Mes: agosto 2016

Ser íntegro o ser necio

SER ÍNTEGRO O SER NECIO

 

“Mejor es el pobre que camina en integridad, que el de perversos labios y fatuo” (Prov. 19:1).

La persona que no es íntegra es tonta. Esto es lo que nuestro texto está diciendo. ¡Es mentiroso, engañador, embustero, y necio! La cosa más inteligente que podemos hacer es temer a Dios. Es el principio de la sabiduría: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Prov. 1:7). No temerle es no ser inteligente. La persona que no teme a Dios ni siquiera ha comenzado a saber nada, porque temerle es el comienzo de la sabiduría, el primer paso en este sentido. No temer a Dios es no creer en Él, no obedecerle, y no ser consecuente con nuestra profesión de fe, porque tememos otra cosa más de lo que tememos al Señor. Puede ser que temamos perder nuestra vida, nuestro empleo, nuestra reputación, nuestros amigos, nuestro novio, una buena oportunidad, algo divertido. Las posibilidades son muchas, pero en efecto,  lo que tememos más que a Dios, eso es nuestro dios.  

Si profesamos fe en Dios, pero no somos consecuentes, mentimos. Somos“perversos de labios”.  La persona íntegra es fiel a sus convicciones. Es honesta. Es mejor ser honesto que mentiroso: “Mejor caminar en integridad que ser de perversos labios”.  ¿Tú lo crees? ¿Y si eres honesto y se reían de ti? Pues, que se rían. Si no somos honestos, somos fatuos, es decir, tontos. Las personas que no aman a Dios son tontas: “El necio dice en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1). Y los que dicen que aman al Señor, pero mientan, porque no son consecuentes, también son tontos. 

Solo hay dos categorías. O bien uno teme a Dios, es consecuente, se muestra honesto, y su profesión de fe es válida, o bien, dice que no hay Dios, o dice que lo hay, pero le niega con su boca o con su conducta y se muestra mentiroso y es tonto. Los sabios son consecuentes. Ellos aman a Dios de verdad. Son fieles a sus convicciones, pagan el precio por serlo, y heredan la vida eterna. No hay cosa más necia que terminar en el infierno. Es perder todo el bien que existe, perder el amor, la paz, y el enorme placer de conocer a Dios y vivir en el Paraíso para siempre. El diablo es tonto, insensato, el verdadero perdedor. Habiendo tenido la vida eterna y el cielo y la gloria, lo cambió por el infierno y no ganó nada a cambio. Esta es la verdadera necedad. La cosa más inteligente es amar a Dios, temerle y servirle. No hay cosa mejor.  

Enviado por Hno. Mario

Para aliviar el peso de nuestras cargas

Para aliviar el peso de nuestras cargas

Leer | MATEO 11.28-30

Todos llevamos muchas cargas a lo largo de la vida. Algunas pueden referirse a cosas cotidianas como las finanzas o las relaciones, pero podemos también sentirnos abrumados por las incógnitas del futuro. Éstas pueden abrumarnos hasta el punto del agotamiento, si no las manejamos bíblicamente.

Jesús sabía lo difícil que sería la vida para nosotros. Después de todo, Él era humano también. Pero nuestro Salvador no quería que lleváramos un peso innecesario, porque sabía que nuestro Padre celestial puede llevarlo por nosotros.

Por eso dijo las palabras del pasaje de hoy; son palabras llenas de promesa y de esperanza de alivio. Pero, ¿cómo podemos aplicar de manera práctica lo que nos está diciendo, en medio de las dificultades? Primero, Él quiere que reconozcamos que tenemos una carga específica y que identifiquemos el problema. Finalmente, podemos llevarlo ante Él. Dios nos dice que se lo entreguemos a Él (Sal 55.22), y Dios llevará nuestra carga.

Si nos arrodillamos ante Dios en oración, y le pedimos que se ocupe del problema, podemos sentirnos libres de esa carga. Aunque Él puede cambiar las circunstancias, a menudo permite que sigan ahí. Podemos seguir pensando en el problema y vivir con sus implicaciones, pero ya no tendremos que ceder bajo su presión.

¿Está usted llevando una carga pesada? Encuentre alivio en el Salvador, poniendo sus preocupaciones en sus poderosas manos. El Señor Jesús desea que usted tenga paz, incluso en medio de las pruebas. Y ha provisto todo lo que se necesita para ser libre de las cargas. ¿Dejará que Él se las quite?

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Construyendo puentes hacia el Reino

Construyendo puentes hacia el reino

Leer | MATEO 25.31-34

La Biblia se refiere al “reino de Dios” con frecuencia, pero muchas personas no tienen claro su significado. Echemos un vistazo a este concepto.

Lo primero que debemos comprender es que el reino de los cielos se refiere a todo bajo el control de Cristo. En el momento de la salvación, pasamos del reino de las tinieblas a la resplandeciente autoridad del Señor Jesús.

Como dicen los versículos de hoy, el reino y el reinado del Señor Jesucristo han sido dispuestos desde la fundación del mundo. Desde el comienzo, Dios ha estado preparando a la humanidad para lo que está por venir. Una manera fue mediante el uso de los profetas para predecir cómo iba a redimir a la humanidad y a gobernar soberanamente sobre el cielo y la Tierra.

Después que Jesús vino y dio su vida, Él estableció el “actual” reino. No se trata de un lugar geográfico, sino del lugar donde mora el Espíritu Santo de Dios para guiar, aconsejar y dar poder a los creyentes.

Pero hay también un aspecto futuro del reino, que podemos esperar con emoción. Probablemente usted está familiarizado con las palabras “venga tu reino” del Padrenuestro (Lc 11.2). Esto habla de cielos nuevos y tierra nueva, donde disfrutaremos de la libertad del dolor y el pecado. Allí, adoraremos al Señor Jesús con gozo y regocijo por toda la eternidad.

Como embajadores del reino de Dios, quienes somos sus hijos tenemos la responsabilidad y el privilegio de compartir que por la muerte, la sepultura y la resurrección del Señor Jesús, toda persona que pone su fe en Él es perdonada del pecado, y tiene asegurada la vida eterna con Dios.

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Nuestras recompensas eternas

Nuestras recompensas eternas

Leer | APOCALIPSIS 4.9-11

A lo largo de la Biblia, encontramos referencias a la “coronas”. Demos un vistazo a estas recompensas eternas.

La corona de victoria. Para terminar bien en la vida, los creyentes necesitamos resistencia olímpica. Los atletas en los juegos de la antigüedad recibían una diadema perecedera de hojas de laurel. Pero si somos efectivos en la tarea que Dios nos ha dado, y triunfamos sobre el pecado, recibiremos una corona incorruptible (1 Co 9.25-27).

La corona de gozo y gloria. Los creyentes a quienes ayudamos a traer a Cristo, serán “nuestro gozo y gloria” delante de nuestro Señor (1 Ts 2.18-20). Imagine cómo será su regocijo en el cielo cuando vea y hable con las personas que reconocen su contribución a su desarrollo espiritual.

La corona de justicia. La vida cristiana no es fácil, pero hay una gran recompensa por vivir rectamente cuando se enfrentan la tentación o las adversidades. Los creyentes que buscan la santidad están pensando constantemente en la vida futura, y anhelan su reunión con Dios con una conciencia pura (2 Ti 4.5-8).

La corona de la vida. La aflicción y el dolor son inevitables, pero podemos cobrar ánimos al saber que gran parte del crecimiento espiritual se produce en la adversidad. Persevere para recibir la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman (Stg 1.12).

¿Qué haremos en el cielo con las coronas que hemos ganado? Las echaremos a los pies del Señor Jesús (Ap 4.10), como homenaje a Aquel que nos salvó, nos dio dones, nos preparó y vivió en nosotros. Todo lo bueno y justo vino a nosotros por medio del Señor, y por eso merece nuestras coronas.

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Oración en tiempos de …

Oración en tiempos de incompetencia

Leer | Nehemías 2.1-10

Después que Nehemías se enteró de la desesperada situación de los judíos que habían regresado del exilio a Jerusalén, su corazón estaba agobiado (Neh 1.3, 4). Al conseguir su atención de esta manera, el Señor pudo revelarle a Nehemías lo que Él quería que hiciera. La Escritura no detalla su reacción al darse cuenta de que iba a ser parte de la solución, pero podemos imaginar la sensación de incompetencia que lo envolvió. ¿Cómo podría él ser de ayuda? Ni siquiera estaba cerca de Jerusalén, y en su posición como servidor del rey, no tenía la libertad de hacer las maletas y marcharse.

Pero, cuando Dios pone una carga en nuestro corazón, Él abrirá una puerta para llevar a cabo su voluntad. En este caso, el Señor usó la expresión de tristeza y la desesperada oración de Nehemías para preparar a un rey pagano para que lo enviara en su misión.

¿Cómo responde usted cuando siente que el Señor le está llamando a una tarea que parece estar más allá de sus capacidades? ¿Hace una lista de todas las razones que tiene para no hacerla? Dios ya conoce todo sobre usted y la situación. No le está pidiendo su permiso para proceder, sino que le está llamando a avanzar con fe y obediencia. Él no cometió ningún error al escogerle para la tarea, pero usted cometerá un gran error si se niega a realizarla.

Dios le preparará para seguir su llamado. El Espíritu Santo mora en cada creyente, y hace que cumplamos con la misión del Señor. No deje que el sentimiento de incompetencia le impida obedecer, mas bien póngase de rodillas para que pueda levantarse con una visión y un poder renovados.

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Regalos de la salvación

Regalos de la salvación

Leer | JUAN 3.2, 3

La mala decisión de Adán y Eva ha afectado a toda la humanidad. Como resultado de su desobediencia, desde ese momento toda persona ha nacido en el pecado.

Por nuestro corazón pecaminoso (Jer 17.9), no estamos aptos para estar en la santa presencia de Dios. Sin embargo, Él desea relacionarse con nosotros. Por esta razón, Jesús, que no hizo nada malo, llevó nuestras iniquidades y sufrió la pena de muerte que nosotros merecíamos. Después se levantó de la tumba, demostrando así que todo lo que había prometido se cumplirá. De esta manera, Él ha dado a sus seguidores acceso al Padre celestial. La salvación es un regalo para toda persona que pone su fe en Jesús, y recibe el sacrificio de Cristo como la expiación por sus pecados.

Cuando recibimos este maravilloso regalo, se producen varios cambios en nosotros. Primero, somos hechos personas nuevas (2 Co 5.17). Aunque la condición carnal seguirá allí, la salvación da como resultado el perdón, un corazón purificado y nuestra adopción como hijos de Dios. Segundo, nos convertimos en parte del cuerpo de Cristo; es decir, pertenecemos a la preciosa familia de creyentes del pasado, el presente y el futuro. Tercero, pertenecemos al reino de los cielos. Esto significa que, a pesar de que seguimos viviendo en naciones gobernadas por líderes humanos, nos desempeñamos bajo la autoridad de Jesucristo.

El verdadero servicio se da solo cuando dejamos que el Todopoderoso se derrame a través nuestro, que no somos más que simples vasos en sus manos. Y aunque el impacto no sea evidente para nosotros, sabemos que Dios ha logrado su propósito: ser glorificado.

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Todo cristiano será…

Todo cristiano será recompensado

Leer | 1 CORINTIOS 3.10-15

La Palabra es muy clara en cuanto al hecho de que a los creyentes que obedecen a Dios y traen gloria a su nombre, les aguardan recompensas maravillosas. En el Salmo 19, David escribió que hay una gran recompensa por guardar los mandamientos del Señor (v. 11). Además, la promesa de los regalos celestiales viene directamente de la boca del Señor Jesús en el Sermón del monte (Mt 5.12).

Lea una vez más el pasaje de hoy, y observe la afirmación de Pablo de que tanto él como Apolo recibirán recompensas por su servicio a los corintios (v. 8). Dios no ofrece ni reserva sus tesoros solo para aquellos que trabajan para la iglesia. Todos somos ministros del evangelio, cuyas buenas obras acumulan tesoros en el cielo. Dios ve nuestras decisiones y acciones guiadas por el Espíritu Santo, como dignas de recompensa. Es posible que usted no se sienta importante en este mundo tan grande, pero cada acción y cada palabra suyas le importan a Dios. Lo que Él valora es el creyente que se rinde a la dirección del Espíritu Santo.

La motivación detrás de nuestras acciones también es importante; a veces se hacen buenas obras por las razones equivocadas. Cuando una persona busca el aplauso de los hombres, sus elogios es su única recompensa. Aunque puedan sentirse bien por un tiempo, la adulación no es eterna.

Sospecho que todos derramaremos lágrimas por las buenas acciones que no hicimos, o por el trabajo que hicimos para la gloria personal. Nos daremos cuenta de cuánto más pudimos haber hecho para el Señor. Pero luego él secará nuestras lágrimas y nos dará nuestra recompensa eterna.

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El compromiso a prueba

El compromiso a prueba

Leer | GÉNESIS 22.4-18

Abraham comenzó a caminar con el Señor mucho antes de que le pidiera que ofreciera a Isaac en el altar. Su primer paso había sido dejar su hogar y sus parientes para ir a una tierra que Dios había prometido mostrarle. Pero ahora le estaba diciendo que renunciara a la persona que más amaba. Isaac era el hijo de la promesa, por medio de quién Dios formaría una gran nación y bendeciría al mundo entero. Este fue el desafío más grande que Abraham había enfrentado en toda su vida, pero obedeció.

El Señor nunca nos permite estar descansando en una meseta espiritual. Es por eso que Él, a veces, pone a prueba nuestro compromiso. Estas oportunidades que tenemos para crecer son una expresión de su amor, porque Él sabe que quedarnos inmóviles no es lo mejor para nosotros. La prueba está diseñada para ayudarnos a crecer en fe, obediencia y madurez espiritual, al mismo tiempo que nuestra dedicación se vuelve más grande. Así es como nos convertimos en siervos valiosos para su reino.

La obediencia de Abraham a esta prueba de fuego se debió a su comprensión de Dios. Él creía que el Señor cumpliría su promesa de darle descendencia a través de Isaac, aunque eso requiriera resucitar al muchacho (He 11.17-19). Fue por eso que Abraham dijo confiadamente a sus siervos: “Adoraremos y volveremos a vosotros” (Gé 22.5). Sabía que el Señor era fiel.

Si usted está pasando por una prueba, Dios está buscando elevar su compromiso con Él a un nuevo nivel. Quiere demostrarle que Él es fiel a sus promesas, y le bendecirá en gran medida por su obediencia. El crecimiento puede ser doloroso, pero Él le envolverá con su amor y le llevará a la victoria.

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Su compromiso …

Su compromiso es un testimonio

Leer | DANIEL 6.1-28

Daniel había estado viviendo fielmente su compromiso con el Señor desde que era adolescente. Su testimonio de integridad y santidad lo mantuvo durante toda una vida, durante la cual había sido retado con frecuencia a transigir en su fe.

El pasaje de hoy lo muestra enfrentando una situación angustiosamente peligrosa: el foso de los leones. Aunque normalmente centramos nuestra atención en Daniel y los animales, un aspecto sorprendente de esta historia es la reacción del rey.
A pesar de que había firmado imprudentemente la ley que había puesto a Daniel en esa situación tan peligrosa, Darío estaba tan impresionado por Daniel, que trató de salvarlo. Cuando los esfuerzos del gobernante fracasaron, hizo una sorprendente declaración de confianza en el Señor: “El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre” (v. 16). ¡Eso sí que es un testimonio!

¿Su inquebrantable devoción a Cristo guía a otros a confiar en su Salvador? Muchos cristianos tienen un compromiso de conveniencia. Se mantendrán fieles, siempre y cuando eso no implique ningún riesgo, rechazo o crítica. En lugar de mantenerse de pie y solos ante el desafío o la tentación, esperan ver qué harán sus amigos. ¿Qué clase de testimonio es ése? ¿Quién va a querer seguir a nuestro Dios, si nosotros mismos no lo seguimos? Nuestra respuesta atrae a los demás a Jesús, o los aleja.

Si usted desea ser como Daniel, ponga en práctica su compromiso con Cristo públicamente. El tiempo que pase a solas con Dios transformará su carácter y aumentará su dedicación a Él. Entonces su integridad y su conducta consagrada en un mundo incrédulo harán que otros deseen conocer al Señor.

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La inversión …

La inversión más grande en la vida

Leer | HECHOS 26.13-18

¿Cuál es la inversión más valiosa que una persona puede hacer en la vida? ¿Se trata de una inversión que produce enormes dividendos? ¿O de una carrera lucrativa? Para algunos, la familia podría ser la respuesta, mientras que otros pudieran elegir dar tiempo y dinero a la iglesia. Todas estas cosas son buenas, pero el Señor le mostró a Pablo lo que Él considera que era el mejor uso de nuestras vidas: ayudar a alguien a llegar a conocer a Cristo para que sea salvo, es el mayor logro posible.

Cuando usted se convierte en un instrumento en las manos de Dios invitando a alguien al reino de Cristo, usted marca la diferencia en el destino eterno de esa persona, y además contribuye a que Satanás reciba un golpe devastador. Imagine la derrota que sufrió cuando Pablo entrego su vida al Señor Jesús. Lo mismo es cierto para cualquier nuevo creyente: todos los planes del diablo para esa persona son frustrados. Cuando una persona comienza a vivir en la voluntad de Dios, no se sabe hasta dónde llegará el Señor en lo que hará en y a través de ella.

Además de esto, cada vez que usted le presenta al Salvador a alguien, está realizando el trabajo de la iglesia. Jesús dijo a sus seguidores que hicieran discípulos a todas las naciones (Mt 28.19). Esta gigantesca tarea se lleva a cabo con una persona a la vez, cuando cada uno de nosotros hace su parte para compartir el evangelio.

El plan de Dios para la extensión de su reino es muy sencillo: una persona le habla a otra del Salvador. Recuerde que el destino eterno de alguien está en juego. El gozo que usted tendrá cuando vea a esa persona en el cielo, será muy superior a la incomodidad que pudo haber sentido al compartir el evangelio.

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Nuestro hogar celestial

Nuestro hogar celestial

Leer | APOCALIPSIS 21.22—22.6

Por más agradable que sea viajar, la mayoría de nosotros admitiría que tenemos una sensación de seguridad y placer cuando estamos de nuevo en casa. Hay algo reconfortante en abrir la puerta, ver cosas familiares y sentir que estamos en casa.

Al apóstol Juan se le dio una visión que incluía atisbos de nuestro futuro hogar, la nueva Jerusalén. A usted puede sorprenderle saber que algunas cosas de nuestra vieja morada no estarán allí. Pero lo que las reemplazará será infinitamente mejor.

Primeramente, no había ninguna iglesia en la visión de Juan, “porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero” (Ap 21.22). Las denominaciones ya no dividirán el cuerpo de Cristo, ni el sol ni la luna brillarán sobre la ciudad en ese día, “porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (v. 23). Imagine –no habrá necesidad de electricidad, linternas o velas.

Otra diferencia es que las puertas de la ciudad estarán siempre abiertas. Puesto que no habrá pecado, las cerraduras no serán necesarias en nuestro hogar celestial. También estarán ausentes la muerte y la corrupción. De hecho, nada impuro entrará a ese hogar futuro; la santidad absoluta caracterizará a ese lugar paradisíaco y el sufrimiento será una cosa del pasado. Lo que tenemos que anhelar es la vida abundante en Cristo, pura y sin mancha.

Piense en la cómoda sensación que usted tiene al abrir la puerta de su casa. Eso es apenas una pequeña idea de lo que sentiremos algún día cuando lleguemos al lugar que nuestro Padre celestial ha preparado para nosotros en el cielo. ¡Finalmente –y para siempre– estaremos en casa!

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Orar por un cambio

Orar por un cambio

Leer | SANTIAGO 5.16

La placa favorita de mi madre, que colgada todo el tiempo sobre la puerta de nuestra casa, nos recordaba: “La oración cambia las cosas”. Desde que yo era muy pequeño, fui testigo de esta poderosa verdad mediante su ejemplo. Ella me contaba algunas dificultades que estaba enfrentando, y luego me pedía que orara por esos motivos con ella. Y después se aseguraba siempre de dar la gloria a Dios cuando compartía la maravillosa noticia de que Él había respondido esas oraciones.

De hecho, esta es nuestra confianza: que cualquier cosa que pidamos, que se alinee con el plan del Padre, será concedida. Y cuanto más tiempo pasemos con Él, más llegaremos a entender su voluntad y cómo orar por ella.

Recuerde que la oración no hace cambiar de parecer a Dios, pero sí transforma el corazón del creyente. Algunas peticiones son concedidas de inmediato, simplemente porque pedimos con la comprensión de que a nuestro Padre celestial le encanta darnos cosas buenas. Otras peticiones pueden requerir más tiempo o ciertos preparativos divinos antes de que nos sean concedidas. Nosotros, mientras tanto, debemos simplemente ser persistentes en la oración.

Cualquiera que sea la respuesta o el tiempo del Señor, tenemos la confiamos en que Él solo tiene reservado lo mejor para sus hijos.

La oración nos permite ser testigos de la mano de Dios en cualquier situación. Y a medida que damos atención, tiempo y perseverancia a la conversación con Él, no hay ningún límite para lo que podemos lograr en los corazones y las circunstancias de las personas.

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