con su hermana, o bien quedaba mal con Jesús. Hizo su elección, sufrió las consecuencias con el enfado de su hermana, pero consiguió la aprobación del Señor. A veces los más cercanos no entienden si optamos por Jesús. Si tú decides ser misionera, ¿cómo reaccionarán tus padres? Si decides no casarte con tu novio porque no es creyente, causarás daño a personas que quieres. Muchas veces no te van a comprender.

            En la vida tenemos que hacer muchas elecciones. A veces las dos opciones son buenas, y tenemos que elegir entre lo bueno y lo mejor. Otras veces lo que debemos elegir es obvio, pero difícil, porque implica sacrificar algo que nos gusta. Por ejemplo:

·       La televisión o tiempo con el Señor.

·       Dormir un poco más por la mañana, o levantarnos pronto para tener un tiempo devocional antes de empezar el día.

·       Una carrera (o un trabajo) en la cual se puede ganar mucho dinero, pero que deja poco tiempo para el Señor, u otra que nos deja más libre para cosas espirituales.  

·       Trabajar todo el día o solo unas horas y disponer de tiempo para las cosas del Señor.

·       Trabajar el domingo o perder el trabajo.

·       Casarte con un creyente mundano o quedarte soltera. 

·       Quedarte en casa cocinando para los invitados o ir al culto.

·       Comprar un piso caro que te dejaría ahogado o vivir más humildemente y estar más libre.

·       Dedicar el domingo a viajar para ver a la familia o ir a la iglesia.

Una amiga decidió estudiar menos, sacar notas no tan altas, y dedicar tiempo a la evangelización. Otra decidió no ir a una fiesta en un retiro de iglesia para dedicar tiempo a la oración. Cada decisión es algo que hacemos delante de Dios en oración pidiendo sabiduría, dispuestos a sacrificar lo que preferimos para hacer lo que discernimos es su voluntad.    

 

Escogerbien

 

            La cuestión es si Jesús va a ser la primera prioridad en tu vida o si va a ser tu marido, la familia, el trabajo, la iglesia, tu ministerio, el descanso, las diversiones, o tú misma. Jesús lo tuvo claro a los doce años: lo prioritario tenía que ser los negocios de su Padre. Aun en los años de trabajo en la carpintería, su primera prioridad fue la relación con el Padre, y nunca varió todos los días de su vida. Siempre ordenaba su vida para tener tiempo para orar y meditar en la Palabra y llevar a cabo lo que Dios le iba revelando durante aquellos tiempos que apartaba para estar a solas con Aquel al que amaba. Decisiones acertadas fueron el resultado.

Enviad por el Hno. Mario Caballero

Dos clases de milagros

“Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mateo 11:5).

Cuando Juan el Bautista preguntó si Jesús era el Mesías, le contestaron con estas palabras. La evidencia lo demostraba: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”, unos milagros emocionantes  que daban fe de que el poder de Dios fluía a través de este hombre. Jesús tocaba los ojos de los ciegos y veían. Ponía sus dedos en las orejas de los sordos y oían. Y con tierna compasión predicaba el evangelio a los pobres para que pudiesen tener salud eterna.

Hoy día estamos viendo otra clase de milagros que igualmente demuestran que Jesús es el Mesías. Equipos de médicos y enfermeras cristianos sacrifican vacaciones, tiempo, dinero y comodidad, y regalan sus habilidades para ir a países desesperadamente pobres para predicar el evangelio y curar a los enfermos. Levantan clínicas en medio del desierto y realizan operaciones en condiciones un tanto primitivas para atender a miles de los más pobres del mundo que no tienen esperanza alguna. Estos hombres, mujeres, y niños pobres hacen cola y esperan largo tiempo al sol del desierto para ser atendidos, ¡y vuelven oyendo, viendo y andando!

DosclasesdeMilagros

 

El milagro consiste en la transformación del corazón que les motiva a hacer este sacrificio, sintiendo verdadera compasión para los que sufren. La profecía se ha cumplido: “Les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne para que anden en mis ordenanzas y guardan mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios” (Ez. 11:19, 20). Un corazón nuevo es un corazón como el de Jesús, capaz de amar y sacrificarse por amor a otros. El milagro ocurre cuando Dios transforma un corazón humano egoísta, inclinado solo a buscar sus propios intereses, en un corazón amante, generoso y compasivo que mueve la persona a hacer lo que puede para ayudar a otros. Es el milagro de la transformación del corazón humano que este mundo necesita más que ninguna otra cosa. ¿Qué otra solución hay para poner fin a religiones hostiles, a guerras crueles, a la corrupción política, a los malos tratos de mujeres, niños, y gente indefensa, salvo un nuevo corazón?

Hoy día, cuando vemos a gente sacrificarse para otros, es un milagro de la gracia de Dios. En medio de la absoluta pobreza del desierto oímos que “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen  y a los pobres es anunciado el evangelio”, tal como ocurrió en tiempos de Jesús. Es igualmente un milagro; es el milagro del corazón transformado que ama. Son dos clases de sanidades obradas por el poder de Dios.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

El siervo del Señor

“Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Tim.2:24-26).

SiervodeDios

Pablo tuvo una hermosa relación con su hijo en la fe, Timoteo, dándole muchas instrucciones en cuanto a su ministerio. En los versículos que tenemos por delante, habló acerca del carácter del siervo del Señor, y esto va a por todos nosotros, los que estamos sirviendo al Señor en alguna responsabilidad.

“El siervo del Señor no debe ser contencioso”. La persona que tiende a discutir no es apta para servir al Señor en ninguna capacidad, ni siquiera como encargada de cocina, porque terminará discutiendo con alguien y causando problemas y malestar. La persona dada a discutir normalmente no se somete a nadie, porque siempre tiene razón. No aprende, ni quiere que nadie le enseñe porque sabe más que nadie. Ha caído en la trampa del orgullo. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5). Pedro tuvo que aprender esta lección de la manera más dura. El Señor le advirtió, pero él sabía más que Jesús y no hizo caso al aviso y cayó en la trampa del diablo por su orgullo. Pero finalmente aprendió. ¡Si podemos aprender por vía didáctica, y no por dura experiencia, mucho mejor!

“Sino amable para con todos”. Pablo no dice que el siervo del Señor tiene que tener ciertas cualificaciones académicas, ni títulos universitarios, sino cierto carácter. Tiene que ser pacífico, no agresivo, no dado a provocar a otros, no de armas tomar, no conflictivo, sino apacible. Si ofendo con la palabra, estoy descalificado. La santidad no consiste en títulos, ni dones, ni en haber tenido experiencias milagrosas, sino en tener un carácter humilde y amable. Aunque tenga formación teológica, aunque pueda obrar milagros, si no soy amable, no soy apta para ser “el siervo del Señor”.

“Apto para enseñar”. Se enseña con la palabra y con el ejemplo. Hay que conocer bien la Palabra para enseñarla, y hay que tener el don y la aptitud para enseñar. Se enseña con solicitud, con paciencia, con preocupación por los oyentes y con una mente  disciplinada y organizada. Hay que ser buen maestro. Jesús enseñaba con mansedumbre y humildad y con mucho amor y paciencia con sus alumnos.

“Sufrido”. Encontramos a gente difícil, obstinada y terca. Con ellos el siervo del Señor tiene que tener mucha paciencia. Tiene que aguantar y perseverar. Tiene que soportar muchas cosas y no darse por vencido, ni perder la calma y la paz, sin enfadarse o hundirse. Tiene que tener muy claro que, aunque es el siervo de la gente, en última instancia, es el siervo del Señor, que lo está haciendo por amor a Él, y que al final, en un futuro no muy lejano, tendrá que darle cuentas a Él.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Bendiciones

Aprovecho para desearles un excelente fin de semana. A continuación les facilito el vínculo al nuevo video de la continuación del Comentario Bíblico en voz del Pastor Monserrate Maldonado desde la Iglesia De Dios El Taller Del Alfarero por el Canal La Gloria Es De Dios.

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13367

La fe y la razón

Leer | SALMO 119.67-72

 

Una de las primeras cosas que la gente tiende a hacer en tiempos de dificultad, es achacar la culpa de sus problemas a alguien más.

Pero las mayoría de las veces, nuestros intentos de culpar a otros no tienen base. Lamentablemente, una causa probable de nuestra dificultad tiende a pasar desapercibida: nosotros mismos. Aunque pueda herir nuestro orgullo reconocerlo, muchas veces somos los únicos culpables de los problemas que enfrentamos.

Esto es, por supuesto, una dura lección para cualquier creyente. El pasaje de hoy revela la lucha que tuvo David en este sentido. Pero llegó a un punto en el que se dio cuenta de su propia culpabilidad, y clamó: “Antes de sufrir anduve descarriado” (Sal 119.67 NVI). Es decir, reconoció que su aflicción no era culpa de nadie, sino el resultado de su corazón y su mente errantes.

FeyRazon

En este sentido, la adversidad puede ser una herramienta poderosa en las manos de nuestro Padre celestial. ¿Por qué permite que pasemos por tiempos difíciles? La respuesta puede ser que quiera enseñarnos algo y dejar grabada en nuestra mente las consecuencias de nuestro pecado. Al hacerlo, nos ayuda a evitar problemas en el futuro.

Es por eso que David pudo hacer la sorprendente declaración: “Me hizo bien haber sido afligido” (v. 71). El resto del versículo —“porque así llegué a conocer tus decretos”—, explica el beneficio protector a largo plazo. Si usted está pasando por alguna adversidad, quizás el Señor esté tratando de enseñarle algo. Acepte la lección, y trate de encontrarle sentido a la situación que atraviesa.

Por Min. En Contacto

El cielo: nuestro hogar eterno

Leer | JUAN 14.1-4

 

Jesús anunció a sus discípulos que se marcharía pronto. Sin embargo, también les prometió que regresaría un día para llevarlos a una casa que prepararía para ellos (Jn 14.3). Este versículo nos confirma que el cielo es un lugar real.

Según la Biblia, los cristianos tienen su ciudadanía en el cielo (Fil 3.20), nuestro tesoro está guardado allí (Mt 6.20), y ese será nuestro hogar eterno (1 Ts 4.17). Dios no está describiendo un mundo imaginario. Por el contrario, todos los creyentes pueden tener la confianza de que serán reunidos allí, en una morada tangible.

 

Nuestrohogarelcielo

 

El espíritu de todo cristiano entra en la presencia de Dios inmediatamente después de la muerte física (2 Co 5.6). Una vez que el tiempo del Señor se haya cumplido para que vengan la tribulación y el juicio final, Él hará nuevas todas las cosas. Primero, nuestros cuerpos serán resucitados como inmortales, libres de dolor y con lozanía espiritual (1 Co 15.42). Después, la Tierra se transformará en un paraíso incorrupto y nosotros entraremos a la nueva Jerusalén celestial (Ap 21.10-27).

En el cielo, los hijos de Dios pasaremos la eternidad sirviéndole y adorándole. Pese a la idea equivocada de que estaremos en las nubes tocando arpas, ¡no estaremos de brazos cruzados, sin hacer nada! Sí descansaremos, pero de las tentaciones, las angustias, las pruebas y el dolor.

El paraíso está más allá de nuestra imaginación, pero sí sabemos que la vida del creyente continúa en el cielo. Como ciudadanos de ese reino, nos ocuparemos del trabajo de servir y alabar a Dios. Además, disfrutaremos de nuevas fuerzas y de la armonía perfecta con el Señor y otros cristianos.

Por Min. En Contacto

Las recompensas de la paciencia

Leer | HEBREOS 6.13-15

 

La paciencia es difícil de aprender y de practicarla. Vivimos de manera acelerada, ¡y tenemos que poner manos a la obra! Así es como la mayoría de nosotros actuamos, aunque no lo digamos con palabras.

Tal vez por eso la Biblia contiene abundantes ejemplos acerca de la paciencia y de su recompensa. Una y otra vez, vemos al Padre celestial haciendo promesas a sus hijos, para después tener ellos que esperar años, a veces décadas, para verlas cumplidas y ser bendecidos.

Pensemos en Abraham. A los 75 años, Dios le prometió que le daría un hijo. Diez años más tarde, seguía sin descendencia. Después de veinte años, todavía no tenía ese hijo. Por fin, cuando tenía 100 años, un cuarto de siglo después de que el Señor le había hecho la promesa, nació Isaac. Sin duda, Abraham debe haber tenido momentos de duda durante esa larga espera. Pero siguió confiando en Dios y esperando que Él cumpliera lo que le había prometido.

 

recompensa

 

Hay muchos otros ejemplos. Cuando era joven, Jacob conoció a la chica de sus sueños, pero tuvo que trabajar durante muchos años antes de casarse con ella. A los 17 años, Dios le dijo a José en una visión que lo bendeciría, pero fue abatido por más de diez años de esclavitud y luego de prisión antes de recibir la recompensa. David fue ungido como rey de Israel siendo adolescente, pero pasó los siguientes catorce años, aproximadamente, huyendo por su vida antes de subir al trono.

Los atajos nunca llevan adonde el Señor quiere que estemos. Sin embargo, el largo camino está lleno de siervos fieles. ¿Está usted esperando hoy que Dios cumpla sus promesas? ¡Anímese, no es el único!

Por Min. En Contacto

A %d blogueros les gusta esto: