Mes: diciembre 2017

Mire a Jesús y viva

Leer | JUAN 3.7-15

La conversión de Jesús con Nicodemo estuvo llena de simbolismo. Comparó a la salvación con un segundo nacimiento, y asemejó a la obra del Espíritu Santo con el viento. Pero luego el Señor utilizó una ilustración del Antiguo Testamento que puede parecer rara a los lectores de hoy; dijo que el Hijo del Hombre debía ser levantado, así como Moisés levantó la serpiente de bronce (Nm 21.1-9).

Nicodemo habría estado familiarizado con la historia de los israelitas en que dirigiéndose a la Tierra Prometida, se quejaron de tener que hacer el largo camino bordeando territorio enemigo. Dios respondió enviándoles serpientes venenosas. Las víctimas de su mordedura morirían a menos que miraran la serpiente de bronce colgada en un asta del campamento. La imagen era una representación simbólica de la presencia de Dios en medio de los israelitas, y también un recordatorio de que Él era su salvador.

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Aunque nosotros no asociemos el nacimiento espiritual con una serpiente en un asta, Jesús lo hizo por una buena razón. Estos símbolos describen acontecimientos relacionados. El Mesías estaba explicando que Él debía ser levantado en una cruz como sacrificio por los pecados de toda la humanidad. El nuevo nacimiento es imposible a menos que alguien pague el precio por nosotros. Quienes miren a Jesús y crean en Él, serán perdonados y nacidos de nuevo.

El mensaje de Jesús a Nicodemo se vuelve claro cuando entendemos cómo encajan todas las piezas. El Salvador está diciendo que debía morir en la cruz, para que los pecadores pudiéramos nacer de nuevo. ¿Ha puesto usted la mirada en Jesús para tener salvación? Él es el único camino a una vida nueva.

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El pecado de postergar las responsabilidades

Leer | Hechos 24.24-27

A algunas personas les gusta decir que “viven atrasados”. Según la Biblia, eso es imposible para los hijos de Dios, pues vivir postergando las responsabilidades puede ser una forma de esclavitud, y el Señor no nos creó para que estuviéramos esclavizados.

Posponer las obligaciones tiene varias causas frecuentes. La primera, es el intento de evitarse molestias. Muchas personas posponen tomar acción porque les inquietan las consecuencias. En el pasaje de hoy, Félix despidió a Pablo por temor a las palabras del apóstol en cuanto a la justicia, el dominio propio y el juicio.

A veces damos largas a la lectura de la Biblia y a la oración, porque tememos que Dios saque a relucir algo que necesitamos confrontar. Problemas como el orgullo, la falta de control o los sentimientos de culpa, pueden ser incómodos de enfrentar, pero evadirlos obstaculiza el plan de Dios para nosotros.

El segundo motivo para aplazar las cosas, es la duda en cuanto a uno mismo. Quienes no se consideran competentes para realizar una tarea pueden decidir no iniciarla. Relacionado con esto hay otro factor: el temor a cometer un error o de fallar en una actividad, puede hacer que atrasarla parezca preferible.

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Vivir postergando las obligaciones no es cosa de broma, especialmente en el ámbito espiritual, ya que dar largas a una tarea dada por Dios es lo mismo que desobedecerlo. ¿Tiene usted la propensión a dejar las cosas para después? Identifique los aspectos problemáticos y los sentimientos que los acompañan. Luego reconozca su tendencia, y confíe en el poder de Dios para vencerla.

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Cuando Dios está en silencio

Leer | Juan 11.1-6

Cuando Lázaro se estaba muriendo, sus hermanas le pidieron a Jesús que viniera con urgencia. Imaginemos cómo debió haberse agravado el dolor de ellas cuando Él no respondió de inmediato a su petición. El silencio de Dios es difícil de aceptar. Pero, dado que el Señor promete suplir nuestras necesidades, podemos estar seguros de que su silencio tiene un propósito.

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• El silencio capta nuestra atención. Los discípulos sabían que Jesús podía sanar, y por eso deben haberse preguntado por qué se demoró en vez de correr a socorrer a su amigo. Pero el Señor quería que fueran testigos de algo aun más grande: de su poder sobre la muerte. Ellos estaban confundidos por las afirmaciones de Jesús en cuanto a la derrota de la muerte, y necesitaban entender que Él podía cumplir con las profecías en cuanto a su propia resurrección (Mr 9.31, 32).

• El silencio nos enseña a confiar. María y Marta avisaron de la enfermedad de Lázaro, porque esperaban que el Señor vendría a sanarlo. Pero si esa expectativa no se cumplía, ¿vacilaría la fe de ellas? Marta respondió la pregunta diciendo que creía que Jesús era “el Cristo, el Hijo de Dios” (Jn 11.21-27). La fe de las mujeres fue recompensada con un milagro impresionante: la resurrección de su hermano.

 

A veces, lo único que podemos oír cuando oramos, es nuestra propia respiración. Esto puede ser frustrante y aterrador. Pero la Biblia dice que Dios está siempre con nosotros, y que su silencio no durará para siempre (Sal 38.15; He 13.5). Aférrese a esas promesas mientras busca el propósito que hay detrás del silencio del Señor.

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