Mes: junio 2017

Las herramientas de Dios para santificarnos

Leer | 1 TESALONICENSES 5.23, 24

La santificación es el proceso que Dios usa para conformar a los creyentes a la imagen de su Hijo. Los escritores de la Biblia utilizaron imágenes que hablan del trabajo de modelado de Dios en la vida de sus santos. Isaías, por ejemplo, comparó al Señor con un artista alfarero: “Nosotros [somos] barro, y tú el [alfarero] que nos formaste… obra de tus manos somos” (64.8). Algunas de las herramientas que Él utiliza para moldearnos y perfeccionarnos son:

La Biblia. El salmista describe a la Palabra de Dios como “lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino” (119.105). El Espíritu Santo ilumina lo que leemos, para que nos arrepintamos de nuestros pecados y crezcamos en nuestra fe.

La iglesia. Como parte del cuerpo de Cristo, aprendamos las cosas de Dios por medio de la enseñanza del pastor y de los maestros que han sido llamados a servir y a enseñar. El Padre celestial también llama a sus hijos a tener comunión unos con otros (He 10.25), en parte para poder utilizarlos en el proceso de santificación de cada uno de ellos.

El sufrimiento. Dios nos ofrece generoso consuelo y ayuda en tiempos de dificultades, pero también usa nuestras circunstancias dolorosas para moldearnos. Cuando nos sometemos a la obra que Él está haciendo, emergemos de nuestras luchas pareciéndonos más a Cristo.

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Piense en cómo le ayudó su padre terrenal a formarse la percepción que tiene de Dios. La Biblia le revelará si su comprensión de Él tiene sus raíces en la verdad o el error. Si usted fue bendecido con un padre que demostró el amor y la compasión de Dios, dele gracias por esa preciosa bendición.

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La paciencia de Dios

La paciencia de Dios

Leer | 2 PEDRO 3.8, 9

La lenta reacción del Señor ante el pecado, muchas veces desconcierta a los creyentes. ¿Por qué no castiga inmediatamente a quienes violan sus preceptos? La breve respuesta se encuentra en 2 Pedro 3: el Señor es paciente, para que todas las personas tengan la oportunidad de arrepentirse (v. 9).

Por nuestra condición humana, queremos que las personas sufran por sus malas acciones. Jonás huyó de su deber de predicar en Nínive, porque temía que si sus habitantes se arrepentían, su Dios misericordioso se arrepentiría de destruir la ciudad. Y eso fue precisamente lo que sucedió. En vez de alegrarse por el triunfo del Señor, el profeta se quejó por haber tratado a los ninivitas con paciencia y misericordia (Jon 4.2).

Jonás estaba enojado con Dios, a pesar de que él mismo había experimentado su misericordia. (Con todo y lo asqueroso que fue aquello, hay peores formas de disciplina que ser tragado y vomitado por un pez).

Los creyentes debemos estar agradecidos de que el Señor, a diferencia de los seres humanos, sea lento para la ira. Cuando somos rebeldes y testarudos, Él espera pacientemente que reconozcamos nuestra falta. La disciplina es dolorosa tanto para quien la recibe como para quien la aplica. Dios prefiere que veamos el error de nuestra actitud, que dejemos de pensar que estamos quedando impunes por nuestro pecado, y que volvamos al camino recto.

El Señor da un valor tan alto al arrepentimiento y a la preservación de la comunión con Él, que está dispuesto a retrasar el castigo por el pecado. Pero solo por un tiempo. Al final, su justicia exige una sanción. No espere que Él lo discipline. En vez de eso, haga lo correcto y vuelva su corazón a Dios.

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El bautismo: El primer paso como seguidores

Leer | MATEO 3.11-17

Cristo comenzó su ministerio público con el bautismo. En esos días, Juan el Bautista estaba llamando a la gente a confesar sus pecados y a demostrar su arrepentimiento mediante la inmersión en el río. ¿Por qué, entonces, el inmaculado Jesús pidió ser bautizado? Al comienzo, Juan rehusó bautizarlo sabiendo que Cristo era “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1.29). Pero Jesús no estaba demostrando arrepentimiento, sino que se estaba identificando sacrificialmente con la humanidad pecaminosa.

Como cristianos, estamos llamados a seguir su ejemplo en todas las cosas. Es por eso que el bautismo es el primer paso como seguidores de Jesús. Así como Él estuvo dispuesto a identificarse con nosotros, nos identificamos públicamente con Él cuando somos bautizados y declaramos simbólicamente que: “He puesto mi fe en Jesucristo como mi Salvador y creo que la deuda por mi pecado fue pagada en su totalidad por su sacrificio. Creo que así como Él resucitó de entre los muertos, yo también seré resucitado por medio de Él. Caminaré en la voluntad de Dios mientras esté en este mundo y viviré con Él por toda la eternidad. Porque me amó lo suficiente como para identificarse conmigo en mi pecado, le demostraré mi amor a Él siguiendo su ejemplo ahora, y durante el resto de mis días”.

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El bautismo demuestra nuestra conexión no solo con Cristo, sino también con nuestros hermanos espirituales —pasados, presentes y futuros. Nos unimos a todos los que caminaron antes de nosotros en la fe, declarando que somos miembros de un mismo cuerpo, redimidos y resucitados por el mismo Señor.

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Es usted una amenaza para satanás

Leer | 1 JUAN 4.4-6

La Biblia registra dos ocasiones en las que Satanás pidió permiso a Dios para probar a un creyente. El diablo intentó destruir la fe de Job primero (1.6-12), y luego la de Pedro (Lc 22.31-34). Jesús advirtió que Satanás quería “zarandear” al discípulo como a trigo, sacudiendo su fe de la misma manera que un agricultor separa los granos de la paja. El enemigo esperaba que Pedro cayera como la paja. Pero ambos ataques fracasaron, y los dos hombres salieron vencedores con una fe restaurada y fortalecidos por el Señor. Sin embargo, en el tiempo de la prueba, cada uno de ellos se vio atacado en lo más vulnerable de su corazón.

¿Está usted sirviendo a Dios de tal manera que Satanás se siente amenazado? Si no es así, usted no necesita un gran ataque para que su fe sufra mucho. En vez de estar alerta y de reconocer la batalla que está en juego, se dejará llevar por la inutilidad como la rana en agua que se calienta poco a poco hasta hervir.

Pero cuando crece espiritualmente —rechazando las mentiras y echando mano de la verdad que es suya en Cristo—, usted amenaza la obra del Maligno. El Señor le llama a ofrecer el amor de Él a personas específicas, porque usted tiene el conocimiento adecuado, las experiencias o el temperamento para alcanzarlas. Cuando lo hace, recupera para el reino de Dios un territorio que le había sido robado.

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Usted puede pensar que no es importante, pero el Señor conoce su verdadero valor. Como su hijo amado, tiene un papel importante en su plan para la eternidad. Satanás le teme a usted cuando reconoce esta verdad. Resista y confíe en el Espíritu de Dios, ¡porque mayor es el que está en usted!

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La persona separada para Dios

LA PERSONA SEPARADA PARA DIOS

“¡Oh Yahweh, Tú lo sabes todo! Acuérdate de mí, y visítame, y hazme justicia de mis perseguidores… Sabes que por ti soporto afrentas” (Jer. 15:15).

            Jeremías está profetizando la destrucción de Israel a manos de sus enemigos. Por un lado, su corazón está roto a causa del juicio de Dios que caerá sobre su pueblo. Ha intercedido a su favor, ha suplicado que Dios prolongue su misericordia, pero la paciencia de Dios se ha agotado y ha pedido a Jeremías que no ore más a favor de ellos porque el juicio está determinado. Además de tener que predicar un mensaje devastador para el mismo profeta, engendra el rechazo y la persecución de parte de los falsos profetas que predican lo contrario y las amenazas de muerte para Jeremías mismo.

Jeremías ama la palabra de Dios: “Fueron halladas tus palabras , y yo las comí; y tu Palabra fue para mí el gozo y la alegría de mi corazón, porque tu Nombre es invocado sobre mí. No me senté a disfrutar con los que se diviertan, forzado por tu mano me he sentado solitario” (v. 16, 17). Su único gozo está en la Palabra de Dios. En cuanto a compañía humana, está solo. Sufre por su pueblo: “¿Por qué es perpetuo mi dolor, y mi herida, incurable, rehúsa ser sanada” (v. 18).  Su fidelidad a Dios le ha costado todo.

En su soledad, dolor y temor por su vida el profeta pregunta a Dios si Él le va a fallar: “¿Serás para mí como un arroyo que se seca en tiempos de sequía?” (v. 18, nota). Recibe una palabra muy fuerte en respuesta: “Si te vuelves, Yo te restauraré, para que puedas estar en pie delante de mi presencia; si apartas lo precioso de lo vil, serás mi boca. ¡Conviértanse ellos a ti, y no te conviertas tú a ellos!” (v. 19). Frente al rechazo y el odio, delante de tanto sufrimiento, uno puede sufrir la tentación de pensar que Dios te va a abandonar, que de alguna manera te va a fallar. Esta duda recibe una reprensión inmediata, seguida por la promesa que si el profeta habla palabras dignas y no vanas o falsas, puede ser la boca de Dios para su generación. No puede hablar para congraciarse con ellos; ellos tiene que ponerse de parte de él. Y Dios guardará su vida.

Hoy día la persona que fielmente presenta la Palabra de Dios encuentra mucha oposición No predica el “evangelio” que dice que Dios siempre bendice y nunca castiga, que el creyente siempre prospera y tendrá una vida fácil y placentera. Este evangelio consigue muchos adeptos, pero el que fielmente predica lo que Dios dice recibirá oposición. Estará solo. Sufrirá por lo que tiene que decir, pero se mantendrá fiel a Dios. La Palabra de Dios es su gozo y, a la vez, su sufrimiento, porque contiene palabras muy duras. Los demás tienen que ponerse de tu parte; no puedes convertirse a su forma de pensar para tener su aceptación. “Salgamos, pues, a Él fuera del campamento, llevando su oprobio” (Heb. 13:13). El creyente sale fuera del campamento, está separado de la religión oficial, pera allí es donde tiene comunión con Jesús.

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Intercesión de Jeremías

INTERCESIÓN DE JEREMÍAS

“”¡Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, obra, oh Yahweh , por amor de tu Nombre! ¡Ciertamente nuestras apostasías se han multiplicado, y hemos pecado contra ti! ¡Oh Tú, Esperanza de Israel… Salvador en tiempo de angustia! ¿Por qué eres como extranjero en el país, como caminante que se desvía para pernoctar? ¿Por qué te muestras como un hombre aturdido, como héroe incapaz de vencer? Pero Tú, oh Yahweh, estás en medio de nosotros, y sobre nosotros es invocado tu Nombre; ¡No nos desampares!” (Jer. 14:7-9).

            El profeta acude a Dios llenó de contrición, reconociendo el estado lamentable en que ha caído Israel. Está suplicando que  Dios no los abandone en su pecado y apostasía. Sus iniquidades son evidentes y testifican que Israel a todas luces es culpable y merece el terrible castigo que el profeta teme que se avecina.

            Su argumento para convencer a Dios que no los desampare está basado en el nombre de Dios: “Obra, oh Yahweh, por amor de tu Nombre!” Apela a dos nombres de Dios que revelan su naturaleza: Él es “Esperanza de Israel” y “Salvador en tiempos de angustia”. Estas son las dos cosas que Israel necesita urgentemente, esperanza frente al futuro negro que se presenta. Si Dios no interviene, no hay esperanza alguna. Israel necesita salvación del poder invasor que amenaza su destrucción.

            Luego habla de cuatro nombres que no le corresponden a Dios. Dios no es “Extranjero en el país”. Extranjero en el país es uno que reside allí, pero pertenece a otra tierra. Tampoco es un ciudadano más. Es el Rey de Israel. Israel es su pueblo. Si no es extranjero que reside en Israel, menos lo es “Caminante que se desvía para trasnochar allí”. No es alguien que hoy está y mañana ya se ha ido. Su estancia con Israel es permanente. No puede abandonarles. Tampoco es un Hombre aturdido, que no comprende lo que está pasando, que todo le viene de nuevo como sorpresa. Es el Omnisciente Dios que conoce el fin desde es principio. Abarca todo el tiempo. Sabía cómo era Israel cuando lo escogió para ser su pueblo. Sabía lo que haría, como se alejaría de Dios e iría tras la idolatría y la falsa profecía. Su apostasía presente no ha pillado a Dios por sorpresa. Y, por último, dice que Dios no es un Héroe incapaz de vencer”. Dios es Omnipotente. Es incapaz de perder una batalla. Ahora que está en juego su supervivencia como nación, Israel necesita el poder de Dios para vencer.

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            El profeta termina su intercesión apelando al Hecho de que Dios está en medio de su pueblo, y, por otro lado, que sobre ellos es invocado su nombre. Todas las otras naciones saben que Yahweh Dios es el Dios de Israel. Cualquier cosa que les pasa reflejará sobre Dios, afectará la opinión de las otras naciones en cuanto a Él, e incidirá en su reputación. En su intercesión el profeta muestra un  profundo conocimiento de Dios, de su carácter y sus atributos, y, a la vez, de su amor y lealtad para su pueblo. Reconoce que ellos merecen ser abandonados por Dios, no justifica su pecado por un momento ni lo trata a la ligera. Su única esperanza de salvación está en el carácter de Dios.

Enviado por Hno. Mario

Hacer algo grande para Dios

HACER ALGO GRANDE PARA DIOS

“Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos” (Lu. 2:49-51).

            La primea estrofa de un himno del Siglo XIX reza así: “El santo Niño volvió a la casa de sus padres terrenales y allí encontró “los negocios de su Padre”: sujeción manso y humilde”. Encontramos sabiduría y consuelo en estas palabras. El empeño del Niño Jesús fue estar en los negocios de su Padre. Cuando lo dijo estaba sirviendo al Padre en el Templo de Jerusalén, haciendo preguntas a los doctores de la Ley, investigando y estudiando la Palabra de Dios, planteándose cuestiones difíciles, posiblemente acerca de la identidad y  ministerio del Mesías como venía profetizado en las Escrituras. Aquello le iba preparando para su ministerio futuro. Su mente de niño estaba planteándose cosas muy profundas y difíciles de entender, creciendo en sabiduría (v. 52). Cuando lo encontraron sus padres, volvió a casa con ellos, sujetándose a ellos y en esta sujeción encontró la voluntad de su Padre en esa etapa de su vida.

            No  podemos rebelarnos contra la clara enseñanza de la Palabra de Dios y pensar que estamos sirviendo a Dios. Esto no es sabiduría. Es engaño. Las Escrituras dicen claramente: “Honra a padre y a tu madre” (Ex. 20:12). No se puede deshonrarlos y estar en “los negocios“ de Dios. No puedes estar mintiendo, o estafando, o engañando, o fornicando, o adulterando, o codiciando, o haciendo daño a otros, y estar en los negocios de Dios. Tampoco  puedes ser insumisa a tu marido o a tus profesores, o al gobierno, o a tus pastores, o a tu jefe en el trabajo y estar en los negocios de tu Padre. No puedes desobedecer a Dios para servirle. “Voy a vestirme para provocar y servir a Dios en la iglesia”. Esto es un engaño.

            Jesús tenía un ministerio muy grande por delante. Iba a hace la mayor obra para Dios posible. Y se preparó para servir a Dios en el futuro sirviéndole en el presente. Su servicio en presente consistía en volver a Nazaret y obedecer a sus padres. Esto en sí es un gran ministerio. Es un trabajo realizado por amor a Dios y obediencia a su voluntad en contra de la nuestra que nos parece más espiritual, pero la espiritualidad se encuentra en la mansedumbre y la humildad, no en la rebeldía y la obstinación. Jesús estaba forjando un carácter de obediencia a la voluntad de su padre que le llevaría a la Cruz. Sin sujetarse a José, nunca se habría sujetado a lo que le iba a pedir su Padre celestial.

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            ¿Tú quieres hacer algo grande e importante para Dios? Bien. Esto consiste en sujetarte a tu padre, tu jefe, tu maestra, tu marido, tus pastores, y a las circunstancias difíciles y desagradables que Dios ha permitido que tengas. Hazlo. Esto es lo más grande que puedes hace para Dios ahora. Mañana será otra cosa, pero esta es la voluntad de Dios para ti hoy. Es tu ministerio actual y es estar en los negocios de tu Padre. Al hacerlo irás creciendo “en sabiduría, y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”. Y tendrás comunión con Jesús.

Enviado por Hno. Mario

Amando y respetando

AMANDO A LA ESPOSA; RESPETANDO AL MARIDO

“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Efesios 5:33).

En este texto tenemos lo que Dios pide al marido y lo que pide a la mujer, las dos cosas necesarias para que el matrimonio funcione. Es como una bicicleta: con una sola rueda no va bien, necesita las dos. Lo mismo es cierto del matrimonio, lo que la mujer necesita es amor y lo que el hombre necesita es respeto. Esto no significa que el hombre no necesita amor y que la mujer no necesita respeto. Los dos necesitan las dos cosas. Pero para la mujer lo más imprescindible es el amor, porque ella es el vaso más frágil, y lo que el marido más necesita es el respeto, porque él es cabeza de la familia, y si no es respetado, no puede gobernar.

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¿Cómo percibe la mujer el amor? Para nosotras la respuesta a esta pregunta es tan obvia que sobran palabras, pero para nuestros maridos no lo es tanto. Una mujer se ve amada si su marido está por ella, si le mira y le da una sonrisa, si conversa con ella, si le dedica tiempo, si la saca a pasear, si le compra flores, si la escucha y comprende, si es cariñosa con ella, compasivo y paciente, si se fija en lo que lleva puesto, su pelo, si le dice que es guapa, que le gustan sus comidas, si demuestra ser orgulloso de ella, si le da oportunidades de mejorarse, usar sus dones y talentos, desarrollarse y crecer como persona, si lee la Biblia y ora con ella, si es cercano, abierto, vulnerable con ella, si la trata como una reina, si la defiende, protege y guarda como la niña de sus ojos, si la toma en sus brazos y la besa. Esta mujer se siente querida.

¿Qué significa respetar al marido?  Esta es la parte que nos ataña a las mujeres. Parece que tenemos en nuestro poder o bien edificar a nuestro marido o bien destruirle, y esto es por medio de respetarle o no respetarle. Lejos de intentar hundirle, hemos de levantarle el moral y la autoestima. Cuando le respetamos, esto le ayudará a desarrollar todo su potencial. Si la mujer se somete gozosamente a su autoridad, si le admira, si piensa que es inteligente y capaz, si le consulta porque valora su opinión, si le escucha atentamente sin interrumpir o cambiar el tema, si no le contradice, si le felicita por lo que hace bien, si le agradece por lo que hace para ella y para la familia, si demuestra que confía en él, en su buen juicio, y sus planteamientos, en sus proyectos, si le apoya como persona y demuestra que cree en él, si sigue las decisiones que toma, si le anima en su trabajo y ministerios, si le da consuelo cuando duda de sí mismo, si habla bien de él en público y guarda su reputación, si responde a sus iniciativas, este hombre va a sentirse respetado, y amará aún más la mujer que le edifica de esta manera y estará por ella, porque le es muy agradable. Y ella estará feliz al ser amada por un hombre como él.

Enviado por Hno. Mario

Dios está al mando

“Dios está al mando

Tu reino es un reino de todos los siglos; tu dominio durará por todas las generaciones. Señor, mis labios proclamarán tu alabanza. ¡Que la humanidad entera bendiga tu santo nombre desde ahora y hasta siempre! Salmo 145:13; 21

DiosestaenControl

¿Qué tal empezaste la semana? ¿Desanimado? ¿Cansado? ¿Con miedo por los problemas que tienes por delante? Ya sea en el trabajo, en los estudios o en casa, todos tenemos cosas que no nos agrada tener que enfrentar: problemas que deben ser resueltos, decisiones que deben ser tomadas y tareas que deben ser cumplidas. Muchas veces ni siquiera sabemos por qué pasamos por todo eso.

Pero hay una cosa de la cual sí podemos estar seguros: Dios está siempre de nuestro lado para darnos fuerzas, ánimo y alegría. Con Dios a nuestro lado podemos enfrentar los problemas con la cabeza en alto, porque sabemos que nuestro Padre celestial está al mando, haciendo que las cosas sucedan según su santa voluntad. Dios te ama y la prueba de ese amor es que sacrificó a su propio hijo Jesús por ti y por mí. Por eso, ten la certeza de que él no te abandonará. ¡Confía en él!

Por CPTLN

Una unión sólida

“Una unión sólida

Y si tu mano derecha te hace caer en pecado, córtatela y deshazte de ella; es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Mateo 5:30

Ninguna institución humana es tan importante como el matrimonio. La vida matrimonial, muchas veces tan despreciada e incluso ridiculizada y considerada pasada de moda, seguirá siendo la institución más importante para dar equilibrio, personalidad y estructura a la sociedad. De las uniones sólidas en las que prevalecen el respeto, el amor, la comprensión, la dignidad y el sacrificio, resultan personas felices, maduras, equilibradas y productivas en cualquier segmento de la sociedad.

UnaUnionSolida

El corazón humano que se deja engañar por las traiciones del mundo, es la razón por la cual tantos experimentan el fracaso en su vida matrimonial. Luchar contra eso y buscar una unión sólida, en la que el hombre y la mujer se sientan felices y realizados y los hijos crezcan en las mejores condiciones, es la finalidad de Dios al instituir el matrimonio y la familia. Para lograrlo debemos buscar las fuerzas en Cristo, quien nos ayuda a luchar contra nuestras propias debilidades, y nos enseña a construir hogares donde reina el amor eterno de Dios.

Por CPTLN

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