Mes: noviembre 2015

Trabajo de mantenimiento

TRABAJO DE MANTENIMIENTO

Cristo amó a la iglesia… habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Ef. 5:25-26).

Por medio del perdón de nuestros pecados por la sangre de Cristo (el altar) y la regeneración por medio del Espíritu Santo (el lavacro) tenemos derecho de entrar en la presencia de Dios (el Lugar Santísimo). Esto no significa que “ya está”. El Calvario ocurrió una sola vez y Pentecostés ocurrió una sola vez; recibimos el perdón de pecado y nacemos de nuevo una sola vez, pero después tenemos que mantenernos limpios y llenos. Hemos recibido el Espíritu, pero tenemos que beber del Espíritu. Un coche limpio sin gasolina no va a ninguna parte y un coche lleno de gasolina y sucio es impresentable. Sucios del pecado somos impresentables delante de Dios, no podemos permanecer en su presencia. Dios no puede llenar lo que está sucio. En lo espiritual, “limpios” y “llenos” van juntos. Para nosotros constituyen dos operaciones en el proceso de mantenimiento.

 

PalabradeDiosmellimpia

Cuando pecamos, tenemos que confesar nuestro pecado y después volver a llenarnos del Espíritu, de su Palabra, simbolizado en el tabernáculo por la mesa de panes y el candelero. Llenarnos de la Palabra, llenarnos del amor de Dios y llenarnos del Espíritu son tres maneras de decir prácticamente lo mismo. El Espíritu y la Palabra siempre van cogidos de la mano, y el fruto del Espíritu es amor. “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros” (Col 3:16). “Sed llenos del Espíritu” (Ef. 5:18). “Conocer el amor de Cristo… para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef. 3:19).

La meta es permanecer en la presencia de Dios. Los medios son el altar, el lavacro, la mesa de panes y el candelero. Se trata de confesar nuestro pecado e ir llenándonos de la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios y el amor de Dios. Esta es nuestra responsabilidad. Requiere diligencia de nuestra parte. Es trabajo. Hemos de estar al tanto. Leemos la Palabra y meditamos en ella cada día. Vivimos de acuerdo con sus enseñanzas. La Palabra nos limpia. “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15:3). Confesamos nuestro pecado. La sangre nos limpia: “La sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:9). “Permaneced en mí amor” (Juan 15:9). El amor de Dios nos llena.

Que el Señor nos ayude a mantenernos a punto, siempre llenos de su Espíritu, de la Palabra y del amor de Dios.

Ser Santos

“SED SANTOS”

“Que toda la alabanza sea para Dios… Tenemos una herencia que no tiene precio, una herencia que está reservada en el cielo para ustedes, pura y sin mancha que no puede cambiar ni deteriorarse… así que piensen con claridad y ejerciten el control propio… Sean santos en todo lo que hagan” (1 Pedro 1:3, 4, 13, 15 NIV).

¡Alabado sea Dios por nuestra esperanza viva! ¡Por supuesto no queremos una esperanza muerta! ¿Cómo sería una esperanza muerta? Sería tener unas ideas acerca del cielo archivadas en el cerebro que no nos mueven, ni nos inspiran, ni afectan nuestra vida diaria. Estaríamos demasiado ocupados disfrutando de la vida para pensar en el cielo; no nos motivaría a alabar a Dios o a vivir una vida santa.

Pedro obviamente no tenía aquella actitud. Vivía esperando el retorno del Señor del cielo. Y la muerte para él era una realidad inmanente, al enfrentarla constantemente en medio de su presente persecución.

Si el cielo es nuestra esperanza viva, lo sabemos porque nos motiva a vivir santamente: “Así que piensen con claridad y ejerciten el control propio. Pongan su esperanza en la salvación inmerecida que recibirán cuando Jesucristo sea revelado al mundo. Por lo tanto, vivan como hijos obedientes de Dios. No vuelvan atrás, a su vieja manera de vivir con el fin de satisfacer sus propios deseos. Antes lo hacían por ignorancia, pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo”. Pedro les está despertando para que piensen como creyentes. Dice: “Ten dominio propio. No vayáis deslizando por la vida, haciendo lo que os apetece en el momento, sino que disciplinaos para buscar la voluntad de Dios y hacerla, cada día. ¡Organízate! ¡Espabílate! Pon tu esperanza en el cielo, en todo lo que será tuyo cuando Cristo vuelva. Sé obediente. No vivas para satisfacer los malos deseos egoístas que tenías antes de convertirte, sino que seas santo, es decir, diferente de los que te rodean. No pienses como todo el mundo, no vivas como ellos, no vayas a los lugares que ellos frecuentan, no vistas como ellos, no gastes el tiempo como ellos, ni el dinero como ellos tampoco, no comas como ellos, no desees lo mismo que ellos desean: sé santo. Santo significa apartado para Dios. Es ser un “bicho raro” y pagar el precio por serlo.

Santo no significa beato. Es estar en el mundo sin ser como él. Es destacar para Jesús en medio de una generación perversa y maligna. Santo no significa santurrón, sino consecuente. Es vivir de acuerdo con lo que crees. El Espíritu Santo te apartó para ser de Él (v. 2). Tú, apártate para Él. Entonces entrarás en el aula de la universidad pensando: “No soy como ellos. Soy diferente, y de mucha honra. Soy un “link” con Dios, su oportunidad para conocerle”. Lo mismo en casa, si no son creyentes, o en el trabajo. “Estoy aparte. Soy de Dios”. El creyente” ciñe los lomos de su entendimiento” (se mentaliza) para pensar así.

Tengo una esperanza viva y soy santo en medio de un mundo que no lo es. No soy el él. Mi esperanza está puesta en todo lo que tendré cuando Cristo vuelva: “Pongo la esperanza en la salvación que recibiré cuando Jesucristo sea revelado al mundo” (v. 13). Esto hago. Vivo esperanzado. ¡Soy heredero de mundos increíbles!

 

Por D.Burt     SedSantos

Aceptar tu situación

ACEPTAR TU SITUACIÓN

“En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido” (1 Cor. 7:1-2).

Vamos a dedicar unos días a hablar acerca del matrimonio, comentando este capítulo del apóstol Pablo que tenemos delante. En sus 40 versículos, el apóstol enseña nada menos que siete veces que la soltería es preferible al matrimonio, si la persona puede aguantar soltera sin caer en la tentación de la fornicación. Mejor es casarse que caer en pecado. “Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios… Digo pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando” (v. 7-9).

Pablo repita la enseñanza: “Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está. ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte” (v. 26, 27). El motivo es lo siguiente: “Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar” (v. 28). Esto es un motivo, para evitar los inevitables problemas del matrimonio. Otro motivo es que el soltero, o la soltera, tienen más tiempo para dedicarse a las cosas del Señor, y el tiempo apremia: “Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen” (v. 29). Para el creyente, su primera prioridad es el Señor. Mejor no tener nada que estorbe su propósito de servirle: “Quisiera, pues, que estuviese sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer” (v. 32). El soltero no tiene competición para su tiempo o para su devoción.

“Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. Lo doncella tiene cuidado de la cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu: pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Esto lo digo para vuestro provecho; no parar tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor” (v. 34, 35). Es evidente que el Señor es lo más importante en la vida. La meta de la vida del creyente es acercarse a Él, sin estorbos, sin impedimentos, sin distracciones, y sin los enredos de la vida cotidiana de una persona casada. Lo normal es que el Señor es tan importante para nosotros que estemos dispuestos a realizar cualquier sacrificio para dedicarnos enteramente a Él.

Pablo nunca habría podido realizar el propósito por el cual el Señor le llamó si hubiese estado casado. Hoy día hay poca enseñanza sobre este tema en concreta. Lo que la Biblia enseña es que el matrimonio es para los que no pueden prescindir de él. La santidad es la meta, no el servicio cristiano, sino el acercarnos al Señor. La relación con Él es primordial. Cualquier otra consideración es secundaria. Cristo es nuestra prioridad. La devoción y el servicio a Él llenan nuestra vida. Si hace falta casarte, pues, cásate, ¡pero “que los que tiene esposa sean como si no la tuviesen” (v. 29)! ¡Revolucionario! No lo encontraremos en ningún libro moderno acerca del matrimonio, pero es el corazón del evangelio: entrega total a Cristo.

 

MatrimonioenSantidad

Matrimonio en Santidad

Por D.Burt

Acción de Gracias

Accion de Gracias

…El Día de Acción de Gracias,  Secular, también conocido como “Thanksgiving” se celebra en los Estados Unidos el cuarto jueves de noviembre. Esta fecha festeja una tradición nacional que reúne a familias y amigos para compartir, dar gracias y disfrutar de comidas típicas de esta fiesta, como el pavo y los dulces de calabaza.  La historia cuenta que el primer Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos fue una celebración de tres días en la Colonia de Plymouth (hoy parte del estado de Massachusetts) en el año 1621. Los colonos habían llegado el año anterior y no tenían suficiente alimento, y ya era tarde para sembrar cosechas.  La mitad de la colonia pereció durante el invierno de 1620–1621.

En la primavera, los indígenas de la zona enseñaron a los colonos a sembrar maíz y otros cultivos, y les ayudaron a cazar y pescar. En el otoño de 1621, los colonos obtuvieron excelentes cosechas y en agradecimiento, invitaron a los indígenas a compartir un banquete.  El festejo de esta cosecha se convirtió en una actividad habitual. El Día de Acción de Gracias se realizaba en diversas fechas, hasta que en el año 1863 el presidente Abraham Lincoln proclamó el último jueves de noviembre como feriado nacional del Día de Acción de Gracias.

 

Después, en el año 1941, el presidente Franklin Roosevelt aprobó una ley que estableció la fecha del feriado para el cuarto jueves de noviembre.

2 Tesalonicenses 1:

Siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es justo, porque vuestra fe aumenta grandemente, y el amor de cada uno de[a] vosotros hacia los demás abunda más y más.

La acción de gracias debe y tiene que ser innata, espontanea inspirada de  gratitud, originada en un corazón que sabe reconocer la grandeza de nuestro único y verdadero Dios.  Tenemos que vivir en una permanente acción de gracias y alabanza para con nuestro Señor Jesucristo por su muestra de amor para con todos nosotros.  Quien verdaderamente vive en gratitud hacia nuestro Señor Jesús no espera una fecha marcada por hombres como ya leímos al comienzo.

La palabra nos recuerda que:

Lamentaciones 3.

22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.  23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 

 

 

Este libro de Lamentaciones nos confirma que muchísimo antes que los colonos en 1621 se pusieran de acuerdo de festejar el día de acción de gracias, miles de años con anterioridad. Confirmado por la palabra desde aquellos tiempos aproximadamente.

Fecha de su Escritura: El Libro de Lamentaciones fue escrito probablemente entre el 586 y el 575 a.C.,

Mostrando gran acción de gracias por los grandes hechos de Dios para con la humanidad.

Lamentablemente las generaciones que tienen muy poco o ningún conocimiento bíblico la acción de gracias la atribuyen a quienes no les pertenece.

Al único quien en verdad es el dueño y Señor de toda la alabanza, la gloria y la gracia es de Nuestro Señor Creador y dador de la vida.

Pero muchos le niegan, otros lo blasfeman, pero cuando hay la necesidad de una respuesta a una necesidad inmediata entonces sí acuden a EL.

Aquí les dejo con varias porciones bíblicas acerca de Acción de Gracias;

  1. La Acción de Gracias es una expresión de deuda con Dios: por su perdón, por sus misericordias y por sus dones recibidos. La raíz principal de esta expresión está en el Hebreo, YADAH, se traduce =Dar Gracias= que significa =Alabanza=
  2. La Acción de Gracias es la debida manifestación de gratitud a Dios, por todos sus favores y bendiciones que recibimos en este mundo y por los beneficios que está previsto para cada uno de nosotros recibir la herencia en el cielo por toda la eternidad. El ser ingrato, o la ingratitud es una evidencia que el ser humano demuestra su degradación moral de alejarse más y más de Dios.
  3. La Acción de Gracias es un valor y aprecio del ser humano, por todas las bondades de Dios, a pesar de cuan indignos somos, ante nuestro creador. El valor más apreciado para Dios es recibir nuestra propia vida como ofrendar agradable, rendida y consagrada a Dios. Es la mejor Acción de Gracias, el mejor culto debido a Dios.
  4. La Acción de Gracias es una fiesta ordenada por Dios. Durante la dispensación antigua se ofrecían Acción de gracias. Levítico 7:12-15; Lev. 22:29-31
  5. Dios viene a su pueblo para recibir nuestra gratitud. El arca del pacto fue a la tienda de David. El rey David y todo el pueblo expresaron la debida Acción de Gracias a Dios, haciendo sacrificios de Paz. 1 Crónicas 16:1
  6. Podemos expresar nuestra gratitud a Dios. El Rey David dio su Salmo de gratitud de Acción de Gracias a Dios1 Crónicas 16:8-12
  7. Vuelve el Júbilo para el agradecido. Al traer las Ofrendas de Acción de Gracias, se debe hacer con gozo, alegría y alabanza. Jeremías 33:11
  8. Consagramos nuestra ofrenda a Dios. El sacrificio y alabanza debe ser consagrado a Jehová en Acción de gracias. 2 Crónicas 29: 31-33
  9. Produce frutos de Gozo. Dar gracias por todo, es el fruto de regocijarse y tiene el mismo peso, como el de orar sin cesar. I Tesalonicenses 5:18 ; Colosenses 3:15-17
  10. Pagamos nuestra deuda a Dios. Al sacrificar estamos pagando los votos que tenemos con Dios. Paga tus votos al sacrificar Alabanza. Salmo 50:14; No pagar los votos con Alabanza, es caer en pecado. Deuteronomio 23:21

Por: Pastor Monserrate Maldonado

 

dad gracias

Dos fuentes de…

DOS FUENTES DE PAZ

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias, y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:6-8).

En este pasaje clave acerca de la paz interior, notamos que hay dos personas que tienen que colaborar para que haya paz: Dios y nosotros. Primero está Dios (v. 7). En segundo lugar estamos nosotros mismos que tenemos que disciplinar nuestras mentes (v. 8). Vamos por partes.

La paz que proviene de Dios guarda nuestros pensamientos, es decir, nos da paz mental, cuando hemos orado y puesto nuestras preocupaciones delante de Él. Cuando notamos que la preocupación nos invade, tenemos que orar. Esta es nuestra responsabilidad. La paz de Dios no vendrá sin la oración. Viene cuando hemos presentado ante Dios todos los asuntos que nos la quitan y formamos peticiones. Esta es mi situación. ¿Qué quiero que Dios haga? Esto lo tengo que poner en palabras delante de Él. Cuando hemos derramado nuestros corazones delante del Trono de Dios, a nuestro Padre celestial, y, por la fe, nos damos profunda cuenta de que ahora son conocidos nuestros problemas, entonces tenemos paz en que Dios me entiende. Se ha enterado. Es consciente de mi necesidad y está en ello. Obrará según su bendita sabiduría. Esto me da paz. Quita la angustia y puedo descansar en que Él llega donde yo no puedo llegar.

Una vez que hemos orado, tenemos que disciplinar nuestras mentes y no permitir que vuelvan a dar vueltas sobre el asunto que nos preocupa, porque esto quita la paz que acabamos de conseguir por medio de la oración. La disciplina de la mente significa que tengo que controlar mis pensamientos. No puedo permitir que mi menta vaya por los derroteros que me den angustia. No hace falta que vuelva a pensar en lo que he pensado mil veces ya. Me digo a mi misma: “María, ya has pensando todo lo que hace falta sobre aquel tema; no hace falta pensar un segundo más sobre esto. Mente, quítate de allí”. Y te prohíbes a pensar en aquello y conscientemente pones tu mente en otra cosa.

¿En qué cosas no vamos a pensar? En pecados ya confesados y perdonados; en lo malo que es otra persona; en lo que va mal en mi hogar, o en la iglesia, o en el trabajo; en lo que no tengo; en lo que me molesta de otra persona; en cosas malas que podrían pasar en el futuro; en lo malo que está el mundo; en lo miserable que soy yo. ¡No voy a pensar en nada parecido! Tampoco voy a permitir que el enemigo me acuse: “No sirves para nada, eres un inútil, un fracaso; tienes toda la culpa por lo que te pasa”. (Si la tienes, pides perdón, aceptas el perdón y no piensas más en aquello). Ningún pensamiento que te quita la paz viene de Dios. Si has perdido la paz, identifica el motivo, rectifica, y vuelve a conseguirla por medio de la oración.

¿En qué tengo que pensar? En lo bueno, positivo, edificante y constructivo (v. 8). Orando y controlando mis pensamientos, me mantengo en la paz de Dios.

 

Por D.Burt   Filipenses4-8

Siete obras…

SIETE OBRAS DEL ESPÍRITU SANTO

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lu. 11:13).

Es imprescindible la obra del Espíritu Santo en nuestras iglesias si van a ser luz en este mundo oscuro. La fuerza del impacto que hacen en el mundo de fuera está en proporción directa a la calidad de vida que tienen dentro. Es el Espíritu Santo quien lleva a cabo las operaciones que vamos a nombrar a continuación. Hemos de orar pidiendo que el Señor nos dé más del Espíritu Santo. Sí, hemos recibido el Espíritu, pero necesitamos mucho más de Él, pues todo lo que necesitamos para que nuestra iglesia funcione viene de Él, con Él y por medio de Él. Aquí tenemos la promesa del Señor que, si se lo pedimos, Él nos lo concederá.

Siete obras del Espíritu Santo que necesitamos:

1. Convicción del pecado. Necesitamos ver conversiones de impacto producidas por una profunda convicción de pecado, contrición, desesperación delante de Dios, acompañadas de clamor y ruego que Dios tenga misericordia, o perecen. Por el poder del Espíritu Santo el pecador es sacudido a agonía por su maldad, le es revelado el mérito de la Sangre, recibe fe para creer, es regenerado y elevado hasta el éxtasis cuando es llenado del mismo Espíritu.

2. ¡Vida! Necesitamos que el Espíritu dé vida real y poderosa a toda la congregación. Una iglesia viva lleva a cabo una obra viva.

3. Iluminación, y revelación en el conocimiento de Dios. Él nos conduce a toda la verdad. Necesitamos la mente del Espíritu. Él nos enseña la Palabra para que nos llegue llena de poder para transformar nuestras vidas.

4. Santidad. Él Espíritu Santo es el Espíritu de santidad. Sin santidad no se producen verdaderas conversiones, ni una verdadera edificación del creyente. El predicador ungido predicando a gente piadosa resulta en un amor renovado y una santidad de vida, y el que no cree es convencido de la verdad del evangelio al ver la transformación de un pecador en santo. Los grandes cambios en vidas transformadas se llevan a cabo por el poder del Espíritu Santo.

5. Oración. El Espíritu Santo inspira la oración, nos enseña qué hemos de pedir y cómo pedirlo. La fuerza de una iglesia es su poder en la oración.

6. Comunión. El Espíritu Santo es el dador de la comunión con las cosas espirituales. Nuestra unión y comunión con Dios vienen del Espíritu Santo. Da comunión entre los demás creyentes, pues el amor fraternal procede de Él.

7. Consolación. Sin la consolación del Espíritu Santo estaríamos tan abatidos que nos hundiríamos. No podemos vivir sin su consuelo. El creyente triste es débil e ineficaz; su fuerza es el gozo del Señor, y este gozo viene del Espíritu de Dios.

 

Toda la obra de la iglesia depende del Espíritu Santo moviéndose con poder entre nosotros.

 

Por D.Burt    LlenosdelEspirituSanto

Buenos Dones

DIOS SOLO DA BUENOS DONES

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de la luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).

Dios es incapaz de dar malos regalos. No es cínico, ni cruel, ni burlón. No es sádico: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial…?” (Lucas 11: 11-13). No nos da algo que tiene la apariencia de ser bueno solo para hacernos sufrir. Un buen ejemplo de este principio es la historia de la sunamita. Por su generosidad y bondad para con el profeta Eliseo, Dios le prometió un hijo, lo que su corazón más deseaba, pero ella temía creer la promesa y luego ser defraudada. “Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva” (2 Reyes 4:16). No quería tener esperanza solo para al final acusar más el vacío. Pero la promesa se cumplió y el hijo nació. ¡Qué alegría y qué felicidad entró su caso con este niño!

Andando el tiempo, el niño creció y un día estaba con su padre en el campo con los segadores cuando tuvo un fuerte dolor de cabeza. Los siervos le llevaron a su madre quien lo tuvo en su regazo hasta el mediodía cuando el niño murió. Dios le había prometido un hijo, no un hijo muerto. La mujer no se conformó; no fue lo acordado. Lo acordado fue que Dios no se burlaría de ella. No aceptó su muerte como final. No le enterró, ni comunicó su fallecimiento a su marido, sino que simbólicamente devolvió al niño a Dios para que se lo restaurase: dejó el pequeño cuerpo sobre la cama del profeta y salió a buscarlo. Al encontrarlo dijo: “¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije que no te burlases de mí?” (2 Reyes 4:28). La iniciativa había venido de Dios, el regalo había sido defectuoso, así que, se lo devolvió para que reparase, lo mismo que haces tú cuando compras algo y no funciona. Ella tuvo fe en que el que le había dado el hijo de forma milagrosa podía restaurárselo. Y así fue. Cuando el profeta entró en su cuarto y encontró al niño muerto en su cama y suplicó a Dios por él (v. 33), Dios contestó, el niño volvió a la vida y el profeta lo devolvió a su madre. La fe de esta señora estaba puesta en la promesa inicial de Dios, le iba a dar un hijo que no le defraudaría y Dios fue fiel a su promesa.

“¿Qué padre, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?” Si Dios te ha prometido pan, pero lo que tienes entre manos es una piedra, ten fe en su promesa, devuélvesela, y el Señor convertirá la piedra en pan.

 

Por D.Burt    BuenosDones

En tu mano…

DIOS CONTROLA MI TIEMPO

“En tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15).

Una vez más, Dios me recordó que Él controla mi tiempo, si solamente dependo de Él. Tuve que estar en cierto pueblo para buscar a una amiga que venía en el tren de las 10:00, pero no podía llegar para esta hora porque era precisamente cuando venía el camión con el gasoil, me informaron. Tuve que quedarme en casa. Pedí que viniesen antes, y dijeron que verían lo que podían hacer. Llegaron, llenaron el depósito y salieron con el tiempo justo para que llegase al pueblo para esperar el tren, pero me encontré con un atasco en el camino que me atrasó considerablemente. Finalmente llegué a la estación a las 10:15 y me metí en el único espacio que quedaba libre, justo delante de la puerta, por donde pasaba una señora. Alcé la vista, ¡y era ella! Había llegado en ese mismo momento, y acababa de bajar las escaleras de la estación. ¡Su tren había llegado con un cuarto de hora de retraso!

Vivimos vidas muy ajetreadas. Siempre tenemos prisa. Cómo necesitamos recordar que el Señor está con nosotros controlando el tiempo. Él hace todo en el momento justo. Nuestra responsabilidad es cumplir con nuestra parte, de hacer lo posible para organizarnos, y luego dejar el resto con Él. ¡Cuántas veces tenemos que aprender esta lección!

 

Por D.Burt     Mistiemposestanentusmanos

En la escuela…

En la escuela de la fe

Leer | MATEO 16.6-12

 

El Señor Jesús pasó mucho tiempo desarrollando la fe de sus discípulos, porque sabía que eso sería esencial para las tareas que tendrían por delante. Durante más de tres años asistieron a una escuela de fe, con Jesús como su instructor y con las Sagradas Escrituras como el libro de texto. A veces, Cristo utilizó la instrucción verbal, pero enseñó muchas lecciones por medio de demostraciones. Sanó a enfermos, echó fuera demonios, alimentó a miles y calmó el mar. La enseñanza a los discípulos incluyó pruebas que revelaban si creían realmente que Jesús era el Mesías.

A veces, la comprensión de los discípulos era lenta, pero Cristo nunca se dio por vencido. Los amonestó cuando demostraron falta de confianza (Mr 4.40), y elogió sus señales de progreso (Mt 16.15-17). Su objetivo era establecer firmemente su fe, para que pudiera realizar la obra de Él en y por medio de ellos. Después de su ascensión, mandó a sus hombres a difundir el evangelio de la salvación hasta los lugares más remotos de la Tierra. Sin fe, habrían fracasado.

El Señor tiene el mismo objetivo para nosotros: acrecentar nuestra fe para que podamos hacer la obra que Él ha dispuesto para nosotros. Si nuestra fe es grande, Él logrará cosas sorprendentes por medio de nosotros. El Señor nos utiliza solo en la medida que confiemos en Él.

El desarrollo de la fe es vital para el creyente, por tanto Dios espera que creamos lo que la Biblia dice acerca de Él y le depositemos nuestra confianza en medio de las pruebas, no en nuestro propio entendimiento. Cada vez que le creemos al Señor, nuestra fe crece.

 

Por Min. En Contacto  CreeleaDios

Libre

¡LIBRE!

“Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado” (Filemón 15, 16).

Como todo hombre, Onésimo quería estar libre. Trabajaba en calidad de esclavo en casa de un buen hombre, un tal Filemón, un cristiano convertido a la fe por medio del ministerio del apóstol Pablo, juntamente con su esposa Apia y su hijo Arquipo, todos ellos amigos de Pablo. La iglesia se reunía en su casa, así que es posible que Onésimo escuchara el evangelio mientras trabajaba allí, pero no le interesaba. Quería su libertad. Así, un día decidió huir de la esclavitud, pero no antes de robar a su dueño para financiar su viaje a Roma donde iba a empezar una nueva vida como hombre libre.

 

Libre

Los caminos del Señor son inescrutables. ¡Cuando llegó a Roma encontró al apóstol Pablo, amigo de su dueño! No se sabe si se habían conocido antes en la casa de Filemón donde se hacían los cultos. El caso es que Pablo le condujo a la fe en Cristo, y, de pura gratitud, Onésimo le servía en la cárcel para el adelanto del evangelio. Mostró ser un buen compañero y de mucha ayuda para el apóstol, tanto que Pablo quiso retenerle allí con él, pero no sin antes conseguir el permiso de su dueño. Para ello era menester devolverle a su amigo Filemón quien decidiría su suerte.

Ahora, “en Cristo ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal. 3: 28). ¿Cómo es que Pablo se contradice y le devuelve a su dueño si ya no hay esclavos? Evidentemente, el texto no quiere decir que estas diferencias ya no existen. Sigue habiendo judíos, rusos, españoles y todas las demás nacionalidades. Sigue habiendo hombres y mujeres con sus respectivos papeles estipulados por el mismo apóstol (Ef. 5:22-33), y Pablo reconoce que, aunque convertido, Onésimo sigue siendo esclavo con sus respectivas obligaciones. Lo que cambia es el amor. Pablo, el judío, ama entrañablemente a este esclavo gentil. Se refiere a él como “mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones” y dice que le gustaría retenerle con él para que le sirviese en sus prisiones por el evangelio. Pide permiso de Filemón para tenerle allí con este fin. Habla muy bien de él: “en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil”. Con mucha elegancia Pablo promete devolverle el dinero robado: “Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré”. Onésimo sigue siendo esclavo, pero el trato es de un igual.

Cuando Onésimo se convirtió, sabía que tendría que abandonar la libertad que había conseguido ilegalmente, y lo asumió. ¿Cómo sabemos que cuando dejó a Pablo volvió a su dueño? Porque la carta la tenemos en el Nuevo Testamento juntamente con Colosenses, la otra carta que llevaron él y el hermano que le acompañó. En Cristo, Onésimo encontró perdón, las deudas canceladas, aprecio, dignidad, utilidad y hermandad. Encontró una nueva familia, y más de lo que buscaba al principio, encontró verdadera libertad que consiste en someterse a su papel designado, libremente, sin coacción, por amor al Señor, y en obediencia a Él. En Cristo está verdaderamente libre.

 

Por D.Burt

El propósito de…

EL PROPÓSITO DE ESTUDIAR LA BIBLIA

“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:14-17).

“Pero persiste tú… sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Escrituras”. El joven Timoteo tuvo una madre y una abuela creyentes. Las dos mujeres tuvieron una influencia muy grande en su vida que contrarrestó la influencia de su padre, que no era creyente (Hechos 16:1-2). Timoteo no vivía en Israel sino en lo que es hoy día Turquía, con su atractiva cultura helénica. Con un padre gentil le habría sido muy fácil adoptar las ideas de sus contemporáneos, pero decantó por la fe de su madre y su abuela. Por algo será. Ellas fielmente le enseñaban las Escrituras. Pablo señala a ellas y a su testimonio como parte del fundamento de su fe.

Salvación

“…las Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es un Cristo Jesús. Según este pasaje el primer propósito de las Escrituras es marcar el camino de la salvación. Ellas nos dan la información necesaria para comprender cómo podemos ser salvos. Hoy día se oyen pocas exposiciones bíblicas desde el púlpito acerca de la salvación. Se supone que todos los que están presentes son salvos. No basta un esquema de unos pocos versículos sacados de su contexto para pedir una decisión, sino un buen estudio para ver el énfasis bíblico en cuanto a la obra de Cristo y nuestra parte. Si se hiciese, ¡sorprendería a muchos!

 

ObrasqueGlorificanaDios

Buenas obras

Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto”. Una vez salva, la persona necesita las Escrituras para enseñarle, redargüirle, corregirle, e instruirle en justicia para que madure: “a fin de que el hombre de Dios sea perfecto”. Sin esta reprensión y corrección, no cambia y no madura. Se debe usar la Biblia desde el púlpito para enseñar lo que está mal en las vidas de los creyentes. No gusta, pero Pablo enseña que es necesario hacerlo. Todo buen discipulado tiene que incluir corrección de hábitos, actitudes, prácticas, mentalidades, modales, etc. Sin esta transformación de vida, la profesión de fe no convence. Quedaría más bien en “apariencia de piedad”, negando “la eficacia de ella” (v. 5). La eficacia del Evangelio es que cambia vidas. Sin la vida cambiada uno no está en condiciones para hacer buenas obras. No solo hace falta dejar de hacer lo malo, hemos de aprender a hacer lo bueno, para vivir una vida recta. Esto es “instruir en justicia” para que lleguemos a estar “enteramente preparados para toda buena obra”. Esta es la finalidad de tanto estudio, tanta corrección, tanto cambio: que la persona madure y sea la clase de persona que pueda servir a Dios. La meta de la salvación es una vida de buenas obras, y los cambios de carácter son necesarios para que el creyente respalde con su vida lo que sus labios profesan. Entonces resultan buenas obras que glorifican a Dios.

Nuestro contentamiento

NUESTRO CONTENTAMIENTO

“Hombres corruptos de entendimiento… toman la piedad como fuente de ganancia, pero gran ganancia es la piedad acompañado de contentamiento, porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Tim. 6:5-8).

“La piedad acompañada de contentamiento”. Esta es una frase muy interesante. Es contentamiento con lo básico de la vida. Tenemos que tener la actitud que lo mínimo es suficiente. Y si este mínimo está acompañado con una rica vida espiritual, podemos estar muy felices. Lo que quita el contentamiento es una actitud de queja por no tener más. El deseo de más cosas crea en nosotros insatisfacción. Somos ricos si tenemos mucha espiritualidad y lo básico de las cosas materiales cubierto.

En seguida surge la pregunta, ¿qué pasa si alguien carece de sustento y abrigo? Debido a la crisis, hay gente que no tiene lo necesario para vivir. Pablo contesta a esta pregunta indirectamente cuando dice: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, no pongan la esperanza en la riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos…” (1 Tim. 6:17, 18). Los ricos tienen la responsabilidad de ayudar a los pobres. En la iglesia primitiva había ricos y pobres. Los pobres tenían que estar contentos con sus necesidades cubiertos y los ricos tenían que asegurar que fuese así. Los pobres no tenían que estar envidiosos de los ricos, ni tenían que exigir nada de ellos, sino de esperar en Dios “que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”.

“Pero, si tengo lo mínimo, no tengo abundancia”, podría decir alguno. No importa, puedes estar contento de todas modas. No requiere mucho para estar contento. El Señor quiere que estemos contentos, que disfrutemos de lo que sí tenemos, que veamos que ha venido de Él, y que seamos agradecidos. Esta es una forma de cristianismo muy práctico. El rico comparte y el pobre está feliz. El uno aprende a no ser egoísta, sino dadivoso, y el otro aprende a no estar quejoso, sino contento. La piedad con contentamiento es gran ganancia.

¿Estás tú feliz en el Señor, o necesitas otra cosa para estarlo?

 

Por D.Burt    ContentamientoAgradecer

Heredad

SU HEREDAD

“Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa: Tú sostienes mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosas, y es hermosa la heredad que me ha tocado” (Salmo 16: 5-6).

Decimos con asombro y gratitud: “Es hermosa la heredad que me ha tocado”. Dios mismo es nuestra heredad. Conocerle, tenerle, comprenderle, convivir con Él, es el privilegio y el gozo de nuestra vida. Somos sumamente afortunados. ¡Nos ha tocado la lotería! Lo mejor que puede pasar a alguien es conocer a Dios, y este deleite nos ha tocado a nosotros.

 

Heredad

Pero, a la vez, reconocemos con pena que el Señor no ha tenido tanta suerte. No es tan hermosa la heredad que le tocó a Él, que somos nosotros, su pueblo: “A vosotros Jehová os tomó y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad” (Deut. 4:20). “Ellos (Israel) son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido” (Deut. 9:29). Dios consiguió una heredad bien estropeada, pero la está remodelando, restaurando a una belleza que supera su estado original, para la alabanza de su gloria. Así el Señor es glorificado en nosotros, a pesar nuestro, por la ingeniosa obra de sus manos, convirtiendo a pecadores en santos, ovejas descarriadas en las de su prado, escombros en un hermoso templo, un descampado lleno de maleza en un fértil campo capaz de dar fruto hasta un 100 por uno, y a hijos de Adán en hijos de Dios. A Él sea toda la gloria.

 

Por D.Burt

B.O.A.

Miercoles Ayuno

…Gloria y gracias demos a Dios por su espíritu de valentía en cada hombre y mujer en toda época que se a levantado como pregonero de las buenas nuevas en cada lugar donde está o puede llegar. Dando gracias en oración por los que son separados, llamados, capacitados y enviados alrededor del mundo llevando buenas noticias y paz.

El resultado de permanecer

EL RESULTADO DE PERMANECER

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, ése lleva mucho fruto” (Juan 15:5).

Hemos estado hablando acerca de María y Marta. Mientras Jesús estaba aquí en la tierra y en su casa, María podía permanecer sentada a sus pies. Ahora, la situación es mucho más fácil; Jesús siempre está en nuestra casa, que es la suya, nuestro cuerpo, el templo del Espíritu Santo. Si permanecemos en una relación de amor con él, y de fe y obediencia a su Palabra, permanecemos, y el resultado es mucho fruto que se manifiesta en la transformación de nuestro carácter. Llegamos a ser personas compasivas, gozosas, pacificas, pacientes, amables, buenas, fieles y auto-controladas.

 

Elresultadodepermanecer

Alguno dirá: “Un momento. ¿Por qué estamos hablando de nuestro carácter? ¿No es un ministerio eficaz el resultado de nuestro permanecer? Yo amo a Cristo y le sirvo. ¿Qué tiene que ver esto con mi carácter?” A esta objeción contestamos: “Todo. Todo tiene que ver. Sin un carácter cristiano, no podemos servir al Señor; los dones son inservibles”. Vamos a pensar un momento. Sin amor, ¿puede uno ser pastor? ¿Puedes servir en la ayuda social? Sin gozo, ¿puedes cantar en el grupo de alabanza? Sin paz, ¿puedes visitar a enfermos? ¡Estarías contándoles tus problemas! Sin fe, no puedes llevar un grupo de oración. Sin paciencia no puedes trabajar en la escuela dominical. Y sin control propio te enfadas y peleas con todo el mundo, ¡y adiós ministerio!

¿De dónde vienen los roces y conflictos entre hermanos en el servicio cristiano? De cosas de nuestro carácter, del orgullo, el egoísmo, la impaciencia. La devoción a Jesús no es suficiente para servirle. Necesitas un carácter cristiano. El orden es este: Estás sentado a los pies de Jesús y permaneces en esta actitud y el resultado es que se producen los frutos del Espíritu Santo en ti, y luego tienes un ministerio fructífero.

Vamos a volver a Marta. Ella servía al Señor Jesús, pero ¿cómo era su carácter? Era mandona, crítica, irritable, impaciente y quejica. ¿Qué frutos del Espíritu Santo le faltaban? Todos. Pero ella estaba demasiado ocupada sirviendo al Señor para estar a sus pies, y allí es donde se cambia el carácter. ¿Su servicio agradó al Señor? No la felicitó, pero a su hermana, sí. Hemos de ser una María primero, y luego una Marta. Allí es donde fallamos la mayoría. Amamos al Señor y salimos corriendo para servirle, sin los cambios de carácter que son imprescindibles, y el resultado nos desanima, porque el servicio en la carne no produce ningún fruto duradero.

“Yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (v. 16). Para ello, tenemos que pasar más tiempo a los pies del Señor, escuchándole. Tenemos que tener fe en sus promesas y obedecer sus mandamientos. Porque así se produce el fruto del Espíritu Santo en nosotros, reflejado en nuestro carácter, y con esta novedad de vida salimos para servir al Señor y llevamos fruto en nuestro ministerio.

Por D.Burt

El fruto del Espíritu Santo en…

EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO EN MÍ

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto… En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos… Yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Juan 15: 5, 8, 16).

Seguimos con la descripción de la persona llena del Espíritu Santo. ¡Se parece mucho al Señor Jesús!

Benignidad. Gentileza. Es una persona amable, llena de gracia, sabe estar; su comportamiento es inofensivo: no hace daño; no tiene maldad; no es malicioso. No desea el mal de nadie, sino su bien.

Bondad. Es buena persona, bondadosa, generosa. Tiene integridad, honradez, rectitud. Ofrenda, ayuda, regala, da. Es afable y hace el bien.

Fe. Fiel, fidelidad. La persona que ha desarrollado este fruto es fiel en su relación con otros, fiel a sí misma, y fiel al Señor. Es responsable y comprometida. Pedro no fue fiel al Señor al principio cuando le negó tres veces, pero después, sí, cuando puso su vida por él. Esta persona es leal, como el compañero de Cristiano, Fiel, en la alegoría “El Progreso del Peregrino”.

Mansedumbre. Esta persona es mansa, domada, humilde, lo contrario de orgullosa, terca, obstinada, cabezuda, engreída y arrogante. No se ve más inteligente o más espiritual que todo el mundo; no siempre tiene que tener razón, no es autoritaria. El Señor Jesús dijo de sí mismo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. La persona que tiene este fruto se deja enseñar, acepta la corrección y disciplina, no insiste en lo suyo; no tiene que ser como ella dice. Da el primer lugar a otros. Puede pasar desapercibida y no se ofende, y ocupar el último lugar sin sentirse molesta. No es agresiva. No invade. No ataca. La humildad es una de las cosas más hermosas del carácter cristiano.

Templanza, dominio propio. La persona con este fruto se controla, se disciplina, se domina. No se pasa, ni comiendo, ni bebiendo, ni gastando, ni hablando. Practica la moderación en todo. Es sobria, comedida. No es llevada por sus pasiones, emociones, o deseos, sino por su buen juicio.

 

ElFrutodelEspStoEnMi

El resultado de estos nueve frutos del Espíritu Santo es un carácter santo, es la formación de Cristo en nosotros. Este carácter santo reside en un cuerpo santo, que es el templo del Espíritu Santo, y desde este templo el espíritu ora, en conjunto con el Espíritu Santo. María, sentada a los pies de Jesús, escuchaba su palabra, la Palabra de Dios, y nuestra respuesta a la Palabra de Dios es la oración. Por eso, el capítulo que habla de permanecer, Juan 15, habla mucho de la oración: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.” Y: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (v. 7, 16). La persona de carácter santo ora, Dios contesta, y ella lleva mucho fruto para la gloria de Dios, porque ¡el fruto siempre produce más fruto!

 

Por D. Burt

El fruto de permanecer

EL FRUTO DE PERMANECER

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto… En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos… Yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Juan 15:5, 8, 16).

Según los comentaristas, el fruto aquí en cuestión son los frutos del Espíritu Santo en las vidas de los discípulos de Jesús, que transforman nuestro carácter para que sea como el de Jesús. Entonces, con este carácter, vamos y llevamos fruto en nuestro ministerio. Los frutos, pues, no son cosas de Dios sueltas en nosotros, sino una parte nuestra, de nuestro carácter. Vamos a mirarlos uno por uno.

Amor. Con el fruto del amor, llego a ser una persona amorosa, cariñosa, compasiva, misericordiosa y comprensiva. Tenemos una amiga que es un buen ejemplo de este fruto. Va por la vida bendiciendo a todo el mundo. Escribe una carta a un médico pidiendo hora, y le bendice a él y a su familia. Tiene un ministerio entre las mujeres más necesitadas de la calle y las ama. Se identifica con su sufrimiento. Llora con los que lloran. Este es el fruto que les hacía falta a los fariseos. Ellos rechazan, descalifican, juzgan y condenan. No les importa el sufrimiento de la gente. No conocen la misericordia (Mat. 9:9-13).

Gozo. Con el fruto del gozo, llego a ser una persona gozosa. Para tener este fruto hemos de aprender a echar nuestras cargas sobre el Señor y absorber gozo del suyo, como la rama absorbe vida de la vid. Llamé a una amiga que estaba sufriendo una pérdida importante. Le dije: “No te voy a contar nada mío, porque ya tienes suficiente con lo tuyo”. Me contestó: “Me puedes contar lo que quieres, porque no me lo quedo”. Había aprendido esta gran lección. La persona gozosa no vive triste, abatida, apesadumbrada, afligida, negativa, gruñona, amargada y resentida, sino consolada y feliz en el Señor. Va dando gozo a los demás. ¡Es un gozo estar con ella!

Paz. El fruto de la paz me convierte en una persona pacífica. Tengo paz con Dios, una paz interna, y vivo en paz con todo el mundo. No voy creando tensiones. No discuto con todo el mundo. No soy conflictiva o contenciosa. Tengo paz por dentro: no soy nerviosa, ansiosa, o preocupada, sino tranquila y confiada en Dios. Con esta paz puedo descansar en el Señor.

Paciencia. Tener el fruto de la paciencia significa que soy una persona paciente. Tengo paciencia con los sufrimientos de largo plazo en la vida, con los fallos de los demás, con las cosas que no puedo cambiar. No soy exigente, irritable, fácilmente molesta. No tiro la toalla con las dificultades de la vida cristiana, sino que persevero hasta el final. No vivo con excesiva prisa, siempre corriendo, sin tiempo para nada, sino como Jesús, que llevaba bien las interrupciones. Con paciencia espero el cumplimiento de todo lo que Dios ha prometido.

Jesús en mí es todo esto, ¡y más! Como discípulo, estoy aprendiendo a ser como mi Maestro.

Por D.Burt Elfrutodepermanecer

Para poder permanecer

PARA PODER PERMANECER

“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios. Para que él os exalte cuando fuera tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobe él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:5-7).

Ya hemos determinado que nuestro deseo es ser como María, permanecer sentado a los pies de Jesús todos los días de nuestra vida, que esto sea nuestra actitud permanente, que mantengamos el ambiente establecido por este relación siempre, una relación de cercanía al Señor, pendientes de él, pase lo que pase. Esto está muy bien, pero ¿cómo se mantiene este estado interno en medio de una vida ocupada? No podemos ser ermitaños o monjas de clausura. Veamos.

Empiezas bien el día. Pones el despertador, te levantas, cantas al Señor, le das gracias por las bendiciones materiales espirituales, le alabas, intercedes por otros, y recibes ayuda y enseñanza de su Palabra. Vas bien por el día hasta que te llame una amiga con un problema, y detrás del problema una problemática tan complicada que no ves como se puede solucionar. Ella está llorando, comprendes su angustia. De hecho, la comprendes tan bien que entras en ella. La angustia se apodera de ti sin que te des cuenta, y mientras tanto, tú sigues con tus tareas del día, sin saber que tu fuerza se te ha ido. Muchas horas más tarde encuentras que tus responsabilidades son pesadas, que no tienes ilusión, y que es un esfuerzo muy grande cumplir con tu deber. Estas cansada.

¿Qué ha pasado? Preguntas al Señor, rebobinas, y te acuerdas de la conversación con la amiga. La preocupación te ha quitado el gozo y el gozo del Señor es tu fuerza: “El gozo del Señor es vuestra fuerza” (Neh. 8:10). Sin gozo no tienes fuerza. Hay que mantener el gozo. Es esencial. Sin gozo no vas a ninguna parte; el termostato para medir tu permanencia en el Señor es el gozo.

¿Y cómo perdiste el gozo? Por no permanecer en la Palabra, por no seguir creyendo que Dios todo lo puede, por no echar mano a una promesa de la Biblia en cuanto la situación de tu amiga, por perder tu fe y confianza en el Señor, en una palabra, por no echar tu ansiedad sobre el Señor. Echar nuestra ansiedad sobre el Señor es esencial para permanecer en una buena relación con él. La preocupación quita el gozo y sin gozo no tenemos fuerza, y sin fuerza no podemos servir al Señor. Es toda una cadena.

 

ParaPdrPrmancr

Cuando la amiga explicó su problema, tenías que haber recurrido a la oración, a la búsqueda de una promesa de Dios, a echar la carga sobre el Señor, y creer la promesa y animarla a ella a hacer lo mismo. Así se conserva nuestra buena relación con el Señor, de fe y confianza en su Palabra, y permanecemos sentados a sus pies, y “en su presencia hay plenitud de gozo”. ¡Que el Señor nos bendiga en este camino de aprendizaje!

 

Por D.Burt

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