Mes: febrero 2018

¿Quién trabaja mientras descansamos?

“Pero Jesús les respondió: ‘Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.'” Juan 5:17


Los días libres son excelentes. Nos gusta visitar a los familiares y deseamos que salga el sol para tener un lindo día para ir de paseo. Es verdad que algunas veces el feriado nos causa más cansancio físico que un día normal, ya que aprovechamos para cortar la grama y hacer una limpieza completa en la casa. Pero aun cuando estemos cansados físicamente, decimos que descansamos nuestra mente.

Quientrabajamientrasdescansamos

Sin embargo, mientras nosotros aprovechamos los días libres, alguien sigue trabajando. Y no nos referimos al muchacho que atiende la estación de servicio a la vuelta de nuestra casa, ni tampoco al enfermero que está atento en el hospital. No. Nos referimos a Dios. Al hablar sobre el sábado, el día de reposo, Jesús dijo: “Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.” Entonces, aprovecha tus días libres recordando que Dios está obrando por ti.

Por CPTLN

¿Necesitas ayuda?

“¡Vengan a ver las grandes obras del Señor! ¡Ha sembrado en la tierra gran desolación! ¡Ha puesto fin a las guerras en los confines de la tierra! ¡Ha roto los arcos y despedazado las lanzas! ¡Ha arrojado al fuego los carros de guerra! ‘¡Alto! ¡Reconozcan que yo soy Dios! ¡Las naciones me exaltan! ¡La tierra me enaltece!’ ¡Con nosotros está el Señor de los ejércitos! ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob!” Salmo 46:8-11

Diosnuestrorefugio

Cuando tenemos miedo o cuando pasamos por momentos de aflicción, necesitamos que alguien nos ayude y apoye, pero que esa ayuda sea eficaz, que venga de alguien que esté dispuesto a cumplir con lo que nos promete.

Es por ello que el salmista vivió seguro, sabiendo que siempre encontraría auxilio: “¡Con nosotros está el Señor de los ejércitos! ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob!” (Salmo 46:11). Cuando estés pasando por los “terremotos y maremotos de la vida”, refúgiate en el todopoderoso Dios quien, en Jesús, venció la muerte por ti y te da la vida eterna.

Por CPTLN

Más que un solo día


“Jesús le dijo: ‘Tomás, has creído porque me has visto. Bienaventurados los que no vieron y creyeron.'” Juan 20:29

Luego de regalar y comer todos los huevos de chocolates, luego de regresar de visitar a la familia y de las celebraciones especiales en la iglesia que nos recordaron el sacrificio y la  resurrección de Jesús para darnos la vida eterna con él en el cielo, ¿qué quedó? Más que el sabor de “quiero más”, más que la amistad entre hermanos, más que la nostalgia de un tiempo alegre con la familia, nos queda la certeza de que Dios, quien se hizo hombre y habitó entre nosotros en la persona de Jesucristo, ¡está vivo!

MasqueunSoloDia

Pero no permitamos que la resurrección de Jesús sea recordada y celebrada sólo un día en el año, sino llevémosla en nuestros corazones todos los días, viviendo con la certeza de que, cuando lleguemos al final de nuestra vida en este mundo, pasaremos a vivir con él en la gloria eterna.

“Bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Juan 20:29b).

Por CPTLN

Compartamos a Cristo

“Se dirá a los que aún no han nacido que el Señor es justo en todo lo que hace.” Salmo 22:31

Cuando Jesús resucitó de los muertos, se apareció a los doce y a muchos otros discípulos. Lucas nos dice que “después de su muerte, se les presentó vivo y, con muchas pruebas que no admiten duda, se les apareció durante cuarenta días y les habló acerca del reino de Dios.” (Hechos 1:3). Esos apóstoles compartieron sin temor las cosas que habían visto y oído, y la iglesia creció enormemente bajo el poder y la protección del Espíritu Santo. Un día tú y yo también moriremos en la esperanza de la resurrección de los muertos conquistada por nuestro Señor Jesucristo.

Hasta que llegue ese momento, pedimos que Dios obre en nosotros para que compartamos fielmente sus buenas noticias de salvación con quienes nos rodean. De esa manera, las futuras generaciones, aún no nacidas, podrán también depositar su confianza en Jesucristo y proclamar la salvación en Jesús hasta el día en que nuestro Señor regrese.CompaCristo

Por CPTLN

Sin lugar a dudas

 (Lucas 4:1-13)

Jesús le respondió: “También está dicho: ‘No tentarás al Señor tu Dios.'” Lucas 4:12

La desfachatez del diablo no tiene competencia. Se atrevió a poner en tela de juicio la gran declaración que Dios Padre hizo acerca de Jesús inmediatamente después de su bautismo: “Tú eres mi hijo amado; en quien me complazco” (Lucas 3:22c).

El diablo esperó hasta que Jesús tuviera necesidades, y en la soledad del desierto lo desafió diciendo: “Si eres el hijo de Dios… haz lo que yo te digo, convierte piedras en pan, tírate al vacío, adórame.” El diablo no le pidió a Jesús nada que Jesús no pudiera cumplir. Jesús pudo haber hecho todo lo que el tentador le proponía. Pero, si lo hacía, traicionaría a su amoroso Padre en los cielos. Lucas termina este relato diciendo: “Cuando el diablo agotó sus intentos de ponerlo a prueba, se apartó de él por algún tiempo” (v 13).

Si Jesús hubiese cedido a las tentaciones del maligno, tú y yo estaríamos en una desesperada y desgraciada situación de condenación eterna. Pero Jesús no cedió.

Quienes hemos sido bautizados, por causa de Jesús somos hijos del Padre en los cielos. El diablo pondrá a prueba esta verdad hasta agotar todos sus recursos. El tentador sabe que somos capaces de cualquier cosa, ¡hasta de lo inimaginable en cuanto a cometer pecados se refiere!

En tu Bautismo, tu Padre celestial declaró que eres su hijo amado. ¡No dejes que nadie te cuestione esa verdad! Cuando estemos en necesidades, sufrimientos, soledad y dolor, seremos tentados a dudar de la gracia y de la providencia divina. Pero gracias a Jesús, que venció las tentaciones, nosotros también podemos salir vencedores. Sigamos su ejemplo y aferrémonos a las Escrituras para permanecer fieles.

SinlugaraDudas
Por CPTLN

La gracia para esperar

 SALMO 62.1, 2

 

No hay duda de que una de las cosas que menos nos gustan es esperar en fila. Llegamos a la cita del médico a tiempo o un poco antes, para no tener que esperar. Vamos al supermercado para comprar apenas unas cosas, y nos quedamos anclados en una fila interminable en la caja. Y todos hemos tenido la experiencia de esperar en el vehículo para usar un cajero automático del banco.

Cuando llevamos algo al Señor en oración, también traemos con nosotros nuestra impaciencia. Normalmente hacemos una petición, y esperamos la respuesta al instante. Si Dios no se pone en acción de inmediato, muchas personas comienzan a pensar: Bien, traté de orar, pero el Señor simplemente no hizo nada. En realidad, la oración no funciona.

¡Qué trágico! Comparemos esa actitud con la del rey David. Cuando él tenía apenas 16 años de edad, Dios envió al profeta Samuel a ungirlo como el rey. Pasarían dieciséis años más para que esa promesa se cumpliera. ¿Qué hizo David durante ese tiempo? ¿Se quejaba exigiéndole su reino? De ningún modo. David entendía que Dios era fiel. También sabía que su Padre celestial no solo era el Dios del quién y el qué, sino también del cuándo y el cómo. David quería tener el reinado solamente cuando el Señor estuviera dispuesto a dárselo. Por tanto, esperó.

Esperar

¿Hay algo en su vida por lo cual le resulta difícil mantenerse paciente? ¿Esperará en el Señor como uno espera en el banco, o al igual que el rey David confiará en el tiempo de Dios? El Padre celestial conoce cada faceta de su situación, y su “demora” es, porque Él quiere, en realidad, lo mejor para usted.

Por Min. En Contacto

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