Mes: agosto 2017

La oración: Ahorra tiempo

Leer | Salmo 143.5-12

¿En qué piensa usted cuando se despierta? ¿Se enfocan sus pensamientos en el día que tiene por delante, o se centran en el Señor? Aunque la mayoría de nosotros tiene una vida ocupada que consume gran parte de nuestra atención y nuestro tiempo, lo más importante y lo que nos ahorra más tiempo en el día es el tiempo que pasamos a solas con Dios.

Sin embargo, muchos creyentes viven tan apresurados que no piensan que hay tiempo para el Señor. Saltan de inmediato al tráfago de la vida, y después se preguntan por qué están frustrados, confundidos e insatisfechos. Su deseo es obedecer a Dios, pero no se han detenido a recibir sus instrucciones. También hay una falta de conexión, porque han hecho caso omiso de su relación con Él. Nadie puede tener intimidad con Cristo sin una comunicación diaria con Él.

Tal vez el problema es nuestra lógica humana. Creemos que pasar tiempo leyendo la Biblia cada mañana nos quitará tiempo y productividad. Sin embargo, cuando buscamos la dirección y la sabiduría de Cristo para el día y lo invitamos a tener el control de nuestra vida, Él logrará más por medio de nosotros, que lo que podemos hacer por nosotros mismos. Él nos dará la sabiduría para tomar buenas decisiones, aumentar nuestras fuerzas y energías, y liberarnos de la ansiedad que consume nuestro tiempo.

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¿Está usted demasiado ocupado para el Señor? Si es así, se está negando a sí mismo la bendición de tener una relación íntima con Cristo. Si aparta tiempo para Él, recibirá paz y gozo, guiará sus decisiones, le dará sabiduría y poder para obedecer, le volverá más productivo, y le consolará con su amor.

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Regalos de la salvación

Leer | JUAN 3.2, 3

La mala decisión de Adán y Eva ha afectado a toda la humanidad. Como resultado de su desobediencia, desde ese momento toda persona ha nacido en el pecado.

Por nuestro corazón pecaminoso (Jer 17.9), no estamos aptos para estar en la santa presencia de Dios. Sin embargo, Él desea relacionarse con nosotros. Por esta razón, Jesús, que no hizo nada malo, llevó nuestras iniquidades y sufrió la pena de muerte que nosotros merecíamos. Después se levantó de la tumba, demostrando así que todo lo que había prometido se cumplirá. De esta manera, Él ha dado a sus seguidores acceso al Padre celestial. La salvación es un regalo para toda persona que pone su fe en Jesús, y recibe el sacrificio de Cristo como la expiación por sus pecados.

Cuando recibimos este maravilloso regalo, se producen varios cambios en nosotros. Primero, somos hechos personas nuevas (2 Co 5.17). Aunque la condición carnal seguirá allí, la salvación da como resultado el perdón, un corazón purificado y nuestra adopción como hijos de Dios. Segundo, nos convertimos en parte del cuerpo de Cristo; es decir, pertenecemos a la preciosa familia de creyentes del pasado, el presente y el futuro. Tercero, pertenecemos al reino de los cielos. Esto significa que, a pesar de que seguimos viviendo en naciones gobernadas por líderes humanos, nos desempeñamos bajo la autoridad de Jesucristo.

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El verdadero servicio se da solo cuando dejamos que el Todopoderoso se derrame a través nuestro, que no somos más que simples vasos en sus manos. Y aunque el impacto no sea evidente para nosotros, sabemos que Dios ha logrado su propósito: ser glorificado.

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Responsables ante el Señor

Leer | MATEO 25.14-30

En la parábola de los talentos, un amo dio a tres siervos tareas para hacer en su ausencia, junto con los recursos para realizarlas. Cuando regresó, les pidió cuentas de lo que habían hecho.

De esta parábola podemos deducir varios principios acerca de la vida cristiana. Primero, Dios nos ha escogido para que seamos sus siervos. Segundo, nos ha dado un trabajo para hacer, y los recursos y capacidades que necesitaremos para realizarlo. Algunos son trabajos que todos los cristianos debemos llevar a cabo, y otros están relacionados específicamente con nuestras habilidades personales. Por último, el Señor bendice a quienes le obedecen.

Satisfecho por la obediencia de dos de sus siervos, el amo los recompensó según el caso. Asimismo, a nosotros se nos ha prometido una recompensa celestial por nuestro servicio fiel.

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Ser buenos administradores de lo que Dios nos ha confiado es un asunto serio. Él quiere que invirtamos en su reino, en vez de invertir en los asuntos terrenales. Usted puede estarse preguntando en cuanto al tercer servidor, que no hizo nada con su talento y fue expulsado de la presencia de su amo. Esto no puede suceder con los creyentes, porque hemos sido adoptados permanentemente en la familia de Dios. Pero el Señor sí nos hará responsables por cualquier desobediencia que cometamos.

Por medio de Cristo, tenemos todo lo que necesitamos para la vida y la piedad (2 P 1.3). Con la ayuda de su Espíritu, podemos llevar a cabo el plan de Dios. ¿Anhela usted obedecer al Señor Jesús por sobre todas las cosas? ¿Está preparado para estar delante de Él, y rendir cuenta de su vida?

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Ovejas esparcidas

OVEJAS ESPARCIDAS

“Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto;  en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas” (Ez: 34:6).

            “Andan errantes por falta de pastor” (v. 5). Dios está consternado por las condición en que se encuentran sus ovejas y echa la culpa sobre los pastores. “Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, les haré dejar de apacentar las ovejas” (v. 10). Los pastores no han cumplido con su función: “No fortalecisteis a los débiles, no curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia” (v. 4). No se han ocupado de ellas, y las ovejas han huido.

Por tanto, Dios dice que Él mismo será su Pastor, ¡y luego envía a Jesús! Estamos en el Antiguo Testamento. Los pastores de Israel eran los sacerdotes y  maestros de la Ley, pero ni conocían a Dios, ni le dieron a conocer. Por lo tanto Dios mismo vino a pastorearlos en forma del Señor Jesús: “Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día de nublado y oscuridad. Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas… En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor” (Ez. 34:11-15).

Vino el Buen Pastor y sufrió por la condición de las ovejas. Tuvo compasión por las multitudes de Israel como ovejas sin pastor y puso su vida por ellas para salvarlas: “Yo soy el buen pastor y el buen pastor pone su vida por las ovejas” (Juan 10:11).

Ahora estamos en el siglo XXI, y ¿cómo están las ovejas? Muchos están igual que en los días de Ezequiel: errantes, perdidas, confundidas, dolidas y hambrientas. Muchas andan buscando iglesia, a alguien que les pastorea. Los motivos son variados: algunos quieren una iglesia más moderna y otros quieren una iglesia más fiel a las Escrituras. Necesitamos más pastores, pastores de corazón, que aman a las ovejas, que conocen bien las Escrituras y  que pueden enseñar con profundidad la Palabra de Dios, que pueden aconsejar, consolar, animar, liderar, confrontar, avisar, desafiar, disciplinar, corregir, descubrir dones y motivar, pastores que pueden comunicar con jóvenes, apoyar al que sufre, y buscar a los que han dejado de asistir, y trabajar en equipo para el bien de toda la iglesia. La capacidad de planear cultos y organizar reuniones es importante, pero lo es más la cura de las almas, según el modelo de Jesús, el Pastor de nuestras almas (1 Pedro. 2:25).

Elbuenpastor

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La vasija rota

LA VASIJA ROTA

“Así dijo Jehová: Vé y compra una vasija de barro del alfarero y lleva contigo de los ancianos del pueblo, y de los ancianos de los sacerdotes; y saldrás al valle de hijo de Hinom, que está a la puerta oriental, y proclamarás allí las palabras que yo te hablaré” (Jer. 19:1, 2).

            Esta es la segunda vez que Jeremías tiene que ir a la casa del alfarero. La primera vez el Señor le dijo que fuese allí porque le iba a enseñar algo. El profetas acudió y vio como el alfarero trabajaba con una vasija que “se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla” (Jer. 18:4). Esto fue una parábola viviente que ilustraba gráficamente la obra de Dios, tanto en una vida como en una nación. Él puede rehacer vidas estropeadas. Puedes pensar que ya no hay solución para ti, que tu vida está fuera de todo remedio, pero Dios es tan hábil como este alfarero y puede convertir una vida arruinada en algo exquisita y hermosa. “Hay esperanza para Israel”, es lo que Dios estaba diciendo. Solo tiene que abandonar su pecado y acudir a Dios y Él les convertirá en una nación para su gloria. Pero Israel no quiso. Esto ya lo hemos visto. Además decidieron matar a Jeremías, su portavoz. Se confirmaron en sus malos caminos. Tomaron su decisión final.

Vasijarota

            Así que Dios le envió a Jeremías una segunda vez a la casa del alfarero, esta vez  para comprar una vasija ya hecha, e ir al valle del hijo de Hinom, el lugar donde los israelitas sacrificaban a sus hijos a Baal. Allí Jeremías tenía que dar el mensaje a su pueblo que mencionamos ayer, que debido a las atrocidades que estaban cometiendo Dios los iba a destruir: “Pondré a esta ciudad por espanto y burla; todo aquel que pasaré por ella se asombrara, y se burlara sobre toda su destrucción” (Jer. 19:8). Después de pronunciar terribles palabras de juicio Jeremías tuvo que quebrar la vasija delante de los ojos de los que le acompañaban, “y les dirás: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Así quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra una vasija de barro, que no se puede restaurar más” (Jer. 19:11). Ya no había esperanza para Jerusalén. Entonces surge la pregunta clave: ¿Por qué pudo ser restaurado la vasija que se estropeó en manos del alfarero, pero no la otra? ¿Por qué Dios puede restaurar unas vidas, pero otras no? ¿No hay esperanza siempre?

            La respuesta está en las vasijas. Una estaba blanda y la otra estaba dura. Hay personas blandas, abiertas, moldeables y otras que han endurecido sus corazones y rehúsan oír. Dios mismo lo explica: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí, yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus villas todo el mal que hable contra ella; porque han endurecido su cerviz para no oír mis palabras (v. 15). ¡Qué tragedia! Han tomado su decisión: No van a dejar el pecado. No van a escuchar al profeta de Dios. Le van a matar. Así que ellos van a ser quebrantados como la vasija seca y duro que ya no puede ser restaurada.

            ¿Cuándo llega una persona a este estado de endurecimiento? Cuando Dios lo diga. Estas palabras de juicio irremediable fueron pronunciadas por el Señor mismo. Es el único que sabe cómo está el estado de un corazón. Ahora solo queda juicio para el pueblo que ha rechazado definitivamente a Dios.   

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Empedernidos

EMPEDERNIDOS

“Y dijeron: Es en vano (que hables); porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón” (Jer. 18:12).

            ¡Voy a hacer lo que me da la real gana, y ya está! Esto es lo que dijeron los israelitas a Jeremías cuando les avisó que si no se arrepintiesen de su maldad, Dios les iba a destruir. Dios puede derribar naciones enteras o edificarles. Está en su poder hacer justicia cuándo y cómo Él quiere, pero si hay arrepentimiento, hay salvación: “Si anuncio que voy a desarraigar, a derribar y a destruir a cierta nación o a cierto reino, pero luego esa nación renuncia a sus malos caminos, no la destruiré como lo había planeado. Y si anuncio que plantaré y edificaré a cierta nación o a cierto reino, pero después esa nación hace lo malo y se niega a obedecerme, no la bendecirá como dije que lo haría” (v. 7-10). Si Israel seguía haciendo el mal, las consecuencias iban a ser terribles. El Señor dijo: “Jeremías, advierte a todo Judá y a Jerusalén y diles: Esto dice el Señor: En vez de algo bueno les tengo preparado un desastre. Así que cada uno de ustedes abandone sus malos caminos y haga lo correcto” (v. 11). Está la promesa de hacerles bien o hacerles mal. Ellos tenían que elegir. ¿Dejarían su maldad o no?

            Pues eligieron: “El pueblo respondió: No gastes saliva. Continuaremos viviendo como se nos antoja y con terquedad seguiremos nuestros propios malos deseos” (v. 12, NTV). ¡Inaudito! En efecto están diciendo: “¡Sabemos que está mal y lo seguiremos haciendo!” ¡Son descarados! Cínicos. No tienen ninguna intención de cambiar. Son obstinados y tozudos. Es como la persona que dice: “Sé que lo que hago está mal, pero no importa. No voy a cambiar”.

            Es como el fumador que dice: “Sé que fumar mata, pero voy a seguir fumando”. O como el que tiene otro vicio, o como la chica que tiene el novio no creyente. Dice: “Sé que Dios no aprueba, pero no lo voy a dejar. De momento voy bien y no me importan las consecuencias a largo plazo. Igual me estrello, pero lo haré por mi cuenta, haciendo lo que yo decido”. Quieren su voluntad. No se someten al Señor, ni a su Palabra. Y no quieren la opinión de nadie. Esto es tozudez. Es rebeldía. Es estar empedernido en hacer las cosas a su manera no importan las consecuencias.

            Y los resultados son trágicos, pero no llegan el mismo día. Se hacen esperar. Pero llegan, porque Dios ha determinado edificar y prosperar (espiritualmente) al que le hace caso, pero “arrancar, derribar, y destruir” al que se afirma en su mal camino. Los hay que son dóciles y reaccionan diciendo: “Señor, haré lo que tu digas”, y los hay que responden todo lo contrario: “Es inútil avisarme. Haré según el consejo de mi malvado corazón”, y lo dicen con toda la cara. ¿Cuál de estos dos eres tú?  ¿Y yo?  

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La herencia cristiana

LA HERENCIA CRISTIANA

“Las cuerdas cayeron en lugares deleitosos (“La tierra que me has dado es agradable”, NTV) ¡Y es hermosa la heredad que me ha tocado!” (Sal. 16:6). 

Herencia

            El objeto de la herencia cristiana es todo lo que simbolizaba la tierra de Canaán: abundancia, posesiones, descanso, bienestar, paz, prosperidad, bendición, y mucho más. Los creyentes en el Señor Jesucristo heredamos:

El reino de Dios: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mt. 25:34).

 “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Stg. 2:5).

La salvación: “¿No son todos (los ángeles) espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb. 1:14).

Una bendición: “No devolviendo mal por mal, ni maldición, por maldición, sino por contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”  (1 Ped. 3:9).

Gloria: “Y si hijos, también  herederos; herederos de  Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Rom. 8:17-18).

Incorrupción: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. …Pero todos seremos transformados,…los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Cor. 15:50-52).

Somos “herederos de la gracia de la vida” (1 Ped. 3:7). Tenemos un herencia reservada en el cielo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza vida, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (1 Ped. 1:3, 4). El que venciere recibirá la herencia de Dios: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo” (Ap. 21:7).

El Espíritu Santo hace viva la esperanza de nuestra herencia: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de  Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos justamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”  (Rom. 8:16, 17). El Espíritu Santo nos ha sido dado como las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida (Ef. 1:14). Por medio de Él empezamos a disfrutar anticipadamente de nuestra herencia ahora. Él mismo, y todas las bendiciones que le acompañan, son nuestra herencia. Cuanto más vivimos en Él, más disfrutamos nuestra herencia ahora.  

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Enviado por el Hno. Mario

Dios ve el corazón

“Dios ve el corazón

Jesús les respondió: ¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, cuando escribió: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.” Marcos 7:6

¿Cómo estás vestido hoy? ¿Estás bien presentado? Generalmente juzgamos a los demás por su apariencia, por su comportamiento, por la forma de expresarse, e incluso por la marca de ropa que utilizan. Pero, a menos que conozcamos bien a alguien, somos incapaces de decir cómo es una persona en su interior sólo por su apariencia.

Apariencias

Dios, sin embargo, sabe perfectamente cómo somos cada uno de nosotros por dentro. De nada nos sirve pretender ser buenitos por fuera pero tener en el corazón la motivación equivocada. Muchas personas hace el bien sólo para aliviar sus culpas o para quedar bien delante de la sociedad. Es cierto que Dios quiere que hagamos el bien, pero que sea como respuesta al amor que él demostró por nosotros cuando sacrificó a su único hijo Jesús. Entonces, haz el bien por la razón correcta: porque recibiste de Dios el perdón de tus culpas, y la promesa de la vida eterna en el cielo con Jesús.

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La luz para tu vida

“La luz para tu vida

Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino! Salmo 119:105

¿Puedes imaginar tu vida sin energía eléctrica? ¿Qué harías si no pudieras conectar más tu  computadora, entrar en tu cuenta de Facebook, Twitter o Instagram, ni cargar tu teléfono celular o tu tableta? Tu vida ya no sería vida, ¿no es cierto? Sería algo así como vivir en entre las tinieblas. Lo mismo sucede en el ámbito espiritual.

LámparaestuPalabra

 

 

 
Según el Salmo 119, la Biblia es la lámpara que ilumina nuestro camino. Sin ella, vivimos en la oscuridad. Es en la Palabra de Dios donde aprendemos sobre Jesús, el Hijo de Dios, quien murió por nosotros en la cruz para pagar la deuda por nuestros pecados obteniendo así nuestro perdón, y abriéndonos las puertas hacia la vida eterna en el cielo. Cuando confiamos en Cristo nuestra vida, iluminada por el amor del Padre celestial, adquiere sentido. No vivas en la oscuridad. Lee la Biblia.

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Sonríe, estás siendo observado

“¡Sonrie! Estás siendo observado

Señor, tú me has examinado y me conoces; tú sabes cuando me siento o me levanto; ¡desde lejos sabes todo lo que pienso! Salmo 139:1-2

Las tecnologías actuales, con las cámaras de seguridad, sensores de movimiento y sistemas de vigilancia instalados por todos lados, tienen la capacidad de vigilarnos todo el tiempo. Es fácil vivir con la sensación de que siempre hay alguien observándonos. Y de hecho, ¡así es! Aun allí donde la tecnología no llega, hay alguien que está mirándonos todo el tiempo, veinticuatro horas al día. Ese alguien es Dios.

EresObservado

Dios no sólo ve lo que hacemos o dejamos de hacer, sino que también sabe todo lo que pensamos. Después de todo, él nos creó, nos ama, y quiere lo mejor para nosotros. Gracias a Jesús, Dios perdona todas las cosas erradas que hacemos o pensamos. La presencia de Dios en nuestra vida diaria nos da la tranquilidad de que hay alguien que nos ama mucho que está siempre obrando a nuestro favor.

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Planear sin estretarte

“Planear sin estresarte

Así que, no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante tiene cada día con su propio mal! Mateo 6:34

¿Cuál es tu agenda para los próximos días? ¿Cuántas actividades has planeado hasta el final del mes y del año? ¿Cuánto tiempo libre has apartado para descansar? Parece que vivimos pensando sólo en lo que vendrá. No es que esté mal planear y organizar nuestra vida, pero tampoco debemos sufrir preocupándonos sólo con el futuro.

EntregarlascargasaDios

En el evangelio de San Mateo, Jesús dice: “No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante tiene cada día con su propio mal!” En otras palabras, no dejes que la excesiva preocupación con el día de mañana consuma tus energías de hoy. Entrega esa carga a Dios, y él cargará ese peso en tu lugar. Haz tu agenda, planifica tu futuro, pero cuida de cada cosa a su tiempo sabiendo que Dios es quien tiene el control de todo.

Por CPTLN

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