Mes: febrero 2017

Viudas

VIUDAS

“Honra a las viudas que en verdad lo son” (1 Tim. 5:3).

La iglesia primitiva atendía a las viudas que no tenían otros medios de sostenimiento, todo un ejemplo para nosotros en el día de hoy. Para recibir este cuidado, las mujeres tenían que reunir ciertos requisitos:

·            No podían tener hijos o nietos: “Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios” (v. 4). “Si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, es peor que un incrédulo” (v. 8). “Si algún creyente o alguna creyente tiene viudas, que las mantenga, y no sea gravada la iglesia, a fin de que haya lo suficiente para las que en verdad son viudas” (v. 16).

·            Tiene que tener más de 60 años, y tiene que haber sido fiel a su marido. “En la lista de las viudas debe figurar únicamente la que tenga más de sustenta años, que haya sido fiel a su esposo” (v. 9, NVI).

viuda

·            Tiene que ser una mujer conocida por su buen testimonio, sus buenas obras, su hospitalidad, y su ayuda a los pobres, buena madre y esposa: “Que tenga buen testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra” (v. 10). 

Leyendo esto, nos damos cuenta de las obligaciones de los hijos para con los padres. Si no los atienden, ¡los hijos no son considerados creyentes! Dios no quiere que le sirvamos en la iglesia si hemos abandonado nuestras responsabilidades a la familia;  esto queda bien claro.

También nos damos cuenta de lo que se esperaba de la mujer, a saber, que sea leal a su marido y una buena madre, que abra su casa para los creyentes que necesitan hospitalidad, que ayude a los pobres y alivie el dolor de los que sufren, y que se dedique a hacer buenas obras de caridad.  

Estas dos áreas son de suma importancia: las obligaciones de los hijos a sus padres mayores, y el papel de la mujer cumpliendo con su deber familiar y atendiendo a las necesidades de otros. Debemos enseñar estas cosas en nuestras iglesias. La iglesia primitiva es todo un ejemplo de la práctica de cumplir con los deberes sociales, de la estrecha relación entre la fe y la vida cotidiana. Extendía su mano para suplir las necesidades de sus miembros cuando no había otra solución. Guardaba su testimonio y enseñaba a sus miembros a hacer lo mismo. No es de sorprender que de ella se decía que “tenían favor con todo el pueblo y que el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47).  

Enviado por Hno. Mario

Novio

Una pregunta legítima
(Mateo 9:14-15)

Los discípulos de Juan se le acercaron entonces, y le preguntaron: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no?’ Mateo 9:14

Hay preguntas retóricas (las que no necesitan respuestas), hay preguntas capciosas (hechas con el fin de incomodar a alguien), hay preguntas tontas que no merecen respuesta, y hay preguntas legítimas que requieren una respuesta sabia.

La respuesta de Jesús fue sabia, pero no fue fácil de entender para los discípulos de Juan. Era de esperar que los seguidores de un líder religioso -como los de Juan-ayunaran. También era de esperar que los discípulos de los fariseos ayunaran, porque eso era parte de la religión. Entonces, ¿por qué con Jesús las cosas eran diferentes?

Jesús no fue un líder religioso como todos los demás. Él era el “novio” que había venido a pagarle al padre un alto precio por la “novia”, nosotros. Jesús y los discípulos tenían que concentrarse ahora en otra cosa. Ya vendría el tiempo del ayuno, cuando Jesús fuera quitado de ellos, muerto y sepultado. Mientras tanto, en vez de recluirse, vivieron tiempos de celebración, de enseñanza y aprendizaje, de sanación, de sorpresa en sorpresa con los milagros. Porque con Jesús las cosas son diferentes, nuevas para siempre.

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Siendo el “novio”, Jesús nos corteja, porque nos ama. Su declaración de amor fue tan convincente que dejó la vida en ella. La cruz y la tumba fueron su sello de compromiso. Como “novio”, Jesús no nos propuso una cita para tener una aventura con nosotros, sino para, con el mayor respeto, desposarnos para siempre. Jesús sí que es un novio ejemplar. Lo dejó todo para vivir con nosotros para siempre, bajo un mismo techo, metiéndosenos bajo la piel, haciendo latir nuestro corazón al ritmo de su amor.

Gracias, Padre, por enviarnos al prometido. Ayúdanos a someternos a su voluntad. Amén.

CPTLN

Disciplina

¿ES DEFINITIVA LA DISCIPLINA?

 

“Porque aun hay muchos insubordinados, charlatanes y embaucadores, especialmente los de la circuncisión, a los cuales es necesario taparles la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no se debe. Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos” (Tito 1:10-12).

Ni en el hogar, ni en la iglesia es definitiva la disciplina. Solo dura hasta que haya cambios. El propósito de la disciplina no imponer retribución, infligir daño, ¡o vengarse!, sino de instruir en santidad. Su finalidad es ayudar a la persona disciplinada a reflexionar y tomar medidas para cambiar su comportamiento: “Si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entones sois bastardos, y no hijos. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Heb. 12: 8, 11). Este “fruto apacible” es el fruto del Espíritu quien produce cambios en el carácter de la persona disciplina.

              En el texto que estamos meditando de Tito, Pablo dice que un anciano tiene que “retener la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convence a los que contradicen” (v. 9). Es uno de sus funciones. Coge a ese “contumaz” (insubordinado), abre la Biblia con él y le muestra dónde está equivocado. Esta persona tiene dos problemas: uno es doctrinal y el otro es de carácter. Es tozudo en su error. Hay que mostrarle que está equivocado, que la Biblia no enseña lo que él piensa, sino otra cosa, para que baje del burro, se humille, y se someta a los ancianos y a la sana doctrina de la Palabra, y que después lo muestre con humildad y profundos cambios de carácter, comprensión bíblica y comportamiento. Esto normalmente requiere varias conversaciones, enseñanza, y tiempo, para que esta persona aprenda a vivir de otra manera. Si responde positivamente y dice: “Sí, sí” en el primer encuentro con los ancianos, todavía hace falta un profundo arrepentimiento en el cual reconoce su orgullo, el daño que ha hecho a la iglesia, y lo equivocado de su conducta.

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              La meta es que esta persona llegue a ser mansa como el Señor Jesús, quien dijo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt.11:29). Entonces, con este carácter, el hermano puede ser útil para la iglesia. Podrá servir al Señor usando sus dones, y todos los que le conocen se maravillarán de la gracia del Señor en él.   

Enviado por Hno. Mario

Valentía

La fuente de la valentía

Leer | JOSUÉ 1.8, 9

El mensaje de Josué, capítulo 1, es para todos los hijos de Dios. Los principios eternos de la Palabra de Dios son tan pertinentes para nosotros hoy como lo fueron para el antiguo pueblo hebreo. La orden del Señor de esforzarnos y ser valientes sigue estando vigente, ya que su promesa está con nosotros en todas las circunstancias. Además, sigue siendo cierto que la fe y la valentía se desarrollan en los creyentes que meditan con regularidad en la Palabra.

El temor, la antítesis de la valentía, nace de la desobediencia al Señor, de la falta de fe en Él, y de las dudas acerca de su voluntad o sus caminos. El peso y el inhibidor poder del temor pueden paralizar a una persona como los grilletes a un preso. Pero la Biblia contiene verdades, promesas y principios que rompen esas cadenas.

¿Ha notado usted alguna vez que enfocar la mente en la Palabra de Dios sosiega su espíritu? En ese silencio, la fe hace que el temor se esfume. Las revelaciones de Dios en cuanto a sí mismo en la Biblia son capaces de agudizar nuestra percepción en cuanto a todo lo que estemos enfrentando. Podemos ver la verdadera naturaleza de un asunto, que no es más grande que nuestro Dios. Como resultado, nos quitamos el peso de nuestras cargas y, en vez de eso, desarrollamos una confianza arraigada profundamente en la bondad y la soberanía de Dios. Esa es la definición de valentía.

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La exhortación de Dios a Josué: “Esfuérzate y sé valiente” (Jos 1.9), es también para los creyentes de hoy. Al igual que los israelitas, luchamos contra enemigos poderosos. No ceda al temor, sino rompa su control con las poderosas palabras de la Biblia, y viva con confianza.

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Tormentas

Razones para las tormentas de la vida

Leer | 2 CORINTIOS 1.3-6

 

Al Señor nunca se le toma por sorpresa. Él sabe por todo lo que estamos pasando y está dirigiendo todas nuestras circunstancias tanto para nuestro bien como para su gloria, conforme a su buena voluntad.

Uno de los propósitos de las dificultades es limpiarnos. Por nuestra naturaleza “carnal”, y el mundo egocéntrico en que vivimos, es fácil desarrollar actitudes centradas en uno mismo, prioridades confusas y costumbres impías. Por tanto, las presiones que nos sobrevienen en situaciones tormentosas tienen el propósito de llevarnos al arrepentimiento. Nuestras pruebas no son para hundirnos, sino más bien para purificarnos y llevarnos de vuelta a la senda del temor a Dios.

Otra razón para la adversidad es enseñarnos cómo consolar a otros. La obra de Dios en nuestras vidas no es solamente para nosotros. Está diseñada para que alcancemos a un mundo que no conoce al Señor. Él usa las presiones que enfrentamos para prepararnos en cuanto al servicio a los demás. Cuando padecemos sufrimientos, descubrimos la suficiencia de Dios, su presencia consoladora y su provisión de fortaleza para ayudarnos a soportar. Nuestro testimonio durante los tiempos de dificultad será auténtico; aquellos a quienes ministramos reconocerán que conocemos y comprendemos su dolor.

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Reflexionar en el propósito divino que hay detrás de nuestras dificultades, puede ayudarnos a responder a ellas de una manera que honre a Dios. Las lecciones del Señor normalmente se ponen en claro gradualmente, pero Él estará caminando al lado suyo a lo largo de todo el camino.

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Qué sabemos

TITO: ¿QUÉ SABEMOS DE ÉL?

“Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo… a Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 1:1, 4).

            Desde hace años sabemos que hay un libro en la Biblia que se llama “Tito”, pero ¿qué sabemos del hombre a quién está dirigida esta importante epístola de Pablo?

            Tito fue un compañero de Pablo en sus viajes misioneros. Parece que llegó a conocer al Señor por medio de Pablo, pues Pable le llama su verdadero hijo en la fe. Era griego, y por eso no fue circundado como bebé. Cuando acompañó a Pablo a Jerusalén los creyentes de allí insistieron en que fuese circuncidado, pero Pablo se mantuvo firme en que no era necesario, y, por tanto, se le permitió continuar ministrando sin pasar por este rito judío (Gal. 2:1-5).

            Pablo le llama hermano, compañero y colaborador: “No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia” (2 Cor. 2:13). Trabajaron juntos en el ministerio. “En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo” (2 Cor. 8:23). Estuvo con Pablo en su segundo viaje misionero juntamente con otros colaboradores.

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            Pablo tuvo mucha confianza en Tito y le mandó en misiones difíciles y complicadas, ¡como a Corinto!, y a ¡Creta!, para poner orden en las iglesias de estas ciudades: “Pero gracias a Dios que puse en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros. Pues a la verdad recibió la exhortación, pero estando también muy solícito, por su propia voluntad partió para ir a vosotros” (2 Cor. 8:16, 17). “También nuestro gloriarnos con Tito resultó verdad. Y su cariño para con vosotros es aun más abundante, cuando se acuerda de cómo lo recibisteis con temor y temblor” (2 Cor. 7:15). “¿Acaso os he engañado por alguno de los que he enviado a vosotros? Rogué a Tito, y envié con él al hermano. ¿Os engañó acaso Tito? ¿No hemos procedido con el mismo espíritu y en las mismas pisadas?” (2 Cor. 12:17, 18). Tito llevó a cabo con éxito sus encargos, ayudó a las iglesias; ellas respondieron y se produjeron los cambios necesarios.

            Pablo llevó a Tito a Creta consigo y le dejó allí para poner orden en las iglesias de la zona. Después se encontró con Pablo en Nicópolis (de Grecia), cuando vino Artemas o Tíquico para reemplazarle. Cuando Pablo estaba en la cárcel en Roma, Tito estuvo allí con él para ayudarle. Después Pablo le mandó a Dalmacia (2 Tim. 4:10). Este fue su último acto de servicio a Pablo: ir como su representante a la iglesia que Pablo no pudo atender, en su lugar.

            Tito tuvo en carácter cristiano genuino. Fue un líder con corazón de pastor (Tito 1:5). Fue humilde: pudo servir en la sombra de Pablo, demostrando devoción a las iglesias de Cristo y a su apóstol. La carta dirigida a él ha sido de inspiración y ánimo a los pastores a lo largo de los últimos dos mil años de la historia de la iglesia.

Enviado por Hno. Mario

Día de los Presidentes

El Día de los Presidentes o President’s Day comenzó siendo celebrado en honor al nacimiento del primer presidente de Estados Unidos George Washington. En el año 1880 el Congreso además adoptó otro día para las oficinas federales.  En el año 1971 el Presidente Richard Nixon estableció un día únicamente para la celebración del Día de los Presidentes siendo proclamado el tercer lunes de febrero como día festivo federal.

George Washington

George Washington nació el 22 de febrero de 1732 y murió el 14 de diciembre de 1799. Fue el primer Presidente de los Estados Unidos de América entre los años 1789 y 1797, además de ser el Comandante en Jefe del Ejército Continental durante la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos entre 1775 y 1783.
George Washington forma parte de uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos y es considerado el Padre de la Patria.

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George Washington murió el 14 de diciembre de 1799 a los 67 años de edad debido a una infección de la garganta con un fuerte resfriado y una fiebre alta. Su muerte causó una gran conmoción en todo el mundo: Napoleón I ordenó diez días de luto en Francia, en los Estados Unidos miles y miles de ciudadanos vistieron de luto a lo largo de los meses sucesivos, etc.
El 18 de diciembre se realizó el funeral en Mount Vernon y fue enterrado en Washington en una tumba de su finca.

Abraham Lincoln

Abraham Lincoln nació el 12 de febrero de 1809 y murió el 15 de abril de 1865. Fue el primer Presidente por el Partido Republicano y el decimosexto de los Estados Unidos de América.
El periodo como Presidente de los Estados Unidos se produjo entre el 4 de marzo de 1861 y el 15 de abril de 1865.

Entre lo más destacado durante el periodo de presidencia se encuentran: la ayuda a preservar los Estados Unidos por la derrota de los secesionistas Estados Confederados de América en la Guerra Civil Estadounidense, la abolición de la esclavitud así como la aprobación de la Decimotercera Enmienda a la Constitución de 1865.

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Abraham Lincoln fue asesinado el 14 de abril de 1865 en Washington antes del fin de la Guerra Civil estadounidense. El atentado ocurrió en el teatro Ford de Washington en compañía de su esposa y de dos invitados.

El atentado fue planeado por un actor simpatizante de la causa confederada John Wilkes Booth. Abraham Lincoln recibió un disparo en la cabeza y falleció al día siguiente como consecuencia del balazo recibido.

Más pequeño

Un poco más pequeño

“Así que, hermanos, cuando fui a ustedes para anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con palabras elocuentes ni sabias. Más bien, al estar entre ustedes me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado.”  1 Corintios 2:1-2

Como la mayoría de lo que hago en mi profesión está basado en la palabra hablada, disfruto mucho cuando me encuentro con alguien que tiene un buen dominio del idioma.

Muy de vez en cuando aparece alguien que no sólo tiene un buen dominio del idioma, sino que casi podríamos decir que es un maestro en el uso que tiene del lenguaje.

El otro día, el dueño de una zapatería me contó que hace poco, mientras estaba entrevistando a un joven que había solicitado trabajo allí como vendedor, le preguntó: “Si una señora le preguntara: ‘¿No le parece que uno de mis pies es más grande que el otro?’, ¿Qué le respondería?” Sin pensarlo dos veces, el joven le respondió: “Le diría: ¡No, señora! Cuando mucho, un pie es un poco más pequeño que el otro.”

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Ese joven podría enseñarnos algunas cosas a los cristianos.

Nuestro Salvador es amable y afectuoso. Tanto a través de su vida como de sus palabras, Jesús hizo todo lo que era necesario para fortalecer y edificar a quienes estaban perdidos, solos, deprimidos, y oprimidos. En respuesta a su amor, nos corresponde ser igualmente amables y afectuosos, y usar nuestras palabras para edificar a los demás. ¿Quién sabe las batallas que han tenido que enfrentar, o las penas y dolores por los que están pasando?

Muchas veces, nuestras palabras de aliento sean el único rayo de alegría y esperanza que escuchen ese día o esa semana. Quizás nos parezca que no es mucho, pero todos, en algún momento, necesitamos que alguien nos diga: “Cuando mucho, un pie es un poco más pequeño que el otro.”

CPTLN

Recompensados

Las recompensas del servicio

Leer | HEBREOS 6.7-12

Algún día, usted y yo estaremos de pie en la presencia del Dios santo, y nuestra vida será evaluada. En ese día, nuestras obras serán juzgadas, y seremos recompensados como corresponda.

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Será un momento muy solemne, porque algunos sufrirán grandes pérdidas, mientras que otros recibirán grandes recompensas. Aquí no estoy hablando de la salvación, porque la salvación nunca es una recompensa por el servicio; ella es, simplemente, un regalo que se da a todos los que reciben a Jesucristo como Salvador. Pero las recompensas son diferentes; están unidas al servicio.

Jesús nos dice mucho en la Biblia en cuanto a las recompensas que recibiremos por servir. También utilizó palabras fuertes para referirse al hombre que había escondido su talento en vez de ponerlo a producir. En la parábola, su amo lo llamó “malo y negligente”, y luego le quitó lo que le había dado antes (Mt 25.26).

El Señor nos hizo también otra advertencia: No debemos realizar el servicio cristiano para asegurarnos de que las personas que nos rodean nos vean. Cuando eso sucede, Él dice que perderemos nuestra recompensa en el cielo (6.1-6). Todo lo que pueda haber sido reservado para beneficio propio se perderá, y lo único que ganaremos será el reconocimiento de los demás.

La mejor manera de servir a Dios es hacerlo por amor a Él. Cuanto más conozca usted a Dios, más lo amará y más deseará servirlo. Y cuanto más lo sirva, más honrará Él su servicio. Esto nos lleva a amar más a Dios, y ese ciclo continuará por toda la eternidad.

Min. En Contacto

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