Mes: diciembre 2016

Los que sufren

Los que sufren

Leer | Marcos 10.46-52

En medio del dolor, podemos llegar a preguntarnos si a Dios le importa, o si incluso sabe lo que estamos viviendo. Lo cual puede darnos un concepto equivocado de quién es Él.

La Biblia enseña que Dios trino es omnisciente. En otras palabras, Él lo sabe todo. Ninguna acción, persona o situación —pasada, presente o futura— le es desconocida (Sal 33.13-15; He 4.13). El Señor “escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos” (1 Cr 28.9). Por su conocimiento perfecto, Él nos conoce y sabe lo que necesitamos (Mt 10.29, 30). El amor de Dios y su preocupación por nosotros no cambian, incluso cuando nuestro sufrimiento sea resultado de nuestra propia conducta.

Jesús demostró una y otra vez el cuidado del Padre celestial por su pueblo. Se reunió con Nicodemo, y sin condenarlo o acusarlo le mostró el camino al Padre (Jn 3.3). En otra ocasión, el Señor visitó a Zaqueo, un hombre cuya falta de honradez había perjudicado a muchos económicamente. Y el Señor Jesús inició incluso una conversación con la mujer samaritana, una marginada por la sociedad. También demoró su viaje en respuesta al clamor de un mendigo ciego —le demostró compasión a Bartimeo e inspiró fe en él. Gracias a Jesucristo, podemos estar seguros de que nuestro Padre celestial se preocupa por nosotros.

El amor de Dios se extiende sobre nosotros, y por tanto quiere que vengamos a Él con nuestras preguntas y sufrimientos. No permita que las pruebas le nublen la mente en cuanto al gran amor que Dios le tiene. Acepte la invitación del Señor, y traiga sus cargas a Él (Mt 11.28).

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Obedecer a Dios

Obedecer a Dios

Leer | JEREMÍAS 9.23, 24

Pedro era pescador profesional; sabía cómo interpretar las condiciones del tiempo, dónde encontrar los mejores lugares para pescar, y cuándo dejar de hacerlo. Por su capacidad, pudo haber cuestionado sin decir nada la sensatez del mandato de Jesús. ¿Por qué echar las redes, si un experimentado equipo de pescadores no había atrapado nada durante toda la noche?

A veces, Dios les pide a sus hijos que actúen de maneras que pueden no parecer lógicas. Su petición puede implicar dejar un empleo o un ministerio que Él acababa de proveer, para que tome responsabilidades mayores cuando la vida ya es suficientemente difícil, o aceptar una tarea que parece más indicada para alguien con otras capacidades. Quizás el plan de Dios no tenga sentido en vista de la edad, la situación económica o la salud. Sin embargo, por ser Dios quien lo pide, será absolutamente correcto hacerlo. Tenemos que decidir si vamos a hacer lo que es prudente según el criterio humano, u obedecer a Dios.

La Biblia habla de muchas personas que tuvieron que tomar una decisión. A Noé se le dijo que construyera un arca porque vendría un diluvio. A Josué se le dio la estrategia militar de marchar alrededor de Jericó, en vez de atacar la ciudad. A Gedeón, el guerrero sin experiencia, se le dijo que mandara a sus casas a la mayoría de sus hombres antes de una batalla (Jue 7.2, 3).

No cometa usted el error de dejar que la lógica humana le dicte si debe seguir o no el plan de Dios. Confíe en Él, como lo hicieron Pedro y otros creyentes fieles. Cuando decidieron obedecer lo que el Señor les dijo, todos experimentaron al poder divino liberado en beneficio de ellos.

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El ahnelo de conocer a Cristo

El anhelo de conocer a Cristo

Leer | FILIPENSES 3.3-11

Muchas personas conocen los hechos fundamentales de la vida del Señor, pero pocas lo conocen personalmente. Están tan ocupados con sus actividades y sus intereses, que rara vez piensan en Jesús hasta que surge una situación desesperante.

Pero aquellas que conocen al Señor estrechamente, lo hacen su prioridad absoluta, y todas las posesiones, logros, o intereses carecen de valor cuando se comparan con el hecho de conocerlo. Considere los resultados de hacer de Cristo lo más importante en su vida (Fil 3.8-10):

  • Un hambre cada vez mayor: “para ganar a Cristo”. Aunque Pablo tenía una relación admirable con el Señor, su mayor deseo era conocerlo más.
  • Una vida cambiada: “la justicia que es de Dios”. Cuanto más conozcamos a Cristo, más exhibiremos su justicia.
  • Una mayor competencia: “el poder de su resurrección”. El poder del Espíritu fluye a través de quienes se relacionan estrechamente con el Señor Jesús.
  • Una nueva perspectiva: “la participación de sus padecimientos”. Cuando entendemos a Cristo, vemos sus bendiciones por medio de nuestro sufrimiento.
  • Una vida victoriosa: “llegando a ser semejante a él en su muerte”. El verdadero creyente, se consideran a sí mismo muerto a los pecados que una vez dominaron su vida.

¿Anhela usted conocer a Cristo, o es su relación con Él superficial? Los creyentes no debemos permitir que los placeres, los problemas y las responsabilidades de este mundo nos roben el tesoro de conocer a Cristo. Es hora de contar todo como pérdida, y de seguir adelante con Cristo.

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Relación personal con Dios

Relación personal con Dios

Leer | SALMO 63.1-11

Para algunos cristianos, es bastante sencillo darse cuenta cuando alguien trata de llenar con cosas equivocadas el vacío que tienen de Dios en sus vidas. Sin embargo, les resulta difícil ver ese mismo error en sus vidas redimidas. Muy fácilmente ponemos manos a la obra para Dios —sirviendo, enseñando, predicando y yendo al campo misionero. Ninguna de estas cosas son malas; de hecho, todas son buenas. Pero muchas veces son un intento equivocado de crear una sensación falsa de intimidad con Dios.

¿Por qué escoge un creyente tener una cercanía artificial con el Señor, si lo que Él quiere es dar a sus hijos lo auténtico? Por dos razones: Primero, porque para recibir su gracia es necesario que nos hagamos vulnerables y seamos humildes. No hay nada que podamos darle o hacer para el Señor que nos limpie de pecado. Segundo, porque para que una relación amistosa sea buena se requiere de trabajo arduo, y eso también se aplica a nuestra relación con Dios.

Para conocer realmente al Señor, usted tiene que leer la Biblia. No puede mantener una estrecha relación con el Padre celestial si no hace caso a sus preceptos. Usted debe, por tanto, llenar su mente con las cosas divinas y renunciar a las influencias mundanas. Además, una vida de oración es fundamental para relacionarnos con Dios. Estas cosas no suceden por casualidad, sino que exigen un esfuerzo deliberado.

En pocas palabras, cuando satisfacemos nuestra sed con agua viva, ya no estamos sedientos. Cuando vivimos en comunión con Dios, la tentación por esforzarnos para lograr la santidad con nuestras propias fuerza cesa, permitiendo que nuestro servicio, ofrendas y adoración, glorifiquen sinceramente a Dios.

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La consagración de David

La consagración de David

Leer | SALMO 42.1-8

¿Quiere saber quién es Dios, y lo que Él más desea? Es posible que usted haya almacenado un montón de información intelectual acerca de Dios y de la Biblia; eso es importante, pero no es lo principal. Usted puede servir al Señor y ofrendar generosamente a la iglesia, pero lo más importante es la profundidad de su relación con Dios. El conocimiento, el servicio y los diezmos nunca pueden sustituir a una relación personal con el Señor Jesucristo.

El salmista y rey David entendió esta verdad, y ella lo fortalecía en tiempos de dificultades. Cuando su hijo Absalón trató de apoderarse del trono, huyó al desierto, donde escribió estas palabras: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Sal 42.1, 2). Él sabía que, aun en esa terrible adversidad, podía contar con la misericordia inagotable del Señor que se derramaba sobre él (v. 8).

En todos los salmos, vemos una y otra vez el hambre y la sed del Señor que tenía David. Era esa pasión —no su fuerza, sus dotes carismáticos, o su notable habilidad para comandar un ejército— lo que hizo de él un gran hombre. Y a pesar de que cometió errores graves, la Biblia lo describe como un hombre conforme al corazón de Dios (1 S 13.14).

No basta leer la Biblia, ayudar y dar dinero para la obra de Dios. Él quiere que usted lo conozca personalmente. Si bien las manifestaciones de consagración a Él son importantes, ellas deben ser el resultado de una relación madura con el Señor. Si tratamos primero de conocerlo, lo demás vendrá después.

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El camino hacia el pesebre

El camino hacia el pesebre

Leer | GÁLATAS 4.1-7

La escena del pesebre refleja uno de los momentos más importantes de la historia. Pero cuando vemos un Nacimiento, olvidamos el largo camino que llevó hasta allí, no simplemente el agotador viaje de José y María para ser contados en el censo, sino también el camino trazado a lo largo de la historia por los conquistadores y los pueblos desplazados. Mientras países caían en turbulencia política o surgían otros con nuevos ideales, Dios estaba construyendo un camino a Tierra Santa, la cuna perfecta para el Mesías.

La ruta comenzó en el Edén, donde se derramó sangre por primera vez en expiación por el pecado. La solución temporal —el sacrificio de animales— sería suficiente hasta que Dios promulgara su plan permanente en el “cumplimiento del tiempo” (Gá 4.4). El establecimiento de la nación y la entrega de la ley identificaron a Israel como el pueblo de Dios; estos fueron, también, pasos hacia la conquista de la Tierra Prometida, donde habría de nacer Cristo.

Cuando los israelitas se volvían a los dioses falsos, el Señor les retiraba su protección. Fueron conquistados y llevados cautivos a Babilonia, donde con el tiempo edificaron las sinagogas. Los medos y los persas derrotaron a los babilonios 70 años más tarde, y dejaron que Israel regresara a su tierra y con ellos las sinagogas.

De forma simultánea, la profecía y la historia revelan la manera como Dios siguió allanando el camino, desde el pesebre hasta la fe de hoy día. Las sinagogas alojaron a hombres como Pablo, quién predicó y envió cartas sobre el Mesías nacido en la ciudad de Belén.

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La primera aparición de…

La primera aparición de Jesús

Leer | ROMANOS 8.28 1

Algunas situaciones de la Biblia puede parecernos desconcertantes, pero ninguna de ellas fue una mera casualidad. Dios, quien conoce todas las cosas y lo ve todo, de principio a fin, estuvo trabajando soberanamente en todos los detalles de su plan de redención.

Por ejemplo, puede parecernos extraño que un inoportuno censo del gobierno le causara a María la incomodidad de tener que viajar en su último mes de embarazo. César Augusto pudo haber pensado que este censo fue idea suya, pero la realidad es que él estaba siendo utilizado de forma soberana —era Dios quien estaba llevando a esta familia a Belén, en cumplimiento de la profecía del nacimiento del Mesías. Siglos antes, Miqueas escribió: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (5.2).

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No solo el viaje fue difícil, sino que después que José y María llegaron a Belén, el único alojamiento que pudieron encontrar era poco agradable. Un establo con un pesebre como la cuna del bebé, no era lo que pensaríamos digno de un Rey. Pero el Padre celestial tenía un propósito en mente para eso, también. Quiso que el Cordero de Dios naciera en un ambiente humilde, junto a otros corderos.

¿Qué circunstancias difíciles está usted o un ser querido enfrentando? ¿Se pregunta por qué Dios las está permitiendo? Tenga la seguridad de que el Padre celestial lo ve todo y tiene un buen propósito más allá de lo que nuestras mentes finitas pueden comprender.

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¿Se puede ganar la vida eterna?

¿Se puede ganar la vida eterna?

Leer | Marcos 10.17-22

Algunas veces, los adolescentes deciden primero actuar, y después piden que se les diga cómo hacerlo. Y luego, si la respuesta no es la que quieren escuchar, reaccionan de manera negativa. Los creyentes podemos actuar de la misma manera para con Dios.

Un día, un hombre rico vino a Jesús y le preguntó: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?” (Mr 10.17). Después de haber vivido guardando los mandamientos, quería saber qué más necesitaba hacer para estar seguro de su lugar en el cielo. Este hombre creía equivocadamente que la vida eterna podía ganarse.

Satanás, el gran engañador, promueve la falsa idea de que el hombre puede ganarse un lugar en el cielo por sí mismo. Muchos de nosotros hemos sido víctimas de las mentiras del diablo, tratando de acercarnos a Dios basándonos en nuestros méritos y una buena conducta. Al igual que el hombre rico, podemos haber pensado que nuestras buenas obras pesan más que cualquier cosa mala que hayamos hecho.

Sin embargo, el Señor dice que todos tenemos una naturaleza carnal que nos separa de Él, y nada de lo que hagamos podrá pagar nuestra deuda por el pecado. Solo la fe en Jesús, quien murió en nuestro lugar, nos hace aceptables delante de Dios. Por medio del Salvador, somos perdonados de nuestros pecados y recibimos la vida eterna. Sin Cristo, enfrentamos el castigo eterno.

El joven rico eligió alejarse de Jesús. ¿Cuál es su respuesta cuando la verdad de la Biblia está en contra de lo que usted cree? ¿Acepta lo que Dios dice, o se aleja para hacer su propia voluntad?

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Orar en el nombre de Jesús

Orar en el nombre de Jesús

Leer | JUAN 16.19-33

Poco antes de su crucifixión, Jesús dijo a sus seguidores que oraran en su nombre; en otras palabras, que pidieran conforme a su voluntad. Señaló que la oración hecha así tiene poder: “Así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre” (Jn 15.16 NVI). La oración en el nombre de Cristo significa que estamos declarando que tenemos…

  • Asociación con el Salvador. Lo que hace posible que nos acerquemos a Dios mediante la oración, es nuestra relación con Jesús. Cuando fuimos salvos, pasamos de ser extraños y extranjeros, a hijos de Dios (Ef 2.19). Nuestro Creador se ha convertido en nuestro Padre celestial; y Él escucha nuestras peticiones porque hemos pasado a ser miembros de su familia por la obra redentora de su Hijo. La presencia del Espíritu de Cristo demuestra que somos suyos.
  • Acceso al Padre celestial. La muerte de Jesús nos abrió el camino para tener entrada inmediata a la presencia del Padre. Cuando Jesús consumó su obra al hacer el sacrificio sacerdotal final (He 10.14), el velo del templo, que impedía al hombre penetrar en el Lugar Santísimo, se rasgó en dos (Mr 15.38). Esto simbolizó la verdad espiritual de que ahora todos los que creen en Dios tienen acceso a Él. Por medio del Espíritu Santo, tenemos el derecho de hablar con Dios directamente, sin ningún intermediario humano (Ef 2.18).

Jesucristo pagó en su totalidad el castigo por nuestros pecados al morir en la cruz. El aceptar su muerte expiatoria a favor nuestro, significa que tenemos ahora una nueva relación familiar y libre acceso al Padre celestial. ¡Detengámonos ya, y demos gracias a Dios por el increíble privilegio de la oración!

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Perdonar o culpar

Perdonar o culpar

Leer | COLOSENSES 3.12-17

Decir: “La culpa no es mía”, es una actitud generalizada hoy día. Para evitar la responsabilidad por sus actos, las personas culpan a otros: “No le gritaría tanto a mis hijos, si mi madre me hubiera amado más”, o “No hablaría mal de mi jefe, si él me demostrara respeto”. El resentimiento crece hasta que la víctima se ciega a todo, menos a cómo su vida ha sido afectada por las acciones de otra persona. Entonces culpar a otros es fácil. Pero Dios nos manda perdonar a quienes nos hieran.

El Padrenuestro menciona varias de las responsabilidades de Dios para con nosotros, pero solo una de los creyentes: perdonar a los deudores (Mt 6.12). La alusión a la deuda describe bien al pecado. Una persona que ha sido agraviada, siente usualmente que la parte responsable le debe una disculpa o desagravio. Pero al mostrar misericordia a alguien que ha pecado, usted pone un sello de “cancelado totalmente” a su deuda. Ya no se requiere ninguna compensación o retribución.

A veces, nuestras heridas son tan profundas que el perdón no viene fácilmente. Recuerde que Jesús lleva las cicatrices de los pecados de otros, también, y que su Espíritu Santo capacita a los creyentes para cumplir con esta difícil tarea. Aunque es posible que su deudor no haya hecho nada para merecer misericordia, decida dársela de todos modos, así como Jesús la tuvo con usted.

Cuando Dios perdona, nunca más se acuerda de nuestros pecados (Jer 31.34). Esto no significa que ellos nunca ocurrieron, sino que el Señor se niega a utilizarlos como una razón para castigarnos. Él estableció el patrón en cuanto a la eliminación de la deuda, y nosotros debemos seguir su ejemplo (Mt 6.15).

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El plan misericordioso del Señor

El plan misericordioso del Señor

Leer | 2 PEDRO 3.9

En el Nuevo Testamento, vemos que el llamado de Dios a la salvación a toda la humanidad se repite varias veces (Jn 1.12; 3.16; 6.40; 2 P 3.9). Pero cada uno de nosotros tiene que tomar la decisión personal de responderle o no.

Dios quiere que la humanidad sea salva, por varias razones. Primero, porque Él nos ama (Ef 2.4). Nos ama porque es parte de su naturaleza amar y cuidar a su creación, y no por ningún mérito de nuestra parte. Segundo, porque su gracia se ve claramente en sus seguidores (v. 7). Creyentes que una vez fueron rebeldes, son ahora siervos obedientes —tal trasformación Él la quiere festejar por toda la eternidad. Además, nuestras buenas obras glorifican al Señor (Mt 5.16). Todo lo que hacemos en su nombre, ayuda a que otros lo conozcan.

La salvación solamente es posible por medio de Cristo, quien reconcilia a los pecadores con un Dios santo. Isaías 53.6 dice que todos somos pecadores, y Romanos 6.23 añade: “La paga del pecado es muerte”. Sin una solución divina, estaríamos endeudados y sin esperanzas. Pero la muerte del Salvador en la cruz a favor de toda la humanidad pagó la pena, y por eso cualquier persona puede tener una relación con el Padre celestial. Creer que Cristo murió por nuestros pecados y someternos a la voluntad del Señor, es todo lo que necesitamos para iniciar un compañerismo eterno con Él.

Nuestro Padre celestial nos ama, y quiere estar con nosotros para siempre. Lo único capaz de separarnos de Él es la decisión de rechazar su invitación. Una vez que recibimos a su Hijo como Salvador, pertenecemos a Dios, y ningún defecto en nuestro carácter podrá destruir nuestra eterna relación con Él.

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Victoria en los altibajos de la vida

Victoria en los altibajos de la vida

Leer | FILIPENSES 4.10-13

¿Ha escuchado usted alguna vez el testimonio de un creyente que experimentó una tragedia terrible? Tendemos a estar muy atentos a esos relatos, porque la persona involucrada ha sido testigo de primera mano de la fidelidad y el poder de Dios de restaurar una vida golpeada.

De todos los testigos de la gracia de Dios en tiempos de dificultades, ninguno es más impresionante que el apóstol Pablo. Él supo lo que eran los sufrimientos. Durante todo su ministerio fue perseguido, golpeado, apedreado, arrestado, sufrió naufragios y fue acusado de herejía tanto por los líderes judíos como por el gobierno romano. Todo esto contrastó inmensamente con su pasado, en el que disfrutó de los lujos y las oportunidades que le dieron su ciudadanía romana y su educación en el judaísmo.

En la vida de Pablo hubo altibajos increíbles. Como resultado, se ganó el derecho de proclamar lo que dice Filipenses 4.12: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia”.

¿Qué lección aprendió el apóstol como resultado de estas experiencias? Él nos dice en el versículo 12: “En todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”.

El “secreto” de Pablo no es un secreto en absoluto, porque él revela la fuente de su fortaleza en el versículo que sigue: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. La fe en Jesucristo y una dependencia cada vez mayor de Él, harán que esta fuente de poder ilimitado sea una realidad en la vida de usted.

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¿Un hombre bueno o Dios?

¿Un hombre bueno o Dios?

Leer | Juan 5.16-29

Jesús ha sido un tema de controversia a lo largo de la historia humana. Aun hoy, las opiniones sobre Él varían mucho. No obstante, una creencia común acerca de Él, es que fue un hombre bueno —pero no Dios. Quienes sostienen este punto de vista aprecian, por lo general, algunas de sus enseñanzas, pero obviamente no están familiarizados con sus aseveraciones.

Los líderes religiosos que se enfrentaron con Cristo jamás lo habrían calificado de hombre bueno. A sus ojos, cualquiera que aseverara ser Dios, era un mentiroso e impostor.

Veamos alguna de sus asombrosas afirmaciones del Señor Jesús en Juan 5:

  • Se refirió a Dios como su Padre, haciéndose igual a Dios (v. 18).
  • Declaró que Él hacía las mismas obras que el Padre (v. 19).
  • Dijo que resucitaría a los muertos con solamente su voz (vv. 28, 29).
  • Aseveró que el Padre le había dado toda autoridad para juzgar (v. 22).
  • Exigió la misma honra que Dios (v. 23)
  • Prometió dar vida eterna a los que creen en Él (v. 24).

Un hombre “bueno” no haría estas aseveraciones, de no ser ciertas. Si Jesús fue un simple hombre, su muerte en la cruz no habría sido de provecho para nadie. Pero si sus afirmaciones son ciertas, la salvación de usted depende de su fe en Él.

Cualquier persona que desee saber quién es Jesús, debe tener en cuenta sus aseveraciones. Es un asunto de vida eterna o muerte eterna. Nadie que niegue la divinidad de Cristo entrará al cielo, porque Él es el único camino al Padre (14.6). Este es el momento para creer —no cuando esté frente a Él en el juicio final.

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La manera en que Dios ve al incrédulo

La manera en que Dios ve al incrédulo

Leer | Efesios 2.1-5

La Palabra de Dios siempre es verdadera, pero no siempre es popular. El mensaje del evangelio puede ser incómodo de escuchar cuando contradice el punto de vista del mundo, y puede dar lugar a objeciones y confrontaciones. Necesitamos conocer la verdad bíblica y la verdad de que Dios ve a los incrédulos como…

Muertos en sus delitos y pecados (Ef 2.1). La muerte espiritual vino a todas las generaciones a través del “primer Adán” (Ro 5.12); la vida espiritual existe solamente por medio de Jesús, el “último Adán” (1 Co 15.45 TLA).

Incapaces de comprender (1 Co 2.14). Quienes están muertos espiritualmente, no pueden entender las cosas de Dios pues carecen del Espíritu Santo.

Extraños a la familia de Dios (Jn 1.12) Espiritualmente, solo hay dos familias en el mundo: la de Dios y la de Satanás (Jn 8.44). La persona nace en la familia de Dios —o “nace de nuevo”— cuando pone su fe en el sacrificio de Cristo, y lo recibe a Él como Salvador.

Hijos de ira (Ef 2.3). Los incrédulos, aunque sean buenos y amorosos, están bajo condenación. Se debe una deuda por el pecado (Ro 6.23), y ésta no puede pagarse con ningún acto de servicio. Jesús la pagó por nosotros, y solo confiando en su sacrificio expiatorio podemos escapar de la ira de Dios.

Los incrédulos están en grave peligro, pero la mayoría no se da cuenta. La buena noticia es que la oferta de Dios de salvación por medio de Cristo sigue estando disponible. ¿Ha buscado usted aferrarse a la mano de su Salvador? Si su respuesta es sí, ¿está dirigiendo la atención de otros hacia Aquel que quiere salvarlos?

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Nuevas de gran gozo

Nuevas de gran gozo

Leer | Miqueas 5.2

La Sagrada Escritura hebrea —o sea, el Antiguo Testamento— tenía muchas profecías en cuanto al Mesías que vendría. Su nacimiento sería “nuevas de gran gozo”, así como lo había proclamado el ángel (Lc 2.10). El Mesías sería…

Un descendiente de Abraham que se sentaría en el trono de David. Hay una buena razón por la que tanto Mateo como Lucas trazan cuidadosamente la genealogía de Jesús (Mt 1.1-17; Lc 3.23-38): el linaje del Mesías era importante. Dios había prometido que todas las naciones serían bendecidas por medio de la familia de Abraham (Gn 22.18), e Isaías profetizó que el Cristo reinaría para siempre en el trono de David (Is 9.7). Los escritores de los evangelios demostraron que Jesús tenía ascendencia directa de ambos hombres.

Un hombre nacido en Belén, proveniente de Egipto. El lugar de origen del Mesías debió haber causado confusión. Aunque su lugar de nacimiento profetizado era Belén, se esperaba que viniera de Egipto (Mi 5.2; Os 11.1). Sabemos que un censo trajo a María y a José de Nazaret a Belén, justo a tiempo para la llegada del niño Cristo. Y el Evangelio de Mateo explica el resto del misterio: la familia había huido a Egipto para evitar el arrebato de cólera de Herodes (Mt 2.13).

Dios fue específico al describir al Mesías, porque quería que el pueblo reconociera al Ungido y se regocijara por su venida. Eso fue exactamente lo que sucedió cuando el Rey de reyes entró en Jerusalén montado sobre un asno (profecía: Zac 9.9; cumplimiento: Jn 12.12-15). Jesús es el Mesías prometido, y esto es verdaderamente una gran noticia y un motivo para regocijarse.

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Todo es importante para Dios

Todo es importante para Dios

Leer | Colosenses 4.7-18

Los últimos versículos de Colosenses parecen tener poca importancia teológica. La mayoría de los nombres de la lista, con excepción de los de Lucas y Marcos, son poco conocidos. Pudiéramos fácilmente saltar estos versículos y pasar a 1 Tesalonicenses. Pero las palabras finales de Pablo a los colosenses contienen el sutil mensaje de que ningún servicio es poco importante.

No es difícil reconocer el maravilloso aporte de Pablo —gran parte del Nuevo Testamento está constituido por sus epístolas inspiradas divinamente. Las personas mencionadas en su misiva a los colosenses parecen insignificantes en comparación, pero el apóstol las consideraba importantes a todas para incluirlas. Por ejemplo, Tíquico, el primer mencionado, tuvo un gran papel —dondequiera que aparece en la Biblia, está haciendo alguna diligencia para Pablo (Hch 20.4; Ef 6.21; 2 Ti 4.12).

Gracias a este hombre, la epístola a los Colosenses viajó casi 1.300 km a su destino, y luego pasó de iglesia a iglesia para ser leída una y otra vez, y copiada. El trabajo de Tíquico fue importante para la difusión del evangelio; sin su ayuda no habría sido posible que los creyentes de hoy tuviéramos esta valiosa carta.

Tendemos a juzgar los tipos de servicios como importantes o poco importantes, y muy a menudo el orgullo nos impide reconocerlo. Queremos un trabajo grande, impresionante, para demostrar a todos lo mucho que amamos al Señor. Pero Dios quiere que nuestro amor al Señor nos motive a hacer cualquier cosa que Él nos pida, no importa cuán insignificante o poco notorio pueda parecer.

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Pasos para crecer espiritualmente

Pasos para crecer espiritualmente

Leer | 2 Pedro 3.18

No son muchas las personas que pueden decir que el día que aceptaron a Cristo, alguien les explicó cómo crecer espiritualmente. De hecho, algunos creyentes jamás son discipulados. Dios quiere que sus hijos exhiban la imagen de Cristo, pero no creceremos en nuestra fe a menos que tomemos algunas medidas.

Primero, tenemos la responsabilidad de renovar nuestra mente (Ro 12.2). Aunque Dios nos salva y nos da un nuevo espíritu, no nos da un nuevo cerebro. Nuestras mentes tienen muchas zanjas que han sido cavadas por la rebeldía, el egoísmo, y los malos hábitos. Por eso es importante meditar en la Biblia, que expresa los pensamientos de Dios. Meditar es más que leer, ya que involucra pensar en lo que significan las palabras y después poner en práctica la verdad. No hay forma de crecer espiritualmente sin guardar las Sagradas Escrituras en nuestra mente.

Un segundo paso hacia la madurez espiritual es estar dispuestos a reconocer y asumir la responsabilidad por las fallas. Cuando negamos nuestros pecados, detenemos el crecimiento, pero cuando confesamos nuestras faltas al Señor, sucede lo contrario —el crecimiento es inevitable.

El tercer paso sigue naturalmente al segundo: después de la confesión debe venir el arrepentimiento. Esto es más que el reconocimiento de haber pecado o la promesa de no hacerlo de nuevo. El arrepentimiento significa que nos comprometemos a dar media vuelta y dirigirnos en dirección opuesta a nuestro pecado.

El propósito de nuestro Padre celestial es que todos los creyentes avancen hacia su semejanza a Cristo y que su relación con Él crezca cada vez más.

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Cuando el Espíritu de Dios tiene…

Cuando el Espíritu de Dios tiene el control

Leer | 1 Santiago 1.2-4

Una persona llena del Espíritu no está libre de problemas. Los que están bajo el control del Espíritu Santo seguirán cometiendo errores, teniendo dificultades y pecando. Pero hay dos características que distinguen a los seguidores de Cristo de los no creyentes.

Primero, no son controlados por sus circunstancias; segundo, recobran el enfoque después de haber pecado.

Cuando el Espíritu Santo tiene el control, nuestra actitud no dependerá de lo que ocurra a nuestro alrededor. En otras palabras, la vida no tiene que estar libre de preocupaciones para que tengamos paz; nuestro gozo espiritual no disminuirá aunque enfrentemos reveses.

Cualquier persona puede ser cariñosa, amable y estar serena en tiempos de bendición. Pero ¿qué sucede con nuestra actitud en momentos de dificultad? Quiénes somos se evidencia, no cuando las cosas salen como queremos, sino en los momentos difíciles. Si el Espíritu Santo tiene el control, aprenderemos a amar cuando quisiéramos odiar; a ser bondadosos cuando seamos acusados; a responder con gentileza cuando los demás sean crueles; y a tener dominio propio cuando seamos tentados.

Ninguno de nosotros hará todo esto a la perfección porque todavía vivimos con el ego interior. Pero cuando pequemos, responderemos con rapidez a las indicaciones del Espíritu. Él no tendrá que esforzarse para captar nuestra atención, pues estaremos bajo su autoridad. Reconoceremos el mal que hicimos, lo confesaremos, y nos reenfocaremos en lo que Dios dice.

Si usted es un seguidor de Cristo, ¿quién tiene el control de su vida?

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¿Se alimenta usted con la Palabra de Dios?

¿Se alimenta usted con la Palabra de Dios?

Leer | ROMANOS 1.16, 17

Las tormentas con relámpagos me cautivan; son un despliegue del maravilloso poder de Dios. Pero aun más maravilloso es algo que Él nos ha confiado: el evangelio.

Esta palabra proviene de euangélion, que significa en griego “buenas noticias”. La salvación en Cristo es realmente una buena noticia, porque aunque el pecado reina en el corazón del hombre, Dios puede derrotar las tinieblas y redimir nuestras almas.

Este es el mensaje de la Biblia, desde la creación hasta la eternidad. En Génesis, vemos el amor de Dios para con el hombre, pero también nos muestra cómo el corazón del Señor fue destrozado cuando el pecado entró en la humanidad por medio de Adán y Eva. Estábamos perdidos hasta que Jesús tomó nuestros pecados sobre sí mismo. Como nuestro sustituto en la cruz, Él soportó la pena que merecíamos y venció a la muerte con su resurrección.

Piense en el poder del evangelio. La Palabra de Dios no es simplemente tinta en un papel; ella está viva y activa, y es más cortante que una espada (He 4.12), con poder para transformar a cualquier persona.

Piense en lo que es capaz de hacer la verdad divina: puede romper las cadenas del pecado, poner fin a la ansiedad y cambiar los corazones. También nos guía a la sabiduría y a tomar decisiones que dan vida. Tenemos acceso al mensaje más poderoso que existe.

¿Cuál es su respuesta al evangelio? El Señor nos dice que debemos meditar en la Palabra de Dios cada día y obedecerla con alegría, ya que es la fuente de vida para nuestras almas. También nos dice que compartamos la maravillosa noticia de la salvación con un mundo sufriente y perdido.

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Descubrir la Voluntad de Dios

Descubrir la voluntad de Dios

Leer | SALMO 119.105,106

La vida está llena tanto de pequeñas como grandes decisiones. Incluir a Dios en las decisiones que tomamos es el modo de proceder más sabio. Cuando memorizamos un pasaje de la Biblia el Espíritu Santo lo usa para ayudarnos a descubrir la voluntad de Dios.

El método que he encontrado beneficioso al tomar decisiones, puede también ayudarle con sus finanzas, relaciones interpersonales, salud, empleo u otros aspectos importantes. El primer paso consiste en evaluar nuestro corazón, mente y voluntad. Para recibir la dirección del Señor, necesitamos tener un corazón limpio, una mente pura y una voluntad entregada. Los hábitos pecaminosos pueden nublarnos el pensamiento e impedir que entendamos el plan de Dios. Confesar nuestros pecados y apartarnos de ellos trae limpieza y claridad de mente (1 Jn 1.9). Necesitamos renunciar a nuestros deseos y comprometernos con el plan de Dios.

El segundo paso es esperar pacientemente en el Señor por su respuesta. Se necesita valentía para mantenerse firme, especialmente cuando otros nos dicen lo que creen que deberíamos hacer. Nuestras emociones pueden estar empujándonos a actuar, pero debemos evitar el adelantarnos a Dios. Ser pacientes significa confiar en el Señor mientras esperamos conocer su respuesta y descubrir su tiempo perfecto.

Discernir el plan de Dios requiere preparación de nuestro corazón, mente y voluntad. Durante nuestro tiempo de espera, debemos obedecer su voluntad —ser siervos fieles, amarlo con todo nuestro corazón y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt 22.37-39).

Por Min. En Contacto

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