Mes: abril 2016

¿Iglesia perfecta?

“¿Iglesia perfecta?”

coloradoAunque tengo la esperanza de ir pronto a visitarte, te escribo esto para que, si me tardo, sepas cómo conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. 1 Timoteo 3:14-15

La iglesia, como toda organización humana liderada por humanos, es imperfecta. Los problemas siempre aparecen, dificultando la vida de quienes se reúnen para adorar a Dios y dar testimonio de su fe en el salvador Jesús.

Pero Dios sabe lo que está pasando con sus hijos, y esto nos da la paz y la paciencia necesarias para poder superar las distracciones. Gracias al perdón y el amor que Cristo nos demostró al morir por nosotros en la cruz, podemos acercarnos a Dios y confiar en su sabiduría.

ORACIÓN: Gracias, Señor, por conocer nuestras imperfecciones y las dificultades que enfrentamos. Oriéntanos, para que tu verdad prevalezca siempre en nuestras decisiones. Amén.

 

Por CPTLN

Nuestro fundamento firme

Nuestro fundamento firme

Leer | LUCAS 6.46-49

 

Dios tiene maneras de sacudir al mundo. Literalmente, causó un temblor de tierra cuando Jesús murió en la cruz, y Hebreos 12.26 describe un tiempo en el futuro cuando la Tierra experimentará una demostración semejante de su poder y su presencia.

Asimismo, Dios permite hoy que los fundamentos de nuestro mundo sean sacudidos, ya sean las alianzas políticas, los sistemas financieros u otras formas de seguridad humana. Entonces podemos ver la fragilidad de las estructuras en las que hemos basado nuestras esperanzas.

Las vidas individuales son también sacudidas cuando una familia experimenta una crisis, o un matrimonio comienza a deshacerse. Si hemos construido sobre los frágiles cimientos de la sabiduría humana, del orgullo y del amor condicional, las cosas pueden parecer estar bien durante un tiempo, pero colapsarán cuando golpee la tormenta.

Aunque la adversidad nos afecta a todos, podemos tener paz al saber que Dios siempre tiene un propósito mayor cuando permite trastornos en nuestro mundo. Los tiempos difíciles nos pueden sacar de la apatía, recordándonos que no debemos confiar en nosotros mismos o en las cosas de este mundo. Hay solo un fundamento seguro: una relación profunda y genuina con Jesucristo, quien estará con nosotros en todas las turbulencias.

No basta con que disfrutemos de la seguridad de saber que nuestra “casa” está construida sobre un fundamento sólido. Como embajadores de Dios en la Tierra, tenemos la responsabilidad de extender su compasión a las personas cuyas vidas se están derrumbando.

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La finalidad del evangelio

“La finalidad del evangelio”

CPTLN greentree.jpgPero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre. Juan 20:31

¿Sabes para qué sirve la Palabra de Dios? Muchos piensan que la Biblia es un código de leyes que nos dice lo que es bueno y lo que es malo. ¿Cuál es la finalidad del evangelio? La propia Biblia responde con estas palabras: “… éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre” (Juan 20:31).

La finalidad del evangelio es traer vida a las personas a través de la fe en Jesús, en quien  podemos depositar nuestra confianza y esperanza. La Palabra de Dios debe ser nuestro motivo  de alegría y confianza, pues en ella aprendemos lo que Jesús hizo por nosotros. ¿Sabes lo que Jesús hizo por ti? Él perdonó tus pecados al morir por ti en la cruz, liberándote así de la muerte eterna. Él es tu Salvador y Señor, vive con esta certeza.

ORACIÓN: Gracias, Señor, por tu Palabra. Te pido que me mantengas firme en ella y en la fe en tu Hijo como mi Señor y Salvador. Amén.

La purificación de nuestra fe

La purificación de Nuestra Fe

Leer | HEBREOS 11.32-40

 

Aunque a la mayoría de nosotros nos encantaría tener la heroica fe de los hombres y las mujeres mencionadas en Hebreos 11, pocos estamos dispuestos a pasar por el proceso que Dios utiliza para desarrollar esa clase de fe. Nos encanta leer sobre los grandes logros y victorias de quienes confiaron en el Señor, pero nos acobardamos por lo que dicen los versículos 36 al 38. Ninguno de nosotros quiere pasar por esas terribles situaciones, pero la adversidad es lo que Dios usa para purificar nuestra fe.

Imagine al Señor como un experto escultor de pie ante un bloque de mármol. ¡Ese bloque es usted! Imagine la obra de arte escondida dentro de la

roca, y a Él quitando amorosa y cuidadosamente todo lo que no corresponde con la obra maestra que está creando.

Carácter: Éste es uno de los primeros aspectos de los que se ocupa el Señor. Su propósito es conformarnos a la imagen de su Hijo, y hay algunos rasgos y actitudes que deben ser quitados para que Dios haga su tarea. Su cincel deja al descubierto raíces de pecado y egoísmo.

Idolatría: Cuando algo o alguien se vuelve más importante para nosotros que el Señor, tenemos un ídolo en nuestras vidas. Para protegernos, Dios utiliza a veces la adversidad con el fin de quitarnos todo aquello en que hayamos confiado, para que nos aferremos a Él solamente.

A menos que usted entienda el propósito del Señor para su vida y crea de corazón que está trabajando para su bien, pensará que Él es cruel. Pero si, por el contrario, confía en el Señor y se rinde a su voluntad en medio de la adversidad, su fe será purificada y fortalecida mediante la aflicción.

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El evangelio, el de la prosperidad

EL EVANGELIO (3): EL DE LA PROSPERIDAD

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con los que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Heb. 13:5).

            El Señor nos enseña a los creyentes que no seamos ambiciosos de tener bienes materiales, sino de ampararnos en Él. Todo el Nuevo Testamento sigue su línea. En Fil 4: 10-18 Pablo agradece un donativo que ha recibido de la iglesia de Filipos, y añade: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia”. Cuando Pablo pasó necesidad, no fue por falta de fe de su parte, sino parte del camino que Dios tuvo para él. Aprendió la lección, la de dar gracias por lo que tenía, fuera mucho o fuera poco. El evangelio de la prosperidad enseña otra línea que no participa de la mentalidad del Nuevo Testamento.  

“Porque  ya conoces la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor. 8:9). Las riquezas que Cristo vino a darnos no son de naturaleza material, sino espiritual. Los discípulos no eran ricos en dinero, sino en dones eternos. Al joven rico Jesús dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mat. 19:21). Si hubiese hecho caso, habría seguido a Cristo como pobre en los bienes de este mundo, pero rico en el tesoro que Dios da que permanece para siempre.

Jesús advirtió sobre las riquezas de este mundo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, sino haceos tesoros en el cielo… porque donde esté vuestro tesoro allí estará vuestro corazón” (Mat. 6:19-21). “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mat. 6:24). Santiago denuncia a los ricos: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por la miserias que os vendrán”. “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2: 5 y 5:1). Pablo dice que nunca usó engaño, ni palabras hermosas para sacar dinero de sus oyentes: “Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo” (1 Tes. 2:5). Prefirió trabajar para mantenerse que pedir dinero a los tesalonicenses. El obrero es digno de su salario (1 Tim. 5:18), ¡pero nunca pide dinero, y menos aun un aumento en su sueldo! Esto es del todo reprensible. Choca con el espíritu de Cristo.

            Alguno diría, “De acuerdo, pero entonces ¿por qué hay muchos versículos en el Antiguo Testamento que prometen riquezas a los creyentes?  ¿No fue inmensamente rico Abraham? ¿No bendijo Dios a Job con riquezas incontables? ¿El templo de Jerusalén no fue una de las maravillas del mundo en su exhibición de riqueza y esplendor?”. La respuesta es que sí, pero en el Antiguo Testamento las riquezas eran materiales, visibles y una clara evidencia de la bendición de Dios, aunque temporales, mientras que, en el Nuevo, las bendiciones son espirituales y eternas. El Señor nos ha enseñado a pedir el pan de cada día, lo justo para cubrir nuestras necesidades, no la sobreabundancia de bienes materiales. Lo que nos ha prometido es sufrimiento aquí en este mundo, pero riquezas en el otro. “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1 Tim. 6:17-19). Nuestro deseo es ser ricos para con Dios, es decir, ricos en fe y en buenas obras, lo que Dios considera la verdadera riqueza. 

Enviado Hno. Mario

Medidor de crecimiento espiritual

Medidor de crecimiento espiritual

Leer | 1 CORINTIOS 13.11-13

 

Puesto que nuestro Padre quiere que maduremos en la fe, debemos examinar nuestras vidas y ver si estamos progresando en este terreno. El crecimiento físico es bastante fácil de evaluar, ­solo se necesita una cinta métrica. Pero, ¿cómo podemos saber si estamos creciendo espiritualmente? De la misma manera en que evaluamos el crecimiento infantil.

Deseos. El proceso de maduración cambia nuestros deseos. Cuando estamos creciendo espiritualmente, los placeres del mundo pierden su atractivo, mientras que nuestra hambre de Dios y de su Palabra aumenta. Estamos ansiosos de estar con Él y de compartir con otros lo que está haciendo en nosotros.

Entendimiento. Cuando éramos pequeños, nuestra percepción del mundo era muy limitada. De la misma manera, nos falta entendimiento espiritual cuando somos creyentes nuevos. Pero, con el tiempo, comenzamos a ver la vida desde la perspectiva de Dios. Las pruebas y las tentaciones se convierten en oportunidades para crecer, y el servicio para el Señor se vuelve un honor.

Generosidad. La señal más evidente de inmadurez de un niño que empieza a andar es su egoísmo. ¡Quiere hacer las cosas a su manera, y las quiere ya! Mientras que un creyente maduro es sumiso al Señor, está dispuesto a esperar y está más preocupado por los demás que por sí mismo.

¿Cómo le está yendo en estos tres aspectos del crecimiento? Tal vez sea hora de que deje algunas cosas de niño para convertirse en un creyente maduro. La mayor evidencia de madurez es el amor. Cuando el Señor y los demás tienen el primer lugar en nuestro corazón, es que somos más semejantes a Cristo.

Por Min. En Contacto

Elegido por Jesús

“Elegido por Jesús”

CPTLN Women club.jpgYo ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Juan 17:9

¿Sabes que eres una persona elegida? Debes estar pensando: “¿elegida para qué, o para quién?” Con su sacrificio, Jesucristo te eligió para perdonarte y así salvarte y rescatarte de la condenación que merecías por tus  pecados. Jesús te ama tanto, que estuvo dispuesto a dar su vida a cambio de la tuya, para que tú puedas tener vida eterna en el cielo junto al Padre celestial.

Todos los que hemos sido rescatados con la sangre de Jesús, pasamos a formar parte del “equipo de rescate de Dios”. ¿Cómo lo hacemos? Simplemente compartiendo con quienes nos rodean lo que el Señor ha hecho por nosotros a través de Jesús.

ORACIÓN: Gracias, Jesús, por haberme elegido. Fortalece cada día mi fe, y ayúdame a compartirla con quienes me rodean. Amén.

Enviado CPTLN

Las señales de que nos hemos deslizado

Las señales de que nos hemos deslizado

Leer | HEBREOS 2.1-3

 

Reunirse regularmente en la casa del Señor con los hermanos en Cristo ofrece un “ancla” de ayuda para mantener la transparencia de nuestra conducta. Sin embargo, dejar de asistir a la iglesia para ocuparse de otros intereses es una señal de que hemos comenzado a alejarnos de Dios. Si bien, son menos evidentes las personas que no están mentalmente presentes en el tiempo de la predicación, el acto de asistir al servicio no significa nada si no se tiene el deseo de recibir la Palabra de Dios y aplicarla a la vida. Tal como advierte el autor de Hebreos, si no ponemos atención a lo que hemos oído, nos deslizaremos (2.1).

Pero el domingo no es el único día para recibir una buena dieta del aliento y los principios que contiene la Biblia. Debemos leerla cada día de manera personal. Cuando nuestro interés en lo que Dios dice disminuye, nos estamos deslizando a aguas peligrosas. La única manera de mantener limpio nuestro camino es guardando su Palabra (Sal 119.9).

Si se descuida la lectura de la Biblia, la vida de oración también desaparece. La oración es la manera que tenemos los creyentes de comunicarnos con el Capitán. Si dejamos de hablar con Él, sentiremos que el Dios que una vez nos pareció tan cercano, está ahora distante. Ese abismo en nuestro espíritu es una señal más de que estamos lejos de la seguridad.

He visto a capitanes guiar sus buques a través de canales estrechos. Los miembros de la tribulación se enfocan en sus tareas, pues quedar a la deriva sería un desastre. De la misma manera, la vida está llena de canales estrechos, así que no podemos permitirnos alejarnos de Dios y de su Palabra.

Por Min. En Contacto

No te aflijas

“¡No te aflijas!”

rockNo se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí. Juan 14:1

Son muchas las circunstancias en nuestra vida que nos producen miedo. Puede ser al perder a un ser querido, o quizás al perder nuestro empleo. De una u otra forma, el miedo está presente constantemente en nuestras vidas. Jesucristo muchas veces tranquilizó a sus seguidores afirmando: “No se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí” (Juan 14:1). Esta frase es válida también para nosotros hoy.

Recordemos estas palabras y confiemos plenamente en Dios. Él sabe que lo natural en el ser humano es sentir miedo y que este miedo muchas veces nos inmoviliza y no nos permite superar un obstáculo o encontrar la solución a nuestros problemas. Sin embargo, Dios quiere que confiemos en que él está con nosotros siempre, cuidándonos y bendiciéndonos, por lo que en él estamos seguros.

ORACIÓN: Señor Dios, ayúdame a confiar cada vez más en ti para que el miedo no tenga poder sobre mi vida. Amén.

Por CPTLN

Descanso (2)

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque me yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mat. 11:28-30).

En esta ocasión, Jesús retoma el tema del descanso. Siendo judío, la palabra tiene todo el significado que tuvo para los creyentes del Antiguo Testamento, significado que ya hemos expuesto. Está invitando la gente a venir a Él para encontrar la paz que sobrepasa todo entendimiento, refugio, seguridad, reposo, tranquilidad, bienestar interno y descanso para el alma. Se está ofreciendo para ser nuestro lugar de reposo, el mismo descanso que Rut encontró en casa de Booz sabiendo que él cuidaría de ella.

El Antiguo Testamento habla mucho del tema y fue el punto de referencia de Jesús. Ponemos algunos ejemplos: “Nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmo 46:7, 1l). Estas palabras vienen en medio, y se repiten al final, de un salmo que habla de tribulaciones, terremotos, guerras y trastornos políticos. El creyente descansa en Dios en medio de todas estas cosas. Dios es nuestro hogar: “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación” (Salmo 90:1). “El que habita al abrigo del altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios en quien confiaré” (Salmo 91:1, 2). Cuando Jesús invita la gente a venir a Él para encontrar descanso para sus almas, ¡está haciendo las veces de Dios! Ningún profeta jamás dijo cosa parecida. Es una clara pretensión de ser divino. 

En tiempos de Jesús, los fariseos habían puesto una carga muy pesada sobre las espaldas del pueblo. Además de cumplir la ley de Moisés, tenían que cumplir todas las normas legalistas que sus líderes religiosas habían impuesto sobre ellos. Había muchos requisitos para salvarse y ninguna seguridad de haberlo alcanzado nunca. La gente no vivía tranquila en torno a su relación con Dios y su futura eterna. Jesús, en contraste, no es exigente, o prepotente como los fariseos. Es manso y humilde de corazón. No exige el cumplimiento de la ley para conseguir la salvación. La gente puede dejar sus esfuerzos para salvarse por mérito propio y quitar de sus hombros la enorme carga del legalismo y descansar en Él para su salvación.

Este descanso no es reposo en la cama sin hacer nada. Jesús lo hace muy claro hablando de su yugo. ¡Nadie se pone un yugo para descansar!, sino para trabajar, pero es un trabajo que uno hace por amor, no para salvarse, sino porque ya es salva, y no se realiza en el poder humano, sino en el poder del Espíritu Santo. Trabajar con Jesús en su obra es un gozo y un privilegio. No lo encontramos una pesada carga, sino un placer.

Nos refugiamos en Jesús para nuestra salvación. Él es nuestro lugar de descanso en todo lo que ocurre en la vida porque vela por nosotros. Él es nuestra seguridad y nuestra paz. Y también es nuestro compañero en la obra en la cual nos ha llamado a participar. En medio de nuestro trabajo reconocemos que su yugo es fácil y ligera su carga, porque descansamos en Él.  

Enviado Hno. Mario

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