Mes: abril 2016

¿Iglesia perfecta?

“¿Iglesia perfecta?”

coloradoAunque tengo la esperanza de ir pronto a visitarte, te escribo esto para que, si me tardo, sepas cómo conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. 1 Timoteo 3:14-15

La iglesia, como toda organización humana liderada por humanos, es imperfecta. Los problemas siempre aparecen, dificultando la vida de quienes se reúnen para adorar a Dios y dar testimonio de su fe en el salvador Jesús.

Pero Dios sabe lo que está pasando con sus hijos, y esto nos da la paz y la paciencia necesarias para poder superar las distracciones. Gracias al perdón y el amor que Cristo nos demostró al morir por nosotros en la cruz, podemos acercarnos a Dios y confiar en su sabiduría.

ORACIÓN: Gracias, Señor, por conocer nuestras imperfecciones y las dificultades que enfrentamos. Oriéntanos, para que tu verdad prevalezca siempre en nuestras decisiones. Amén.

 

Por CPTLN

Nuestro fundamento firme

Nuestro fundamento firme

Leer | LUCAS 6.46-49

 

Dios tiene maneras de sacudir al mundo. Literalmente, causó un temblor de tierra cuando Jesús murió en la cruz, y Hebreos 12.26 describe un tiempo en el futuro cuando la Tierra experimentará una demostración semejante de su poder y su presencia.

Asimismo, Dios permite hoy que los fundamentos de nuestro mundo sean sacudidos, ya sean las alianzas políticas, los sistemas financieros u otras formas de seguridad humana. Entonces podemos ver la fragilidad de las estructuras en las que hemos basado nuestras esperanzas.

Las vidas individuales son también sacudidas cuando una familia experimenta una crisis, o un matrimonio comienza a deshacerse. Si hemos construido sobre los frágiles cimientos de la sabiduría humana, del orgullo y del amor condicional, las cosas pueden parecer estar bien durante un tiempo, pero colapsarán cuando golpee la tormenta.

Aunque la adversidad nos afecta a todos, podemos tener paz al saber que Dios siempre tiene un propósito mayor cuando permite trastornos en nuestro mundo. Los tiempos difíciles nos pueden sacar de la apatía, recordándonos que no debemos confiar en nosotros mismos o en las cosas de este mundo. Hay solo un fundamento seguro: una relación profunda y genuina con Jesucristo, quien estará con nosotros en todas las turbulencias.

No basta con que disfrutemos de la seguridad de saber que nuestra “casa” está construida sobre un fundamento sólido. Como embajadores de Dios en la Tierra, tenemos la responsabilidad de extender su compasión a las personas cuyas vidas se están derrumbando.

Por Min. En Contacto

La finalidad del evangelio

“La finalidad del evangelio”

CPTLN greentree.jpgPero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre. Juan 20:31

¿Sabes para qué sirve la Palabra de Dios? Muchos piensan que la Biblia es un código de leyes que nos dice lo que es bueno y lo que es malo. ¿Cuál es la finalidad del evangelio? La propia Biblia responde con estas palabras: “… éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre” (Juan 20:31).

La finalidad del evangelio es traer vida a las personas a través de la fe en Jesús, en quien  podemos depositar nuestra confianza y esperanza. La Palabra de Dios debe ser nuestro motivo  de alegría y confianza, pues en ella aprendemos lo que Jesús hizo por nosotros. ¿Sabes lo que Jesús hizo por ti? Él perdonó tus pecados al morir por ti en la cruz, liberándote así de la muerte eterna. Él es tu Salvador y Señor, vive con esta certeza.

ORACIÓN: Gracias, Señor, por tu Palabra. Te pido que me mantengas firme en ella y en la fe en tu Hijo como mi Señor y Salvador. Amén.

La purificación de nuestra fe

La purificación de Nuestra Fe

Leer | HEBREOS 11.32-40

 

Aunque a la mayoría de nosotros nos encantaría tener la heroica fe de los hombres y las mujeres mencionadas en Hebreos 11, pocos estamos dispuestos a pasar por el proceso que Dios utiliza para desarrollar esa clase de fe. Nos encanta leer sobre los grandes logros y victorias de quienes confiaron en el Señor, pero nos acobardamos por lo que dicen los versículos 36 al 38. Ninguno de nosotros quiere pasar por esas terribles situaciones, pero la adversidad es lo que Dios usa para purificar nuestra fe.

Imagine al Señor como un experto escultor de pie ante un bloque de mármol. ¡Ese bloque es usted! Imagine la obra de arte escondida dentro de la

roca, y a Él quitando amorosa y cuidadosamente todo lo que no corresponde con la obra maestra que está creando.

Carácter: Éste es uno de los primeros aspectos de los que se ocupa el Señor. Su propósito es conformarnos a la imagen de su Hijo, y hay algunos rasgos y actitudes que deben ser quitados para que Dios haga su tarea. Su cincel deja al descubierto raíces de pecado y egoísmo.

Idolatría: Cuando algo o alguien se vuelve más importante para nosotros que el Señor, tenemos un ídolo en nuestras vidas. Para protegernos, Dios utiliza a veces la adversidad con el fin de quitarnos todo aquello en que hayamos confiado, para que nos aferremos a Él solamente.

A menos que usted entienda el propósito del Señor para su vida y crea de corazón que está trabajando para su bien, pensará que Él es cruel. Pero si, por el contrario, confía en el Señor y se rinde a su voluntad en medio de la adversidad, su fe será purificada y fortalecida mediante la aflicción.

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El evangelio, el de la prosperidad

EL EVANGELIO (3): EL DE LA PROSPERIDAD

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con los que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Heb. 13:5).

            El Señor nos enseña a los creyentes que no seamos ambiciosos de tener bienes materiales, sino de ampararnos en Él. Todo el Nuevo Testamento sigue su línea. En Fil 4: 10-18 Pablo agradece un donativo que ha recibido de la iglesia de Filipos, y añade: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia”. Cuando Pablo pasó necesidad, no fue por falta de fe de su parte, sino parte del camino que Dios tuvo para él. Aprendió la lección, la de dar gracias por lo que tenía, fuera mucho o fuera poco. El evangelio de la prosperidad enseña otra línea que no participa de la mentalidad del Nuevo Testamento.  

“Porque  ya conoces la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor. 8:9). Las riquezas que Cristo vino a darnos no son de naturaleza material, sino espiritual. Los discípulos no eran ricos en dinero, sino en dones eternos. Al joven rico Jesús dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mat. 19:21). Si hubiese hecho caso, habría seguido a Cristo como pobre en los bienes de este mundo, pero rico en el tesoro que Dios da que permanece para siempre.

Jesús advirtió sobre las riquezas de este mundo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, sino haceos tesoros en el cielo… porque donde esté vuestro tesoro allí estará vuestro corazón” (Mat. 6:19-21). “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mat. 6:24). Santiago denuncia a los ricos: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por la miserias que os vendrán”. “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2: 5 y 5:1). Pablo dice que nunca usó engaño, ni palabras hermosas para sacar dinero de sus oyentes: “Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo” (1 Tes. 2:5). Prefirió trabajar para mantenerse que pedir dinero a los tesalonicenses. El obrero es digno de su salario (1 Tim. 5:18), ¡pero nunca pide dinero, y menos aun un aumento en su sueldo! Esto es del todo reprensible. Choca con el espíritu de Cristo.

            Alguno diría, “De acuerdo, pero entonces ¿por qué hay muchos versículos en el Antiguo Testamento que prometen riquezas a los creyentes?  ¿No fue inmensamente rico Abraham? ¿No bendijo Dios a Job con riquezas incontables? ¿El templo de Jerusalén no fue una de las maravillas del mundo en su exhibición de riqueza y esplendor?”. La respuesta es que sí, pero en el Antiguo Testamento las riquezas eran materiales, visibles y una clara evidencia de la bendición de Dios, aunque temporales, mientras que, en el Nuevo, las bendiciones son espirituales y eternas. El Señor nos ha enseñado a pedir el pan de cada día, lo justo para cubrir nuestras necesidades, no la sobreabundancia de bienes materiales. Lo que nos ha prometido es sufrimiento aquí en este mundo, pero riquezas en el otro. “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1 Tim. 6:17-19). Nuestro deseo es ser ricos para con Dios, es decir, ricos en fe y en buenas obras, lo que Dios considera la verdadera riqueza. 

Enviado Hno. Mario

Medidor de crecimiento espiritual

Medidor de crecimiento espiritual

Leer | 1 CORINTIOS 13.11-13

 

Puesto que nuestro Padre quiere que maduremos en la fe, debemos examinar nuestras vidas y ver si estamos progresando en este terreno. El crecimiento físico es bastante fácil de evaluar, ­solo se necesita una cinta métrica. Pero, ¿cómo podemos saber si estamos creciendo espiritualmente? De la misma manera en que evaluamos el crecimiento infantil.

Deseos. El proceso de maduración cambia nuestros deseos. Cuando estamos creciendo espiritualmente, los placeres del mundo pierden su atractivo, mientras que nuestra hambre de Dios y de su Palabra aumenta. Estamos ansiosos de estar con Él y de compartir con otros lo que está haciendo en nosotros.

Entendimiento. Cuando éramos pequeños, nuestra percepción del mundo era muy limitada. De la misma manera, nos falta entendimiento espiritual cuando somos creyentes nuevos. Pero, con el tiempo, comenzamos a ver la vida desde la perspectiva de Dios. Las pruebas y las tentaciones se convierten en oportunidades para crecer, y el servicio para el Señor se vuelve un honor.

Generosidad. La señal más evidente de inmadurez de un niño que empieza a andar es su egoísmo. ¡Quiere hacer las cosas a su manera, y las quiere ya! Mientras que un creyente maduro es sumiso al Señor, está dispuesto a esperar y está más preocupado por los demás que por sí mismo.

¿Cómo le está yendo en estos tres aspectos del crecimiento? Tal vez sea hora de que deje algunas cosas de niño para convertirse en un creyente maduro. La mayor evidencia de madurez es el amor. Cuando el Señor y los demás tienen el primer lugar en nuestro corazón, es que somos más semejantes a Cristo.

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Elegido por Jesús

“Elegido por Jesús”

CPTLN Women club.jpgYo ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Juan 17:9

¿Sabes que eres una persona elegida? Debes estar pensando: “¿elegida para qué, o para quién?” Con su sacrificio, Jesucristo te eligió para perdonarte y así salvarte y rescatarte de la condenación que merecías por tus  pecados. Jesús te ama tanto, que estuvo dispuesto a dar su vida a cambio de la tuya, para que tú puedas tener vida eterna en el cielo junto al Padre celestial.

Todos los que hemos sido rescatados con la sangre de Jesús, pasamos a formar parte del “equipo de rescate de Dios”. ¿Cómo lo hacemos? Simplemente compartiendo con quienes nos rodean lo que el Señor ha hecho por nosotros a través de Jesús.

ORACIÓN: Gracias, Jesús, por haberme elegido. Fortalece cada día mi fe, y ayúdame a compartirla con quienes me rodean. Amén.

Enviado CPTLN

Las señales de que nos hemos deslizado

Las señales de que nos hemos deslizado

Leer | HEBREOS 2.1-3

 

Reunirse regularmente en la casa del Señor con los hermanos en Cristo ofrece un “ancla” de ayuda para mantener la transparencia de nuestra conducta. Sin embargo, dejar de asistir a la iglesia para ocuparse de otros intereses es una señal de que hemos comenzado a alejarnos de Dios. Si bien, son menos evidentes las personas que no están mentalmente presentes en el tiempo de la predicación, el acto de asistir al servicio no significa nada si no se tiene el deseo de recibir la Palabra de Dios y aplicarla a la vida. Tal como advierte el autor de Hebreos, si no ponemos atención a lo que hemos oído, nos deslizaremos (2.1).

Pero el domingo no es el único día para recibir una buena dieta del aliento y los principios que contiene la Biblia. Debemos leerla cada día de manera personal. Cuando nuestro interés en lo que Dios dice disminuye, nos estamos deslizando a aguas peligrosas. La única manera de mantener limpio nuestro camino es guardando su Palabra (Sal 119.9).

Si se descuida la lectura de la Biblia, la vida de oración también desaparece. La oración es la manera que tenemos los creyentes de comunicarnos con el Capitán. Si dejamos de hablar con Él, sentiremos que el Dios que una vez nos pareció tan cercano, está ahora distante. Ese abismo en nuestro espíritu es una señal más de que estamos lejos de la seguridad.

He visto a capitanes guiar sus buques a través de canales estrechos. Los miembros de la tribulación se enfocan en sus tareas, pues quedar a la deriva sería un desastre. De la misma manera, la vida está llena de canales estrechos, así que no podemos permitirnos alejarnos de Dios y de su Palabra.

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No te aflijas

“¡No te aflijas!”

rockNo se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí. Juan 14:1

Son muchas las circunstancias en nuestra vida que nos producen miedo. Puede ser al perder a un ser querido, o quizás al perder nuestro empleo. De una u otra forma, el miedo está presente constantemente en nuestras vidas. Jesucristo muchas veces tranquilizó a sus seguidores afirmando: “No se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí” (Juan 14:1). Esta frase es válida también para nosotros hoy.

Recordemos estas palabras y confiemos plenamente en Dios. Él sabe que lo natural en el ser humano es sentir miedo y que este miedo muchas veces nos inmoviliza y no nos permite superar un obstáculo o encontrar la solución a nuestros problemas. Sin embargo, Dios quiere que confiemos en que él está con nosotros siempre, cuidándonos y bendiciéndonos, por lo que en él estamos seguros.

ORACIÓN: Señor Dios, ayúdame a confiar cada vez más en ti para que el miedo no tenga poder sobre mi vida. Amén.

Por CPTLN

Descanso (2)

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque me yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mat. 11:28-30).

En esta ocasión, Jesús retoma el tema del descanso. Siendo judío, la palabra tiene todo el significado que tuvo para los creyentes del Antiguo Testamento, significado que ya hemos expuesto. Está invitando la gente a venir a Él para encontrar la paz que sobrepasa todo entendimiento, refugio, seguridad, reposo, tranquilidad, bienestar interno y descanso para el alma. Se está ofreciendo para ser nuestro lugar de reposo, el mismo descanso que Rut encontró en casa de Booz sabiendo que él cuidaría de ella.

El Antiguo Testamento habla mucho del tema y fue el punto de referencia de Jesús. Ponemos algunos ejemplos: “Nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmo 46:7, 1l). Estas palabras vienen en medio, y se repiten al final, de un salmo que habla de tribulaciones, terremotos, guerras y trastornos políticos. El creyente descansa en Dios en medio de todas estas cosas. Dios es nuestro hogar: “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación” (Salmo 90:1). “El que habita al abrigo del altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios en quien confiaré” (Salmo 91:1, 2). Cuando Jesús invita la gente a venir a Él para encontrar descanso para sus almas, ¡está haciendo las veces de Dios! Ningún profeta jamás dijo cosa parecida. Es una clara pretensión de ser divino. 

En tiempos de Jesús, los fariseos habían puesto una carga muy pesada sobre las espaldas del pueblo. Además de cumplir la ley de Moisés, tenían que cumplir todas las normas legalistas que sus líderes religiosas habían impuesto sobre ellos. Había muchos requisitos para salvarse y ninguna seguridad de haberlo alcanzado nunca. La gente no vivía tranquila en torno a su relación con Dios y su futura eterna. Jesús, en contraste, no es exigente, o prepotente como los fariseos. Es manso y humilde de corazón. No exige el cumplimiento de la ley para conseguir la salvación. La gente puede dejar sus esfuerzos para salvarse por mérito propio y quitar de sus hombros la enorme carga del legalismo y descansar en Él para su salvación.

Este descanso no es reposo en la cama sin hacer nada. Jesús lo hace muy claro hablando de su yugo. ¡Nadie se pone un yugo para descansar!, sino para trabajar, pero es un trabajo que uno hace por amor, no para salvarse, sino porque ya es salva, y no se realiza en el poder humano, sino en el poder del Espíritu Santo. Trabajar con Jesús en su obra es un gozo y un privilegio. No lo encontramos una pesada carga, sino un placer.

Nos refugiamos en Jesús para nuestra salvación. Él es nuestro lugar de descanso en todo lo que ocurre en la vida porque vela por nosotros. Él es nuestra seguridad y nuestra paz. Y también es nuestro compañero en la obra en la cual nos ha llamado a participar. En medio de nuestro trabajo reconocemos que su yugo es fácil y ligera su carga, porque descansamos en Él.  

Enviado Hno. Mario

Descanso

 

DESCANSO

“Y Noemí dijo a sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo. Os conceda Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido” (Rut 1:8, 9).

            En esta amada historia, Noemí está preocupada con el tema del descanso. Desea que sus nueras encuentren descanso cada una en la casa de un nuevo marido. Esta palabra “descanso” está cargada de significado. Noemí no está pensando que sus nueras están cansadas y que necesitan ir a casa de un nuevo marido donde no tendrán que trabajar, ¡qué él hará todo el trabajo! No significa descansar en la cama sin hacer nada para recuperar fuerzas. Lo que Noemí desea para sus nueras es que encuentren contentamiento y bienestar en la casa de un muevo marido donde tengan tranquilidad y paz, aquel reposo interno que viene cuando la mujer se encuentra segura porque sus necesidades están satisfechas, porque se siente amada y apreciada, valorada y respetada, protegida y atesorada. Estas son las necesidades del corazón de una mujer. Quiere tener un hombre que vele por ella, que la ame y cuide. Si este es el caso, aunque esté muy ocupada con muchas responsabilidades, por dentro está en paz y feliz. Su marido será un refugio para ella. Esto es el concepto hebreo de descanso.

            Rut encontró este descanso en medio de la ardua faena de espigar en los campos de Booz. Estaba protegida. Booz había mandado a sus criados a que no la molestasen. Y a ella le dijo que se sentase con sus segadores para comer. Había provisión y atenciones personales. Rut vio que se había preocupado de ella y que estaba pendiente de sus necesidades. Después de comer “se levantó para espigar” (v. 15), renovada.

            “Entonces le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar reposo para ti, donde te vaya bien?” (3:1, BTX).  En otras traducciones pone: “¿No he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien?” (R. V.). Es la misma idea. La mujer necesita un hogar, un lugar de reposo. Noemí estaba feliz con su suegra. Se avenían. Tenían lo básico. Pero la mujer necesita mucho más que una casa donde vivir en la compañía de su madre, hermanas o una amiga; necesita el amparo de un hombre. Nuestra sociedad se está alejando de esto cada vez más al perder la distinción entre hombre y mujer, pero las necesidades de ambos son diferentes. La mujer necesita protección, amor, seguridad, provisión, y el hombre necesita suplir estas necesidades. Por moderno que sea la sociedad, las necesidades de la mujer no han cambiado. El hombre necesita ser el fuerte protector y proveedor. Dios nos hizo así para complementarnos el uno al otro.

            Cuando Rut mostró su disposición de recibir a Booz como su marido según la ley de Moisés, ¡Booz responde con palabras de agradecimiento! “Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos. Ahora, pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa” (Rut. 3:10, 11). ¡Con qué palabras más hermosas muestra su aprecio de Rut! Le da tranquilidad: “No temas”. Él se va a ocupar de sus necesidades. Él mismo terminará siendo la provisión para su paz. El deseo de Noemí es cumplido y Rut encuentra descanso en el hogar de Booz, su nuevo marido.   

 

Enviado Hno. Mario

 

 

Descanso final (5)

DESCANSO FINAL (5)

“Bienaventurados de aquí en adelante son los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Ap. 14:13).

“Descansaré por fin en gloria, pasando por portales de esplendor.

Tuya es la lucha, tuya la victoria, y la alabanza a ti será, Señor”.

            El descanso viene después de trabajar. La vida cristiana en las Escrituras es contemplada como un trabajo duro en los campos del Señor, como es prefigurado en el libro de Rut, después del cual uno necesita descansar: “Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab… Entró, pues, y está desde la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento” (Rut 2:6, 7). “Espigó, pues, en el campo hasta la noche” (Rut 2:17).  

La persona que no ha hecho nada de trabajo en la obra del Señor no necesita, ni entra en, el descanso eterno. “He aquí yo vengo pronto, y galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Ap. 22:12). Si no hay obra, no hay evidencia de salvación. En cuanto al siervo que enterró su talento en tierra y lo devolvió a su señor sin haber ganado nada, su señor dijo las palabras siguientes: “Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mat. 25:30). “Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes”  (Mat. 24:48-51). El siervo infiel no entra en el descanso.

El descanso viene después del trabajo. Dios mismo es el primer ejemplo: descansó después de terminar su obra de la Creación (Gen. 2:2, 3).

            En el descanso la obra es premiada. “Señor, cinco talento me entregaste, aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mat. 25: 20, 21). Esto es dicho solo a los que han trabajado para su señor. Los fieles “están delante de Dios, y le sirven día y noche en su tiemplo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos;  ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno, porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida” (Ap. 7:15-17).  El descanso eterno no es para no hacer nada, sino para servir al Señor día y noche en su templo, con diferentes responsabilidades según la capacidad y fidelidad que hemos demostrado aquí en la tierra. 

            No descansaremos de servir al Señor, sino de sufrir. No habrá más pena, dolor, angustia, desprecio, rechazo, o disgustos. No habrá tentaciones u opresión satánica. Entonces el trabajo será sin fatiga, en la compañía del Señor, disfrutando de su sonrisa de agrado, porque le gusta trabajar con nosotros, y le gusta cómo trabajamos, y nosotros, por nuestra parte, muy contentos de poder seguir sirviéndole, como amigos, y más que amigos, en la más intima de las relaciones, dando expresión a nuestro eterno amor para Él, que tanto nos amó. Nunca nos cansaremos en el descanso eterno.  

Enviado Hno. Mario

Lo que cuesta venir y descansar (4)

LO QUE CUESTA VENIR Y DESCANSAR (4)

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque me yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mat. 11:28-30).

            Conocemos a una mujer que está desesperada para tener hijos. Por medio de un tratamiento médico, posiblemente se quede embarazada este mes, pero en tal caso, solo hay un 50% de probabilidad que lleve el embarazo a término. Para ella esto significa meses y meses de tensión bajo una presión emocional casi imposible de soportar. Necesita el descanso que Cristo ofrece, pero venir a Él no es fácil. Significa reconocer años de rebeldía, malas decisiones, daños que ha infligido a otros, y que ha perdido años dando tumbos, lejos de Dios. No es creyente, pero fue criada en un hogar cristiano, con cierta problemática. Tendrá que afrontar la dolorosa verdad acerca de su hogar. No es fácil venir a Jesús. Hemos de venir tal como somos, asumiendo la responsabilidad por nuestras equivocaciones y desaciertos. Pero la alternativa es no tener paz.  Cuesta admitir la verdad para venir a Jesús, pero no venir cuesta vivir con angustia y desasosiego por dentro.

            Una joven soltera tiene dos hijos con un hombre casado. A ella le han diagnosticado una enfermedad grave. Necesita la paz de Dios, pero no la puede tener sin antes enfrentar la realidad de su vida. Para tener paz hemos de hacer las paces con Dios.

            Un pastor está viendo su familia deshacerse. Uno por uno sus hijos se aparten. Se esposa no está con él en el ministerio. Sufre. El pastoreo le es una carga, no es puro placer. El gozo se le ha ido. No tiene paz. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué? ¿Qué parte de todo esto es culpa suya? Solo el Espíritu Santo lo sabe. Lo que necesita es venir a Jesús, tal como es, dispuesto a oír la dolorosa verdad y pedir: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139: 23, 24). Esta es la fórmula de Dios para saber la verdad en cuanto a cómo somos, lo que hemos hecho y por qué. No nos toca a nosotros examinarnos, es cosa de Dios. Nosotros nos justificamos o nos condenamos, según como somos, pero Dios no. Nos permite ver la verdad; nos la revela. Sin esta revelación, nunca la veríamos.

            La pregunta clave es: ¿Por qué hago lo que hago? Venimos a Jesús en medio del dolor de nuestro desastre personal, creyente o no creyente, y dejamos que nos diga la verdad, la confesamos, pedimos su ayuda para asumir las consecuencias de lo que hemos hecho, de los problemas que hemos causado y del sufrimiento que hemos traído sobre nosotros mismos, y Él nos perdona y nos da su paz. Luego nos muestra la salida, paso a paso. Esta es la gracia de Dios. Nos ayuda a lleva la carga y está carga llega a ser su voluntad para nosotros, no un castigo, sino parte del proceso de nuestra santificación. “El pueblo que escapó la espada halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo (Jer. 31:2).  Es el reposo del pecado perdonado y de tener Dios a tu lado para ayudarte. Este es el reposo que Israel halló.

Enviado Hno. Mario

Descanso en la Iglesia (3)

DESCANSO EN LA IGLESIA (3)

“Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo” (1 Tes. 1:1).

            Rut encontró su lugar de descanso en Booz, su marido, en su hogar, físicamente, en lo material, y en el matrimonio, en cuanto a lo emocional, la seguridad y la provisión para sus necesidades. Jesús es nuestro lugar de descanso espiritualmente. En muchos sentidos hace las veces de un marido al suplir las necesidades materiales y emocionales. También es la provisión espiritual para nuestra salvación y paz con Dios. Y hoy vamos a hablar de la iglesia como nuestro hogar, nuestro lugar de descanso.

Para los judíos, el templo era su hogar espiritual, porque allí estaba Dios. Encontraron su identidad como parte del pueblo de Dios. Rut conoció las tres realidades: un hogar de descanso con Booz, su marido (Rut 3:1); un hogar/lugar como parte del pueblo de Dios (Rut 1:16); y un hogar en Dios, pues, “bajo cuyas alas había venido a refugiarse” (Rut 2:12).

La iglesia, el pueblo de Dios, es nuestro lugar de descanso. En ella hemos encontrado nuestro lugar. Es un lugar donde nos sentimos amados, aceptados, y donde recibimos refrigerio en medio de la jornada de trabajo en la obra de Dios, en la viña del Señor, o como conocía Rut, en los campos del Redentor. Allí paraba ella para descansar con los otros trabajadores para tomar el pan y el vino (Rut 2:14).

La iglesia debería ser un lugar de refrigerio donde cobramos fuerzas para seguir sirviendo a Dios en el lugar donde Él nos ha puesto, con la familia, en el  trabajo, en diferentes ministerios y con la gente que Él ha puesto e nuestra vida.

Es un lugar de consuelo, donde recibimos la palabra que necesitamos para cobrar ánimo. La misma presencia de Dios nos ministra y nos fortalece.

Es un lugar de edificación. Recibimos la Palabra y la incorporamos en nuestra vida como parte nuestra para vivir de ella.

La iglesia es nuestro lugar de pertenencia. Soy uno de muchos, una parte del cuerpo de Cristo. Nos pertenecemos los unos a los otros. Pertenezco. Encajo. Tengo la sensación de ser parte. Encuentro mi función. No es una realidad durante las dos horas que dura el culto del domingo, sino siempre.

La iglesia es mi hogar espiritual visible. Está ubicada en Dios. Vive y mora en Dios: “Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo” Dios es mi hogar invisible y mi casa es mi hogar material. Tengo protección, paz, seguridad y provisión en el amor de mi marido, en el amor de mi iglesia y en el amor de mi Dios.  

Enviado Hno. Mario

¿Para qué querría nadie hacerse Cristiano?

¿PARA QUÉ QUERRÍA NADIE HACERSE CRISTIANO?

Tendemos a pensar que, puesto que el cristianismo es una religión pacifica que enseña el amor, todo el mundo querría hacerse cristiano. Es atractivo. Es lógico y razonable. Es históricamente comprobable. Presenta un Dios de amor y una iglesia donde se aman los unos a los otros. Seguramente esto es lo que la gente desea. Pensaríamos que nada más oír el evangelio, se convertirían. Pero no es así. Cuesta mucho que una persona se convierta de verdad y hay motivos por ello.

El cristianismo habla de la corrupción del hombre y la necesidad de morir a lo malo en nosotros: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9). “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Is. 64:6). Choca con el orgullo humano. Es muy difícil que una persona se enfrente y acepte la verdad acerca de sí misma. La tendencia es a creer que no somos tan malos, que somos mejores que muchos. Justificamos nuestros actos malos, o no les damos importancia. No aceptamos la justicia de nuestra condenación. No vemos la necesidad de que Cristo muriese por nosotros, ¡y menos queremos ser crucificados juntamente con Él! (Gal. 2:20). 

 La persecución. “Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Tim. 3:12). En tiempos de Jesús muchos líderes religiosos creyeron en Él, pero no lo confesaban, porque no querían ser expulsados de la sinagoga (Jn. 9:22). “Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios” (Juan 16: 2). Incluso delante de la cara más fea del Islam, la gente teme convertirse, porque significa la muerte segura al profesar fe en Cristo públicamente. Amamos la vida. No queremos cárceles, tortura y muerte.

La familia es un obstáculo muy grande a la fe en Cristo. Uno ama a sus padres y no quiere disgustarles. Ellos sufrirán el rechazo de la sociedad por tener un hijo cristiano. Los padres podrían denunciarte a las autoridades. El cónyuge podría repudiarte. La presión familiar es muy grande. Uno la tiene que enfrentar y superar para  poder seguir a Cristo: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí” (Mat. 10:37).

Sacrificio personal. El Señor Jesús dijo: “El que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mat. 10:38). Ser cristiano significa separación del mundo y la renuncia a mis deseos y ambiciones carnales. Se puede perder amistades, trabajo, reputación y aceptación en la comunidad, en el colegio o en la facultad. Requiere disciplina y un gran cambio de valores. Ya no puedes vivir “a tu bola”, sino para hacer la voluntad de Dios: “En el pasado han tenido más que suficiente de las cosas perversas que les gusta hacer a los que no tienen a Dios, inmoralidad y pasiones sexuales, parrandas, borracheras, fiestas desenfrenadas, y abominable adoración a ídolos. No es de extrañarse que sus amigos de la vieja vida se sorprendan de que ustedes ya no participen en las cosas destructivas y descontroladas que ellos hacen. Por eso los calumnian” (1 Pedro 4: 3, 4, NTV).

            Seguir a Cristo cuesta mucho más que ser de cualquier otra religión. ¿Qué le motivaría a uno a pagar un precio tan alto? Solo amor por Otro que pagó un precio aun mayor.

Enviado Hno. Mario

La dieta eterna

“La dieta eterna

rain on hands“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y en voz alta dijo: ‘Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Del interior del que cree en mí, correrán ríos de agua viva, como dice la Escritura.’ Jesús se refería al Espíritu que recibirían los que creyeran en él. El Espíritu aún no había venido, porque Jesús aún no había sido glorificado.” Juan 7:37-39

La preocupación con la apariencia y la salud lleva a muchas personas a hacer diversas dietas. Pero no hay dieta más eficaz que la dieta del agua: Jesús dice: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37b).

Esa agua, el Espíritu Santo, nos hace confiar en la muerte y resurrección de Jesús para la vida eterna. Quien beba de esa agua sabe que tendrá la resurrección asegurada, y que ya recibió la invitación para cenar con Dios cuando llegue la hora de abandonar este mundo.

ORACIÓN: Señor Jesús, dame siempre de beber del agua de la vida. Quiero vivir eternamente en tu presencia y descansar en tus brazos. En tu santo nombre. Amén.

Por CPTLN

El Peligro de deslizarse

El peligro de deslizarse

Leer | PROVERBIOS 14.15, 16

 

Una hermosa tarde, mi mejor amigo y yo encontramos un bote abandonado flotando en el río. Tenía los remos rotos, pero eso no pareció ser un impedimento para un par de adolescentes. Subimos al bote, y nos dejamos llevar por la corriente. No estoy seguro de cuánto tiempo pasó mientras estuvimos flotando a la deriva, pero supimos que estábamos en problemas cuando oímos un estruendo. Más adelante el agua se precipitaba sobre una represa. Aterrorizados, echamos mano de los remos rotos y nos pusimos a remar con fuerza contra la corriente. Nos las arreglamos para llegar bien cerca de la orilla, y saltamos, pero el bote cayó en la represa. Lo que comenzó como una diversión sencilla terminó casi en una tragedia.

Eso es exactamente lo que sucede con muchas personas hoy. Lo que comienza como una diversión, termina en un naufragio porque las personas se dejan llevar por la corriente, sin pensar antes o darse cuenta de que se están alejando de la seguridad que ofrece el plan de Dios. Según la actitud prevaleciente en la sociedad moderna, Dios no hace falta mientras la corriente esté tranquila. En otras palabras, cuando hay buenos ingresos, la familia está libre de riesgos y la salud es estable, ir con la corriente parece bien. Pero, en realidad, una persona a la deriva está siendo arrastrada a corrientes contrarias a Cristo y la iglesia.

El pasaje de hoy enseña que el sabio ve el futuro, y evita el desastre. Dicho de otra manera: Dejarse llevar por la corriente es una insensatez. En muchos aspectos de la vida —matrimonio, familia, finanzas, etc.— necesitamos tener un plan de navegación claro para tener éxito (Pr 3.6).

Por  Min En Contacto

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