Mes: enero 2017

No hagas nada

“No hagas nada

“Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo.” 1 Juan 2:1

De vez en cuando recibo una carta de alguien que no está satisfecho con nuestras devociones.

La mayoría de ellas están escritas en forma amable y señalan, también en forma amable, algún error que cometí. Verdaderamente las aprecio. Pero de vez en cuando llega una de esas cartas que poco menos dice que no tengo idea de lo que estoy hablando.

Durante mucho tiempo me pregunté cuál sería la forma más adecuada de responder ese tipo de cartas.

Encontré un buen consejo en la historia de un hombre que le preguntó a su amigo, que era reportero en un periódico, cómo debía responderle a alguien que se había burlado de él en un artículo.

La respuesta del periodista fue: “No hagas nada, porque…

  • la mitad de las personas que compró el periódico nunca vio ese artículo;
  • la mitad de los que lo vieron no lo leyeron;
  • la mitad de los que lo leyeron no lo entendieron;
  • la mitad de los que lo entendieron no lo creyeron,
  • y la mitad de los que lo creyeron nunca fueron realmente tus amigos”.

Es un buen consejo. Al seguirlo aprendí a ignorar lo que se había dicho injustamente, y eso fue lo mejor que pude haber hecho.

Pero Jesús no ignoró los pecados que cometimos contra él, ni fingió que nuestras transgresiones no lo hirieron.

Siglos antes, Isaías había prometido: “Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados.” (Isaías 53:5).

Isaías estaba en lo correcto. Jesús invirtió toda su vida para ganar nuestro perdón total y completo. Él vivió, sufrió y murió para que podamos ser declarados inocentes de todo lo malo que hacemos.

 

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Ahora es nuestro privilegio compartir ese amor de Jesús con los demás… un amor que no ignora el pecado, sino que lo borra.

Por CPTLN

La grandeza de nuestro Rey

“La grandeza de nuestro Rey

“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28:20b

Enero 6 se celebró la Epifanía: el día en que se nos asegura que Jesús vino a salvar no sólo al pueblo elegido de Israel, sino a todas las naciones y razas.

Mañana muchos recordarán el nacimiento de Elvis Presley. En una oportunidad, hace muchos años, Elvis se sentía enfermo. Cuando uno de sus empleados fue a ver cómo se sentía, lo encontró en el cuarto de música cantando el himno “Cuán grande es Él”.

Cuando Elvis dejó de cantar, el empleado le preguntó cómo se sentía. La respuesta que le dio una de las personas más famosas y populares del mundo, fue: “Solo”.

A través de los años millones de personas han hecho y siguen haciendo peregrinajes para visitar la casa de Elvis y poder ver las cosas que una vez le pertenecieron. Pero a pesar de toda la gloria de su momento, Elvis, “el rey”, se sentía solo.

 

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Y usted, ¿cómo se siente? Si su respuesta también es que se siente solo, quiero que sepa que Jesucristo ha conquistado y derrotado la soledad. Jesús dejó la gloria del cielo para convertirse en uno de nosotros, y al completar su obra de redención con su gloriosa resurrección, se convirtió en nuestro amigo… un amigo que nunca nos dejará ni nos abandonará.

Los afectos humanos, la fama, el dinero y las cosas que poseemos, un día van a dejar de ser, pero el amor del Salvador y su continua presencia nos aseguran que nunca estamos ni vamos a estar solos.

Cuando un cristiano realmente cree eso, podrá hacer suyas las palabras del himno: “Cuán grande es Él”.

Por CPTLN

El encuentro de tu vida

El encuentro de tu vida

“Pero era necesario hacer una fiesta y regocijarnos, porque tu hermano estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y lo hemos hallado.” Lucas 15:32

Son populares los programas de televisión en los que vemos a personas buscando a otros, ya sea familiares, amigos de la infancia, o alguien importante en su pasado. Buscan con ansias, porque saben que encontrar a quien han perdido les devolverá la alegría, y hasta incluso les traerá respuestas a preguntas que durante muchos años no han podido contestar. La parábola del hijo pródigo nos recuerda una realidad similar. El padre que había esperado con ansias el regreso de su hijo, ahora celebra porque finalmente volvió. El motivo para la celebración en este pasaje bíblico se explica con dos imágenes muy evidentes y poderosas: la muerte y la perdición. Son dos realidades que se contraponen al resultado final, donde se muestra un cambio enorme en la vida de una persona: resurrección y reencuentro.

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Pero no se trata de un relato más o de una historia sólo para niños. Porque para entender el valor de la parábola es necesario que cada uno de nosotros se ponga en la piel del hijo. Ese joven que estaba muerto y perdido somos cada uno de nosotros, y la realidad de todo ser humano alejado y renegado contra Dios es la condenación. Una verdad mayor es que el Padre celestial nos busca y encuentra: para eso envía a su propio hijo Jesús. Jesús trae luz al mundo; su presencia nos muestra el camino de la salvación, él es nuestra vida. Tal regalo de amor y cuidado quita de nosotros toda sombra de duda. Ahora estamos en Cristo y nos alegramos, porque estando en su presencia anticipamos la celebración eterna, que será el gran encuentro de todo el pueblo frente al trono glorioso del Dios trino.

Por CPTLN

A pesar de todo, primero Dios

A pesar de todo, primero Dios

“… el carcelero los metió hasta el último calabozo, y les sujetó los pies en el cepo. A la medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, mientras los presos los escuchaban.”

Hechos 16:24-25

Dura escena nos muestra la historia de Pablo y Silas, siervos de Dios, encarcelados en Filipos por el delito de predicar el Evangelio. Por supuesto que a nosotros hoy en día quizás nos resulte extraño que el motivo de sus cadenas haya sido hablar de Jesús a las personas. Dado que vivimos en un lugar donde se defiende la libertad religiosa y de expresión, el confesar que creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador no nos trae consecuencias como las que padecieron aquellos primeros apóstoles y evangelistas. Pero si esto nos llama la atención, no es menos sorprendente que aún en medio de tal situación adversa, triste e injusta, ellos no fueron amedrentados sino que, en la oscuridad y soledad del calabozo más profundo, oraban y cantaban a Dios.

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Ahora, si recordamos la promesa del Señor Jesús: “donde haya dos o tres reunidos en mi nombre allí estaré” (Mateo 18:20), tenemos la plena certeza que el Salvador estaba junto a ellos en aquel momento, cumpliendo su promesa en tiempo de oposición. En la presencia del Señor Jesús ellos le adoraron en alabanza y oración. Su adoración al único Dios fue testimonio para el resto de los presos, que escucharon su confesión de lo que creían. Todos los que oían recibieron un mensaje de perdón y salvación, pues el Espíritu Santo estaba presente haciendo su obra de cambiar vidas. Esta es la forma en que, como hijos de Dios, enfrentamos los desafíos que vivimos en medio de la soledad o dificultades: invocando el nombre poderoso de quien nos promete ayuda y consuelo. Ante todo, y a pesar de todo, sabemos que Dios sigue presente y nos ayuda. Por eso, siempre primero Dios.

Por CPTLN

Bendiciones ocultas

“Bendiciones ocultas

“Y a Aquel que es poderoso para hacer que todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea dada la gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.” Efesios 3:20-21

A comienzos del 1900, una pareja se mudó de Carolina del Norte a Oklahoma, donde cultivaron un pedazo de tierra.

Para decir la verdad, durante muchos años vivieron en una gran pobreza. Pero su suerte cambió cuando un extraño pasó por su propiedad y tomó una muestra del agua. No estoy seguro qué fue lo que encontró, pero no mucho después, apareció otro extraño que ofreció comprarles la granja a un precio increíble.

En poco tiempo, un pozo petrolero de gran producción fue localizado entre la casa y el granero. Rememorando, el viejo granjero dijo: “Y pensar que nos esclavizamos aquí todos esos años, y todo el tiempo teníamos una fortuna bajo nuestros pies sin saberlo”.

 

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No es mi intención sugerirles a todos que empiecen a cavar en sus jardines en busca de petróleo. La vida no funciona de esa forma, por lo menos no muy seguido.

Pero lo que sí les quiero sugerir, es que el Señor, quien entregó a su Hijo para salvarnos, también puede habernos otorgado a muchos de nosotros fortunas que aún no hemos descubierto.

Quizás su fortuna sea un cónyuge que le es siempre fiel, sin esperar nada a cambio. Quizás su fortuna es un lugar de trabajo inesperadamente placentero. Quizás sea la forma en que sus hijos lo respetan, o la comunidad de fe de la que participa.

La mayoría de nosotros tenemos fortunas bien cerca. Lo invito a que dé gracias por todos esos tesoros escondidos.

Por CPTLN

 

El enemigo no va a ganar

“El enemigo no va a ganar

“Ésta es la causa de mis lágrimas. El llanto brota de mis ojos, pues no tengo a nadie que me consuele; ¡no tengo a nadie que me reanime! ¡Mis hijos han sido derrotados! ¡El enemigo nos venció!” Lamentaciones 1:16

Las noticias están llenas con historias de personas que están pasando por situaciones desesperadas. Hay muchas familias que han perdido sus casas, y muchas más que están en peligro de perderlas.

Ed Roslonski, de Detroit, es uno de quienes ha perdido su casa. Pero en este caso no la perdió por no haber podido pagar la cuota de la hipoteca. Un día, al regresar a su casa, se encontró con que simplemente no estaba más, había desparecido.

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En un momento la casa iba a ser demolida, pero antes de que eso sucediera, Ed la compró e invirtió 30.000 dólares para arreglarla.

Hasta que un día alguien, sin saber cómo o por qué, la puso nuevamente en la lista de casas a demoler.

Ed podría decir lo mismo que dijo Job, el escritor del libro de Lamentaciones: “Ésta es la causa de mis lágrimas.”

Pero sin embargo, quienes hemos sido bendecidos con fe en el Salvador, nunca podemos decir: “No tengo cerca a nadie que me consuele… el enemigo salió victorioso” porque en el Salvador hemos recibido una paz que sobrepasa todo entendimiento humano. Más aún, a través del sufrimiento, muerte y resurrección de Jesús somos triunfadores.

Lutero lo dijo muy bien: “Que lleven con furor los bienes, vida, honor, los hijos, la mujer… de Dios el reino queda”.

En el caso de Ed, se le llevaron la casa, pero nadie le ha quitado ni le podrá quitar la mansión que le espera en el cielo. En cuanto a usted… no sé qué le habrá quitado o le estará por quitar el mundo… pero sí sé lo que todavía tiene: al Salvador y su promesa de vida eterna.

Por CPTLN

Destrucción

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“Entonces mi pueblo vivirá en lugares de paz, en poblaciones seguras, en sitios de reposo.” Isaías 32:18

A todos nos gusta sentirnos seguros, pero no siempre estamos tan seguros como creemos estar.

Hace unos años, cuando estaban cambiando la alfombra, una familia de Chicago encontró en el living de su casa una puerta secreta. El dueño decidió abrirla, pensando que quizás encontraría un tesoro de joyas o tal vez oro.

Pero en vez de un tesoro encontró dinamita: cuatro cartuchos viejos de dinamita. Sin lugar a dudas suficiente como para volar la casa. Durante años su familia había vivido allí sintiéndose segura, cuando en realidad debajo de sus pies había una fuerza capaz de destruirlos a ellos y a todo el vecindario.

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Lo cierto es que hay innumerables fuerzas cuyo único objetivo es destruir nuestra seguridad, sólo por placer. Y no estoy hablando de la destrucción del cuerpo por enfermedades, o de las divisiones en las familias, o del aumento de la inmoralidad.

Estoy hablando del pecado, de Satanás y la muerte, que luchan y hacen todo lo posible para robarnos la confianza en Cristo y la paz que él nos da a quienes creemos en él como nuestro Salvador. El diablo sabe que, por más que nos quite todo lo que tenemos en este mundo, nuestra fe perdura.

Por eso es que quiere quitarnos nuestra seguridad espiritual en el Salvador.

Pero no lo puede hacer porque Jesús, que salió victorioso de su tumba prestada, nos da seguridad para esta vida y para la eternidad.

Por CPTLN

Cuánto se esforzaría

“¿Cuánto se esforzaría?

“Hermanos, ustedes han sido llamados a la libertad, sólo que no usen la libertad como pretexto para pecar; más bien, sírvanse los unos a los otros por amor. Porque toda la ley se cumple en esta sola palabra: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo.'” Gálatas 5:13-14

Siempre me ha gustado ver cuánto es capaz de esforzarse una persona por no perder algo que realmente quiere.

Hace un tiempo salió una historia sobre una familia del estado de Wyoming que se había mudado al estado de Arkansas, y había dejado el gato para que fuera junto con la mudanza.
Con toda honestidad, los hombres que fueron a hacer la mudanza trataron de poner al gato en el camión, pero no lograron atraparlo, por lo que tuvieron que llamar por teléfono a sus dueños. La señora tuvo que regresar a la casa, y con la ayuda de un bife de hígado, logró capturar a su gato.

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El viaje que Jesús hizo para salvar a quienes Dios amaba fue mucho más largo que 1,500 millas. Él vino del cielo a la tierra; vino de escuchar las alabanzas de los ángeles a escuchar las maldiciones de la humanidad. Sí, Jesús hizo un viaje muy largo. Y, sin embargo, lo hizo por su propia voluntad, para que nosotros pudiéramos ser salvos y para que su Padre pudiera reclamar las almas de aquéllos a quienes ama.

Por CPTLN

Prioridades

“Prioridades


“Uno de la multitud le dijo: ‘Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia.’  Pero Jesús le dijo: ‘Hombre, ¿quién me ha puesto como juez o mediador entre ustedes?’ También les dijo: ‘Manténganse atentos y cuídense de toda avaricia, porque la vida del hombre no depende de los muchos bienes que posea.'” Lucas 12:13-15

En 1999, la revista Time nombró a Albert Einstein como la persona del siglo, por ser: “El científico preeminente en un siglo dominado por la ciencia”.

Cuando Einstein murió en 1955, donó los derechos literarios de sus 75,000 trabajos, junto con otras pertenencias, a la Universidad Hebrea de Jerusalén. Aparentemente, los derechos a la “imagen” de Einstein también los tiene dicha Universidad.

Esto significa que, cada vez que uno ve el rostro de Einstein en una camiseta, o en una taza, o en un poster, o película, rompecabezas o moneda, la Universidad gana dinero… y Evelyn Einstein no ganaba nada.

Evelyn, era la nieta de Einstein, quien en sus últimos años de vida estuvo batallando con cáncer. Es por ello que decia que la Universidad debería compartir un poco de esas ganancias con ella, para ayudarla a pagar los gastos médicos. Por su parte, la Universidad dice: “Einstein dejó toda su propiedad intelectual, que abarca su propiedad literaria y papeles personales, a la Universidad Hebrea, incluyendo los derechos de uso de su imagen… el ingreso que la universidad recibe del uso de su imagen se dedica a la investigación científica”.

¿Quién tiene razón? Creo que la mejor respuesta la encontramos en Jesús, quien dice: “Hombre, ¿quién me nombró a mí juez o árbitro entre ustedes? ¡Tengan cuidado! Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes”.

 

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A veces nos olvidamos de la última parte de la sabiduría de Jesús, y nos pasamos la vida acumulando ‘cosas’. Por ejemplo, cuando le preguntamos a un ejecutivo qué es más importante, si la familia o el trabajo, la respuesta siempre va a ser la familia. Sin embargo, si le preguntamos en qué invierte la mayoría de su tiempo y energía, la respuesta va a ser diferente.

Lo mismo podemos decir de muchos de nosotros. Es por ello que tenemos que cuidar nuestras prioridades. El adorar a nuestro Salvador no debería estar a la misma altura que limpiar la casa o cortar el césped.

La vida es más que ‘acumular cosas’… y el Salvador, que dio su vida para cambiar nuestro destino eterno, se merece lo mejor de nosotros.

Por CPTLN

Martin Luther King, Jr.

Martin Luther King, Jr.

(Atlanta, 15 de enero de 1929 Memphis, 4 de abril de 1968)

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…..Fue un Pastor estadounidense de la Iglesia bautista que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del movimiento por los derechos civiles para los afroestadounidenses y que, además, participó como activista en numerosas protestas contra la Guerra de Vietnam y la pobreza en general.  Por esa actividad encaminada a terminar con la segregación estadounidense y la discriminación racial a través de medios no violentos, fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1964. Cuatro años después, en una época en que su labor se había orientado especialmente hacia la oposición a la guerra y la lucha contra la pobreza, fue asesinado en Memphis, cuando se preparaba para asistir a una cena informal de amigos.

…..Martin Luther King, activista de los derechos civiles desde muy joven, organizó y llevó a cabo diversas actividades pacíficas reclamando el derecho al voto, la no discriminación y otros derechos civiles básicos para la gente negra de los Estados Unidos. Entre sus acciones más recordadas están el boicot de autobuses en Montgomery, en 1955; su apoyo a la fundación de la Southern Christian Leadership Conference (SCLC), en 1957 (de la que sería su primer presidente); y el liderazgo de la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad, en agosto de 1963, al final de la cual pronunciaría su famoso discurso “I have a dream”        (‘yo tengo un sueño’), gracias al cual se extendermartinluther-king-jría por todo el país la conciencia pública sobre el movimiento de los derechos civiles y se consolidaría como uno de los más grandes oradores de la historia estadounidense. La mayor parte de los derechos reclamados por el movimiento serían aprobados legalmente con la promulgación de la Ley de derechos civiles de 1964 y la Ley de derecho de voto de 1965.

…..El asesinato de Martin Luther King, Jr. se considera uno de los magnicidios del siglo xx. King es recordado como uno de los mayores líderes y héroes de la historia de Estados Unidos, y en la moderna historia de la no violencia. Se le concedió a título póstumo la Medalla Presidencial de la Libertad por Jimmy Carter en 1977 y la Medalla de oro del congreso de los Estados Unidos en 2004. Desde 1986, el Día de Martin Luther King Jr. es día festivo en los Estados Unidos.

Salvado por un Ángel

“Salvado por un ángel

“El Señor mandará sus ángeles a ti, para que te cuiden en todos tus caminos..” Salmos 91:11

Si espera leer acerca de una historia de ángeles en esta devoción, no quedará decepcionado, pues voy a hablar sobre la historia de un ángel.

Bueno, antes de ir muy lejos con esta tontería, quiero presentarles a Ángel, un perro de 18 meses, y a Agustín, el niño de 11 años a quien pertenece Ángel.

Sin temor a exagerar, puedo decir que Ángel ama a ese niño más que a su propia vida. Tanto es así, que cuando un puma iba a atacar a Agustín, Ángel se lanzó al rescate, permitiendo que el pequeño se salvara.

Agustín escapó, pero Ángel no.

Aun cuando Ángel tuviera el corazón de un león, igual no se compara con la fiereza de un puma. Ese habría sido el final de la historia de Ángel si no hubiera sido por un oficial de la Policía Montada de Canadá que escuchó la pelea, y le disparó al gato.

Esta es una historia digna de ir a la pantalla grande… o a una Devoción Diaria.

¿Qué podemos concluir de esta historia? Que el Señor puede usar algunos personajes inesperados para rescatarnos.

Todos están agradecidos porque Ángel no titubeó, e hizo todo lo que pudo para salvar a su amo. En este caso, el Señor usó una mascota para salvar la vida del niño. En otros casos, es posible que el Señor haya usado un cirujano… o un salvavidas… o alguna medicina… o cinturones de seguridad… o…

Sí, el Señor puede usar muchos intermediarios para salvar la vida de las personas… pero hay un solo mediador que puede rescatar nuestras almas: Jesús, el Niño de Belén, el Cristo de la cruz, el Salvador de la tumba vacía.

Jesús es el único que puede rescatar nuestra alma de la muerte eterna.

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A diferencia de Ángel, quien no podría haber imaginado cómo habría de terminar su batalla con el puma, Jesús sí sabía cómo iba a terminar su batalla. Jesús sabía que iba a ser traicionado por un amigo, que iba a ser abandonado y condenado. Él sabía que le esperaba el látigo, la corona de espinas, los clavos, y la cruz.

Pero aún así, Jesús no se detuvo, sino que entregó su felicidad, su futuro, su muerte y su vida, a cambio de las nuestras, en un sacrificio que no tiene paralelo ni comparación en la historia.

Por CPTLN

El globo roto

 

EL GLOBO ROTO

 

“Todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:16, 17).

 

Como soy abuela, había guardado el globo roto de mi nieto como recuerdo de la feria, de aquel día tan bonito cuando él había subido al tío vivo del parque con tanta ilusión. Había elegido el coche de bomberos para sentarse en él y tocar la campana, como si iba a un incendio de verdad. Daba vueltas con la música de la atracción sonando muy fuerte y los niños todos riéndose y disfrutando. Guardo el momento como uno de mucha felicidad, pero ahora ha llegado el momento de tirar lo que quedaba del globo a la basura. Al hacerlo, pensé que la felicidad es tan ilusiva e imposible de mantener como aquel globo. Pasa con la emoción del momento.

 

Un globo roto es un símbolo apto para las alegrías de esta vida que se compran con dinero, se viven con intensidad, y luego desaparecen para siempre, irrecuperables, como un globo roto. El mundo no ofrece más que unos breves instantes de felicidad en el tío vivo de la vida, mucho ruido, carcajadas, y luego llanto, al tener que bajar, cuando la música finaliza. El niño baja llorando porque quiere otro turno, porque uno solo no le llena, pero lo que él no sabe es que el siguiente no le va a llenar tampoco. Sus padres lo saben, e intentan distraerle, pero él insiste, y al final lo tienen que arrastrar de allí, protestando.

 

La felicidad del mundo es muy parecido a un globo: bonito, colorido, llamativo, divertido, pero frágil y poco duradero. Se pincha y luego no se puede reparar. Un globo  roto no sirve para nada. Un niño no sabe que un globo no va a durar para siempre. Cuando se rompe, explota y se asusta. O bien el aire se lo escapa poco a poco, y queda desinflado, sin posibilidad de desatar y volver a inflar de nuevo, pero esto no se lo puedes explicar al niño, porque no lo entiende.

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¿Cuál ha sido tu globo, tu medio de conseguir la felicidad? ¿Qué ha sido tu juguete, tu diversión, entretenimiento o fuente de ilusión?  ¿Ha sido una relación, o una amistad, un matrimonio, o una iglesia, una fiesta, un coche, un proyecto, un encuentro con amigos, un trabajo? Se termina y te quedas vacía. Decepcionado. Esta es la experiencia de uno de este mundo. La felicidad no es duradera, aunque muy bonita, y auténtica en su momento. Siempre tiene un fin, un desenlace. Y se acaba. Como escribió John Newton (1725-1807): “Desvanece el placer del mundano; todos sus orgullosos espectáculos desaparecen; goces sólidos y tesoros duraderos ninguno los conoce salvo los hijos de Sión”.

 

El creyente tiene su gozo en lo que perdura para siempre: en hacer la voluntad de Dios, en servir, en compartir, en darse para los demás. “Ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. Las relacionas en el Señor no se acaban nunca, ni con la muerte. El hijo de Dios disfruta de lo bueno de esta vida, pero no se agarra a ello con un puño cerrado, sino que lo ofrece al Señor con acción de gracias. Su felicidad no es un globo pronto a explotar, sino una relación eterna con Dios que le llena con gozo hasta rebosar. No se la queda para sí mismo, sino que sale de su interior en ríos de bendición para beneficiar a todos los que tiene alrededor.

Enviado por Hno. Mario

La resurrección de Cristo

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO
I. El hecho histórico de la resurrección de Cristo
Por la resurrección de Cristo ha de entenderse que el cuerpo del Señor Jesús, que fue muerto
realmente en la Cruz y sepultado en una tumba, fue levantado por Dios al tercer día, sueltos los dolores
de la muerte (Mt. 28; Mr. 16; Lc. 24; Jn. 20 y 21).
A. La resurrección de Cristo, profetizada
La muerte de Cristo por los pecados de los hombres y Su resurrección de entre los muertos eran las
doctrinas básicas de la predicación del Evangelio en boca de los apóstoles. Dice Pablo: «Cristo murió
por nuestros pecados… y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1 Co. 15:1–3). Estas
últimas palabras del apóstol indican que la resurrección del Señor Jesús ya estaba profetizada en el
Antiguo Testamento. En figura, se halla implícita en el sacrifico de Isaac (Gn. 22:1–13; He. 11:17–19)
y en el caso de Jonás (Jon. 2; Mt. 12:39 y 40). Proféticamente, está comprendida en las palabras de
Isaías (53:10): «Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá, por largos
días …» Por último, en el Salmo 16, David, hablando en nombre de Cristo, escribe: «No dejarás mi
alma entre los muertos, ni permitirás que tu Santo vea corrupción» (Versión Moderna). Estas palabras
son interpretadas por los apóstoles Pedro (Hch. 2:23–31) y Pablo (Hch. 13:35–37) como una profecía
explícita de la resurrección del Señor (véase Lc. 24:46).
B. Las pruebas del hecho de la resurrección de Cristo
Existen pruebas suficientes en los relatos de los evangelistas que evidencian la realidad de la
resurrección del Señor, ya que todos ellos nos dan numerosos pormenores tocante a esta doctrina; y en
cuanto a las aparentes dicrepancias respecto a Ciertos puntos, son una bagatela referente al HECHO
CENTRAL de que Cristo se levantó real y verdaderamente de entre los muertos. Sin embargo, ha
habido críticos, y los hay, que no han querido admitir la evidencia del milagro máximo. Éstos tratan de
defender las hipótesis siguientes:
1. «Los discípulos robaron el cuerpo del Señor, e inventaron la especie de que había resucitado.»
Esta «explicación» hace caso omiso de toda la evidencia, porque:
a) Cómo pudieron los discípulos extraer el cuerpo ante los ojos de los soldados romanos?
b) Por qué estaban dispuestos a morir por una superchería manifiesta?
c) Si los soldados estaban durmiendo (Mt. 28:13), ¿cómo sabían ellos que lo habían robado los
apóstoles?
2. «El Señor no murió en la Cruz, sino que sufrió un desmayo, y en tal estado José lo colocó en la
tumba. Por la mañana, recobrando las fuerzas, salió.» Esta teoría no concuerda con el relato evangélico,
ya que Juan el apóstol da testimonio solemne de haber visto cómo un soldado romano traspasó con una
lanza el costado del Señor Jesús (Jn. 19:34–37).
3. «Los discípulos, influidos psicológicamente por sus grandes deseos de volver a ver a Jesús,
sufrían una serie de alucinaciones, de modo que las manifestaciones no tenían más que una realidad
subjetiva, y no constituyen hechos reales.» Esto podía suceder en el caso de que los discípulos hubiesen
puesto su confianza en la resurrección inmediata de su Maestro; pero, lejos de esto, ninguno de ellos
esperaba que Cristo resucitase; al contrario, estaban desanimados y tenían miedo de los judíos (Jn.
20:19). Las mujeres vinieron al sepulcro, el primer domingo cristiano, no para ver la tumba vacía, sino
para embalsamar el cuerpo para su largo sueño. Tan cierto es ello, que se preguntaban ansiosas quién
les removería la piedra de la entrada del sepulcro para entrar en él (Mr. 16:3). María Magdalena corrió
a decir a los discípulos, no que Él había resucitado, sino que Su cuerpo había sido quitado y que no
sabía dónde lo habían puesto (Jn. 20:1 y 2). Cuando los apóstoles se reunieron, se «estaban lamentando
y llorando» (Mr. 16:10). Cuando las mujeres dijeron a los otros discípulos que Cristo había resucitado y
que se les había aparecido, no lo creyeron; y, ante Su manifestación, dudaron (Mt. 28:17; Mr. 16:11–
13; Lc. 24:11). Juan declara que «no conocían la Escritura, que Él hubiera de resucitar de entre los
muertos» (Jn. 20:9). ¿Podría haber otra cosa más patética que las palabras de los dos discípulos que
iban a Emaús?: «Pero nosotros esperábamos que Él era el que había de redimir a Israel …»
4. «Toda la historia de la resurrección es un mito, que encierra hondas verdades espirituales, pero
nada de ello tiene categoría histórica.» Basta contestar que un «mito» necesita siglos para «incubarse»,
pero la doctrina de la resurrección se predicaba a las pocas semanas del hecho. Además, si la
resurrección es un mito, ¿por qué no presentaban los judíos el cuerpo de Jesús al pueblo para disipar las
dudas?
5. «Los discípulos vieron un espíritu, que se hacía visible a la manera de las evocaciones
espiritistas.» Tal teoría no explica la tumba vacía. ¿Qué se hizo, entretanto, del cuerpo del Señor Jesús?
Él sabía que los discípulos podían creer que se manifestaba a ellos en «espíritu» solamente, y por eso
les demostró la realidad de Su cuerpo resucitado (Lc. 24:37–40; Jn. 20:27–29).
Los evangelistas refieren las diversas manifestaciones (diez por lo menos) del Señor a los suyos
después de haber resucitado. Todas ellas se hicieron bajo las más variadas condiciones y circunstancias.
Lucas, el autor del libro de Los Hechos, escribe diciendo: Jesús «después de haber padecido se presentó
vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta días» (Hch. 1:3; véase 13:31). Una
de estas pruebas indiscutibles es la que declaró el apóstol pedro en su predicación en casa de Cornelio:
«A éste [Jesús] levantó Dios el tercer día, e hizo que se manifestase …a los testigos que Dios había
ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con Él después que resucitó de los muertos»
(Hch. 10:40 y 41). En efecto, el Señor resucitado «comió» y «bebió» con ellos (véase Lc. 24:41–43; Jn.
21:1–14).
El testimonio del apóstol Pablo es de un valor incalculable. El Señor resucitado y glorificado se le
apareció también a él, lo que le constituye en testigo ocular de Su resurrección, como los demás
apóstoles. Su testimonio nos llega a través de un auténtico documento de su puño y letra (1 Co. 15,
epístola incontrovertida por los críticos). Para confirmar lo que dice, apela al testimonio de los
supervivientes de «más de 500 hermanos» que le vieron en una sola ocasión. Es indudable que todas las
pruebas de credibilidad pueden aplicarse con éxito a este testimonio.
Debemos considerar, además, como prueba amplia e irrefutable, la repentina y total transformación
moral de los testigos, y la formación inmediata de la Iglesia. En Jerusalén, los aterrados y fugitivos
discípulos que habían negado a su Señor se reúnen de nuevo, y, con intrépido coraje, proclaman esta
«antipática» doctrina de la resurrección, con el resultado de que se convierten millares de personas (
Hch. 1:8; 2:32; 3:15; 4:20 y 33; 5:32, etc.). Aquellos testigos ya no hacen caso ni de peligros ni aun de
la muerte. Ahora bien, el fraude no produce tales ejemplos de valentía ni la desilusión crea reinos de
celestial poder. Un árbol no puede producir otro fruto que el correspondiente a su especie. Así ocurrió
con los mártires cristianos: el fruto que ellos produjeron tuvo por causa eficiente la fe en la resurrección
de Jesús.
Los creyentes podemos descansar en una sobria certidumbre, y exclamar con voz de triunfo, al
unísono con Pablo: ¡Cristo ha resucitado de los muertos …! (1 Co. 15:20).
II. Importancia de la resurrección de Cristo
La resurrección de Cristo es de tal importancia que el cristianismo se derrumba si ésta cae y se
mantiene en pie si ésta se mantiene enhiesta. Considerando el asunto llanamente y sin rodeos, diremos
que si la resurrección tuvo lugar, es fácil la aceptación de los otros milagros de Cristo, pues todas las
esperanzas del cristiano están fundadas, precisamente, en ese hecho; pero «si Cristo no resucitó, se
sigue que no era el Hijo de Dios, y en ese caso el mundo se halla desolado, el cielo vacío, el sepulcro
oscurecido y el pecado sin solución; con el corolario de que la muerte será eterna» (Mullins). El apóstol
Pablo declara terminantemente que «Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana
es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios… si Cristo no resucitó… aún estáis en
vuestros pecados …Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de
conmiseración de todos los hombres» (1 Co. 15:14–19).
III. La resurrección de Cristo en relación con la vida del creyente
Todos los aspectos de la vida del cristiano dependen del gran acontecimiento de la resurrección de
Cristo, según vemos a continuación:
A. La justificación: «Jesús, nuestro Señor, el cual fue entregado por nuestras transgresiones y
resucitado para nuestra justificación» (Ro. 4:25); o sea, que la perfecta justificación que a favor de los
hombres consiguió Cristo en Su muerte expiatoria fue la causa por la que pudo romper los lazos de la
muerte y salir a la vida de resurrección.
B. La salvación: «Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que
Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Ro. 10:9), ya que la resurrección es la consumación de la
totalidad de la obra de la Cruz.
C. La regeneración: El apóstol Pedro escribe: «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de
Jesucristo de los muertos» (1 P. 1:3); pues la resurrección de Cristo es la fuente y el origen de la vida
nueva del creyente.
D. El bautismo cristiano, en el cual, después de haber sido sumergido en el agua, el creyente sube
de ella y anuncia simbólicamente su identificación con la vida de resurrección del Señor Jesucristo
(Col. 2:12; 1 P. 3:21).
E. La vida de fe del creyente fiel, ya que da por muerto todo lo natural para confiar plenamente en
Dios «que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro» (véanse los casos típicos de Abraham y
Pablo: Ro. 4:17–24; 2 Co. 1:9).
F. La santificación: El apóstol Pablo habla del cristiano como identificado con Cristo en Su muerte
y en Su vida gloriosa de resurrección, exhortando a que todos los creyentes consideren este hecho
como la única base de separación del pecado. «Así también vosotros consideraos muertos al pecado,
pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Ro. 6).
G. La resurrección de Cristo es el secreto de toda manifestación del poder divino en el creyente:
«… para que sepáis … cual [es] la supereminente grandeza de su poder [de Dios] para con nosotros los
que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los
muertos …» (Ef. 1:18–21 y Fil. 3:10).
H. Nos traslada a las esferas espirituales en solidaridad con Cristo: A los ojos de Dios, lo que Él
realizó en la persona de Su Hijo a favor de los hombres es una realidad desde ahora para nosotros los
creyentes, de tal manera que Pablo declara: «Dios…nos dio vida juntamente con Cristo… con él nos
resucitó, y, asimismo, nos hizo sentar en lugares celestiales con Cristo Jesús» (Ef. 2:4–6 con Col. 3:14).
res
IV. La resurrección de Cristo es la garantía de la resurrección corporal del
creyente
En efecto, la resurrección actual del cristiano es espiritual, mas en la venida de Cristo será corporal,
la cual está afianzada por la resurrección previa del Señor Jesús. «Mas ahora ha resucitado de los
muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre,
también por un hombre la resurrección de los muertos … Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las
primicas; luego los que son de Cristo en su venida» (1 Co. 15:20–23, con 6:14; Fil. 3:20 y 21; 1 Ts.4:14–17).
Enviado por Hno. Mario

La carne y el espíritu

LA CARNE Y EL ESPÍRITU
I. Aclaración de términos
Hay muchos lugares en el Nuevo Testamento donde hallamos en contraposición unos principios
opuestos, enfrentándose algo que es del hombre, o del régimen preparatorio del Antiguo Testamento,
con lo que es de Dios, como, por ejemplo: La Ley y la gracia; las obras y la fe; la carne y el Espíritu.
En este estudio hemos de fijarnos en esta última antítesis, procurando ver lo que indican las Escrituras
por el término «carne» y cómo opera el Espíritu para desbaratar su nefasta obra.
Los distintos significados de la palabra «carne»
A. Desde luego la palabra se emplea muchas veces en su sentido literal para indicar la sustancia del
cuerpo del hombre y de los animales. Como tal no tiene significado moral, sino que es solamente una
parte de la creación que se puede emplear para bien o para mal (1 Co. 7:28; 15:39; Gá. 2:20; 4:13 y 14;
Col. 2:5, etc.).
B. Significa también el «hombre» o la «humanidad». En la sublime declaración de Juan 1:14: «El
Verbo fue hecho carne», se entiende que esta naturaleza humana era sin pecado, perfecta e ideal, tal
como salió de las manos del Creador. (Véase también 1 Ti. 3:16.)
C. En otros casos representa la humanidad en contraste con Dios, siendo ilusoria su aparente fuerza,
de modo que es desastroso confiar en «el hombre». Este sentido se destaca bien en las citas siguientes:
«Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo» (Is. 40:6); «maldito el varón que confía
en el hombre y pone carne por su brazo» (Jer. 17:5); y «porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi
Padre que está en los cielos» (Mt. 16:17; véase Fil. 3:3 y 4; véase también Ro. 3:20 y Gá. 2:16 donde
«ser humano» traduce «carne»—sarx—en el original).
D. Como derivación natural del último párrafo, hallamos otro significado que se reviste de mucha
importancia en la teología bíblica: la «carne» es todo cuanto proviene de la naturaleza caída del
hombre, y, como tal, se pone en contraste con el Espíritu, por quien Dios da su propia vida y poder al
hombre que se arrepiente y se vuelve a Él.
II. Enseñanzas bíblicas sobre la «carne»
Restringiéndonos ahora a este último sentido de la palabra, hemos de considerar lo que dicen las
Escrituras de ella, y de la posible victoria del creyente sobre la «carne» en el poder del Espíritu.
A. La carne es incapaz de producir nada que no sea también «carne», de la manera en que los
cardos no pueden dar una cosecha de higos. Es imposible, pues, que una nueva naturaleza espiritual
surja del intento de «refinar» la carne, sino tan sólo del nuevo nacimiento en el poder del Espíritu de
Dios (Jn. 3:6–8).
B. Por haberse originado esta esfera de la carne en la desobediencia y en el pecado del hombre (Gn.
6:3), toda ella está debajo de la condenación de Dios y nadie que está en ella puede agradar a Dios (Ro.
8:7 y 8). Tengamos en cuenta, sin embargo, que mucho de la carne es agradable al «hombre», y aun al
hombre «decente», educado y culto. Tomemos por ejemplo un acto de «culto» que se basa en las
prácticas que agrandan a los sentidos de los hombres o que halagan su «justicia propia»; todo será muy
«bonito» y muy «bueno», pero no dejará de ser abominación delante de Dios (Lc. 16:15).
C. La carne no se mejora después de la conversión, y queda siendo tan fea e intratable después de
cincuenta años de vida cristiana como lo fue en un principio (Ro. 7:18). Lo único que Dios puede hacer
con la carne es colocarla en el lugar de la muerte, y esto se realizó cuando Cristo, nuestro sustituto, se
identificó con nosotros y murió en nuestro lugar (Ro. 8:3).
D. El «viejo hombre» no desaparece en el momento de la conversión, ni en ningún momento de
bendición espiritual posterior, pero Dios ha provisto los medios para que esté en sujeción y para que el
creyente viva y ande, no conforme a la carne, sino conforme al espíritu (1 Jn. 1:5–2:2; Ro. 8:4, 5, 12 y 13).
E. Las obras de la carne, que se detallan en la terrible lista de Gálatas 5:19–21, incluyen, no
solamente los pecados escandalosos de la fornicación, la disolución, etcétera, sino también los celos,
iras, contiendas y disensiones que se manifiestan con harta frecuencia en el seno de la familia de Dios
(1 Co. 3:1–4). Sepamos que todo ello surge de la carne y que es aborrecible delante de Dios.
F. La carne y el Espíritu son principios antagónicos enteramente incompatibles el uno con el otro,
codiciando y luchando constantemente el uno contra el otro (Gá. 5:17). Este estado de guerra perpetua
resulta lógicamente de la definición de la «carne» que dimos en el apartado D.
III. La victoria sobre la «carne»
Esta victoria, que ya hemos visto como provista y asegurada por el poder de Dios, no se consigue
por maltratar el cuerpo, que, en el caso de los redimidos, es el templo del Espíritu Santo, ni tampoco
por ningún esfuerzo de la voluntad del hombre, sino por apropiarse de lo que Dios ha hecho ya en
Cristo, que se hace efectivo en el precioso don de su Espíritu. Notemos los pasos siguientes:
espocanl
A. Como el creyente expresa en su bautismo, murió con Cristo al creer en Él en cuanto a la vieja
naturaleza y volvió a vivir en la potencia de la resurrección del Señor (Ro. 6:1–10).
B. Debe «considerar» (Ro. 6:11) este gran hecho en su vida diaria al percibir los embates de la
carne, rindiendo su voluntad a la de Dios, con la entrega consciente de todo su ser, y de esta forma el
pecado no se enseñoreará sobre él (Ro. 6:11–14).
C. Se hace posible entonces que el Espíritu le guíe de tal forma que se realizarán en su vida todas
las posibilidades de su nuevo y glorioso estado de «hijo adoptivo de Dios», quien reconoce al Padre y
pone todo su interés en los asuntos de su Casa (Ro. 8:5, 14–16; Gá. 5:16–18, 22–25).
Nota final. Lo expuesto en los apartados anteriores no excusa la diligencia de parte del creyente en
todo cuanto atañe a la vida y al servicio de quien le compró con Su sangre, sino que subraya la
necesidad de recibir con fe la obra ya hecha del Señor. Entonces el esfuerzo constante procederá del
poder del Espíritu y no de la voluntad de la carne (2 P. 1:4–8; Ef. 2:10, etc.).
Enviado por Hno. Mario

La justificación por la fe

LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE
I. Definición
La excelsa obra de la Cruz tiene múltiples facetas, y hemos de tener en cuenta que los grandes temas que estamos considerando en relación a ella revelan estas facetas a la medida de la comprensión de nuestra mente finita. La justificación por la fe—lema de la Reforma en el siglo XVI—presenta la obra de la Cruz desde el punto de vista jurídico, es decir: en relación con la santa Ley de Dios. El hombre pecador se presenta como un reo ante el alto tribunal de un Dios justo, y queda patente que ha quebrantado tanto la ley natural de la conciencia como la Ley claramente declarada en el Sinaí. El problema es éste: ¿Cómo puede Dios ser justo y el que justifica al pecador? La contestación se halla en la Cruz, y el creyente es declarado justo a los ojos de Dios. Esta declaración es la justificación por la fe.
II. La justicia divina
Como ya hemos visto en nuestro estudio de la Deidad, la justicia es un atributo de Dios, y el
hombre no sabría nada de esta «rectitud» esencial aparte de la revelación que Dios ha dado de sí mismo (Is. 45:21; Ap. 15:3, 16:5, etc.).
III. La justicia exigida
Dios manifestó Su voluntad al hombre en estado de inocencia de una forma apropiada a su
condición (Gn. 2:16 y 17) y, después de la Caída, no le dejó sin testimonio, sino que le habló por medio de la naturaleza y de la conciencia, siendo ésta la voz interna que acusa o excusa los actos del hombre (Ro. 2:14 y 15). Pero la plena manifestación de la voluntad de Dios para con los hombres fue dada en el Sinaí, donde Dios pronunció las diez palabras, y luego instruyó a Moisés con otros muchos preceptos complementarios. La Ley representa lo que Dios, en justicia, requiere de los hombres en las circunstancias actuales de la vida, y el mandamiento es siempre «santo y justo y bueno» (Ro. 7:12).
Pero, bajo repetidas pruebas, se demostró que el hombre era incapaz de cumplir la justicia exigida por Dios, ya que su naturaleza pecaminosa siempre le arrastraba a la desobediencia. Una ley quebrantada no puede salvar a nadie, sino que condena inflexiblemente al infractor de ella. El que no la cumple, muere. Cuando Moisés, al ver que Israel había quebrantado la Ley en todos sus capítulos antes de recibirla en forma escrita, quebró las tablas de piedra al pie del Sinaí, señaló con ello, en forma simbólica, el fracaso del hombre ante las santas exigencias de la Ley divina (Ex. 32:19; Ro. 3:19; Gá. 3:10, etc.).
IV. La Ley cumplida y la justicia satisfecha
El Señor Jeuscristo, Hombre representativo, cumplió la Ley por medio de una vida perfecta. En el Calvario se colocó en el lugar del hombre pecador, en virtud de Su carácter representativo que ya hemos considerado, y agotó la sentencia de la Ley por Su muerte. Así, la justicia de Dios quedó satisfecha y la santa Ley fue honrada. Téngase en cuenta el valor infinito del sacrificio de la Cruz, que ya hemos apuntado bajo el tema de la propiciación (capítulo 7).
V. La justicia otorgada
En el Evangelio se revela una Justicia que Dios otorga al creyente, y éste es el gran tema de
Romanos 1:16–5:21. El «corazón» del sublime asunto se halla en Romanos 3:21–6, versículos que deben analizarse con todo cuidado. En vista de que el hombre era incapaz de procurar la justicia mediante la obediencia a la Ley, Dios tomó la iniciativa por Su gracia, mandando a Su Hijo, quien satisfizo las exigencias de la Ley en el Calvario: «Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo …» (Ro. 3:21 y 22).
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VI. La justicia recibida
El medio de conseguir la justicia otorgada por la gracia de Dios es la Fe, que, en el sentido bíblico, es la confianza total del hombre que, arrepentido de sus pecados, descansa en Cristo para la salvación de su alma. Sólo esta actitud del alma puede establecer contacto con Aquel que cumplió la Ley por nosotros para revestirnos de Su propia justicia (2 Co. 5:21). Cristo «nos ha sido hecho justificación» (1Co. 1:30) y, recibiéndole a Él, tenemos la justificación, y no de otra manera. La fe hace posible que Dios nos impute (abone en cuenta) Su justicia, como en el caso de Abraham (Ro. 3:22, 26; 4:3, 5 y 22; Gá. 3:22–26, etc.). Somos justificados por la gracia de Dios, que es el origen de la bendición (Ro.3:24); por la sangre, que es su base (Ro. 5:9), y por la fe, que es el medio (Ro. 5:1).
VII. La justicia manifestada
La justicia no es una mera declaración legal de nuestra nueva posición ante Dios, sino que es una obra vital, que supone nuestra unión espiritual con Cristo, de modo que la justicia recibida ha de producir sus frutos en nuestra vida (Fil. 1:11).
Enviado por Hno. Mario
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