Mes: agosto 2016

Ser íntegro o ser necio

SER ÍNTEGRO O SER NECIO

 

“Mejor es el pobre que camina en integridad, que el de perversos labios y fatuo” (Prov. 19:1).

La persona que no es íntegra es tonta. Esto es lo que nuestro texto está diciendo. ¡Es mentiroso, engañador, embustero, y necio! La cosa más inteligente que podemos hacer es temer a Dios. Es el principio de la sabiduría: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Prov. 1:7). No temerle es no ser inteligente. La persona que no teme a Dios ni siquiera ha comenzado a saber nada, porque temerle es el comienzo de la sabiduría, el primer paso en este sentido. No temer a Dios es no creer en Él, no obedecerle, y no ser consecuente con nuestra profesión de fe, porque tememos otra cosa más de lo que tememos al Señor. Puede ser que temamos perder nuestra vida, nuestro empleo, nuestra reputación, nuestros amigos, nuestro novio, una buena oportunidad, algo divertido. Las posibilidades son muchas, pero en efecto,  lo que tememos más que a Dios, eso es nuestro dios.  

Si profesamos fe en Dios, pero no somos consecuentes, mentimos. Somos“perversos de labios”.  La persona íntegra es fiel a sus convicciones. Es honesta. Es mejor ser honesto que mentiroso: “Mejor caminar en integridad que ser de perversos labios”.  ¿Tú lo crees? ¿Y si eres honesto y se reían de ti? Pues, que se rían. Si no somos honestos, somos fatuos, es decir, tontos. Las personas que no aman a Dios son tontas: “El necio dice en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1). Y los que dicen que aman al Señor, pero mientan, porque no son consecuentes, también son tontos. 

Solo hay dos categorías. O bien uno teme a Dios, es consecuente, se muestra honesto, y su profesión de fe es válida, o bien, dice que no hay Dios, o dice que lo hay, pero le niega con su boca o con su conducta y se muestra mentiroso y es tonto. Los sabios son consecuentes. Ellos aman a Dios de verdad. Son fieles a sus convicciones, pagan el precio por serlo, y heredan la vida eterna. No hay cosa más necia que terminar en el infierno. Es perder todo el bien que existe, perder el amor, la paz, y el enorme placer de conocer a Dios y vivir en el Paraíso para siempre. El diablo es tonto, insensato, el verdadero perdedor. Habiendo tenido la vida eterna y el cielo y la gloria, lo cambió por el infierno y no ganó nada a cambio. Esta es la verdadera necedad. La cosa más inteligente es amar a Dios, temerle y servirle. No hay cosa mejor.  

Enviado por Hno. Mario

Para aliviar el peso de nuestras cargas

Para aliviar el peso de nuestras cargas

Leer | MATEO 11.28-30

Todos llevamos muchas cargas a lo largo de la vida. Algunas pueden referirse a cosas cotidianas como las finanzas o las relaciones, pero podemos también sentirnos abrumados por las incógnitas del futuro. Éstas pueden abrumarnos hasta el punto del agotamiento, si no las manejamos bíblicamente.

Jesús sabía lo difícil que sería la vida para nosotros. Después de todo, Él era humano también. Pero nuestro Salvador no quería que lleváramos un peso innecesario, porque sabía que nuestro Padre celestial puede llevarlo por nosotros.

Por eso dijo las palabras del pasaje de hoy; son palabras llenas de promesa y de esperanza de alivio. Pero, ¿cómo podemos aplicar de manera práctica lo que nos está diciendo, en medio de las dificultades? Primero, Él quiere que reconozcamos que tenemos una carga específica y que identifiquemos el problema. Finalmente, podemos llevarlo ante Él. Dios nos dice que se lo entreguemos a Él (Sal 55.22), y Dios llevará nuestra carga.

Si nos arrodillamos ante Dios en oración, y le pedimos que se ocupe del problema, podemos sentirnos libres de esa carga. Aunque Él puede cambiar las circunstancias, a menudo permite que sigan ahí. Podemos seguir pensando en el problema y vivir con sus implicaciones, pero ya no tendremos que ceder bajo su presión.

¿Está usted llevando una carga pesada? Encuentre alivio en el Salvador, poniendo sus preocupaciones en sus poderosas manos. El Señor Jesús desea que usted tenga paz, incluso en medio de las pruebas. Y ha provisto todo lo que se necesita para ser libre de las cargas. ¿Dejará que Él se las quite?

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Construyendo puentes hacia el Reino

Construyendo puentes hacia el reino

Leer | MATEO 25.31-34

La Biblia se refiere al “reino de Dios” con frecuencia, pero muchas personas no tienen claro su significado. Echemos un vistazo a este concepto.

Lo primero que debemos comprender es que el reino de los cielos se refiere a todo bajo el control de Cristo. En el momento de la salvación, pasamos del reino de las tinieblas a la resplandeciente autoridad del Señor Jesús.

Como dicen los versículos de hoy, el reino y el reinado del Señor Jesucristo han sido dispuestos desde la fundación del mundo. Desde el comienzo, Dios ha estado preparando a la humanidad para lo que está por venir. Una manera fue mediante el uso de los profetas para predecir cómo iba a redimir a la humanidad y a gobernar soberanamente sobre el cielo y la Tierra.

Después que Jesús vino y dio su vida, Él estableció el “actual” reino. No se trata de un lugar geográfico, sino del lugar donde mora el Espíritu Santo de Dios para guiar, aconsejar y dar poder a los creyentes.

Pero hay también un aspecto futuro del reino, que podemos esperar con emoción. Probablemente usted está familiarizado con las palabras “venga tu reino” del Padrenuestro (Lc 11.2). Esto habla de cielos nuevos y tierra nueva, donde disfrutaremos de la libertad del dolor y el pecado. Allí, adoraremos al Señor Jesús con gozo y regocijo por toda la eternidad.

Como embajadores del reino de Dios, quienes somos sus hijos tenemos la responsabilidad y el privilegio de compartir que por la muerte, la sepultura y la resurrección del Señor Jesús, toda persona que pone su fe en Él es perdonada del pecado, y tiene asegurada la vida eterna con Dios.

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Nuestras recompensas eternas

Nuestras recompensas eternas

Leer | APOCALIPSIS 4.9-11

A lo largo de la Biblia, encontramos referencias a la “coronas”. Demos un vistazo a estas recompensas eternas.

La corona de victoria. Para terminar bien en la vida, los creyentes necesitamos resistencia olímpica. Los atletas en los juegos de la antigüedad recibían una diadema perecedera de hojas de laurel. Pero si somos efectivos en la tarea que Dios nos ha dado, y triunfamos sobre el pecado, recibiremos una corona incorruptible (1 Co 9.25-27).

La corona de gozo y gloria. Los creyentes a quienes ayudamos a traer a Cristo, serán “nuestro gozo y gloria” delante de nuestro Señor (1 Ts 2.18-20). Imagine cómo será su regocijo en el cielo cuando vea y hable con las personas que reconocen su contribución a su desarrollo espiritual.

La corona de justicia. La vida cristiana no es fácil, pero hay una gran recompensa por vivir rectamente cuando se enfrentan la tentación o las adversidades. Los creyentes que buscan la santidad están pensando constantemente en la vida futura, y anhelan su reunión con Dios con una conciencia pura (2 Ti 4.5-8).

La corona de la vida. La aflicción y el dolor son inevitables, pero podemos cobrar ánimos al saber que gran parte del crecimiento espiritual se produce en la adversidad. Persevere para recibir la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman (Stg 1.12).

¿Qué haremos en el cielo con las coronas que hemos ganado? Las echaremos a los pies del Señor Jesús (Ap 4.10), como homenaje a Aquel que nos salvó, nos dio dones, nos preparó y vivió en nosotros. Todo lo bueno y justo vino a nosotros por medio del Señor, y por eso merece nuestras coronas.

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Oración en tiempos de …

Oración en tiempos de incompetencia

Leer | Nehemías 2.1-10

Después que Nehemías se enteró de la desesperada situación de los judíos que habían regresado del exilio a Jerusalén, su corazón estaba agobiado (Neh 1.3, 4). Al conseguir su atención de esta manera, el Señor pudo revelarle a Nehemías lo que Él quería que hiciera. La Escritura no detalla su reacción al darse cuenta de que iba a ser parte de la solución, pero podemos imaginar la sensación de incompetencia que lo envolvió. ¿Cómo podría él ser de ayuda? Ni siquiera estaba cerca de Jerusalén, y en su posición como servidor del rey, no tenía la libertad de hacer las maletas y marcharse.

Pero, cuando Dios pone una carga en nuestro corazón, Él abrirá una puerta para llevar a cabo su voluntad. En este caso, el Señor usó la expresión de tristeza y la desesperada oración de Nehemías para preparar a un rey pagano para que lo enviara en su misión.

¿Cómo responde usted cuando siente que el Señor le está llamando a una tarea que parece estar más allá de sus capacidades? ¿Hace una lista de todas las razones que tiene para no hacerla? Dios ya conoce todo sobre usted y la situación. No le está pidiendo su permiso para proceder, sino que le está llamando a avanzar con fe y obediencia. Él no cometió ningún error al escogerle para la tarea, pero usted cometerá un gran error si se niega a realizarla.

Dios le preparará para seguir su llamado. El Espíritu Santo mora en cada creyente, y hace que cumplamos con la misión del Señor. No deje que el sentimiento de incompetencia le impida obedecer, mas bien póngase de rodillas para que pueda levantarse con una visión y un poder renovados.

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Regalos de la salvación

Regalos de la salvación

Leer | JUAN 3.2, 3

La mala decisión de Adán y Eva ha afectado a toda la humanidad. Como resultado de su desobediencia, desde ese momento toda persona ha nacido en el pecado.

Por nuestro corazón pecaminoso (Jer 17.9), no estamos aptos para estar en la santa presencia de Dios. Sin embargo, Él desea relacionarse con nosotros. Por esta razón, Jesús, que no hizo nada malo, llevó nuestras iniquidades y sufrió la pena de muerte que nosotros merecíamos. Después se levantó de la tumba, demostrando así que todo lo que había prometido se cumplirá. De esta manera, Él ha dado a sus seguidores acceso al Padre celestial. La salvación es un regalo para toda persona que pone su fe en Jesús, y recibe el sacrificio de Cristo como la expiación por sus pecados.

Cuando recibimos este maravilloso regalo, se producen varios cambios en nosotros. Primero, somos hechos personas nuevas (2 Co 5.17). Aunque la condición carnal seguirá allí, la salvación da como resultado el perdón, un corazón purificado y nuestra adopción como hijos de Dios. Segundo, nos convertimos en parte del cuerpo de Cristo; es decir, pertenecemos a la preciosa familia de creyentes del pasado, el presente y el futuro. Tercero, pertenecemos al reino de los cielos. Esto significa que, a pesar de que seguimos viviendo en naciones gobernadas por líderes humanos, nos desempeñamos bajo la autoridad de Jesucristo.

El verdadero servicio se da solo cuando dejamos que el Todopoderoso se derrame a través nuestro, que no somos más que simples vasos en sus manos. Y aunque el impacto no sea evidente para nosotros, sabemos que Dios ha logrado su propósito: ser glorificado.

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Todo cristiano será…

Todo cristiano será recompensado

Leer | 1 CORINTIOS 3.10-15

La Palabra es muy clara en cuanto al hecho de que a los creyentes que obedecen a Dios y traen gloria a su nombre, les aguardan recompensas maravillosas. En el Salmo 19, David escribió que hay una gran recompensa por guardar los mandamientos del Señor (v. 11). Además, la promesa de los regalos celestiales viene directamente de la boca del Señor Jesús en el Sermón del monte (Mt 5.12).

Lea una vez más el pasaje de hoy, y observe la afirmación de Pablo de que tanto él como Apolo recibirán recompensas por su servicio a los corintios (v. 8). Dios no ofrece ni reserva sus tesoros solo para aquellos que trabajan para la iglesia. Todos somos ministros del evangelio, cuyas buenas obras acumulan tesoros en el cielo. Dios ve nuestras decisiones y acciones guiadas por el Espíritu Santo, como dignas de recompensa. Es posible que usted no se sienta importante en este mundo tan grande, pero cada acción y cada palabra suyas le importan a Dios. Lo que Él valora es el creyente que se rinde a la dirección del Espíritu Santo.

La motivación detrás de nuestras acciones también es importante; a veces se hacen buenas obras por las razones equivocadas. Cuando una persona busca el aplauso de los hombres, sus elogios es su única recompensa. Aunque puedan sentirse bien por un tiempo, la adulación no es eterna.

Sospecho que todos derramaremos lágrimas por las buenas acciones que no hicimos, o por el trabajo que hicimos para la gloria personal. Nos daremos cuenta de cuánto más pudimos haber hecho para el Señor. Pero luego él secará nuestras lágrimas y nos dará nuestra recompensa eterna.

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El compromiso a prueba

El compromiso a prueba

Leer | GÉNESIS 22.4-18

Abraham comenzó a caminar con el Señor mucho antes de que le pidiera que ofreciera a Isaac en el altar. Su primer paso había sido dejar su hogar y sus parientes para ir a una tierra que Dios había prometido mostrarle. Pero ahora le estaba diciendo que renunciara a la persona que más amaba. Isaac era el hijo de la promesa, por medio de quién Dios formaría una gran nación y bendeciría al mundo entero. Este fue el desafío más grande que Abraham había enfrentado en toda su vida, pero obedeció.

El Señor nunca nos permite estar descansando en una meseta espiritual. Es por eso que Él, a veces, pone a prueba nuestro compromiso. Estas oportunidades que tenemos para crecer son una expresión de su amor, porque Él sabe que quedarnos inmóviles no es lo mejor para nosotros. La prueba está diseñada para ayudarnos a crecer en fe, obediencia y madurez espiritual, al mismo tiempo que nuestra dedicación se vuelve más grande. Así es como nos convertimos en siervos valiosos para su reino.

La obediencia de Abraham a esta prueba de fuego se debió a su comprensión de Dios. Él creía que el Señor cumpliría su promesa de darle descendencia a través de Isaac, aunque eso requiriera resucitar al muchacho (He 11.17-19). Fue por eso que Abraham dijo confiadamente a sus siervos: “Adoraremos y volveremos a vosotros” (Gé 22.5). Sabía que el Señor era fiel.

Si usted está pasando por una prueba, Dios está buscando elevar su compromiso con Él a un nuevo nivel. Quiere demostrarle que Él es fiel a sus promesas, y le bendecirá en gran medida por su obediencia. El crecimiento puede ser doloroso, pero Él le envolverá con su amor y le llevará a la victoria.

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Su compromiso …

Su compromiso es un testimonio

Leer | DANIEL 6.1-28

Daniel había estado viviendo fielmente su compromiso con el Señor desde que era adolescente. Su testimonio de integridad y santidad lo mantuvo durante toda una vida, durante la cual había sido retado con frecuencia a transigir en su fe.

El pasaje de hoy lo muestra enfrentando una situación angustiosamente peligrosa: el foso de los leones. Aunque normalmente centramos nuestra atención en Daniel y los animales, un aspecto sorprendente de esta historia es la reacción del rey.
A pesar de que había firmado imprudentemente la ley que había puesto a Daniel en esa situación tan peligrosa, Darío estaba tan impresionado por Daniel, que trató de salvarlo. Cuando los esfuerzos del gobernante fracasaron, hizo una sorprendente declaración de confianza en el Señor: “El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre” (v. 16). ¡Eso sí que es un testimonio!

¿Su inquebrantable devoción a Cristo guía a otros a confiar en su Salvador? Muchos cristianos tienen un compromiso de conveniencia. Se mantendrán fieles, siempre y cuando eso no implique ningún riesgo, rechazo o crítica. En lugar de mantenerse de pie y solos ante el desafío o la tentación, esperan ver qué harán sus amigos. ¿Qué clase de testimonio es ése? ¿Quién va a querer seguir a nuestro Dios, si nosotros mismos no lo seguimos? Nuestra respuesta atrae a los demás a Jesús, o los aleja.

Si usted desea ser como Daniel, ponga en práctica su compromiso con Cristo públicamente. El tiempo que pase a solas con Dios transformará su carácter y aumentará su dedicación a Él. Entonces su integridad y su conducta consagrada en un mundo incrédulo harán que otros deseen conocer al Señor.

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La inversión …

La inversión más grande en la vida

Leer | HECHOS 26.13-18

¿Cuál es la inversión más valiosa que una persona puede hacer en la vida? ¿Se trata de una inversión que produce enormes dividendos? ¿O de una carrera lucrativa? Para algunos, la familia podría ser la respuesta, mientras que otros pudieran elegir dar tiempo y dinero a la iglesia. Todas estas cosas son buenas, pero el Señor le mostró a Pablo lo que Él considera que era el mejor uso de nuestras vidas: ayudar a alguien a llegar a conocer a Cristo para que sea salvo, es el mayor logro posible.

Cuando usted se convierte en un instrumento en las manos de Dios invitando a alguien al reino de Cristo, usted marca la diferencia en el destino eterno de esa persona, y además contribuye a que Satanás reciba un golpe devastador. Imagine la derrota que sufrió cuando Pablo entrego su vida al Señor Jesús. Lo mismo es cierto para cualquier nuevo creyente: todos los planes del diablo para esa persona son frustrados. Cuando una persona comienza a vivir en la voluntad de Dios, no se sabe hasta dónde llegará el Señor en lo que hará en y a través de ella.

Además de esto, cada vez que usted le presenta al Salvador a alguien, está realizando el trabajo de la iglesia. Jesús dijo a sus seguidores que hicieran discípulos a todas las naciones (Mt 28.19). Esta gigantesca tarea se lleva a cabo con una persona a la vez, cuando cada uno de nosotros hace su parte para compartir el evangelio.

El plan de Dios para la extensión de su reino es muy sencillo: una persona le habla a otra del Salvador. Recuerde que el destino eterno de alguien está en juego. El gozo que usted tendrá cuando vea a esa persona en el cielo, será muy superior a la incomodidad que pudo haber sentido al compartir el evangelio.

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Nuestro hogar celestial

Nuestro hogar celestial

Leer | APOCALIPSIS 21.22—22.6

Por más agradable que sea viajar, la mayoría de nosotros admitiría que tenemos una sensación de seguridad y placer cuando estamos de nuevo en casa. Hay algo reconfortante en abrir la puerta, ver cosas familiares y sentir que estamos en casa.

Al apóstol Juan se le dio una visión que incluía atisbos de nuestro futuro hogar, la nueva Jerusalén. A usted puede sorprenderle saber que algunas cosas de nuestra vieja morada no estarán allí. Pero lo que las reemplazará será infinitamente mejor.

Primeramente, no había ninguna iglesia en la visión de Juan, “porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero” (Ap 21.22). Las denominaciones ya no dividirán el cuerpo de Cristo, ni el sol ni la luna brillarán sobre la ciudad en ese día, “porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (v. 23). Imagine –no habrá necesidad de electricidad, linternas o velas.

Otra diferencia es que las puertas de la ciudad estarán siempre abiertas. Puesto que no habrá pecado, las cerraduras no serán necesarias en nuestro hogar celestial. También estarán ausentes la muerte y la corrupción. De hecho, nada impuro entrará a ese hogar futuro; la santidad absoluta caracterizará a ese lugar paradisíaco y el sufrimiento será una cosa del pasado. Lo que tenemos que anhelar es la vida abundante en Cristo, pura y sin mancha.

Piense en la cómoda sensación que usted tiene al abrir la puerta de su casa. Eso es apenas una pequeña idea de lo que sentiremos algún día cuando lleguemos al lugar que nuestro Padre celestial ha preparado para nosotros en el cielo. ¡Finalmente –y para siempre– estaremos en casa!

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Orar por un cambio

Orar por un cambio

Leer | SANTIAGO 5.16

La placa favorita de mi madre, que colgada todo el tiempo sobre la puerta de nuestra casa, nos recordaba: “La oración cambia las cosas”. Desde que yo era muy pequeño, fui testigo de esta poderosa verdad mediante su ejemplo. Ella me contaba algunas dificultades que estaba enfrentando, y luego me pedía que orara por esos motivos con ella. Y después se aseguraba siempre de dar la gloria a Dios cuando compartía la maravillosa noticia de que Él había respondido esas oraciones.

De hecho, esta es nuestra confianza: que cualquier cosa que pidamos, que se alinee con el plan del Padre, será concedida. Y cuanto más tiempo pasemos con Él, más llegaremos a entender su voluntad y cómo orar por ella.

Recuerde que la oración no hace cambiar de parecer a Dios, pero sí transforma el corazón del creyente. Algunas peticiones son concedidas de inmediato, simplemente porque pedimos con la comprensión de que a nuestro Padre celestial le encanta darnos cosas buenas. Otras peticiones pueden requerir más tiempo o ciertos preparativos divinos antes de que nos sean concedidas. Nosotros, mientras tanto, debemos simplemente ser persistentes en la oración.

Cualquiera que sea la respuesta o el tiempo del Señor, tenemos la confiamos en que Él solo tiene reservado lo mejor para sus hijos.

La oración nos permite ser testigos de la mano de Dios en cualquier situación. Y a medida que damos atención, tiempo y perseverancia a la conversación con Él, no hay ningún límite para lo que podemos lograr en los corazones y las circunstancias de las personas.

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Apartado para Dios

Apartado para Dios

Leer | ROMANOS 12.1-3

Cuando una persona pone su fe en Jesucristo, se convierte en un nuevo creyente y es santificada, es decir, apartada para el propósito de Dios. A diferencia de la salvación, que tiene lugar en un solo momento, la santificación es un proceso que dura toda la vida. Quienes somos seguidores del Salvador debemos dejar que el Espíritu Santo controle nuestras vidas. Si ese es el caso, ahora mismo estamos siendo santificados, no importa lo que podamos sentir o cómo parezcan nuestras acciones a los demás. Dicho de otra manera, estamos madurando progresivamente en nuestra fe.

Y si estamos progresando, debemos estar esforzándonos hacia el logro de algo. El apóstol Pablo explicó la misión del cristiano: “Porque a los que [Dios] antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Ro 8.29). El carácter, la conducta y la conversación de un creyente, deben ser reflejos de Cristo, quien vive en nosotros. Dejados por nuestra cuenta, pondríamos demasiado énfasis en la conducta y nos ocuparíamos de reglas y ceremonias que parecen cristianas, sin reflejar verdaderamente a Cristo. Pero Dios ha dado a cada creyente el Espíritu Santo como maestro y guía. El Espíritu trabaja para transformar nuestras mentes y corazones, de modo que hablemos y actuemos de acuerdo con nuestra verdadera identidad: hijos e hijas de Dios.

Nuestro Padre celestial quiere que sus hijos sean ejemplos vivientes de quién es Él. Dios no espera perfección; sabe que no podemos estar totalmente apartados del pecado. Pero nos enseña cómo pensar y actuar, para que podamos “[andar] como es digno de la vocación con que [fuimos] llamados” (Ef 4.1).

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Los efectos secundarios del temor

Los efectos secundarios del temor

Leer | MATEO 6.25-34

Obviamente, el temor produce ansiedad, pero también crea caos en nuestras vidas, e incluso afecta a quienes nos rodean.

  • El temor ahoga nuestro pensamiento y nuestras acciones. Crea indecisión que causa estancamiento. He conocido a personas talentosas que posponen todo indefinidamente para no arriesgarse a fracasar.
  • El temor nos impide convertirnos en las personas que Dios quiere que seamos. Cuando estamos dominados por emociones negativas, no podemos lograr los propósitos que Él tiene para nosotros. La falta de confianza en uno mismo bloquea la convicción de lo que el Señor puede hacer en y por medio de nuestra vida.
  • El temor puede llevar a las personas a hábitos destructivos. Para insensibilizar el dolor de la angustia y de los sentimientos de temor, algunas personas recurren a las drogas, medicamentos o al alcohol.
  • El temor roba la paz y la alegría. Cuando vivimos con temor, nuestra vida se centra en el pesimismo y la desesperanza.
  • El temor crea dudas. Dios promete bendecirnos, pero si nos rendimos al temor, nuestras oraciones no valdrán mucho.

¿A qué le teme usted? ¿Al fracaso, al rechazo, a la pobreza o a la muerte? Todo el mundo enfrentará estas realidades en algún momento. Lo único que usted necesita saber es que Dios nunca le rechazará. Que usted lo acepte a Él o no, es su decisión.

Dios alimenta a las aves del cielo y viste a la hierba con el esplendor de los lirios. ¿Cuánto más, entonces, no cuidará de la nosotros, que estamos hechos a su imagen? Nuestra única preocupación debe ser obedecer al Padre celestial y dejar las consecuencias en sus manos.

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Cuando se abusa de la paciencia de Dios

Cuando se abusa de la paciencia de Dios

Leer | ROMANOS 2.4-5

¿Alguna vez ha desatendido la voz acusadora de su corazón? Tal vez excusó su culpabilidad pensando que si Dios hubiera estado realmente molesto, le habría disciplinado inmediatamente. El Salmo 50.21 nos recuerda que el silencio del cielo no significa consentimiento. Permanecer pecando es abusar de la paciencia del Señor.

Cuando Dios parece lento para reaccionar, podríamos pensar que está pasando por alto nuestras faltas, pues nos gustaría continuar en el pecado, ya que el placer momentáneo es más atractivo que la obediencia. Pero, por fortuna, el Padre celestial conoce nuestras debilidades, nuestra carnalidad innata, y el estado de nuestro crecimiento espiritual, y por eso modera su respuesta. Motivado por el amor y el deseo de hacer volver a sus hijos al camino recto, Dios se abstiene de castigarnos de inmediato. En vez de eso, espera que el Espíritu Santo aguijonee el corazón del creyente. El peso de la culpa es, en realidad, una invitación para que no sigamos pecando y volvamos al temor de Dios.

Pero cuando somos tercos, persistimos en el pecado, porque la sentencia contra la mala obra no se ejecuta de prisa (Ec 8.11). En esa peligrosa situación es posible que nos sumerjamos más en el pecado y endurezcamos nuestro corazón contra Dios. Entonces, el llamado del Espíritu Santo al arrepentimiento cae en oídos espiritualmente sordos.

A medida que aprendemos y entendemos más acerca de Dios y sus caminos, somos más responsables de vivir rectamente. El Señor no se tarda, sino que es paciente. No abuse de su paciencia con apática desatención a sus preceptos. Arrepiéntase, y sea santo a los ojos del Señor.

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La paciencia de Dios

La paciencia de Dios

Leer | 2 PEDRO 3.8, 9

La lenta reacción del Señor ante el pecado, muchas veces desconcierta a los creyentes. ¿Por qué no castiga inmediatamente a quienes violan sus preceptos? La breve respuesta se encuentra en 2 Pedro 3: el Señor es paciente, para que todas las personas tengan la oportunidad de arrepentirse (v. 9).

Por nuestra condición humana, queremos que las personas sufran por sus malas acciones. Jonás huyó de su deber de predicar en Nínive, porque temía que si sus habitantes se arrepentían, su Dios misericordioso se arrepentiría de destruir la ciudad. Y eso fue precisamente lo que sucedió. En vez de alegrarse por el triunfo del Señor, el profeta se quejó por haber tratado a los ninivitas con paciencia y misericordia (Jon 4.2).

Jonás estaba enojado con Dios, a pesar de que él mismo había experimentado su misericordia. (Con todo y lo asqueroso que fue aquello, hay peores formas de disciplina que ser tragado y vomitado por un pez).

Los creyentes debemos estar agradecidos de que el Señor, a diferencia de los seres humanos, sea lento para la ira. Cuando somos rebeldes y testarudos, Él espera pacientemente que reconozcamos nuestra falta. La disciplina es dolorosa tanto para quien la recibe como para quien la aplica. Dios prefiere que veamos el error de nuestra actitud, que dejemos de pensar que estamos quedando impunes por nuestro pecado, y que volvamos al camino recto.

El Señor da un valor tan alto al arrepentimiento y a la preservación de la comunión con Él, que está dispuesto a retrasar el castigo por el pecado. Pero solo por un tiempo. Al final, su justicia exige una sanción. No espere que Él lo discipline. En vez de eso, haga lo correcto y vuelva su corazón a Dios.

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Cómo perseverar

Cómo perseverar

Leer | SALMO 37.5-7

Job fue un hombre que, sin duda, supo qué eran la tribulación y la tentación, pero aun así afirmó con valentía: “Aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13.15). Aunque había perdido a sus hijos, su fortuna y su salud, se negó a abandonar su fe en Dios. Ese hombre afligido estuvo resuelto a perseverar porque confiaba en la justicia de Dios.

El firme compromiso de confiar en el Señor en todas las situaciones es el cimiento de una fe inquebrantable. Desde la perspectiva que nos ofrece ese fundamento, podemos enfocar nuestros ojos solo en Dios. Es fácil distraerse por las circunstancias y permitir que ellas controlen nuestras emociones. Pero si ese es el caso, entonces estamos felices cuando la vida es buena; cuando los tiempos son difíciles, nos sentimos frustrados; y cuando las adversidades nos lleguen a montones, nos volveremos desdichados y buscaremos un escape.

A diferencia de Job, somos afortunados por tener la Biblia, la cual revela la naturaleza y las promesas de Dios. Es sabio el creyente que reclama esas promesas cuando está enfrentando dificultades, porque su Palabra nos dice que nuestro Padre celestial es siempre bueno, justo, fiel y confiable. Cuando quitamos nuestros ojos de la vorágine de la actividad cotidiana y nos concentramos en honrar a Dios y seguirle, descubrimos una paz constante que está con nosotros tanto en la abundancia como en la pobreza.

Para perseverar en Dios, comprométase a confiar en Él y seguirlo todos los días de su vida. Reclame sus promesas: El Señor y Salvador que no cambia (He 13.8) está comprometido a cuidar de usted en todas las circunstancias (1 P 5.7), y nunca le desamparará, ni le dejará (He 13.5).

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El nuevo nacimiento y el bautismo

El nuevo nacimiento y el bautismo

Leer | ROMANOS 6.3-10

El Señor Jesús comisionó a sus seguidores a ir y hacer discípulos, “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28.19). A medida que la iglesia primitiva difundía el mensaje del evangelio, la respuesta de fe del nuevo creyente era el bautismo. Significa públicamente que la persona era ahora seguidora de Jesucristo.

Los símbolos sirven para comunicar lo que no pueden las palabras. El bautismo es un símbolo de nuestra experiencia de salvación. Mediante este acto, proclamamos la buena noticia de que Jesús murió por nuestros pecados, de que fue sepultado y resucitó; y damos testimonio de que hemos recibido su poderosa transformación.

La palabra “bautizar” en la Biblia, es el mismo término que se usa en griego para describir a una tela que se sumerge en un tinte —se refiere a un cambio total. Por eso, al ser sumergidos en el agua, declaramos que estamos eligiendo morir a la vida vieja y nos estamos uniendo con Cristo. Nuestro pecado es sepultado con Él, y el poder del mismo es vencido por su muerte en la cruz (Ro 6.14). Cuando somos levantados del agua, afirmamos la resurrección del Señor Jesús. El bautismo es una manera simbólica de decir que, así como el Señor venció a la muerte y resucitó, nosotros somos resucitados espiritualmente a una vida nueva. Somos “nacidos de nuevo” y transformados por el poder de su Santo Espíritu.

En la Biblia, “creer” no es una palabra que indica aceptación intelectual, sino acción. Nuestra fe nunca debe ser ocultada como una luz puesta debajo de un almud (Lc 11.33); cuando nuestros familiares y amigos no creyentes miran nuestras vidas, necesitan ver el evangelio en acción.

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Evidencia de crecimiento espiritual

Evidencia de crecimiento espiritual

Leer  SANTIAGO 4.8

Tengo un amigo que por cierto tiempo fue consumidor de drogas. Hace poco, su familia se dio cuenta de que esta actividad había cesado, aunque él no la había dejado deliberadamente. ¿Por qué ­se preguntaban­ pareció desaparecer su deseo de seguir comprando más droga?

La razón era que mi amigo estaba más satisfecho con el Señor. Ya no necesitaba lo que el mundo le ofrecía para sentirse bien. ¡Qué ejemplo tan excelente de crecimiento en Cristo!

Además de encontrar satisfacción en Dios, hay muchos otros indicadores de crecimiento que son evidentes para el creyente. Por ejemplo, perdonar se vuelve más fácil con el tiempo. Pensemos en nuestro Salvador, quien pidió a Dios que perdonara aun a quienes lo habían crucificado.

Asimismo, a medida que maduremos, nuestra fe aumentará. Dios nos ama, y con misericordia y delicadeza desarrolla nuestra confianza en Él.

Otra señal de un caminar más estrecho con Cristo es un interés mayor por la condición espiritual de los demás. Y, por último, a medida que nuestra relación con el Señor se profundiza, tendremos más deseos de obedecerle. Este deseo no nace del temor, sino del amor a nuestro Padre Celestial. Del mismo modo, cuando pequemos, tendremos un corazón contrito y humillado.

¿Está usted satisfecho espiritualmente? ¿O tiene un hambre cada vez mayor e insaciable de Jesús? Si piensa que ya ha caminado lo suficientemente con Cristo, está cometiendo un terrible error. Se está perdiendo de la gran plenitud y emoción que se experimentan al estar cerca de Él.

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