Mes: abril 2018

Recursos de esta semana

Dios te bendiga:

A continuación los vínculos a los tema de esta semana que sean de gran edificación

.Comentario Bíblico parte final libro de los Hechos capítulo 28

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13175

.Mensaje Pastoral

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13175

.Escuela Bíblica Dominical

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13211

.Invitación Evento de Mayo

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13212

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El salmo 131

EL SALMO 131: destetado, pero dependiente

“En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma” (Salmo 131:2).

            Cuando la madre da el pecho a su bebé se establecen unos lazos entrañables que duran toda la vida. El niño recibe mucho más que la leche. Está conectado a la madre, come de su cuerpo, siente su olor, el calor de su cuerpo, su respirar, el latir de su corazón, está siendo abrazado al comer, los dos son uno. Alrededor del año, cuando es destetado, protesta. Se queja. Pero aceptar el cambio es parte del proceso de maduración. Es destetado, pero no abandonado. Ya no es un bebé. Está aprendiendo a andar, pero tampoco es un adulto independiente. Necesita aprender a confiar en su madre en esta nueva etapa de la vida. Ella está presente y pendiente de todas sus necesidades.

El salmista está diciendo que no está quejándose y ansioso porque ha sido destetado, sino quito y confiado: “he acallado mi alma como un niño destetado de su madre”. Es una etapa interesante entre estar totalmente indefenso, y la independencia. Como creyentes, describe nuestra relación con Dios. No somos bebes, pero tampoco nos hemos desentendido de Él, ni Él de nosotros. El creyente al madurar nunca madura para ser independiente de Dios, sino para entrar en una relación de confianza en Él al aprender a defenderse y hacer por sí mismo las cosas que puede, y dejar con Dios lo que Dios solo puede hacer. El Señor no nos trata como indefensos bebes, sino como hijos pequeños, madurando, pero siempre teniendo necesidad de Él.

Necesitamos tener la humildad para no pensar que porque estamos aprendiendo a andar, que ya lo dominamos todo. Hay muchas cosas que no entendemos: “Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí” (v.1). Necesitamos la humildad de un niño para aceptar que hay cosas demasiado sublimes para nuestra mente finita, no podemos explicarlo todo. No tenemos que tener un sistema teológico y meter todo dentro de nuestro sistema para poder explicarlo y dominarlo. Lo mismo con el sufrimiento de la vida: siempre tendremos muchos incógnitos. No entendemos por qué nos pasan cosas que nos dan dolor profundo. En lugar de afligirnos, razonar, o dar mil vueltas y exigir explicaciones a Dios, nuestra actitud es más bien que no entenderé ciertas cosas hasta que no lleguemos al Cielo, y mientras tanto, confiamos y esperamos en el Señor.

“Espera  oh Israel en Jehová, desde ahora y para siempre” (v. 3). La espera en Dios es bonita. ¡Nunca se sabe lo que Dios puede hacer! El creyente ha cultivado estas cosas: humildad, confianza en Dios, quietud de alma en cuanto a todo lo que no entiende, y esperanza para el futuro. Esta no es un optimismo humano, sino fe en que Dios estará conmigo no importa lo que el futuro depara; en todos los cambios que trae la vida, desde ahora y para siempre, Él me ayudará.  

salmo 131

Enviado por Hno. Mario Caballero

La Iglesia que Cristo está edificando

LA IGLESIA QUE CRISTO ESTÁ EDIFICANDO:

1 Pedro 2 y Zac. 4

“Vosotros también, como piedras vivas, estáis siendo edificados como Casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios” (1 Pedro 2:5).

            Cristo dijo que edificaría su iglesia (Mat. 16:18), y lo ha estado haciendo desde el día de Pentecostés. Cada persona que se convierte es una piedra viva incorporada en la estructura que es la Casa de Dios, el Templo. Cada generación es una nueva hilada de piedras. ¡Con el paso de los siglos, el edificio ya está llegando a ser un rascacielos! Se van añadiendo personas de todos los países, lenguas y culturas, cada uno con la doble función de ser parte del templo de Dios y, a la vez, servir como sacerdote en él. Y como sacerdote está llamado a servir a Dios y evangelizar a otros que no le conocen.  Sirve “para de ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios” y  “para anunciar las virtudes de aquel que os llamó de la tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2: 9). Hay muchas indicaciones que el templo está casi completo. El profeta Zacarías habla de su finalización.

            Su profecía fue dada en el año 520 a. C. a los judíos que habían vuelto de la cautividad que estaban trabajando en la reconstrucción de la casa de Dios, enfrentando muchas dificultades. La obra había sido parada durante 16 años y parecía que se quedaría en los fundamentos cuando Dios dio este mensaje a sus desanimados siervos. El profeta tuvo una visión de una lámpara de aceite entre dos olivos. ¡Los olivos no daban aceite para la lámpara, sino al revés! Los dos olivos representan a Zorobabel y Jesúa, el príncipe y el sumo sacerdote, los encargados de la reconstrucción. Ellos iban a recibir el poder del Espíritu Santo (el aceite) para realizar la obra: “No con ejercito, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac. 4:6). Dios iba a allanar las dificultades: “¿Quién eres tú, o gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura” (v. 7). Aunque habían pasado muchos años, el que habían puesto el fundamento acabaría el templo: “Él (Zorobabel) sacará la  piedra principal con aclamaciones de: ¡Gracia, gracia a ella!” (v. 7). La piedra principal es la última piedra, la que la completa el edificio. Cuando el templo está acabado, será gloriosa.

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            ¿A qué templo se refiere? Al tiemplo que se hizo en días de Zorobabel y Jesúa, por un lado, pero está profecía tiene su cumplimiento más perfecto en Cristo. Él es la piedra angular, y Él es la piedra principal, el principio y el fin, el Alfa y la Omega. Él es el Príncipe y Sumo Sacerdote que está edificando el verdadero templo, la Iglesia de Dios, con piedras vivas. Él lo empezó y Él lo terminará. Cuando la última persona que tiene que convertirse se convierta y esté incorporada en el templo como piedra viva, Cristo descenderá del cielo, siendo Él mismo la última piedra, y la Iglesia estará completa.

El mensaje para hoy es que no nos desanimemos, que “no despreciemos el día de modestos comienzos” (Zac. 4:10), porque Jesús ha prometido que edificará su Iglesia y la obra será acabada. El Espíritu Santo está con nosotros para realizarlo. Dios allanará todos los montes de imposibilidad, “y estas almas se salvarán”, como decía el corito que cantábamos hace décadas, y la gloriosa Iglesia de Dios será acabada, para la alabanza de su gracia. ¡Ánimo, constructores!

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Vives con alguien difícil

“No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino bendiciendo, pues para esto fuisteis llamados, para que heredarais bendición” (1 Pedro 3:9).

Nos consta que algunas tenéis que vivir con alguien realmente difícil. Puede ser alguien del trabajo, un hijo, hijastro, padre, padrastro, o incluso un marido. A lo largo de la historia, lo que algunas mujeres han sufrido a manos de sus maridos solo Dios sabe. Los hay crueles, groseros, guarros, indiferentes, egoístas, insultantes, etc. Estas cosas se incluyen en lo que hoy día se llama malos tratos o acoso. No vamos a entrar corriendo con consejos fáciles o reacciones primarias, sino a considerar tres enseñanzas bíblicas que se dirigen a este tipo de casos, el de estar recibiendo lo malo de una persona que te hace daño. ¡Lo que dicen los apóstoles es radical!

No devolver mal por mal

Cuando alguien nos trata mal debemos bendecirles en nuestro corazón. Puesto que nosotros vamos a recibir bendición, debemos darla. No hemos merecido la que vamos a recibir, así que ¡bendigamos a otros que no lo merecen tampoco! Si sufrimos por hacer el bien, somos bienaventurados (v. 14). Este buen comportamiento sorprenderá a los que nos tratan mal y preguntarán cómo podemos hacerlo; se lo explicamos. Se da por sentado que los maltratadores no son creyentes y que nuestro buen trato de ellos, cuando saben que merecen todo lo contrario, les lleva a preguntar por nuestra fe. Que seamos “siempre prestos para presentar defensa ante todo el que os demande razón acerca de la esperanza que hay en vosotros” (v. 15). Así en medio de (y por medio de) nuestro sufrimiento tenemos oportunidad de testificar. Pero que lo hagamos con “mansedumbre y reverencia, teniendo buena consciencia, para que en lo que murmuran de vosotros sean avergonzados los que ofenden”  (v. 16). El texto sigue con Cristo mismo, quien fue justo y sufrió por los injustos para llevarnos a Dios (v.18). ¡Pues, qué nuestros sufrimientos también lleven a los que nos traten mal a Dios!

No ser vencido por lo malo

“No seas vencido por lo malo, sino vence con el bien el mal” (Rom. 12: 21). No solamente no vamos a vengarnos, tampoco vamos a estar derrotados. ¡Seremos vencedores! El bien es más poderoso que el mal. No los trates como te traten a ti: “No paguéis a nadie mal por mal… si es posible, en lo que depende de vosotros, procurad la paz con todos los hombres” (v. 17, 18). Hemos de quitarnos de en medio y dar lugar a la ira de Dios porque Él ha prometido: “Mía es la venganza, Yo pagaré” (v. 19). Podemos estar tranquilos sabiendo que Dios hará justicia. Esto nos deja libres para tratar bien al enemigo: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer” (v. 20). Ayúdale en lo que necesita de tu ayuda. ¡Así es el comportamiento de un campeón!

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No te canses de hacer el bien

“No nos cansemos pues de hacer el bien, que a su tiempo cosecharemos, si no desfallecemos” (Gál. 6:9). Después de años, ¡uno podría cansarse! ¡Siempre haciendo el bien a un marido gruñón! No es fácil. Es un milagro de la gracia de Dios en nosotros. La paciencia es un fruto del Espíritu Santo, ¡no de la carne nuestra! La carne desfallece. No puede más. Tira la toalla. Pero la gracia de Dios nos levanta por encima de la situación insoportable y nos capacita para vencer. Y el premio, ¿qué es? ¿Qué Dios tome venganza sobre esta persona? No. ¡Qué se convierta! Esto es lo que queremos cosechar de todas las lágrimas que hemos derramado. Hemos invertido nuestros esfuerzos en hacer el bien, y la cosecha que queremos ver es la salvación del malhechor. Este es el Espíritu de Jesús. 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

No tengo paz

“No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia” (2 Cor. 2:13).

            Pablo cuenta que se fue a Troas para predicar el evangelio y Dios abrió la puerta y hubo buena aceptación del mensaje. Debería de haber estado muy contento, seguro de que era el lugar donde tenía que estar. Pero no lo estaba, porque no encontró allí a su colaborador Tito a quien esperaba. No sabía dónde estaba o qué le había pasado, así que se fue a Macedonia para buscarle: “No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia”. Luego añade: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús” (v. 14). Y nosotros decimos: “Espera un momento, Pablo. Parece que no es Dios el que te guía, sino tu ansiedad en cuanto a Tito. ¿Por qué no confías en Dios que Tito esté bien, y sigues en Troas donde la gente está respondiendo al Evangelio? Parece poco sabio dejar un lugar de éxito porque te falta la paz”.

            Pero Pablo no piensa así. El compañero de equipo, Tito, le vale más que el éxito en el ministerio. Pablo no determina el lugar donde tiene que estar en base al éxito, sino en base a su lealtad a su colaborador en la obra de Dios. Tito le vale más el ministerio. Pablo ama a Tito. Tiene que saber dónde está, que esté bien, y, por lo tanto, deja una obra próspera en búsqueda de él, ¡y lo interpreta como la dirección de Dios! ¡Luego añade que Dios siempre nos conduce en triunfo!

            Así es cómo nos conduce. Por lealtades, por principios, por falta de paz, y por donde quiera que nos lleve, nos usa: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, a aquellos olor de vida para vida” (v. 14-16).Vamos buscando a Tito, y mientras tanto, se va esparciendo la fragancia del conocimiento de Dios a dondequiera que nos vayamos.

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            El Señor nos dirige de muchas maneras, nos acompaña, y nuestra vida desprende la fragancia de Cristo por todos los lugares por donde pasamos.    

Enviado por Hno. Mario Caballero

Dos árboles

“Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de tu fruto. Y luego se secó la higuera” (Mat. 21:18).

            El árbol que no dio fruto fue maldito por el Señor. El Señor espera fruto de lo que es suyo. “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15:5, 6). La fe que no produce fruto es muerta, estéril, no sirve para salvar a la persona que dice que cree pero que no produce ningún fruto. “La fe sin obras es muerta” (Santiago 2:20). “Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mat. 7:19, 20). “Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según sus camino, según el fruto de sus obras” (Jer. 17:10).

            La fe viva y real produce fruto. Esta es la fe que salva: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe, porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras (Ef. 2:8-10).

            La higuera es una parábola viviente. Representa a Israel como nación que ha rechazado a Jesús como Mesías. Dice Jesús en efecto: “De ahora en adelante, del judaísmo no nacerá más fruto”. Nacerá de Él, su Mesías. Él es la Vid y todo fruto nacerá del Él.

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            Hay un árbol en el Antiguo Testamento que ilustra la vida del creyente que ama la Palabra de Dios, medita en ella, y practica lo que lee: “En la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae, y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:2, 3). En esta santidad está nuestra felicidad. Estamos bien arraigadas en el agua que da vida, bebemos del Espíritu de Cristo, somos satisfechas, y fructíferas. Y una cosa más: satisfacemos al Señor. ¿Te acuerdas de que, cuando Jesús se acercó al primer árbol, tenía hambre? Quería comer de su fruto. Y se acerca a ti y a mí con esta misma hambre, queriendo satisfacerse del fruto que ve en nosotros, fruto que resulta de nuestra relación con Él, fruto de su salvación en nosotros. Al verlo está satisfecho: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Is. 53:11).

Enviado por el Hno. Mario Caballero

Recursos de este domingo

Dios les bendiga y conceda una hermosa semana

Aquí les comparto los recursos de este domingo

disponibles en el Canal La Gloria Es De Dios

servicio ofrecido desde la Iglesia De Dios El Taller Del Alfarero

por los Pastores: Monserrate Maldonado en el mensaje pastoral  y

Daisy Rodríguez en la Escuela Bíblica Dominical

Tema: Satanás está sujeto a la autoridad de Dios

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13133

Tema: Sed imitadores de mí como yo de Cristo

http://www.ministeriotv.com/video/la-gloria-es-de-dios-13148

 

Triunfo por medio del fracaso

Leer | JUAN 21.1-19

 

Todos hemos vivido algún fracaso. Pero lo que importa es cómo respondemos: ¿Nos damos por vencidos y vivimos derrotados, o creemos en que Dios nos restaurará?

La historia del fracaso de Pedro y de su restauración posterior, nos sirve de aliento. Jesús sabía que Pedro le fallaría, pero Él había orado específicamente para que la fe del discípulo no flaqueara. El Señor también le dijo de antemano que ese fracaso no sería el fin de la historia; que se levantaría otra vez y fortalecería a los demás.

Notemos una diferencia importante. Pedro falló, pero no era un fracasado. El Enemigo quiere que veamos nuestras fallas como parte de nuestra identidad, en vez de verlas como el resultado de nuestras acciones. Pero la verdad es que pertenecemos a Dios y nuestras fallas pueden realmente prepararnos para ser utilizados enormemente por Él. En su mano, esos momentos de nuestra vida son herramientas para que avancemos en nuestro caminar. Para que el Señor pudiera moldear a Pedro como el líder fuerte y humilde en que habría de convertirse pronto, el corazón del discípulo debía experimentar la purificación que produce el quebrantamiento.

Cuando construimos muros alrededor de nuestro corazón para negar el acceso a Dios, estamos resistiendo el quebrantamiento y la sanidad. Si queremos que el Señor nos use, debemos permitirle que elimine lo que nos impida alcanzar nuestro máximo potencial.

 

TriunfoPorMediodelFracaso

 

Increíblemente, el fracaso puede ser el catalizador que nos lleve a tener una visión nueva de lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Él puede utilizar nuestros tropiezos para que nos enfoquemos en sus planes y sus propósitos para nuestra vida. El resultado será para la gloria de Dios, y una bendición para nosotros.

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El destino final del creyente

Leer | JUAN 14.1-3

 

La Biblia es clara cuando dice que los que ponen su fe en Jesús como su Salvador personal, vivirán eternamente junto a Él.
El Nuevo Testamento contiene alrededor de 200 referencias del cielo, la mayoría de las cuales proceden de las enseñanzas del Señor mismo. Obviamente, el tema era muy importante para nuestro Señor. ¿Por qué, entonces, no hablamos más a menudo del cielo?

Lamentablemente, una de las razones por las que ignoramos el tema, es porque simplemente nos sentimos demasiado satisfechos aquí en la Tierra. Tal vez pensamos que estamos bastante bien, ya sea por tener una familia, un trabajo o una casa. Rodeados de tanta comodidad, puede parecernos difícil imaginar que haya un lugar mejor.

Las personas que tienen una vida menos cómoda captan el concepto de cielo con mayor facilidad. Las personas que viven padeciendo necesidades, se aferran a la idea de que la vida más allá de la Tierra proveerá todo aquello de lo que carecen actualmente.

finaldelcreyente

Casi nunca es nuestra desesperación lo que hace que sea difícil de imaginar nuestro hogar celestial. Más bien, son nuestros éxitos los que muchas veces constituyen el obstáculo más grande para desear el hogar eterno al que verdaderamente pertenecemos. Podemos estar tan entretenidos por las cosas terrenales, que nos volvemos ciegos a la realidad espiritual de la vida eterna. ¿Por qué no pensamos más en el cielo? Simplemente, porque muchos de nosotros no queremos ir allá todavía.

¿Qué cosas pueden estar obstruyendo la visión de su hogar celestial? Jesús nos precedió para preparar nuestra morada eterna, ¿y quién sabe mejor que nuestro Creador cómo arreglar un lugar a nuestro gusto? No permita que nada oscurezca su visión del hogar maravilloso que le espera.

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La confianza plena en Dios

Leer | ROMANOS 8.28, 29

 

El Salmo 34.7 afirma que todo creyente está rodeado por la presencia de Dios. Tenemos también la seguridad de que incluso los aspectos más dolorosos de la vida serán entretejidos en su plan, y de que nada nos podrá ocurrir sin su permiso. Esa es una buena noticia. Pero el concepto de que Dios está presente en cada cosa, muchas veces hace que el creyente se pregunte:

¿Incita Dios a las personas para que pequen? Dios nunca da origen al pecado, ni nos anima a pecar. Sus propósitos son librarnos del poder del pecado (Col 1.13) y transformarnos a la semejanza del Señor Jesús (Ro 8.29).

¿Cómo puede el Señor utilizar nuestro pecado para algo bueno? Cuando cometamos errores, Él nos revelará nuestra verdadera naturaleza, es decir, nuestras debilidades, fallas y orgullo. Su Espíritu nos convencerá de pecado y nos llevará al arrepentimiento verdadero (Jn 16.8). Además, Él nos enseñará las consecuencias de la desobediencia y la maravilla de su naturaleza perdonadora.

ConfianzaPlenaenDios

¿Está Dios con quienes no forman parte de su familia? El Señor está interesado en los incrédulos, pero de una manera diferente. Les extiende amor constantemente para mostrarles la necesidad que tienen de un Salvador y el pecado que los separa de Él. Sin embargo, no ignora su rebeldía (Ro 1.18; 2.2).

Contemplemos entonces la vida de Jesucristo. Nuestro Salvador sufrió de muchas maneras durante su vida terrenal por la rebeldía espiritual, la ignorancia y las faltas de los demás. Pero recordemos cómo utilizó el Padre celestial el sufrimiento de su Hijo para nuestro bien y para la gloria de Él mismo.

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La presencia de Dios en las pruebas

Leer | GÉNESIS 37.12-36

 

Hay circunstancias en la vida que están claramente fuera de nuestro control y por tanto, no podemos detectar ni un destello de alivio para el futuro. En momentos así, ¿de qué podemos estar seguros?

De que Dios está con nosotros en las tribulaciones. Nuestro Padre celestial nos consuela por medio del Espíritu Santo. El Señor quiere que estemos conscientes de su presencia constante para que la conciencia de su amor y su poder nos ayude a sentirnos seguros. Dios entiende lo que es sufrir, ser rechazado, o perder a un ser querido. Comprende las tentaciones y los obstáculos que enfrentamos. Él se ha asignado a sí mismo la tarea de llevar las cargas de sus hijos (Sal 68.1-9), y brindar paz a nuestros corazones afligidos. El Dios que camina con nosotros no puede ser obstaculizado o limitado por nada, y por eso no tenemos razones para temer (Mt 19.26).

Las Pruebas y el Consuelo de Dios

Dios tiene un propósito al permitir las pruebas. Esto se ve claramente en la historia de José, cuyos hermanos lo vendieron como esclavo. Dios había previsto que esos años prepararan al joven para que se convirtiera en primer ministro de Egipto. José no podía ver el propósito de Dios -al igual que nosotros la mayoría de las veces-, pero conocía el carácter del Señor y confiaba en Él. La fe de José fue recompensada cuando fue capaz de salvar a su familia (Gn 45.1-8).

Estamos llamados a vivir una vida de fe. Eso significa que debemos creer las promesas de Dios, aun cuando nuestras circunstancias nos desconcierten. Cuando los problemas le rodeen, recuerde esta verdad: Dios nunca le desamparará ni le dejará (He 13.5), y los buenos propósitos de Él siempre se cumplirán (Pr 19.21).

Por Min. En Contacto

 

En el poder de Cristo

Pero como ya han sido liberados del pecado y hechos siervos de Dios, el provecho que obtienen es la santificación, cuya meta final es la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Romanos 6:22-23

La mayoría de las personas le tienen miedo de la muerte. Pero quienes creemos en Jesucristo como nuestro Salvador, encaramos la muerte de una manera diferente. Es cierto que ella sigue quitando la vida, pero sólo quita la vida que tenemos en este mundo. Y sabemos que aquí  estamos de manera pasajera, pues nuestra morada eterna será en el cielo, y eso nadie nos lo podrá quitar jamás.

Muertepuertaalavidaeterna

La muerte no es el final. Por el contrario, para todos aquellos que confían en Jesucristo como su Salvador personal, la muerte es la puerta hacia la vida eterna con Dios. Por lo tanto, te invitamos a que confíes tu vida, y también tu muerte, a Aquél que dio su vida para rescatarte de la muerte eterna.

Por CPTLN

Dónde empieza la paz

Si es posible, y en cuanto dependa de nosotros, vivamos en paz con todos. Romanos 12:18

Vivir en paz, ¿quién no lo desea? La búsqueda de la paz siempre está presente en la historia de la humanidad. Todos queremos vivir en paz, pero esperamos que la paz provenga de los demás. ¿Cuántos estamos dispuestos a dar el primer paso en dirección a la paz, cueste lo que cueste?  Jesús fue injustamente maltratado y agredido hasta el momento de su crucifixión. Sin embargo, retribuyó con mucha paz.

Paz

El sacrificio de Jesús logró el perdón de todos nuestros pecados. Sabiendo que somos  perdonados y que Dios nos acepta aun siendo pecadores, nosotros también podemos vivir en paz. Entonces, no te quedes esperando que la paz comience por los demás, sino iníciala tú.

Por CPTLN

Un nuevo mundo

Dios enjugará las lágrimas de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni más llanto, ni lamento ni dolor; porque las primeras cosas habrán dejado de existir. Apocalipsis 21:4

Las malas noticias están en los medios de comunicación todos los días, en todo momento. Tanto, que muchas veces tenemos ganas de no mirar más los noticieros. ¿Será que eso nunca va a tener fin? ¡Por supuesto que sí!

UnmundoNuevo

En el libro de Apocalipsis está escrito que Dios secará todas las lágrimas, no habrá más muerte, ni tristeza, ni llanto, ni dolor. Todo esto es una descripción de cómo será la vida eterna para quienes confían en Jesucristo como su único Salvador personal. Quien tiene tal certeza, espera con alegría esa nueva vida y vive feliz hoy, por saber que todo lo que enfrentamos en este mundo es pasajero y temporal. ¿Alguna vez pensaste en eso? Entonces, confía en Cristo y vive con la alegría y la esperanza de la vida eterna en tu corazón.

Por CPTLN

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