Mes: mayo 2016

Pongámos los ojos en Cristo

PONGÁMOS LOS OJOS EN CRISTO

“Puestos los ojos en Yeshua, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Hebreos 12:2.

 

 

 

Saludo a todos ustedes.

Que Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo derramen su gracia su misericordia y su paz sobre todos ustedes.

El tema de hoy lo vamos a basar en el libro de los Hebreos capítulo 12, versículo 2.

Recién convertido a Cristo, unos hermanos y yo hicimos una reunión para compartirle el evangelio a una pareja de esposos, cuando se les habló de la Palabra ellos se quejaban de unos vecinos que supuestamente eran cristianos, que muy seguido les obstruían la salida de su coche.

Hermanos, quiero decirles que cuando nosotros nos damos a conocer como cristianos un mundo nos vigila; la gente no creyente está fijándose en cada uno de nuestros movimientos y no pocas veces nuestro testimonio causa que ellos blasfemen de nuestros Dios ocasionando un gran daño a la Iglesia; esto puede evitar o retardar que la gente se vuelva al Señor, y saben ¿por qué? Porque es común que la gente ponga sus ojos en el humano y no en Jesucristo.

Tristemente, eso no solo sucede en las personas inconversas, sino que aquí en el cristianismo es una causa frecuente.

En 1ª de Timoteo 4:1, la Palabra de Dios nos dice que en los últimos tiempos algunos renegarán de su fe, siguiendo a espíritus engañadores y enseñanzas que vienen de demonios, harán caso a gente hipócrita y mentirosa cuya conciencia está marcada con el hierro de sus acciones.

Hermano, ¿sabías que el apóstol Pablo nos advierte de que en las congregaciones asisten personas enemigas de Dios? (1ª de Juan 2:19). En las filas del cristianismo crece la cizaña y el trigo juntos y en ocasiones tenemos que cuidarnos más de los que están aquí adentro que de los que están allá afuera.

Hay mucha gente que se dice cristiana, que acuden a las congregaciones pero que en los últimos tiempos van a renegar de su fe, gente que conoce la verdad, que sabe que solo Cristo salva pero que van a renegar de su fe.

Acompáñenme a 2ª de Pedro 2:20. Mucha gente utiliza estos versículos para decir que la salvación se pierde, pero si los escudriñamos bien van ustedes a ver que no quiere decir eso, por eso es de suma importancia que a la Palabra la entendamos no con el alma sino con el espíritu.

¿Por qué el perro se come su vómito? ¿Por qué la puerca vuelve a revolcarse en el lodo? Porque esa es su naturaleza. Para que estos animales dejen de hacer eso, tiene que ser cambiada su naturaleza. El hecho de que alguien conozca la verdad no quiere decir que sea salvo; gente de otras religiones saben que el único camino es Cristo, sin embargo no se han arrepentido de sus maldades, ni han pedido perdón por ellas, ni lo han recibido como su Señor y Salvador; estos versículos hablan de gente que nunca han recibido la salvación, han conocido la verdad, pero no la han aceptado. Hay muchos que entran en la profesión de creyentes pero no llegan a entrar en la condición de salvos. No basta creer, porque el diablo cree y tiembla.

 Leí acerca de una persona que después de haber estado en el catolicismo se convirtió al cristianismo, empezó a participar e incluso a predicar y pastorear ovejas, pero después regresó al catolicismo y ¿saben que dijo? Que al entrar al cristianismo se dio cuenta que había muchas discusiones y problemas entre las diferentes denominaciones cristianas lo cual lo desanimó y regresó a donde salió. Esta persona apostató de su fe porque no puso sus ojos en Cristo, los puso en los hombres.

Apostatar no es que un cristiano se cambie de una congregación a otra. La apostasía se da cuando un cristiano se va al mormonismo, a los testigos de Jehová, al catolicismo, a doctrinas falsas inventadas por el hombre. ¿Por qué apostatan? Porque ahí no se cree en el Dios de la Biblia, aunque así lo parezca. Recuerden que el diablo mezcla la verdad con la mentira de tal forma que la gente crea que en lo que esta creyendo es de Dios; el catolicismo es una mezcla de cristianismo con paganismo, y a Dios no le gustan las mezclas.

Hay congregaciones que están desapareciendo, pastores que están cayendo.

Causas:

 1º. El pecado oculto; Dios no puede estar donde hay pecado.

2º. El legalismo; esa religiosidad en que incurre la gente, que no va de acuerdo con la gracia y

 3º. Otra causa es que no ponemos los ojos en Cristo, la gente pone sus ojos en el humano. “Hermano, ya no voy a la congregación porque me sacaron la lengua, ya no voy a la congregación porque el pastor no me saludó” Hermano, ponga los ojos en Cristo, el creador y consumador de la fe. Muchos ponen como ídolo al hermano que predica bonito, ponemos como ídolo al pastor, “si el pastor no viene no voy a la congregación”, nos fijamos en el hermano que está a un lado, si me hace gestos ya no voy a la congregación. Cuando ponemos nuestra atención más sobre alguien o algo que no sea Dios, estamos cayendo en idolatría y ¿saben qué? esas personas tarde o temprano van a apostatar porque el hombre siempre los va a decepcionar, porque el hombre no es perfecto.

Pon los ojos en Cristo.

Hermano, si las cosas van mal en la congregación, ora por ella, no la abandones, levántate y lucha contra el diablo. Eso es precisamente lo que el enemigo quiere que hagas, que te alejes, que dejes de congregarte, él quiere destruir las congregaciones. Si el hermano te sacó la lengua, ora por él; si no te saludó, salúdalo tú, no te dejes engañar por el diablo.

Hay hermanos que después de haber tenido un gran ministerio incluso casi, casi como pastores, por problemas con los hermanos, por problemas con el pastor, en este momento no se están congregando en alguna parte y ¿saben que pasa? que es tal el resentimiento que tienen, que no quieren saber nada de los cristianos. “Son una bola de hipócritas que no hacen lo que predican” dicen ellos. Porque nunca pusieron sus ojos en Cristo, sino en el hombre.

Está bien, ya te enojaste con el hermano, ya te decepcionó, pero Dios que culpa tiene; mientras nosotros no nos demos cuenta que esta es una trampa del diablo y que el único que no nos va a decepcionar es Cristo, nuestras congregaciones se va a quedar solas.

Tenemos que entender que Dios nos ama a todos en la misma forma, pero también trabaja con nosotros en forma diferente, no es que sea elitista; somos como los hermanos carnales, totalmente diferentes, algunos más rebeldes que otros, algunos entienden a la primera amonestación, otros hasta que  les viene alguna tribulación. Algunos más dispuestos a obedecer, y a éstos Dios los usa y los pone en unos ministerios tremendos y cuando los oímos predicar nos dejan muy buenas enseñazas, alimento sólido, nutritivo; pero mientras no entendamos que no es el hombre sino el poder de Dios a través de su Santo Espíritu, vamos a sufrir decepciones.

Hermanos, en las congregaciones cristianas crece la cizaña y el trigo juntas, no todos los que están con nosotros son de nosotros; esto no quiere decir que nos andemos cuidando unos de otros. Dios sabrá poner a cada uno en su lugar; pero esto se los digo para que pongamos los ojos en Jesucristo; pero no por eso los verdaderos cristianos debemos dar un mal ejemplo, tenemos la obligación de cuidar nuestro testimonio y cuando alguien nos decepciones oremos por ellos.

Acompáñenme a 1ª de Corintios 2:4 y 5. Yo no se si ustedes se han fijado en la cara de las personas cuando comparten el evangelio, se nota como caen bajo el poder del Espíritu Santo y ¿saben que? Que muchas veces lo primero que hacen es poner sus ojos en el humano “que bonito habla” “que cosas tan bonitas dice” Cuando esto sucede yo les leo este pasaje para que ellos no dependan de mi sabiduría sino del poder de Dios.

Hermanos, solamente de Cristo procede nuestra fe y Él es quien la perfecciona. Nuestro modelo no es la gente, nuestro modelo es Cristo. Por eso las chicas cristianas siempre andan a la moda, porque su modelo es la gente, pero la moda del mundo no es la moda de Dios, Cristo es nuestro modelo, a El debemos imitar.

Nuestro Salvador soportó la cruz sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría y ahora se sienta a la derecha del trono de Dios, por lo tanto la gloria y alabanza sean solo a Él.

Por lo tanto, meditemos en el ejemplo de Cristo y pongamos nuestra mirada en Él que sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores; no se cansen ni se desanimen mis hermanos, pues aun no hemos tenido que llegar hasta la muerte en nuestra lucha contra el pecado.

Ahora ¿que pasa cuando nosotros quitamos nuestra vista de Cristo?

(Mateo 14:25-32).

Aquí, para caminar sobre las aguas, Pedro pone los ojos en Cristo “Si eres tú mándame ir a ti” fíjense que Pedro no dijo: “si eres tú voy a ti” él puso su fe en Cristo; mientras tenía los ojos puestos en el poder y la palabra de Jesucristo  Pedro anduvo sobre las aguas sin peligro alguno, pero tan pronto como percibió el peligro, ¿saben que pasó? Tuvo miedo; cuando nosotros vemos las circunstancias de nuestra vida con los ojos del cuerpo en lugar de verlos con los ojos de la fe, estamos en peligro de caer.

¿Qué pasó cuando quitó los ojos de nuestro Salvador? Comenzó a hundirse. Cuando su fe le sostenía se mantuvo a flote, pero cuando empezó a dudar, perdió el equilibrio; cuando nuestra fe se debilita comenzamos a hundirnos, pero ¿saben qué? Aun cuando vacilemos en nuestra fe, Cristo nunca nos deja.

¿Qué es lo que debemos hacer? “Cristo, sálvame” es el remedio al que recurrió Pedro y es el mismo al que debemos recurrir nosotros, ¿Cuál es? La oración. Pedro clamó al Señor, “sálvame” y es lo que debemos hacer, ¡CLAMAR! ¿Qué sucedió después? Al momento Cristo tendió la mano y lo agarró. En el momento que él puso sus ojos en Cristo, nuevamente salió a flote, Cristo lo sostuvo y no se hundió. Él nunca deja que el cristiano se hunda completamente. Hermano, no busques más, Cristo es el camino.

El que anda en Cristo, en el momento que se desvía por el camino de la carne, siempre responde al llamado del Espíritu Santo. Todas nuestras dudas y temores que nos desalientan, se deben a la debilidad de nuestra fe; dudamos porque nuestra fe es poca y no hay razón para que los discípulos de Cristo actúen así, porque El siempre nos ayuda, aunque nosotros no lo veamos (Daniel 9:20 al 23 y 10:12-13).

Dios siempre escucha nuestras oraciones.

Hermanos, pongan sus ojos en Cristo, no abandonen su congregación, si están aquí es porque Dios así lo quiso y El nunca se equivoca. Levántense y luchen contra el enemigo.

NO BUSQUES MAS, CRISTO ES EL CAMINO.

Enviado Hno. Mario

Buscando la ayuda correcta

 

“Buscando la ayuda correcta” 

lightningSirvan al Señor con reverencia y ríndanle culto con temor reverente. Ríndanse a los pies de su Hijo, no sea que él se enoje y ustedes perezcan, pues su enojo se enciende de repente. ¡Bienaventurados son los que en él confían! Salmo 2:11-12

¿A quién recurres cuando estás en problemas? Normalmente buscamos distintas soluciones, intentamos de todo, y recién cuando parece que ya no hay salida, nos acordamos de Dios. Pero, ¿no debería ser al revés? Primero deberíamos hablar con Dios y buscar en él el auxilio para cualquier situación de la vida. Sin embargo, somos tercos y queremos solucionar todo a nuestra manera, con nuestras propias fuerzas.

Menos mal que para nuestra salvación, que es lo más importante, Dios envió a Jesucristo. Nada puede sustituir a Cristo. Sólo en su sacrificio encontramos el perdón para nuestros pecados y la vida eterna. Si él solucionó ese problema tan complicado, ¿cómo no nos va a ayudar con nuestras necesidades materiales y nuestras dificultades diarias? Entonces, busca la ayuda de Dios, solamente él tiene fuerza para cargarnos en sus brazos de amor.

ORACIÓN: Señor Dios todopoderoso, te doy gracias porque me cargas en tu regazo siempre que estoy en dificultades. Ayúdame a descansar siempre en ti. Amén.

Por CPTLN

La dirección de Dios

LA DIRECCIÓN DE DIOS

 

“Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre” (Salmo 23:3).

 

¿Qué tengo que hacer con mi vida? ¿Dónde tengo que vivir cuando me jubile? Durante toda la vida necesitamos la dirección de Dios. Tenemos que tomar decisiones en cuanto a la carrera, actividades, amistades, relaciones, cosas grandes y cosas cotidianas. Lo que Dios nos promete aquí es que nos va a guiar. El Espíritu Santo es nuestro guía interno y nos dirige por medio de la Palabra de Dios, por medio de nuestras circunstancias, por consejeros sabios, por nuestro sentido de deber y por nuestra conciencia. Queremos hacer lo correcto en cada situación, lo justo.

 

“Me guiará por sendas de justicia”. Lo que Dios quiere es que sea justa, pues si soy justa, viviré justamente. Los caminos de Dios son caminos de justicia, de rectitud, de santidad. “Jehová conoce el camino de los justos” (Salmo 1:6). Y los justos son dirigidos en el camino de la justicia por la meditación en su Palabra: “En la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmo 1:2). El resultado, según el Salmo 1, es que vivamos una vida fructífera. Según el Salmo 23 es que vivamos una vida justa. Las dos cosas concuerdan. La Palabra de Dios va transformando nuestro carácter, formando nuestra mente, poniendo deseos honestos y puros en nuestro corazón, y la consecuencia es que vamos tomando decisiones buenas que agradan a Dios. Y cuando no tenemos que tomar ninguna decisión importante, vamos viviendo justamente en el transcurso normal de la vida, en nuestra manera de realizar nuestro trabajo, en nuestras conversaciones, en nuestra manera de tratar a la gente y en el cumplimiento de nuestras responsabilidades.

       

Esto nos lleva a la frase siguiente. Lo hace “por amor de su nombre”. Dios nos guía por amor de su nombre, no por amor al nuestro. Es por causa de Él mismo, para que Él sea glorificado por medio de nuestra vida, para que no manchemos su nombre (su reputación) por una conducta indebida e indigna de Él como hijos suyos. Es de gran consuelo saber que Dios me va a guiar porque quiere, porque le interesa. Sale de Él, porque es bondadoso y sabe que necesito esta dirección, porque soy propensa a desviarme por mis propios derroteros que no me convienen, ni a mí, ni a Él. No es una dirección que tengo que merecer o ganar por ser muy importante o perfecta. No es por amor a mí misma, sino por amor a Él. Su reputación está en juego a causa de mi vida. Lo que hago o dejo de hacer arroja luz sobre Él, y Él dirige mis pasos para que viva rectamente para que Él sea glorificado por medio de la vida de justicia y rectitud que vivo en medio de un mundo maligno y perverso, porque Dios está dentro de mí por su Espíritu Santo dirigiendo mis pasos y el curso de mi vida por amor a su nombre, para que su santo nombre sea glorificado por medio de personas como tú y yo.  

Por David Burt

Libertad para adorer y confesar

“Libertad para adorar y confesar”

rain on handsYo soy el Señor. Yo te he llamado en el momento justo, y te sostendré por la mano; yo te protegeré, y tú serás mi pacto con el pueblo y una luz para las naciones. Quiero que abras los ojos de los ciegos, que saques de la cárcel a los presos, y de sus calabozos a los que viven en tinieblas. Isaías 42:6-7

¿Estás acostumbrado a agradecer a Dios por las cosas buenas que suceden? Hay muchos motivos para dar gracias a Dios, incluso cuando las cosas no son tan trascendentales. Y hay algo muy importante que casi nunca recordamos agradecer: la libertad de culto. En nuestro país podemos orar y alabar a Dios libremente, sin restricciones y sin tener que ocultarnos para hacerlo.

En otros lugares, muchos cristianos sufrieron – y siguen sufriendo – por confesar su fe públicamente. Felizmente aquí podemos ir a la iglesia alabar y hablar del salvador Jesucristo sin problemas. Esta es una bendición maravillosa por la cual también es bueno que demos gracias a Dios.

ORACIÓN: Gracias, Señor, porque podemos manifestar nuestra fe en Cristo de manera libre. Ayúdanos para que lo hagamos con alegría y respeto hacia el prójimo. Amén.

Por CPTLN

El Dios del imposible

EL DIOS DEL IMPOSIBLE

“¡Oh Señor Jehová! He aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti” (Jer. 32:17).

            Las circunstancias son siniestras. El ejército de Babilonia tiene sitiada la ciudad de Jerusalén. La gente dentro de sus muros está muriendo de hambre. Y el profeta Jeremías se encuentra preso en el patio de la cárcel en la casa del rey de Judá, donde le ha puesto el rey a causa del mensaje que predica: Le preguntó: “¿Por qué profetizas tú diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí yo entrego esta ciudad en mano del rey de Babilonia, y la tomara” (v. 3). Es más, había profetizado que el rey mismo sería llevado cautivo a Babilonia. Al rey no le gustó su mensaje. Le tenía preso cuando vino palabra de Dios a Jeremías diciendo que iba a recibir una visita de parte de su primo que vendría a pedirle que comprase un campo que tenía en Anatot, el pueblo nativo de ambos en tierra de Benjamín.

La propiedad en Israel tenía que quedar en manos de la familia. Así que cuando se vendía un terreno tenía que ser a un familiar para que los ricos no se apoderasen de todo la tierra dejando a los pobres sin nada. Jeremías era un candidato para comprar esta heredad de su primo. ¡No parecía un momento muy oportuno para comprar propiedades! La ciudad iba a caer, sería arrasada y quemada por los babilonios. Los nobles y la gente pudiente sería llevado cautivo a Babilonia. Solo quedaría en la tierra gente destinada a morir de hambre, plaga o espada. ¿Quién quería comprar un terreno en esas condiciones? Y mucho menos Jeremías, que estaba preso con una suerte insegura. Pero Dios le pide que la compre como parábola viviente, porque un día la tierra será restaurada a sus dueños legítimos. Esta compra profética era para dar esperanza a los que pronto irían a la cautividad. Un día volverían a ocupar sus terrenos, a cultivarlos y a prosperar en la tierra que Dios les había dado. 

Vino el primo tal como Dios había dicho y Jeremías compró la heredad, tal como Dios le había mandado. La reacción de Jeremías a todo esto fue: “¡Oh Señor Jehová! He aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti”. Jeremías creyó y obedeció. “Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que será difícil para mí? (v. 27). Jeremías acaba de decir que no lo había. ¿Por qué le hace Dios le pregunta? Porque nosotros profesamos que no hay cosa difícil para Dios, pero a la hora de la verdad, Dios nos prueba para saber si realmente lo creemos. A Jeremías le iban a pasar muchas cosas, culminando en el martirio. ¿Todavía iba a creer que Dios restauraría a Israel a su tierra? Esta era la pregunta y esto es lo que el profeta mostró con su fe en Dios al comprar la heredad.  

¿Y nosotros? ¿Creemos que hay una Tierra que un día será nuestra? ¿Estamos comprando parcelas en ella para que cuando venga el Señor tengamos propiedad en su reino? ¿Estamos invirtiendo nuestro tesoro en el Cielo o invertimos todo nuestro dinero en esta vida? “No os hagáis tesoros en la tierra… sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”  (Mat. 6:19-21). Selah.   

Por David Burt

El perdón de Dios

EL PERDÓN DE DIOS.

“¿Que Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar”. Miqueas 7:18.

 

Alabado sea YAH de los ejércitos por todo su pueblo. ¿Quién como Él?

Gracia y paz para todos ustedes benditos de Dios.

El tema que revisaremos se llama “El perdón de Dios”. Un tema muy hermoso, no dejemos que nos sea robado.

Hablamos mucho del pecado, pero también debemos hablar del perdón que Dios nos ofrece cuando nosotros, por causa de nuestra naturaleza, caemos y le fallamos a Dios.

Nuestra mente es tan pequeña que es imposible que podamos entender completamente el perdón de Dios.

No pocas veces cuando vemos que alguien comete algo terrible decimos: “Esa persona no tiene perdón de Dios”, y muchas veces de verdad creemos que lo que hizo no puede ser perdonado por Dios, pero lo decimos porque no entendemos la naturaleza de Dios.

Muchos tal vez inconscientemente seguimos  pensando que Él es como nosotros los humanos. Incluso cuando pedimos algo, pensamos que Él va hacer las cosas como nosotros las haríamos. Tenemos que entender que Él es Soberano, Él es el dador de vida, el creador de todo lo que existe, para Dios no existe el tiempo, no piensa como los humanos. Él nos entiende porque Él nos creó, pero sus pensamientos no son iguales a los nuestros.

Por nuestra misma naturaleza, siempre tendemos al mundo, a lo que el mundo ofrece, y es por eso que la gente hace imágenes y esculturas a semejanza de un humano, queriendo representar con ellas a Dios. Eso es una gran ofensa para Dios. Dios es Espíritu, no es humano.

¿Quién de nosotros por muy bonitos sentimientos que tengamos podemos dar un hijo nuestro para salvar a gente mala? Yo creo que nadie ¿Saben por qué? Porque nuestro amor es egoísta. “Yo no quiero que mi familiar se muera, porque, qué va a ser de mi”, decimos muchas veces. Somos humanos, y por lo mismo no entendemos a Dios; si ni siquiera podemos entender a otros humanos, menos vamos a entender a Dios.

La única forma en que nosotros podemos entender a Dios, es estudiando y escudriñando las Sagradas Escrituras. Ahí está el carácter de Dios, ahí está su forma de pensar, ahí está lo que Él quiere que hagamos, pero debemos estudiarla con hambre y sed de Él.

¿Cómo es el perdón de Dios?

El perdón de Dios es algo sobrenatural, nadie en este mundo perdona como Dios perdona. No hay nadie demasiado malo para su perdón, no hay pecado que a través de Jesucristo no pueda ser borrado si nuestro arrepentimiento es sincero. Asesinos, pederastas, homosexuales, ladrones, adúlteros, todos pueden alcanzar el perdón de Dios si ellos se arrepienten sinceramente (Lucas 13:1 al 5; 15:7).

Cuando los humanos perdonamos, seguimos con el recuerdo del daño que nos hicieron, nos cuesta mucho trabajo que ese recuerdo ya no nos dañe. Y más cuando ese daño fue de parte de un ser querido. Pero Dios cuando perdona, olvida nuestras maldades y rebeliones, jamás nos reprocha ni nos está recordando lo que hicimos. Es cierto que Él nos disciplina, pero lo hace porque nos ama. Dios es tardo para la ira, nos tiene mucha paciencia, si tarda en disciplinarnos, es porque Él quiere que nos arrepintamos antes de que llegue el coscorrón, es grande su paciencia.

Dios es grande en misericordia, y si nos diera lo que merecemos, ya nos hubiera destruido. Gracias a Dios por Jesucristo, que intercede día y noche por nosotros.

Nadie es bueno en el mundo. Nadie puede decir que es bueno, porque todos pecamos; algunos más, otros menos, pero nadie se salva de pecar. No pensemos que pecar solo es ser delincuente, matar, robar, u otras cosas muy malas, también una mentirita piadosita, pensar mal del prójimo, codiciar, son pecado; y si no nos arrepentimos de esos pecaditos, si esos pecaditos no son lavados con la Sangre de Jesucristo, no podemos entrar al reino de Dios, porque ahí no puede entrar el pecado.

Dios no quiere que nadie se pierda, Él nos ama con un amor sobrenatural, somos hechura suya. Es cierto que por el pecado de Adán nos perdimos, pero ahora Él manda la medicina para que nos curemos. El pecado tiene que ser castigado, y lo castigó con su amado Hijo, pero solo el que reconozca ese sacrificio como el único medio para salvarse, será salvo. Él envió a sus Hijo como sacrificio para el perdón de nuestros pecados, y no solo los nuestros, sino los de todo el mundo (2ª de Crónicas 7:14;  1ª de Juan 2:2; 4:10).

Tristemente no todos aceptan el perdón de Dios, prefieren seguir siendo sus propios dioses.

Hermanos, para recibir el perdón de Dios, hay un requisito. Que haya un arrepentimiento sincero, deseos de no volver a pecar, que en tu corazón aborrezcas el pecado.

¿Quién puede ser como el Dios vivo? Que perdona nuestra maldad y olvida nuestras rebeliones.

Dios los guarde.

Enviado por Hno. Mario

Las oraciones de Jesús desde la cruz

LAS ORACIONES DE JESÚS DESDE LA CRUZ

 

“Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza” (Marcos 15:29. “Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza” (Salmo 22:7).

 

Si queremos saber lo que pasaba por la mente del Señor Jesús en la Cruz y las oraciones que alzó al Cielo, tenemos que ir al Salmo 22. Este salmo Mesiánico empieza con su angustiado clamor desde la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (v. 1), pero lo que sigue es igualmente impresionante. “¿Por qué estás tan lejos de mi salvación; y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes, y de noche, y no hay para mí reposo”  (v. 1-2). El Cielo se le había cerrado, y lo sabía. En su agonía, quería la cercanía de Dios, y no lo podía conseguir. Pero, a pesar de ello, no acusa a Dios: “Pero tú eres santo” (v. 3). Él, en cambio, estaba contaminado con nuestro pecado.

Este salmo alterna entre el estado de Jesús y la condición de su Padre. Él colgaba en una Cruz, condenado a morir, menospreciado por todos, habitaba entre injurias, mientras el Padre habitaba “entre las alabanzas de Israel” (v. 3). El “yo” implícito de los versículos 1 y 2 está contrastado con el “Pero tú” del versículo 3. Vuelve al “mas yo” en el versículo 6: “Mas yo soy gusano, y no hombre. Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen, estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová: líbrele él. Sálvele, puesto que en él se complacía” (v. 6-8). Esto se cumplió literalmente (Mat. 27:43). La gente le echaba en cara estas mismas palabras. Luego vuelve a “pero tú”: “Pero tú eres el que me sacó del vientre, el que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre” (v. 9). Qué dialogo más entrañable; así decía a su Padre en su agonía. ¿No te acuerdas de cómo tú me diste la vida?

Luego vuelve a hablar de sí mismo: “He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte… Contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (v. 14-15 y 17-18). Y luego vuelve a hablar del Padre: “Mas tú” (v. 19). Esta alternancia es conmovedora. Estaba reclamando a su Padre, apelando a su relación con Él. “Mas tú, Jehová, no te alejes, fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. Libra de la espada mi alma. Sálvame de la boca del león” (v. 19-21).

Ante la falta de respuesta por parte del Padre, la fe de Jesús no flaqueó: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te alabaré” (v. 22). ¿Cómo podría hacer esto si estaría muerto? Porque sabía que iba a resucitar. Lo creía. Toda su fe estaba puesta en ello. Confiaba en que el Padre le oyera y le resucitara: “Porque no menospreció ni abominó al aflicción del afligido; ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó” (v. 24). Y así fue. Y así nos lo confirma el escritor de los Hebreos: “Fue oído a causa de su temor reverente” (Heb. 5:7). Con esta confianza Jesús pasó a la muerte.

Enviado Hno. Mario

Desead y acercaos

DESEAD Y ACERCAOS

 

“Desead la leche… espiritual. Acercándoos a Él, piedra viva…escogida y preciosa” (1 Pedro 2:2, 4).

 

Con estas dos palabras “desear” y “acercarse” resumimos la enseñanza del apóstol Pedro en esta sección de su epístola. Hemos de desear la Palabra del Señor y acercarnos al Señor mismo. Él es la Palabra escrita y viva. Tenemos la Biblia y Cristo, a una Persona y su Palabra, y los dos son inseparables. Desear la Palabra y acercarse a Cristo: Él es la Palabra que nos nutre y nos hace crecer para ser cada vez más como Él, y así, cada vez más cerca del Él.

Desead

“Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (2:2). Normalmente un deseo es algo que viene automáticamente. Deseamos un café por la mañana. Nadie nos tiene que mandar que lo deseemos. Los deseos forman parte natural nuestra. Pero el deseo para la Palabra es aquí impuesto. Pedro nos manda a desearla. Es como si nos dijese: “Tened ganas de Dios. Que te haga ilusión leer y meditar en la Palabra. Despierta tu hambre para la Biblia. Ponte a leerla con verdadera hambre”. Si no tienes ganas de leer la Biblia y buscar a Dios, ¡que las tengas! Ya está. No seas llevado por tus inclinaciones naturales, sino por la obediencia a lo que Dios te manda, ¡y que lo hagas con ganas!

Acercándoos

            “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (2:4). No solamente necesitamos nutrirnos de la Palabra de Dios, necesitamos acercarnos a Cristo. Hemos de estar tan cerca que formamos parte de la misma casa espiritual, el templo de Dios, la Iglesia del Señor. En otro lugar nos habla de ser parte de su cuerpo; este texto cambia la metáfora: somos parte del mismo templo del cual Él es la piedra del ángulo y nosotros las piedras vivas. “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual, sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (2:5). Una piedra en la pared de un templo está unida fijamente a las otras piedras y al fundamento en unión cercana e inamovible.

            El creyente está bebiendo de la palabra de Dios, está unido a Cristo, y además, le ama y le valora más que ninguna cosa. Pedro tres veces usa la palabra “precioso” para referirse a Cristo: “Acercándoos a él, piedra viva… para Dios escogida y preciosa”. Cita Is. 28:16, “He aquí pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa”. Es precioso para Dios. Luego dice que Él es precioso para nosotros: “Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso” (v.7).  Precioso significa apreciado, de gran valor, admirable, deseable, codiciable. Cristo es nuestro tesoro. Él es más valioso que una piedra preciosa. Para nosotros significa más que un diamante, más que todos los tesoros de este mundo.

 

            Esta es nuestra relación con Él. Él es nuestra vida y en Él tenemos nuestra identidad y razón de ser. Somos parte de su Iglesia para ofrecerle sacrificios espirituales como sacerdotes santos, y salimos al mundo para “anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de la tinieblas a su luz admirable” (v. 9). Nuestro gozo es estar unidos a Él y predicar su evangelio para que otros también puedan encontrar vida en Él.

Enviado Hno. Mario

Dios nos cuida

“Dios nos cuida”

rocksCon este decreto ordeno que, en toda la extensión de mi reino, todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel. Porque él es el Dios viviente; él permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido. ¡Su dominio perdurará hasta el fin! Él salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra. ¡Él es quien ha salvado a Daniel de las fauces de los leones! Daniel 6:26-27

La historia de Daniel en la cueva de los leones es muy conocida. Por negarse a adorar al rey Darío, Daniel fue condenado a ser tirado a los feroces leones. En otras palabras, Daniel eligió pagar con su vida por creer en Dios y no postrarse ante el rey. Pero, ¿qué sucedió? Ese Dios, a quien él se mantuvo fiel, le protegió del ataque de los leones.

La protección de Dios a Daniel fue testimonio de su poder soberano sobre la naturaleza y de su gran amor por quienes le son fieles. El Dios de Daniel es el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aquél que cuida de nosotros porque nos ama hasta el punto de entregar la vida de su hijo Jesucristo para perdonar todos nuestros pecados. Dios cuida de ti y de mí así como cuidó de Daniel.

ORACIÓN: Gracias, Señor, porque nos cuidas y nos llenas de paz con tu presencia en todas las situaciones de nuestra vida. Fortalece nuestra fe para que tengamos el mismo coraje de Daniel y te confesemos en todo momento. Amén.

Por CPTLN

Cada día con Jesús

“Cada día con Jesús”

Praying manDurante seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el día séptimo es de reposo en honor del Señor tu Dios. Éxodo 20:9-10a

En estos tiempos de globalización estamos expuestos a todo tipo de tentaciones. Y aun cuando tenemos libertad religiosa y podemos profesar nuestra fe, llevar nuestra Biblia en la mano o una cruz alrededor del cuello sin ningún problema, igual nos enfrentamos a otro tipo de presiones.

Es común que tengamos que hacer malabarismos para encontrar el mejor horario para ir a la iglesia y rendir nuestro culto a Dios sin perjudicar nuestro descanso ni interferir con los planes para nuestro fin de semana. Pero, ¿será que estamos permitiendo que las presiones de la vida moderna nos alejen de Cristo? Estemos atentos para no permitir que nada ocupe el primer lugar en nuestra vida, que es el que le corresponde a nuestro salvador Jesucristo.

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por ser parte de nuestra vida y estar siempre dispuesto a ayudarnos en los desafíos de cada día. Enséñanos a confiar cada vez más en ti. Amén.

Por CPTLN

La vida en la fe

La vida en la fe

youngTengan una buena conciencia, para que sean avergonzados aquellos que murmuran y dicen que ustedes son malhechores, y los calumnian por su buena conducta en Cristo. Es mejor que ustedes sufran por hacer el bien, si Dios así lo quiere, que por hacer el mal. 1 Pedro 3:16-17

En una pequeña ciudad, unas personas hicieron un juego de muy mal gusto. Enviaron a tres ciudadanos una esquela anónima con el mismo mensaje: “¡Todo fue descubierto!” Como resultado, uno de ellos se suicidó, y los otros dos huyeron temiendo una acusación o un escándalo público.

Lamentablemente, muchas personas que dicen ser cristianas y honestas, en realidad no viven en comunión con Dios sino que llevan una vida deshonesta y no creen en la salvación ofrecida por Jesús. Para quienes viven de esa manera, les espera un destino trágico. Sin embargo, Dios está siempre pronto a recibir y perdonar a todo quien se acerque a él con corazón sincero y dispuesto a arrepentirse, y por ello le alabamos.

ORACIÓN: Padre celestial, te damos gracias por el amor que nos has mostrado en Jesús, y te pedimos que nos ayudes a compartir sus buenas noticias con quienes nos rodean. Amén.

Por CPTLN

Saber esto

2º Timoteo  3 : 1 al 9  y 13

También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de

sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes

a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural,

implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores

de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de

piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque

de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a

las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas

concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca

pueden llegar al conocimiento de la verdad. Y de la manera

que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos

resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos

en cuanto a la fe. Mas no irán más adelante; porque

su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue

la de aquéllos.  Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.

2º Timoteo  4: 3 y 4  Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana

doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán

 maestros conforme a sus propias concupiscencias,

Tito 1 : 14 al 16  no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hom1bres que se apartan de la verdad. Todas las cosas son puras

para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les

es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan,  siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.

Judas versículos 10 al 19   Pero éstos blasfeman de

cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen,

se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en

el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.

Éstos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin  agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales,

 sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas

del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes,

para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de

las tinieblas. De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde

Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas

de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos

a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente,

y de todas las cosas duras que los pecadores impíos

han hablado contra él. Éstos son murmuradores, querellosos,

que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas

infladas, adulando a las personas para sacar provecho. Pero

vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes

fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;

1os que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que

andarán según sus malvados deseos.

Enviado por Hno. Mario

Nehemías se acoge a la promesa

NEHEMIAS SE ACOGE A LA PROMESA

“Me senté, lloré e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré ante el Dios de los cielos, y exclamé: ¡Ay, Yahweh, Dios de los cielos! Grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia a los que lo aman y guardan sus mandamientos” (Neh. 1:4, 5).

            Aquí estamos otra vez ante la misma situación. Nehemías está en la cautividad a causa de la rebelión y la desobediencia de Israel al Pacto. En el Pacto viene estipulado que, si no se cumplía, las consecuencias sería la destrucción de Israel y la deportación a la tierra de sus enemigos. Al igual que Daniel, esto es lo que Nehemías había experimentado. Se encuentra en calidad de cautivo, exiliado en Babilonia donde está trabajando en el corte del rey. Al igual de Daniel se humilla delante de Dios y le busca en ayuno: “Esté ahora atento tu oído, para oír la oración de tu siervo, que yo hago hoy ante ti, día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos, confesando los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra Ti. ¡Sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado! Nos hemos corrompido en extremo ante Ti, no guardando los mandamientos ni los estatutos y los preceptos que Tú dictaste a tu siervo Moisés” (Neh. 1:6, 7). Reconoce que están donde están debido a su pecado, que Dios es justo en todo lo que ha permitido y que ellos merecen el castigo que les ha caído encima.  

            Pero también se acuerda de que hay una salida de su desgracia que consiste en la confesión de su pecado, y que esta active la misericordia de Dios: “Te ruego que te acuerdes de la palabra que Tú ordenaste a tu siervo Moisés, diciendo: Si vosotros prevaricáis, Yo os dispersaré entre los pueblos, PERO SI OS VOLVÉIS A MÍ y observáis mis mandamientos y los cumplís, aunque vuestros dispersos estén en el extremo de los cielos, de allí yo los recogeré y os conduciré de nuevo al lugar que escogí para que en él tabernaculice Mi Nombre” (Neh. 1:8, 9).

Lo que estamos viendo es algo maravilloso. Estos santos hombres de Dios, tanto Daniel como Nehemías, conocían el libro de Levítico, la ley de Moisés, el Pacto: los mandamientos, estatutos y ordenanzas de Dios. Sabían cómo es Dios y como funciona. Sabían que Dios siempre cumple su palabra, si es de bendición, bendición, y si es de maldición, maldición. Dios es predecible. Funciona según la revelación que nos ha dado de sí mismo. El pecado trae la desgracia, pero el arrepentimiento trae la restauración y la bendición. La oración es para echar mano a la promesa de perdón y restauración. Pero tiene que ser una oración sentida, humilde, reconociendo que hemos traído el mal sobre nosotros, que Dios es justo, pero que muestra gracia y misericordia al pecador arrepentido.

También hay otra cosa. Existe la posibilidad de interceder a favor de otros, confesar su pecado como si fuera nuestro, y así conseguir la bendición para ellos y para nosotros también.  Esto es lo que estos hombres de Dios hicieron, y Dios escuchó su oración. La existencia de Israel como pueblo hoy es el resultado de su intercesión. Y tú puedes hacer lo mismo para tu cuidad, tu iglesia y tu familia, siguiendo estos mismos principios. Que Dios te bendiga en este valioso ministerio. 

Enviado Hno. Mario

Honra a tu madre

“Honra a tu madre


  

mother daugtherHonrarás a tu padre y a tu madre, para que tu vida se alargue en la tierra que yo, el Señor tu Dios, te doy.” Éxodo 20:12

Hay varios proverbios bíblicos que nos recuerdan la importancia de valorar a nuestra madre. Uno de ellos reconoce que, lamentablemente, hay personas ingratas hasta con su propia madre. Otro proverbio amenaza con un castigo terrible a quien se burle de su madre que ya es anciana. Estos proverbios demuestran cuánto valora y se preocupa Dios por las relaciones familiares, y por mostrarnos cuán importante es la madre.

Por lo tanto, sea ella anciana, joven, soltera, casada o viuda, respeta y honra a tu madre. Acuérdate del cuarto mandamiento: “Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tu vida se alargue en la tierra que yo, el Señor tu Dios, te doy” (Éxodo 20:12). Abraza hoy a tu madre con el amor de Dios en tu corazón, y hazle saber cuánto la amas.

ORACIÓN: Salvador Jesús, cuida de todas las madres, y muéstrales tu amor y gracia. Amén.

Por CPTLN

Cuando los padres oran

Cuando los padres oran

Leer | 1 Samuel 2.1-10

 

Ana experimentó una gran aflicción antes de que naciera su hijo Samuel. Sin embargo, en medio de ese tiempo difícil, demostró gran amor a Dios y dependencia de Él mediante la oración.

Samuel tuvo una madre que amaba al Señor profundamente. De hecho, se veía a sí misma como una sierva de Dios, cuya vida estaba a su servicio (1 S 1.11). Incluso, cuando su aflicción era abrumadora, reconoció lo importante que Él era para ella.

Tenemos el mandamiento de amar al Señor con todo nuestro ser (Mr 12.30), y de darle el primer lugar en nuestra vida (Dt 5.7). Si amamos a Dios, nos aseguraremos de que nuestros hijos lo conozcan y entiendan la importancia de tener una relación con Él por medio de Cristo. Nuestra vida, aun llena de defectos, revelará el poder transformador del Espíritu Santo.

Samuel fue bendecido porque Ana era una mujer de oración. Su primera petición registrada provino de su aflicción, mientras que la segunda vino de un corazón que se regocijaba por la respuesta del Señor a su clamor. Una madre que ora da una alta prioridad a presentar al Señor los asuntos de sus hijos. Recuerdo que mi madre se arrodillada conmigo junto a mi cama para orar. Todavía puedo recordar las frases que utilizaba y las cosas de que hablaba con Dios.

Los hijos necesitan padres dedicados que 1) demuestren amor tanto a ellos como a Dios, y 2) que les ayuden a experimentar el poder y el gozo de la oración (Stg 5.16). Incluso, uno solo de los padres puede marcar una gran diferencia cuando Cristo es el centro del hogar. Lo sé, porque mi madre lo hizo.

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