Mes: enero 2017

No hagas nada

“No hagas nada

“Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo.” 1 Juan 2:1

De vez en cuando recibo una carta de alguien que no está satisfecho con nuestras devociones.

La mayoría de ellas están escritas en forma amable y señalan, también en forma amable, algún error que cometí. Verdaderamente las aprecio. Pero de vez en cuando llega una de esas cartas que poco menos dice que no tengo idea de lo que estoy hablando.

Durante mucho tiempo me pregunté cuál sería la forma más adecuada de responder ese tipo de cartas.

Encontré un buen consejo en la historia de un hombre que le preguntó a su amigo, que era reportero en un periódico, cómo debía responderle a alguien que se había burlado de él en un artículo.

La respuesta del periodista fue: “No hagas nada, porque…

  • la mitad de las personas que compró el periódico nunca vio ese artículo;
  • la mitad de los que lo vieron no lo leyeron;
  • la mitad de los que lo leyeron no lo entendieron;
  • la mitad de los que lo entendieron no lo creyeron,
  • y la mitad de los que lo creyeron nunca fueron realmente tus amigos”.

Es un buen consejo. Al seguirlo aprendí a ignorar lo que se había dicho injustamente, y eso fue lo mejor que pude haber hecho.

Pero Jesús no ignoró los pecados que cometimos contra él, ni fingió que nuestras transgresiones no lo hirieron.

Siglos antes, Isaías había prometido: “Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados.” (Isaías 53:5).

Isaías estaba en lo correcto. Jesús invirtió toda su vida para ganar nuestro perdón total y completo. Él vivió, sufrió y murió para que podamos ser declarados inocentes de todo lo malo que hacemos.

 

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Ahora es nuestro privilegio compartir ese amor de Jesús con los demás… un amor que no ignora el pecado, sino que lo borra.

Por CPTLN

La grandeza de nuestro Rey

“La grandeza de nuestro Rey

“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28:20b

Enero 6 se celebró la Epifanía: el día en que se nos asegura que Jesús vino a salvar no sólo al pueblo elegido de Israel, sino a todas las naciones y razas.

Mañana muchos recordarán el nacimiento de Elvis Presley. En una oportunidad, hace muchos años, Elvis se sentía enfermo. Cuando uno de sus empleados fue a ver cómo se sentía, lo encontró en el cuarto de música cantando el himno “Cuán grande es Él”.

Cuando Elvis dejó de cantar, el empleado le preguntó cómo se sentía. La respuesta que le dio una de las personas más famosas y populares del mundo, fue: “Solo”.

A través de los años millones de personas han hecho y siguen haciendo peregrinajes para visitar la casa de Elvis y poder ver las cosas que una vez le pertenecieron. Pero a pesar de toda la gloria de su momento, Elvis, “el rey”, se sentía solo.

 

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Y usted, ¿cómo se siente? Si su respuesta también es que se siente solo, quiero que sepa que Jesucristo ha conquistado y derrotado la soledad. Jesús dejó la gloria del cielo para convertirse en uno de nosotros, y al completar su obra de redención con su gloriosa resurrección, se convirtió en nuestro amigo… un amigo que nunca nos dejará ni nos abandonará.

Los afectos humanos, la fama, el dinero y las cosas que poseemos, un día van a dejar de ser, pero el amor del Salvador y su continua presencia nos aseguran que nunca estamos ni vamos a estar solos.

Cuando un cristiano realmente cree eso, podrá hacer suyas las palabras del himno: “Cuán grande es Él”.

Por CPTLN

El encuentro de tu vida

El encuentro de tu vida

“Pero era necesario hacer una fiesta y regocijarnos, porque tu hermano estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y lo hemos hallado.” Lucas 15:32

Son populares los programas de televisión en los que vemos a personas buscando a otros, ya sea familiares, amigos de la infancia, o alguien importante en su pasado. Buscan con ansias, porque saben que encontrar a quien han perdido les devolverá la alegría, y hasta incluso les traerá respuestas a preguntas que durante muchos años no han podido contestar. La parábola del hijo pródigo nos recuerda una realidad similar. El padre que había esperado con ansias el regreso de su hijo, ahora celebra porque finalmente volvió. El motivo para la celebración en este pasaje bíblico se explica con dos imágenes muy evidentes y poderosas: la muerte y la perdición. Son dos realidades que se contraponen al resultado final, donde se muestra un cambio enorme en la vida de una persona: resurrección y reencuentro.

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Pero no se trata de un relato más o de una historia sólo para niños. Porque para entender el valor de la parábola es necesario que cada uno de nosotros se ponga en la piel del hijo. Ese joven que estaba muerto y perdido somos cada uno de nosotros, y la realidad de todo ser humano alejado y renegado contra Dios es la condenación. Una verdad mayor es que el Padre celestial nos busca y encuentra: para eso envía a su propio hijo Jesús. Jesús trae luz al mundo; su presencia nos muestra el camino de la salvación, él es nuestra vida. Tal regalo de amor y cuidado quita de nosotros toda sombra de duda. Ahora estamos en Cristo y nos alegramos, porque estando en su presencia anticipamos la celebración eterna, que será el gran encuentro de todo el pueblo frente al trono glorioso del Dios trino.

Por CPTLN

A pesar de todo, primero Dios

A pesar de todo, primero Dios

“… el carcelero los metió hasta el último calabozo, y les sujetó los pies en el cepo. A la medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, mientras los presos los escuchaban.”

Hechos 16:24-25

Dura escena nos muestra la historia de Pablo y Silas, siervos de Dios, encarcelados en Filipos por el delito de predicar el Evangelio. Por supuesto que a nosotros hoy en día quizás nos resulte extraño que el motivo de sus cadenas haya sido hablar de Jesús a las personas. Dado que vivimos en un lugar donde se defiende la libertad religiosa y de expresión, el confesar que creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador no nos trae consecuencias como las que padecieron aquellos primeros apóstoles y evangelistas. Pero si esto nos llama la atención, no es menos sorprendente que aún en medio de tal situación adversa, triste e injusta, ellos no fueron amedrentados sino que, en la oscuridad y soledad del calabozo más profundo, oraban y cantaban a Dios.

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Ahora, si recordamos la promesa del Señor Jesús: “donde haya dos o tres reunidos en mi nombre allí estaré” (Mateo 18:20), tenemos la plena certeza que el Salvador estaba junto a ellos en aquel momento, cumpliendo su promesa en tiempo de oposición. En la presencia del Señor Jesús ellos le adoraron en alabanza y oración. Su adoración al único Dios fue testimonio para el resto de los presos, que escucharon su confesión de lo que creían. Todos los que oían recibieron un mensaje de perdón y salvación, pues el Espíritu Santo estaba presente haciendo su obra de cambiar vidas. Esta es la forma en que, como hijos de Dios, enfrentamos los desafíos que vivimos en medio de la soledad o dificultades: invocando el nombre poderoso de quien nos promete ayuda y consuelo. Ante todo, y a pesar de todo, sabemos que Dios sigue presente y nos ayuda. Por eso, siempre primero Dios.

Por CPTLN

Bendiciones ocultas

“Bendiciones ocultas

“Y a Aquel que es poderoso para hacer que todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea dada la gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.” Efesios 3:20-21

A comienzos del 1900, una pareja se mudó de Carolina del Norte a Oklahoma, donde cultivaron un pedazo de tierra.

Para decir la verdad, durante muchos años vivieron en una gran pobreza. Pero su suerte cambió cuando un extraño pasó por su propiedad y tomó una muestra del agua. No estoy seguro qué fue lo que encontró, pero no mucho después, apareció otro extraño que ofreció comprarles la granja a un precio increíble.

En poco tiempo, un pozo petrolero de gran producción fue localizado entre la casa y el granero. Rememorando, el viejo granjero dijo: “Y pensar que nos esclavizamos aquí todos esos años, y todo el tiempo teníamos una fortuna bajo nuestros pies sin saberlo”.

 

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No es mi intención sugerirles a todos que empiecen a cavar en sus jardines en busca de petróleo. La vida no funciona de esa forma, por lo menos no muy seguido.

Pero lo que sí les quiero sugerir, es que el Señor, quien entregó a su Hijo para salvarnos, también puede habernos otorgado a muchos de nosotros fortunas que aún no hemos descubierto.

Quizás su fortuna sea un cónyuge que le es siempre fiel, sin esperar nada a cambio. Quizás su fortuna es un lugar de trabajo inesperadamente placentero. Quizás sea la forma en que sus hijos lo respetan, o la comunidad de fe de la que participa.

La mayoría de nosotros tenemos fortunas bien cerca. Lo invito a que dé gracias por todos esos tesoros escondidos.

Por CPTLN

 

El enemigo no va a ganar

“El enemigo no va a ganar

“Ésta es la causa de mis lágrimas. El llanto brota de mis ojos, pues no tengo a nadie que me consuele; ¡no tengo a nadie que me reanime! ¡Mis hijos han sido derrotados! ¡El enemigo nos venció!” Lamentaciones 1:16

Las noticias están llenas con historias de personas que están pasando por situaciones desesperadas. Hay muchas familias que han perdido sus casas, y muchas más que están en peligro de perderlas.

Ed Roslonski, de Detroit, es uno de quienes ha perdido su casa. Pero en este caso no la perdió por no haber podido pagar la cuota de la hipoteca. Un día, al regresar a su casa, se encontró con que simplemente no estaba más, había desparecido.

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En un momento la casa iba a ser demolida, pero antes de que eso sucediera, Ed la compró e invirtió 30.000 dólares para arreglarla.

Hasta que un día alguien, sin saber cómo o por qué, la puso nuevamente en la lista de casas a demoler.

Ed podría decir lo mismo que dijo Job, el escritor del libro de Lamentaciones: “Ésta es la causa de mis lágrimas.”

Pero sin embargo, quienes hemos sido bendecidos con fe en el Salvador, nunca podemos decir: “No tengo cerca a nadie que me consuele… el enemigo salió victorioso” porque en el Salvador hemos recibido una paz que sobrepasa todo entendimiento humano. Más aún, a través del sufrimiento, muerte y resurrección de Jesús somos triunfadores.

Lutero lo dijo muy bien: “Que lleven con furor los bienes, vida, honor, los hijos, la mujer… de Dios el reino queda”.

En el caso de Ed, se le llevaron la casa, pero nadie le ha quitado ni le podrá quitar la mansión que le espera en el cielo. En cuanto a usted… no sé qué le habrá quitado o le estará por quitar el mundo… pero sí sé lo que todavía tiene: al Salvador y su promesa de vida eterna.

Por CPTLN

Destrucción

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“Entonces mi pueblo vivirá en lugares de paz, en poblaciones seguras, en sitios de reposo.” Isaías 32:18

A todos nos gusta sentirnos seguros, pero no siempre estamos tan seguros como creemos estar.

Hace unos años, cuando estaban cambiando la alfombra, una familia de Chicago encontró en el living de su casa una puerta secreta. El dueño decidió abrirla, pensando que quizás encontraría un tesoro de joyas o tal vez oro.

Pero en vez de un tesoro encontró dinamita: cuatro cartuchos viejos de dinamita. Sin lugar a dudas suficiente como para volar la casa. Durante años su familia había vivido allí sintiéndose segura, cuando en realidad debajo de sus pies había una fuerza capaz de destruirlos a ellos y a todo el vecindario.

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Lo cierto es que hay innumerables fuerzas cuyo único objetivo es destruir nuestra seguridad, sólo por placer. Y no estoy hablando de la destrucción del cuerpo por enfermedades, o de las divisiones en las familias, o del aumento de la inmoralidad.

Estoy hablando del pecado, de Satanás y la muerte, que luchan y hacen todo lo posible para robarnos la confianza en Cristo y la paz que él nos da a quienes creemos en él como nuestro Salvador. El diablo sabe que, por más que nos quite todo lo que tenemos en este mundo, nuestra fe perdura.

Por eso es que quiere quitarnos nuestra seguridad espiritual en el Salvador.

Pero no lo puede hacer porque Jesús, que salió victorioso de su tumba prestada, nos da seguridad para esta vida y para la eternidad.

Por CPTLN

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